La inflación de febrero fue de 2,9% por segundo mes consecutivo, un resultado negativo para el Gobierno. Así, no se interrumpió la tendencia de aceleración que se prolongó durante cinco meses, o incluso más si se consideran los tramos en que la cifra se mantuvo estable. El dato, sin embargo, adquiere otra lectura al mostrar la disparidad del impacto de la suba de precios según el nivel de ingresos de los hogares argentinos.
La inflación núcleo —que no contempla los precios regulados ni estacionales— alcanzó 3,1% en febrero, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), por encima del índice general. Fue el octavo mes consecutivo de alza en la inflación general, con un acumulado interanual de 33,1 por ciento. Los números ubicaron a los sectores de menores recursos entre los más afectados, por el mayor peso en sus canastas de los rubros que más aumentaron. La inflación núcleo mostró un salto de 0,5 puntos porcentuales respecto de enero, cuando se ubicó en 2,6 por ciento. En tanto, la suba mensual de los precios regulados llegó al 4,3 por ciento.
Este comportamiento terminó impactando de manera desigual según el segmento de ingresos. Un informe de la consultora Empiria reveló que, para el 10% de los hogares con menores ingresos, la suba de precios fue de 3,3%, mientras que para el 10% de mayores ingresos fue de 2,9 por ciento. Esa diferencia respondió al peso de alimentos y vivienda en la estructura de consumo de los sectores más pobres.
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El reporte de la consultora también analizó la brecha acumulada de inflación entre el 30% de hogares más ricos y el 30% más pobres desde 2018. Según el relevamiento, las diferencias se mantuvieron acotadas, sin que la brecha superara el 1% en ningún momento del período bajo análisis. No obstante, al observar subperíodos, el análisis matizó el resultado: desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, la inflación acumulada resultó levemente superior para los hogares de mayores ingresos.
¿Con la nueva fórmula?
La decisión del Gobierno de postergar la nueva fórmula de inflación a principio de este año generó controversias por el timing, ya que se comunicó a días de la publicación del dato por parte del Indec, y por la manera en que se conoció la noticia con la salida del entonces titular de organismo estadístico, Marco Lavagna. De haberse cambiado la canasta de consumo de 2004 por la de 2017/2018, la inflación de febrero habría sido más alta en términos generales y aún más para los hogares de menores ingresos.
En la canasta de consumo 2017/2018, el gasto en alimentos y bebidas representaba el 32% del total en el decil más pobre y descendía progresivamente hasta el 16% en el decil más rico. La misma tendencia se observó en los gastos asociados a tarifas eléctricas y vivienda, que ponderaban 18% en los hogares de menores ingresos y 12% en los de mayores ingresos. En contraste, el rubro hoteles y restaurantes ganaba importancia a medida que aumentaba el ingreso, alcanzando el 8% en el decil más alto.
La metodología empleada por Empiria consideró que los ponderadores no se mantenían fijos, sino que se actualizaban mes a mes en función de la variación relativa de cada rubro. De esta manera, para febrero de 2026, los ponderadores difirieron marginalmente respecto de la estructura original, aunque sin alejarse de forma significativa.
El mayor impacto en el índice de inflación de febrero provino de los aumentos en vivienda y electricidad, que subieron 6,8%, y en alimentos, que se incrementaron 3,3%. Por el contrario, las bebidas alcohólicas solo subieron 0,6% y el rubro indumentaria no registró variación. Según Empiria, si se hubiera reemplazado la canasta de consumo vigente (2004/2005) por la correspondiente al período 2017/2018, la inflación del mes habría ascendido a 3,0%, una diferencia marginal.
El buen dato para Milei
En paralelo, el Gobierno recibió un buen dato sobre la evolución de los precios. El índice de precios mayoristas mostró un incremento de 1% en febrero, de acuerdo al Indec, lo que representa el aumento mensual más bajo desde fines de 2022. Este resultado generó expectativas acerca del posible comportamiento de la inflación minorista en los próximos meses, en un escenario donde el presidente Javier Milei adelantó que podría comenzar con cero en agosto. De todas formas, especialistas remarcan que este indicador no incluye variables fundamentales que inciden en los precios al consumidor.
Luego de la publicación del informe de febrero, Milei sostuvo que “la inflación está bajando y los precios mayoristas anticipan lo que viene a futuro en minoristas”. Si bien marzo suele presentar un repunte en el dato minorista debido a cuestiones estacionales, desde el Gobierno prevén que la desaceleración se afianzará tras el primer trimestre. A pesar de esto, economistas y consultoras privadas señalan que el avance de la inflación al consumidor depende de factores que el índice mayorista no refleja.
Si bien el indicador de precios mayoristas refleja la evolución de los valores de bienes producidos en el país y de artículos importados antes de que lleguen al consumidor, excluye los servicios, un rubro que en el último año experimentó subas mayores al promedio de los bienes. Claudio Caprarulo, economista de Analytica, destacó que “el índice mayorista ayuda a comprender la dinámica de los precios, aunque utiliza una metodología distinta a la del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que es el que impacta directamente en el bolsillo de la gente”.
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