Arriazu a Milei: el Gran Buenos Aires definirá la elección y será el principal desafío

Ricardo Arriazu fijó la atención en el lugar menos conveniente para el Gobierno. Durante un seminario organizado por BlackToro Asset Management, y según publicó La Nación, el economista afirmó que el principal riesgo político del programa de Javier Milei no reside hoy en el frente cambiario ni en la inflación, sino en el empleo del Gran Buenos Aires. “El desafío es la elección en el Gran Buenos Aires el próximo año”.

La observación no fue aislada. Arriazu definió la transición en curso con otra frase igual de contundente: “La destrucción es más rápida que la creación”. Su explicación fue que los sectores que impulsan el cambio de modelo —energía, minería y agricultura— son intensivos en divisas, pero no en mano de obra. En contraposición, los que pierden terreno —industria, construcción y comercio— concentran empleo y tienen un peso determinante en el conurbano bonaerense.

El empresario no tiene la culpa de haber invertido donde invirtió: fueron los incentivos que dieron los gobiernos. La gente tampoco tiene la culpa de haberse mudado al Gran Buenos Aires; también fueron los incentivos que le dio el gobierno. Y ahora cambian las reglas del juego y algunos quedan en el daño”, planteó. Ahí situó el núcleo de su advertencia: un cambio estructural que promete resultados en el mediano plazo, pero que deja damnificados en el corto y puede traducirse en “ruido político”.

Los datos que presentó apuntan en la misma dirección. Señaló que la tasa de empleo cayó 0,7 puntos porcentuales interanuales a nivel nacional, mientras que en el AMBA la baja fue de 1,3 puntos, casi el doble. Para Arriazu, ese desequilibrio importa menos por su magnitud estadística que por su localización: el deterioro pega en la zona donde se juega la prueba electoral más sensible del oficialismo.

Dólares a futuro, tensión en el presente

El economista, sin embargo, no trazó un panorama pesimista en el largo plazo. Al contrario: en energía proyectó que la Argentina exportará unos US$32.000 millones en 2030, con un barril de referencia de US$64, impulsada por Vaca Muerta, la ampliación de la infraestructura y una mayor producción de líquidos del gas. Este año, estimó, el país exportará 135 millones de barriles de petróleo y el próximo 225 millones. “Cada dólar que sube el precio del petróleo son US$135 millones este año y US$225 millones el año que viene”, dijo.

En minería destacó el proyecto Vicuña, en San Juan, y calculó que, a plena producción hacia 2032, el cobre podría generar exportaciones por US$25.000 millones anuales. En agro, sostuvo que una eventual eliminación de retenciones permitiría sumar unas 60 millones de toneladas de producción, equivalentes a casi US$20.000 millones en divisas.

Pese a ese horizonte, advirtió que el presente es mucho más áspero. “Hay que ver dónde van a estar los cuellos de botella y cómo se compensan”, dijo. En esa línea señaló que construcción y comercio son los únicos sectores con capacidad real para absorber empleo suficiente que amortigüe la caída en industria, aunque ambos están lastrados por la política monetaria contractiva y las tasas elevadas. “El Banco Central debería bajar la tasa”, reclamó. Y resumió sin eufemismos: “La economía se planchó”.

Arriazu también cuestionó la lectura lineal sobre el consumo. Aclaró que los registros agregados pueden resultar altos porque incluyen turismo, venta de autos, motos y viajes, rubros que crecieron con fuerza en la recuperación. “Por eso la gente piensa que el récord de consumo es un chiste”, afirmó. Según su lectura, lo que queda para el consumo masivo es bastante menor de lo que sugieren los números globales.

La clase media industrial, en el centro del golpe

Fernando Marengo, economista jefe de BlackToro, completó el diagnóstico desde otro ángulo. Dijo que el crecimiento actual es “claramente heterogéneo” y que la clase media aparece como el sector más vulnerable de la transición. En particular señaló al empleado industrial del AMBA, con obra social y relación de dependencia, que trabajaba en actividades sostenidas por incentivos distorsionados y que hoy comienza a palpar en carne propia el ajuste.

La pregunta es cómo se da contención a ese sector”, planteó. Su propuesta pasó por dos vías: más margen para obra pública y, sobre todo, una política monetaria que permita bajar tasas, ampliar el crédito y devolver algo de aire a las actividades intensivas en empleo.

Arriazu cerró con una mezcla de optimismo y advertencia. Dijo que, por primera vez, le asigna al programa una probabilidad de éxito del 50%, bastante más que el 30% que veía el año pasado. Pero enseguida marcó el límite. “Somos el país de las oportunidades perdidas. Si superás el cuello de botella de la próxima elección en el Gran Buenos Aires, no tengas duda: la Argentina cambia”.

Para eso, sostuvo, harán falta políticas activas de compensación. Mencionó la AUH, el seguro de desempleo y la obra pública focalizada. Su crítica final fue que hoy no ve al Gobierno implementando ese tipo de herramientas, justo cuando el frente más delicado del programa parece haberse corrido del balance fiscal a la calle del conurbano.

DCQ

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *