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  • Hasta 22.500%: alimentos que más subieron en la última década según el Indec, con subas que superaron a los salarios

    Hasta 22.500%: alimentos que más subieron en la última década según el Indec, con subas que superaron a los salarios

    En la última década, la inflación se consolidó como el desafío estructural más persistente de la economía argentina, erosionando el poder adquisitivo de los ciudadanos. Este fenómeno, lejos de ser un número abstracto en las planillas oficiales, golpea con mayor dureza a los sectores más vulnerables, que destinan la mayor parte de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.

    En ese contexto, el rubro “Alimentos y Bebidas no alcohólicas” funciona como el termómetro social más fiel. Al tratarse de bienes de primera necesidad que no admiten postergación, las variaciones en las góndolas reflejan la velocidad del movimiento de precios. Para dimensionar esos aumentos, Infobae analizó la evolución de los valores que releva el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en el Gran Buenos Aires desde abril de 2016 (el dato más antiguo disponible) hasta febrero de este año (último informe publicado).

    Los resultados sorprenden, sobre todo por su magnitud. Según el organismo, las subas más “benévolas” superaron el 7.000% en la última década, mientras que los casos más alarmantes superaron el 20.000%.

    Los ajustes más extremos

    Hay tres productos que se destacan por su alta volatilidad. El que registró el mayor incremento en el período analizado fue el yogur firme: en su presentación de 195 cc anotó una suba del 22.551%, pasando de $11 en abril de 2016 a $2.449 en febrero de 2026. Los $2.438 de diferencia ilustran con crudeza el impacto de la inflación sobre los insumos alimenticios.

    El segundo producto con mayor variación fue el aceite de girasol: la botella de 1,5 litros saltó de $26 a $5.779 en los últimos diez años (22.228% de suba). El tercer puesto lo ocupa el café molido de 500 gramos, que se encareció $12.750, al pasar de $62 a $12.812 (20.442% de variación).

    Más atrás aparece el primer producto del rubro “frutas y verduras”: la manzana deliciosa, que según los registros del Indec costaba $25 por kilo en 2016 y se vende a $4.652 en la actualidad, lo que representa una suba porcentual de 18.417%.

    Siguiendo la lista, no puede pasarse por alto el caso de la manteca. En el Gran Buenos Aires, los 200 gramos se vendían a $23 hace una década y hoy promedian $4.006, lo que arroja una variación de 17.296%.

    La carne, otra vez protagonista

    En los últimos meses se habló mucho sobre la volatilidad del precio de la carne vacuna. Las subas registradas desde finales de 2025 fueron noticia en todo el país por su magnitud y su efecto en el bolsillo. Sin embargo, las estadísticas del Indec muestran que la tendencia alcista se mantuvo a lo largo de casi toda la década.

    Según los informes del organismo, cuatro cortes tradicionales forman parte del “top ten” de aumentos de los últimos diez años, todos con incrementos superiores al 16.000%. La suba más pronunciada correspondió a la nalga, cuyo precio por kilo pasó de $121 a $20.528, una variación del 16.883%.

    Apenas por debajo aparece la paleta, que se vendía a $94 en 2016 y hoy se comercializa a $15.818 (16.751% más). También figuran el asado, que pasó de $100 a $16.852 (16.702% de incremento), y el cuadril, que registró una suba de exactamente 16.500% en diez años.

    Por arriba del 15.000 por ciento

    El “top ten” de aumentos se completa con el limón, cuyo valor por kilo avanzó de $61 a $9.521 (16.279% más), aunque hay otros alimentos que también merecen atención. Por ejemplo, la carne picada común, que, si bien no escaló tanto como algunos cortes, registró un alza del 15.591%, pasando de $61 a $9.521.

    La bebida que más se encareció en el período analizado es la cerveza en botella de litro: costaba $26 hace diez años y promedia $3.976 en la actualidad (15.255% de variación).

    Otros dos productos que tuvieron aumentos superiores al 15.000% fueron las hamburguesas congeladas (15.145%) y el queso pategrás (15.004%).

    Los ajustes más bajos

    Incluso los productos con menor variación muestran aumentos llamativos. Según el Indec, el artículo más estable de la última década fue la cebolla, que subió $991 (pasó de $14 a $1.005) y acumuló una variación de 7.185%.

    En segundo lugar figura la naranja: el kilo de esa fruta se incrementó 7.470% en los diez años analizados, al saltar de $23 a $1.756. En tanto, el paquete de 250 gramos de galletitas de agua envasadas subió 8.012% (costaba $17 y ahora $1.354 en el GBA).

    Por encima de la inflación y los salarios

    Los datos son contundentes, pero cobran mayor significado en contexto. Más allá de los números, hay dos realidades que evidencian cómo han impactado estas subas en los bolsillos argentinos. Una es que los precios de los alimentos aumentaron, en promedio, por encima del IPC general.

    El Índice de Precios al Consumidor (IPC) más antiguo disponible tras la crisis estadística del Indec corresponde a diciembre de 2016. Desde entonces hasta febrero de 2026 (el dato más actual), el IPC acumuló una suba del 10.615%. En ese mismo período, el precio promedio de los alimentos relevados por el organismo tuvo un aumento de 11.423%, es decir, los productos alimenticios se encarecieron 808 puntos porcentuales por encima de la inflación general.

    En materia de salarios, la brecha es aún mayor. El período que puede evaluarse con las series históricas del Indec va de abril de 2016 a diciembre de 2025. En esos años, el ingreso promedio de los trabajadores registrados aumentó nominalmente 9.038%. Si se calcula la suba media de los alimentos en ese mismo lapso, se obtiene un incremento del 12.862%, con una diferencia de 3.824 puntos porcentuales en contra de los salarios.

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  • Qué tiene que pasar para que la inflación arranque en 0 en agosto, según Milei desde el Foro Económico del NOA

    Qué tiene que pasar para que la inflación arranque en 0 en agosto, según Milei desde el Foro Económico del NOA

    El presidente Javier Milei ratificó su hoja de ruta económica y reiteró que “la inflación empezará con 0 en agosto de este año”. En su exposición en el Foro Económico del NOA (FENOA), el mandatario describió las condiciones técnicas y macroeconómicas necesarias para que ello ocurra.

    El jefe de Estado fundamentó su optimismo en la evolución de los precios mayoristas, que considera el principal indicador adelantado de la trayectoria inflacionaria. “No pueden decir que recién ahora empecé a hablar de la inflación mayorista. Vengo hablando desde el inicio, porque es la que se anticipa”, sostuvo ante el auditorio. Según su lectura, la desaceleración en ese segmento es la antesala de lo que sucederá con los precios al mostrador una vez concluidos determinados procesos de saneamiento financiero.

    Las tres “limpiezas” fundamentales

    Para que la meta de agosto se materialice, el Presidente advirtió que es necesario despejar tres obstáculos que hoy actúan como lastre. En primer lugar mencionó la eliminación de los efectos del money overhang (sobrante de pesos), consecuencia directa del control de capitales. En segundo término, señaló la importancia de agotar los rezagos de la política monetaria previa y, por último, eliminar las distorsiones provocadas por la emisión de la segunda mitad de 2025.

    En ese marco, Milei explicó que la convergencia hacia una inflación “cero” depende de completar la corrección de precios relativos, que describió como una respuesta a las “bestialidades que hizo el gobierno anterior”. En sus declaraciones fue categórico: “Cuando se limpien los efectos del money overhang como consecuencia de haber tenido control de capitales, cuando se limpien los rezagos de la política monetaria y cuando se limpie el desastre que causaron durante la segunda mitad del año pasado tratando de golpear a un gobierno, es de esperar que la inflación minorista, a partir de agosto, empiece con 0”.

    Un compromiso que nació en 2025

    La meta de agosto de 2026 no es nueva en el discurso presidencial. En octubre de 2025, Milei planteó por primera vez este horizonte, apoyando su previsión en la idea de que los rezagos de la política monetaria operan con una ventana de aproximadamente 26 meses desde la estabilización de la cantidad de dinero.

    En esa oportunidad el Presidente había afirmado que la inflación de agosto de este año sería del 0%, en contraste con el escenario recibido al inicio de su gestión. Desde mediados de 2024, el Gobierno mantiene la base monetaria sin variaciones nominales, un pilar que Milei considera innegociable. “La inflación se va a terminar en la Argentina mientras que se siga manteniendo el equilibrio fiscal y apretada la política monetaria”, reiteró en el FENOA.

    El contexto de los números actuales

    La insistencia del mandatario se da en un contexto en el que los datos oficiales de febrero de 2026 registraron una inflación mensual del 2,9%, la misma cifra observada en enero. Aunque el indicador se mantiene en niveles históricamente bajos para el país en los últimos años —con una inflación interanual que ronda el 33,1%—, el desafío para el equipo económico es perforar el umbral del 2%.

    En ese marco, Milei defendió la rapidez de las reformas impulsadas por el ministro de Economía, Luis Caputo. “Nosotros dijimos que íbamos a ir a déficit cero el primer año. Dijeron que era imposible y que con suerte podíamos llegar a equilibrio al final del mandato. Afortunadamente Caputo puso las cuentas en orden en un mes”, afirmó el mandatario, y subrayó que el problema del Banco Central se resolvió “en seis meses”.

    La cláusula de salvedad: el mundo y la energía

    A pesar de su confianza en la política monetaria y fiscal, el Presidente introdujo una advertencia sobre factores exógenos que podrían alterar los plazos, sin afectar, en su criterio, el resultado final. Reconoció que, a diferencia de las ciencias exactas, “la economía no es física” y está sujeta a imprevistos globales.

    “Pueden pasar cosas en el mundo, como un salto en el precio del petróleo y el gas. Eso puede pasar”, admitió el jefe de Estado. Esa referencia resulta relevante en un escenario internacional volátil, donde el costo de la energía impacta directamente en la estructura de precios internos. No obstante, para Milei esos episodios serían desviaciones temporales en una trayectoria que, según su análisis, desembocará en la erradicación de la inflación si se mantienen los deberes fiscales realizados.

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  • Inflación de bolsillo: por qué la suba de precios pega más a hogares de bajos ingresos por gasto en alimentos y vivienda

    Inflación de bolsillo: por qué la suba de precios pega más a hogares de bajos ingresos por gasto en alimentos y vivienda

    La inflación de febrero fue de 2,9% por segundo mes consecutivo, un resultado negativo para el Gobierno. Así, no se interrumpió la tendencia de aceleración que se prolongó durante cinco meses, o incluso más si se consideran los tramos en que la cifra se mantuvo estable. El dato, sin embargo, adquiere otra lectura al mostrar la disparidad del impacto de la suba de precios según el nivel de ingresos de los hogares argentinos.

    La inflación núcleo —que no contempla los precios regulados ni estacionales— alcanzó 3,1% en febrero, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), por encima del índice general. Fue el octavo mes consecutivo de alza en la inflación general, con un acumulado interanual de 33,1 por ciento. Los números ubicaron a los sectores de menores recursos entre los más afectados, por el mayor peso en sus canastas de los rubros que más aumentaron. La inflación núcleo mostró un salto de 0,5 puntos porcentuales respecto de enero, cuando se ubicó en 2,6 por ciento. En tanto, la suba mensual de los precios regulados llegó al 4,3 por ciento.

    Este comportamiento terminó impactando de manera desigual según el segmento de ingresos. Un informe de la consultora Empiria reveló que, para el 10% de los hogares con menores ingresos, la suba de precios fue de 3,3%, mientras que para el 10% de mayores ingresos fue de 2,9 por ciento. Esa diferencia respondió al peso de alimentos y vivienda en la estructura de consumo de los sectores más pobres.

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    El reporte de la consultora también analizó la brecha acumulada de inflación entre el 30% de hogares más ricos y el 30% más pobres desde 2018. Según el relevamiento, las diferencias se mantuvieron acotadas, sin que la brecha superara el 1% en ningún momento del período bajo análisis. No obstante, al observar subperíodos, el análisis matizó el resultado: desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, la inflación acumulada resultó levemente superior para los hogares de mayores ingresos.

    ¿Con la nueva fórmula?

    La decisión del Gobierno de postergar la nueva fórmula de inflación a principio de este año generó controversias por el timing, ya que se comunicó a días de la publicación del dato por parte del Indec, y por la manera en que se conoció la noticia con la salida del entonces titular de organismo estadístico, Marco Lavagna. De haberse cambiado la canasta de consumo de 2004 por la de 2017/2018, la inflación de febrero habría sido más alta en términos generales y aún más para los hogares de menores ingresos.

    En la canasta de consumo 2017/2018, el gasto en alimentos y bebidas representaba el 32% del total en el decil más pobre y descendía progresivamente hasta el 16% en el decil más rico. La misma tendencia se observó en los gastos asociados a tarifas eléctricas y vivienda, que ponderaban 18% en los hogares de menores ingresos y 12% en los de mayores ingresos. En contraste, el rubro hoteles y restaurantes ganaba importancia a medida que aumentaba el ingreso, alcanzando el 8% en el decil más alto.

    La metodología empleada por Empiria consideró que los ponderadores no se mantenían fijos, sino que se actualizaban mes a mes en función de la variación relativa de cada rubro. De esta manera, para febrero de 2026, los ponderadores difirieron marginalmente respecto de la estructura original, aunque sin alejarse de forma significativa.

    El mayor impacto en el índice de inflación de febrero provino de los aumentos en vivienda y electricidad, que subieron 6,8%, y en alimentos, que se incrementaron 3,3%. Por el contrario, las bebidas alcohólicas solo subieron 0,6% y el rubro indumentaria no registró variación. Según Empiria, si se hubiera reemplazado la canasta de consumo vigente (2004/2005) por la correspondiente al período 2017/2018, la inflación del mes habría ascendido a 3,0%, una diferencia marginal.

    El buen dato para Milei

    En paralelo, el Gobierno recibió un buen dato sobre la evolución de los precios. El índice de precios mayoristas mostró un incremento de 1% en febrero, de acuerdo al Indec, lo que representa el aumento mensual más bajo desde fines de 2022. Este resultado generó expectativas acerca del posible comportamiento de la inflación minorista en los próximos meses, en un escenario donde el presidente Javier Milei adelantó que podría comenzar con cero en agosto. De todas formas, especialistas remarcan que este indicador no incluye variables fundamentales que inciden en los precios al consumidor.

    Luego de la publicación del informe de febrero, Milei sostuvo que “la inflación está bajando y los precios mayoristas anticipan lo que viene a futuro en minoristas”. Si bien marzo suele presentar un repunte en el dato minorista debido a cuestiones estacionales, desde el Gobierno prevén que la desaceleración se afianzará tras el primer trimestre. A pesar de esto, economistas y consultoras privadas señalan que el avance de la inflación al consumidor depende de factores que el índice mayorista no refleja.

    Si bien el indicador de precios mayoristas refleja la evolución de los valores de bienes producidos en el país y de artículos importados antes de que lleguen al consumidor, excluye los servicios, un rubro que en el último año experimentó subas mayores al promedio de los bienes. Claudio Caprarulo, economista de Analytica, destacó que “el índice mayorista ayuda a comprender la dinámica de los precios, aunque utiliza una metodología distinta a la del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que es el que impacta directamente en el bolsillo de la gente”.

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  • Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, proyectaron que la inflación perforará el 1% mensual en agosto próximo o en los meses subsiguientes.

    Con los precios avanzando más cerca del 3% que del 2%, los analistas ven desafíos para la ambiciosa meta que el Gobierno se fijó para este año. Entre esos obstáculos están el reacomodamiento de precios relativos y regulados, como las tarifas de servicios públicos, y la pérdida de dos anclas que se emplearon en los primeros dos años de gestión para el proceso de desinflación.

    Coincidiendo con las previsiones presidenciales, Caputo afirmó en declaraciones recientes que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) quebrará el 1% durante el octavo mes de 2026. Admitió, además, que intentar llevar la medición anual a un dígito anual exige un “programa mucho más agresivo” que el aplicado por países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo.

    Intentar llevar la medición anual a una dígito anual requiere un “programa mucho más agresivo” que el que aplicaron países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo (Caputo)

    En concreto, Economía pretende volver al sendero de desinflación mediante un esquema que mantiene y profundiza el superávit fiscal —esto es, sin emitir pesos para financiar desequilibrios fiscales— combinado con una política monetaria restrictiva.

    A pesar de los pronósticos oficiales, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestra que, al menos hasta agosto, el IPC no arrancará en 0. El sondeo, que recoge proyecciones de las principales consultoras, bancos y entidades financieras del país, plantea una trayectoria descendente desde el 2,7% en febrero hasta el 1,5% en agosto.

    Procesos de estabilización en países como Israel, Perú y Chile indican que reducir inflaciones muy elevadas —por encima del 100% anual— hasta niveles cercanos al 30% suele lograrse en plazos relativamente cortos. No obstante, bajar desde ese 30% hasta tasas de un dígito anual demanda más tiempo y enfrenta mayores obstáculos. Parte de esa dificultad se explica por los ajustes en los precios relativos, que son más complejos cuando la inflación deja de ser tan alta y las distorsiones se vuelven menos evidentes.

    La clave está en cómo los cambios en precios relativos impactan el promedio del índice. Si rubros puntuales —como la carne o ciertos alimentos— suben mucho más que otros, el IPC puede mostrar un aumento aunque la mayoría de los precios se mantenga estable o disminuya. Eso no necesariamente refleja una inflación generalizada, sino variaciones concentradas en determinados sectores.

    Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil: suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación (Tiscornia)

    Según la visión oficial, descontados los efectos de la devaluación y de la inflación internacional, el indicador podría ubicarse por debajo del 1%, reflejando una mayor estabilidad en el resto de los precios.

    La mirada de los analistas

    Los economistas consultados por Infobae coinciden, en distinto grado, en que la meta fijada desde las altas esferas del Poder Ejecutivo resulta, cuando menos, desafiante. Los principales factores que limitarían una baja tan contundente de la inflación son el reordenamiento de los precios relativos y el abandono de las anclas cambiaria y salarial para frenar el proceso inflacionario.

    Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T, argumentó que “el Gobierno va haciendo cosas para que eso ocurra: ha corregido la situación fiscal, es prudente y bastante duro monetariamente, con lo cual podría bajar en algún momento fuertemente la inflación”.

    Tiscornia explicó: “Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil, pero lo cierto es que también en ese período hubo factores puntuales, como la suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación. Entonces, es difícil animarse a decir que va a arrancar con cero”.

    Desde la perspectiva de C&T, el rumbo actual para desacelerar la suba de precios es “correcto”, aunque para alcanzar una cifra alineada con el resto del mundo es necesario “cambiar comportamientos que están muy arraigados en Argentina”, en referencia a decisiones de consumidores y empresas que pueden alimentar la inercia inflacionaria.

    Por su parte, la economista de LCG, Florencia Iragui, sostuvo que en un contexto de reacomodamiento de precios relativos, “resulta difícil pensar en poder reducir el porcentaje de inflación mensual con rapidez y en una magnitud bastante elevada; no quiero decir imposible, pero sin ir más lejos, resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual”.

    Iragui enfatizó que la persistencia de la inercia inflacionaria constituye un desafío. Ante la posibilidad de que la inflación se acelere o, en el mejor de los casos, se mantenga en los niveles actuales, la dinámica es difícil de revertir y complica que el registro caiga por debajo del 1% mensual.

    Resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual (Iragui)

    Según ella, la caída del indicador de variación de precios al consumidor dependerá de la evolución de la actividad económica, de las importaciones —que actúan como ancla frente a los precios locales— y de las medidas que adopte el equipo económico en los próximos meses.

    Para Guido Zack, director de Economía de Fundar, es poco probable que se materialice el escenario que vislumbra el oficialismo. En tal sentido, subrayó que el principal objetivo debería ser lograr una reducción estable de la inflación por debajo del 2% mensual.

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    Zack explicó que “hay movimientos de precios relativos que impiden que la desinflación del 30% al 10% sea rápida. En particular, destacó que las tarifas están rezagadas, lo que impacta en prácticamente todos los precios de la economía, y que dicho rezago se mantiene a través de subsidios. En consecuencia, si el Gobierno quiere reducir el gasto público por ese lado, eso tiene un impacto inflacionario”.

    Martín Kalos, director ejecutivo de Epyca Consultores, coincidió en que el Gobierno precisa de “tiempo y paciencia” para bajar la inflación a niveles internacionales. Además, subrayó que se agotaron las dos anclas que se utilizaron en la primera parte del plan de estabilización: los salarios y el tipo de cambio.

    El principal objetivo debería ser que la inflación se reduzca de manera estable por debajo del 2% mensual (Zack)

    “Cuando esas dos anclas se agotaron, a mitad de 2025, la inflación dejó de desacelerarse. Si bien hoy hay un leve proceso de apreciación, no hay espacio para que el dólar corra muy detrás del resto de los precios. Y tampoco, en principio, uno querría creer que tampoco van a volver a generar una caída de los salarios. Los salarios están en los niveles de hace dos años, a excepción de los del sector público nacional. Eso tampoco puede volver a ser usado de ancla. A eso se suma las tarifas de servicios públicos, que fueron un poco atrasadas antes de las elecciones”, describió.

    Kalos concluyó: “Si todo le sale muy bien al Gobierno, puede pasar que la inflación empiece con 1%, pero la verdad es que no es el escenario más probable. Lo sano sería que del casi 3% actual vaya bajando y si para fin de año estamos en uno y pico, es un buen dato. El problema ahí es discursivo porque el Gobierno se pone una meta demasiado exigente y que incluso puede ser contraproducente”.

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