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  • Salarios registrados suben 2% en enero de 2026 y vuelven a quedar por debajo del IPC; qué pasó con los no registrados

    Salarios registrados suben 2% en enero de 2026 y vuelven a quedar por debajo del IPC; qué pasó con los no registrados

    En enero de 2026, el índice de salarios registrados aumentó 2% respecto de diciembre del año anterior, según informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec); de este modo, evolucionó por debajo de la inflación del primer mes del año, que se ubicó en 2,9 por ciento.

    El desempeño fue heterogéneo según los sectores: el sector privado no registrado encabezó las subas con un incremento mensual de 4,4%, mientras que el sector privado registrado mostró un alza de 2,1% y el sector público registró un avance de 1,8 por ciento. Cabe aclarar que la cifra del segmento informal presenta un rezago estadístico de cinco meses, por lo cual refleja el comportamiento de agosto de 2025.

    En la comparación interanual, el índice general de salarios registrados exhibió una suba de 29% y también se situó por debajo de la variación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que creció 32,4 por ciento. En el sector privado registrado la variación fue de 28,5%, y en el sector público, de 30 por ciento. En tanto, los trabajadores informales volvieron a encabezar las mejoras con un incremento de 80,6%, aunque debe compararse con el 33,6% anual de agosto.

    Dentro del sector público, el subsector nacional registró en enero un alza mensual de 2,0%, mientras que el subsector provincial subió 1,7%. En términos interanuales las variaciones fueron de 22,4% y 33,4%, respectivamente. Las cifras muestran que, en todos los segmentos, los salarios aún corren por detrás de la inflación acumulada.

    El economista en la Fundación Libertad y Progreso, Tomás Amerio, consideró que los movimientos interanuales de los indicadores confirman que “la recuperación del salario real, aunque en curso, aún no logra compensar la pérdida acumulada de los últimos años”.

    La evolución salarial en los últimos años

    Según cifras oficiales del Indec, en los últimos 100 meses tanto los salarios como los precios registraron incrementos destacados: ambos se multiplicaron por más de 70 veces. No obstante, de la propia estadística se desprende que la inflación avanzó a un ritmo superior al de los salarios.

    En septiembre de 2017, el sueldo neto promedio de un empleado formal del sector privado era de 20.974 pesos. Para diciembre de 2025, ese valor llegó a $1.600.263, lo que implica un aumento nominal de 7.529 por ciento. Es importante señalar que estos datos corresponden al salario promedio sin estacionalidad y sólo consideran a los trabajadores formales del sector privado, sin incluir a empleados informales ni del sector público.

    Durante el mismo período, el IPC subió 8.509%, es decir, la inflación superó a los salarios en 980 puntos porcentuales. Esto indica que, en promedio, los ingresos no lograron acompañar el alza de los precios, aunque el impacto varió según la actividad económica, ya que no todos los sectores tuvieron el mismo ajuste salarial.

    La diferencia de 980 puntos porcentuales entre inflación y salarios implica una caída del 11,38% en el poder adquisitivo promedio. Para mantener el mismo poder de compra que en 2017, el salario neto debería ubicarse en 1.805.731 pesos.

    La pérdida de poder adquisitivo se agrava si se consideran los precios de bienes esenciales. En septiembre de 2017, la canasta de 58 productos relevada por el Indec costaba $3.520,76, lo que permitía a un trabajador comprarla 5,96 veces con su sueldo neto. En diciembre de 2025, el costo ascendió a $325.370,30 y el salario promedio sólo alcanza para 4,92 canastas. Esto representa una reducción del 17,4% en la capacidad de compra respecto de 2017.

    Previsiones salariales para 2026

    Las previsiones para el empleo en Argentina muestran un posible cambio de escenario en la primera parte de 2026. De acuerdo con el último análisis salarial de Randstad, las empresas proyectan otorgar aumentos promedio del 17,5% a los empleados fuera de convenio durante el primer semestre del año. Esta decisión se da en un contexto en el que las compañías buscan dejar atrás medidas de emergencia y avanzar hacia políticas de compensación más planificadas y focalizadas.

    El relevamiento señala una marcada dispersión en los incrementos proyectados: mientras algunas empresas anuncian ajustes de al menos 4%, otras contemplan subas de hasta 35 por ciento. Esta diversidad refleja el esfuerzo de las organizaciones por equilibrar sus recursos y la necesidad de retener talento en posiciones especializadas, en un mercado donde estos perfiles son muy demandados.

    El informe destaca que, con una inflación estimada del 12% para la primera mitad del año, el aumento promedio previsto para el personal fuera de convenio podría traducirse en una mejora del salario real para ese grupo de trabajadores.

    Respecto de la frecuencia de las actualizaciones, el 31% de las empresas opta por revisiones trimestrales, el 22% realiza ajustes semestrales y el 15% los implementa de manera mensual. El informe muestra que las revisiones semestrales y cuatrimestrales están ganando terreno, en detrimento de los ajustes mensuales habituales en períodos de mayor volatilidad inflacionaria.

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  • Nueva encuesta nacional: Desaprobación a Milei llega al 64% y 8 de cada 10 argentinos no llegan a fin de mes

    Nueva encuesta nacional: Desaprobación a Milei llega al 64% y 8 de cada 10 argentinos no llegan a fin de mes

    La gestión de Javier Milei vive su peor momento ante la opinión pública. Un relevamiento nacional de la consultora Delfos, realizado entre el 13 y el 19 de marzo sobre 2.951 casos, indica que la desaprobación a la gestión presidencial alcanzó el 64% —diez puntos más que en febrero— y que la imagen negativa del Gobierno subió al 62%, doce puntos por encima del mes anterior. Es el registro más adverso desde que La Libertad Avanza llegó al poder.

    La encuesta, dirigida por el politólogo cordobés Luis Dall’Aglio, no deja lugar para interpretaciones optimistas: el deterioro es simultáneo en todos los indicadores medidos, desde la percepción económica hasta la credibilidad institucional.

    Desaprobación de gestión de Milei

    Con la economía doméstica en el centro del malestar, la credibilidad estadística en retroceso y una desaprobación que no cede, Milei afronta el tramo más exigente de su mandato justo cuando el calendario electoral empieza a pesar. El desafío ya no es solo político: es recuperar la confianza de una sociedad que, según los datos, dejó de creerle a los números.

    Una sociedad entre ajuste e incertidumbre

    El núcleo del malestar tiene nombre y apellido: la economía doméstica. El 49% de los hogares relevados no logra cubrir sus gastos mensuales y el 37% declara que llega “con lo justo”. En la práctica, ocho de cada diez argentinos viven en una situación de ajuste permanente o al límite de sus posibilidades.

    La percepción sobre la situación económica general acompaña ese panorama. El 40% la califica como mala —una suba de diez puntos respecto de febrero— y el 35% la describe como regular. Solo una minoría mantiene una visión positiva del presente.

    El 61% de los encuestados considera que el país está peor que hace un año. Y en el futuro inmediato, el panorama tampoco genera alivio: el 65% no cree que el Gobierno vaya a sostener la reducción de la inflación, uno de los principales argumentos del relato oficialista.

    La desconfianza en el INDEC, en alza

    Uno de los datos más significativos del informe se refiere a la credibilidad de las estadísticas públicas. El 71% de los encuestados desconfía de los datos difundidos por el INDEC, cuando en febrero ese porcentaje era del 59%. En un mes, la brecha creció doce puntos.

    El dato es relevante porque el Gobierno construyó buena parte de su narrativa de éxito sobre los índices oficiales de inflación y actividad. Si siete de cada diez argentinos no creen en esos números, el relato económico pierde uno de sus principales sostenes.

    En ese marco, el optimismo sobre el futuro también se desplomó. Solo el 29% cree que Milei logrará mejorar la situación del país, contra el 45% que sostenía esa expectativa en julio de 2025, el punto más alto del mandato.

    La imagen presidencial, en rojo

    La imagen personal del Presidente muestra 36% de valoración positiva frente a 57% negativa. La intención de voto acompaña esa tendencia: pasó de 43,7% en octubre de 2025 a 34,2% en esta medición, una caída de 9,5 puntos en cinco meses.

    La evaluación sectorial de la gestión también resulta adversa en todos los frentes. El 57% reprueba la situación social, el 55% cuestiona la política exterior y el 50% tiene una percepción negativa del rumbo económico.

    Karina Milei

    Dentro del propio ecosistema oficialista, Karina Milei concentra el rechazo más alto de todo el sistema político: 66% de imagen negativa, por encima de Mauricio Macri (58%) y del propio Presidente (57%).

    La corrupción, primer problema del país

    El reordenamiento de la agenda ciudadana aporta otro elemento de tensión para el Gobierno. La corrupción e impunidad lidera el ranking de preocupaciones con el 19,3%, por delante de los problemas macroeconómicos, que acumulan el 17,1%.

    El dato tiene peso político propio. Milei llegó al poder enarbolando la batalla contra la casta y la promesa de un Estado limpio. Que la corrupción encabece las preocupaciones sociales en el tercer año de gestión interpela directamente ese discurso fundacional.

    Ballotage con ventaja para Kicillof

    El desgaste oficialista no encuentra por ahora un beneficiario claro. En un hipotético escenario de segunda vuelta, el gobernador bonaerense Axel Kicillof aparece con 46% de intención de voto frente al 37,5% de Milei. Según el informe, la diferencia refleja más el retroceso del Presidente que la consolidación de una alternativa opositora competitiva.

    Kicillof, al igual que el resto de las figuras de la oposición, registra altos niveles de rechazo: 51% de imagen negativa, el mismo porcentaje que Juan Schiaretti. Cristina Fernández de Kirchner y Patricia Bullrich rondan el 55-56% de desaprobación.

    El escenario es el de una crisis de representación generalizada: el oficialismo pierde terreno, pero la oposición no logra capitalizar ese espacio. El estudio fue realizado mediante entrevistas directas individuales y con metodología CAWI, con ponderación por sexo, edad y región. El margen de error es de ±2,1% con un nivel de confianza del 95%.

  • Hasta 22.500%: alimentos que más subieron en la última década según el Indec, con subas que superaron a los salarios

    Hasta 22.500%: alimentos que más subieron en la última década según el Indec, con subas que superaron a los salarios

    En la última década, la inflación se consolidó como el desafío estructural más persistente de la economía argentina, erosionando el poder adquisitivo de los ciudadanos. Este fenómeno, lejos de ser un número abstracto en las planillas oficiales, golpea con mayor dureza a los sectores más vulnerables, que destinan la mayor parte de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.

    En ese contexto, el rubro “Alimentos y Bebidas no alcohólicas” funciona como el termómetro social más fiel. Al tratarse de bienes de primera necesidad que no admiten postergación, las variaciones en las góndolas reflejan la velocidad del movimiento de precios. Para dimensionar esos aumentos, Infobae analizó la evolución de los valores que releva el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en el Gran Buenos Aires desde abril de 2016 (el dato más antiguo disponible) hasta febrero de este año (último informe publicado).

    Los resultados sorprenden, sobre todo por su magnitud. Según el organismo, las subas más “benévolas” superaron el 7.000% en la última década, mientras que los casos más alarmantes superaron el 20.000%.

    Los ajustes más extremos

    Hay tres productos que se destacan por su alta volatilidad. El que registró el mayor incremento en el período analizado fue el yogur firme: en su presentación de 195 cc anotó una suba del 22.551%, pasando de $11 en abril de 2016 a $2.449 en febrero de 2026. Los $2.438 de diferencia ilustran con crudeza el impacto de la inflación sobre los insumos alimenticios.

    El segundo producto con mayor variación fue el aceite de girasol: la botella de 1,5 litros saltó de $26 a $5.779 en los últimos diez años (22.228% de suba). El tercer puesto lo ocupa el café molido de 500 gramos, que se encareció $12.750, al pasar de $62 a $12.812 (20.442% de variación).

    Más atrás aparece el primer producto del rubro “frutas y verduras”: la manzana deliciosa, que según los registros del Indec costaba $25 por kilo en 2016 y se vende a $4.652 en la actualidad, lo que representa una suba porcentual de 18.417%.

    Siguiendo la lista, no puede pasarse por alto el caso de la manteca. En el Gran Buenos Aires, los 200 gramos se vendían a $23 hace una década y hoy promedian $4.006, lo que arroja una variación de 17.296%.

    La carne, otra vez protagonista

    En los últimos meses se habló mucho sobre la volatilidad del precio de la carne vacuna. Las subas registradas desde finales de 2025 fueron noticia en todo el país por su magnitud y su efecto en el bolsillo. Sin embargo, las estadísticas del Indec muestran que la tendencia alcista se mantuvo a lo largo de casi toda la década.

    Según los informes del organismo, cuatro cortes tradicionales forman parte del “top ten” de aumentos de los últimos diez años, todos con incrementos superiores al 16.000%. La suba más pronunciada correspondió a la nalga, cuyo precio por kilo pasó de $121 a $20.528, una variación del 16.883%.

    Apenas por debajo aparece la paleta, que se vendía a $94 en 2016 y hoy se comercializa a $15.818 (16.751% más). También figuran el asado, que pasó de $100 a $16.852 (16.702% de incremento), y el cuadril, que registró una suba de exactamente 16.500% en diez años.

    Por arriba del 15.000 por ciento

    El “top ten” de aumentos se completa con el limón, cuyo valor por kilo avanzó de $61 a $9.521 (16.279% más), aunque hay otros alimentos que también merecen atención. Por ejemplo, la carne picada común, que, si bien no escaló tanto como algunos cortes, registró un alza del 15.591%, pasando de $61 a $9.521.

    La bebida que más se encareció en el período analizado es la cerveza en botella de litro: costaba $26 hace diez años y promedia $3.976 en la actualidad (15.255% de variación).

    Otros dos productos que tuvieron aumentos superiores al 15.000% fueron las hamburguesas congeladas (15.145%) y el queso pategrás (15.004%).

    Los ajustes más bajos

    Incluso los productos con menor variación muestran aumentos llamativos. Según el Indec, el artículo más estable de la última década fue la cebolla, que subió $991 (pasó de $14 a $1.005) y acumuló una variación de 7.185%.

    En segundo lugar figura la naranja: el kilo de esa fruta se incrementó 7.470% en los diez años analizados, al saltar de $23 a $1.756. En tanto, el paquete de 250 gramos de galletitas de agua envasadas subió 8.012% (costaba $17 y ahora $1.354 en el GBA).

    Por encima de la inflación y los salarios

    Los datos son contundentes, pero cobran mayor significado en contexto. Más allá de los números, hay dos realidades que evidencian cómo han impactado estas subas en los bolsillos argentinos. Una es que los precios de los alimentos aumentaron, en promedio, por encima del IPC general.

    El Índice de Precios al Consumidor (IPC) más antiguo disponible tras la crisis estadística del Indec corresponde a diciembre de 2016. Desde entonces hasta febrero de 2026 (el dato más actual), el IPC acumuló una suba del 10.615%. En ese mismo período, el precio promedio de los alimentos relevados por el organismo tuvo un aumento de 11.423%, es decir, los productos alimenticios se encarecieron 808 puntos porcentuales por encima de la inflación general.

    En materia de salarios, la brecha es aún mayor. El período que puede evaluarse con las series históricas del Indec va de abril de 2016 a diciembre de 2025. En esos años, el ingreso promedio de los trabajadores registrados aumentó nominalmente 9.038%. Si se calcula la suba media de los alimentos en ese mismo lapso, se obtiene un incremento del 12.862%, con una diferencia de 3.824 puntos porcentuales en contra de los salarios.

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  • Consumo con señales mixtas: cayeron ventas en supermercados y subieron en mayoristas en enero de 2026

    Consumo con señales mixtas: cayeron ventas en supermercados y subieron en mayoristas en enero de 2026

    En enero de 2026, los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) mostraron un marcado contraste en el consumo argentino: las ventas interanuales de los autoservicios mayoristas crecieron 1,3%, mientras que los supermercados minoristas registraron una caída de 1,2%, lo que refleja cambios en los hábitos de compra y la presión del contexto económico.

    La comparación mensual desestacionalizada confirma esa divergencia: los mayoristas registraron un aumento de 0,8% respecto a diciembre, mientras que los supermercados descendieron 1,5 por ciento. Esa diferencia pone de manifiesto la creciente preferencia por los autoservicios mayoristas, elegidos por hogares y comercios de proximidad ante la pérdida de poder adquisitivo y la inflación persistente.

    En cuanto al desempeño por ticket, el ticket medio de los mayoristas alcanzó $50.372, con una mejora interanual de 47,1%. En los supermercados, el importe promedio por transacción fue de $34.840, lo que representa un crecimiento de 30,1% respecto a enero de 2025, según datos oficiales.

    Ventas y principales rubros en mayoristas y minoristas

    La facturación a precios corrientes se expandió de forma similar en ambos canales, aunque con diferencias internas. En los mayoristas, las ventas sumaron $339.788,7 millones, lo que implicó un alza interanual de 25,8%, según el Indec. Los supermercados minoristas alcanzaron $2.339.233,3 millones, con un crecimiento de 25,1% respecto al año anterior, de acuerdo con el informe de supermercados del organismo.

    El análisis por rubros muestra que “Carnes” lideró los aumentos interanuales en ambos formatos, aunque con intensidades distintas: en autoservicios mayoristas creció 70,7% y en supermercados, 49,4 por ciento. En el canal mayorista también sobresalieron “Almacén” (30,5%) y “Artículos de limpieza y perfumería” (19,7%). En los supermercados destacaron “Verdulería y frutería” (38,3%), “Alimentos preparados y rotisería” (32,5%) y “Panadería” (27,2%).

    En la participación sobre la facturación total, los autoservicios mayoristas concentraron 42% en “Almacén”, 27,3% en “Artículos de limpieza y perfumería” y 12,7% en “Bebidas”; el rubro “Carnes” representó 3,2%. Por su parte, los supermercados tuvieron mayor peso en “Almacén” (24,7%), “Artículos de limpieza y perfumería” (14,1%) y “Carnes” (13,6%).

    Cambios en medios de pago y canales de venta

    El análisis de los medios de pago revela nuevas preferencias. En supermercados, las operaciones con tarjeta de crédito explicaron el 43,1% del total facturado, con un salto interanual de 22,5%. El uso de tarjeta de débito fue del 25% y creció 8,5%, mientras que el pago en efectivo representó el 17,1%, con un avance de 35,4%. Los llamados “otros medios” —billeteras virtuales, QR y similares— alcanzaron el 14,8%, registrando un incremento de 63,1%, según el informe oficial.

    En los autoservicios mayoristas, los “otros medios de pago” (32,2%) lideraron el crecimiento, con una mejora de 48,4% en un año. El efectivo representó el 25,7% (+32,6%), la tarjeta de crédito el 26% (+18,8%) y la tarjeta de débito el 16%, con una caída de 2,9%. La digitalización financiera y la búsqueda de alternativas frente a la inflación explican estos cambios en ambos formatos.

    Respecto de los canales de venta, los minoristas facturaron $63.097 millones por la modalidad online, lo que significó el 2,7% del total y un incremento de 16,1% frente a enero de 2025. El salón de ventas mantiene el predominio absoluto, con el 97,3 por ciento.

    Efectos por jurisdicción y perfil de consumo

    La segmentación geográfica mostró diferencias notables. Según la encuesta mayorista, la facturación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cayó 2,6%, mientras que en los 24 partidos del Gran Buenos Aires creció 26,7% y en el “Resto del país” subió 27%. El panel de autoservicios mayoristas abarcó 32 empresas y 193 bocas de expendio.

    En la red de supermercados, el informe consignó que Neuquén registró el mayor avance interanual en ventas a precios corrientes (+32,7%), seguido por La Pampa (+30,7%), San Luis (+30,6%), Salta (+29,8%) y Río Negro (+28,3%). En valores absolutos, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires totalizó $357.879 millones y el Gran Buenos Aires, $513.689 millones de facturación.

    Otros indicadores de consumo muestran que, en la red mayorista, el promedio de venta por boca alcanzó $1.760 millones y la venta por metro cuadrado fue de $350.456, ambos con una variación positiva de 29,9% respecto a enero de 2025. En los supermercados minoristas, la venta por boca promedio llegó a $742,6 millones y la venta por metro cuadrado a $691.098, con un crecimiento interanual de 25,8 por ciento.

    Empleo y salarios en mayoristas y supermercados

    La evolución del empleo también mostró trayectorias diferentes. En autoservicios mayoristas, el personal ocupado fue de 13.206 asalariados en enero, lo que implica una caída interanual de 8,7%, según el organismo estadístico. El ajuste afectó especialmente a cajeros, administrativos y repositores, con una baja del 9%. El costo laboral total decreció 4,2% interanual y los sueldos brutos promedio para personal jerárquico fueron de $3.051.562. Para cajeros y administrativos, el salario promedio alcanzó $1.554.999, con un avance interanual de 40,7 por ciento.

    En los supermercados, el total de personal ocupado ascendió a 99.014 asalariados, con una disminución de 1,5% interanual. Los sueldos brutos promedio para gerentes, supervisores y personal jerárquico fueron de $3.986.647 (+29%), mientras que cajeros, administrativos, repositores y otros promediaron $1.585.539, lo que representó un alza anual de 35,6 por ciento. El costo laboral promedio del sector fue de $233.239 millones, con un incremento de 34,6 por ciento.

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  • QR!: Guido Bambini advierte que la inflación dejará meses complicados en los precios

    QR!: Guido Bambini advierte que la inflación dejará meses complicados en los precios

    En el programa “QR!”, el especialista en economía Guido Bambini cuestionó las proyecciones del ministro Luis Caputo y advirtió que la inflación sigue presionada por aumentos concretos en precios clave, pese al discurso oficial de desaceleración. “Estamos teniendo un shock distinto cada mes hace nueve meses. Ya es un problema buscarle una excusa a cada uno”, sostuvo, en referencia a las explicaciones del Gobierno sobre la suba de precios.

    Bambini señaló que durante marzo se registraron aumentos de hasta el 12% en productos de supermercados mayoristas en apenas 17 días, con subas destacadas en rubros como limpieza, lácteos, yerba y bebidas. Según explicó, esos incrementos superan ampliamente el último dato de inflación mensual, que rondó el 2,9%.

    Además, advirtió que esos aumentos terminan trasladándose a los precios minoristas, aunque con cierto retraso, y que los comercios tienen cada vez menos margen para absorberlos. “No te da la rentabilidad para sostener subas de este nivel”, explicó.

    El economista también puso el foco en el impacto del contexto internacional. Señaló que el aumento del precio de los combustibles, que ya subieron alrededor de un 8% en lo que va de marzo, podría agravarse si continúa el conflicto bélico global, elevando el valor del petróleo y sumando presión inflacionaria en los próximos meses.

    En paralelo, alertó por la caída del consumo, con una baja del 2,5% interanual en la ingesta de carne, y remarcó que se trata de un nivel históricamente bajo. “Hay que remontarse décadas para encontrar un dato similar”, indicó.

    Bambini también cuestionó el argumento oficial sobre un supuesto “factor psicológico” en la economía. Citó datos de la Universidad Torcuato Di Tella que evidencian una caída del 5% en la confianza del consumidor, y estadísticas del INDEC que reflejan problemas en la industria y el comercio por la baja demanda interna y el aumento de importaciones.

    No es un tema psicológico, los propios datos muestran que la actividad está frenada”, afirmó.

    Para cerrar, el economista sostuvo que el principal problema del modelo actual es la combinación de salarios deteriorados, menor poder de compra y apertura importadora, factores que, según dijo, explican el enfriamiento de la economía y las malas expectativas a futuro.

    LB

  • Inflación de bolsillo: por qué la suba de precios pega más a hogares de bajos ingresos por gasto en alimentos y vivienda

    Inflación de bolsillo: por qué la suba de precios pega más a hogares de bajos ingresos por gasto en alimentos y vivienda

    La inflación de febrero fue de 2,9% por segundo mes consecutivo, un resultado negativo para el Gobierno. Así, no se interrumpió la tendencia de aceleración que se prolongó durante cinco meses, o incluso más si se consideran los tramos en que la cifra se mantuvo estable. El dato, sin embargo, adquiere otra lectura al mostrar la disparidad del impacto de la suba de precios según el nivel de ingresos de los hogares argentinos.

    La inflación núcleo —que no contempla los precios regulados ni estacionales— alcanzó 3,1% en febrero, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), por encima del índice general. Fue el octavo mes consecutivo de alza en la inflación general, con un acumulado interanual de 33,1 por ciento. Los números ubicaron a los sectores de menores recursos entre los más afectados, por el mayor peso en sus canastas de los rubros que más aumentaron. La inflación núcleo mostró un salto de 0,5 puntos porcentuales respecto de enero, cuando se ubicó en 2,6 por ciento. En tanto, la suba mensual de los precios regulados llegó al 4,3 por ciento.

    Este comportamiento terminó impactando de manera desigual según el segmento de ingresos. Un informe de la consultora Empiria reveló que, para el 10% de los hogares con menores ingresos, la suba de precios fue de 3,3%, mientras que para el 10% de mayores ingresos fue de 2,9 por ciento. Esa diferencia respondió al peso de alimentos y vivienda en la estructura de consumo de los sectores más pobres.

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    El reporte de la consultora también analizó la brecha acumulada de inflación entre el 30% de hogares más ricos y el 30% más pobres desde 2018. Según el relevamiento, las diferencias se mantuvieron acotadas, sin que la brecha superara el 1% en ningún momento del período bajo análisis. No obstante, al observar subperíodos, el análisis matizó el resultado: desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026, la inflación acumulada resultó levemente superior para los hogares de mayores ingresos.

    ¿Con la nueva fórmula?

    La decisión del Gobierno de postergar la nueva fórmula de inflación a principio de este año generó controversias por el timing, ya que se comunicó a días de la publicación del dato por parte del Indec, y por la manera en que se conoció la noticia con la salida del entonces titular de organismo estadístico, Marco Lavagna. De haberse cambiado la canasta de consumo de 2004 por la de 2017/2018, la inflación de febrero habría sido más alta en términos generales y aún más para los hogares de menores ingresos.

    En la canasta de consumo 2017/2018, el gasto en alimentos y bebidas representaba el 32% del total en el decil más pobre y descendía progresivamente hasta el 16% en el decil más rico. La misma tendencia se observó en los gastos asociados a tarifas eléctricas y vivienda, que ponderaban 18% en los hogares de menores ingresos y 12% en los de mayores ingresos. En contraste, el rubro hoteles y restaurantes ganaba importancia a medida que aumentaba el ingreso, alcanzando el 8% en el decil más alto.

    La metodología empleada por Empiria consideró que los ponderadores no se mantenían fijos, sino que se actualizaban mes a mes en función de la variación relativa de cada rubro. De esta manera, para febrero de 2026, los ponderadores difirieron marginalmente respecto de la estructura original, aunque sin alejarse de forma significativa.

    El mayor impacto en el índice de inflación de febrero provino de los aumentos en vivienda y electricidad, que subieron 6,8%, y en alimentos, que se incrementaron 3,3%. Por el contrario, las bebidas alcohólicas solo subieron 0,6% y el rubro indumentaria no registró variación. Según Empiria, si se hubiera reemplazado la canasta de consumo vigente (2004/2005) por la correspondiente al período 2017/2018, la inflación del mes habría ascendido a 3,0%, una diferencia marginal.

    El buen dato para Milei

    En paralelo, el Gobierno recibió un buen dato sobre la evolución de los precios. El índice de precios mayoristas mostró un incremento de 1% en febrero, de acuerdo al Indec, lo que representa el aumento mensual más bajo desde fines de 2022. Este resultado generó expectativas acerca del posible comportamiento de la inflación minorista en los próximos meses, en un escenario donde el presidente Javier Milei adelantó que podría comenzar con cero en agosto. De todas formas, especialistas remarcan que este indicador no incluye variables fundamentales que inciden en los precios al consumidor.

    Luego de la publicación del informe de febrero, Milei sostuvo que “la inflación está bajando y los precios mayoristas anticipan lo que viene a futuro en minoristas”. Si bien marzo suele presentar un repunte en el dato minorista debido a cuestiones estacionales, desde el Gobierno prevén que la desaceleración se afianzará tras el primer trimestre. A pesar de esto, economistas y consultoras privadas señalan que el avance de la inflación al consumidor depende de factores que el índice mayorista no refleja.

    Si bien el indicador de precios mayoristas refleja la evolución de los valores de bienes producidos en el país y de artículos importados antes de que lleguen al consumidor, excluye los servicios, un rubro que en el último año experimentó subas mayores al promedio de los bienes. Claudio Caprarulo, economista de Analytica, destacó que “el índice mayorista ayuda a comprender la dinámica de los precios, aunque utiliza una metodología distinta a la del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que es el que impacta directamente en el bolsillo de la gente”.

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  • Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, proyectaron que la inflación perforará el 1% mensual en agosto próximo o en los meses subsiguientes.

    Con los precios avanzando más cerca del 3% que del 2%, los analistas ven desafíos para la ambiciosa meta que el Gobierno se fijó para este año. Entre esos obstáculos están el reacomodamiento de precios relativos y regulados, como las tarifas de servicios públicos, y la pérdida de dos anclas que se emplearon en los primeros dos años de gestión para el proceso de desinflación.

    Coincidiendo con las previsiones presidenciales, Caputo afirmó en declaraciones recientes que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) quebrará el 1% durante el octavo mes de 2026. Admitió, además, que intentar llevar la medición anual a un dígito anual exige un “programa mucho más agresivo” que el aplicado por países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo.

    Intentar llevar la medición anual a una dígito anual requiere un “programa mucho más agresivo” que el que aplicaron países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo (Caputo)

    En concreto, Economía pretende volver al sendero de desinflación mediante un esquema que mantiene y profundiza el superávit fiscal —esto es, sin emitir pesos para financiar desequilibrios fiscales— combinado con una política monetaria restrictiva.

    A pesar de los pronósticos oficiales, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestra que, al menos hasta agosto, el IPC no arrancará en 0. El sondeo, que recoge proyecciones de las principales consultoras, bancos y entidades financieras del país, plantea una trayectoria descendente desde el 2,7% en febrero hasta el 1,5% en agosto.

    Procesos de estabilización en países como Israel, Perú y Chile indican que reducir inflaciones muy elevadas —por encima del 100% anual— hasta niveles cercanos al 30% suele lograrse en plazos relativamente cortos. No obstante, bajar desde ese 30% hasta tasas de un dígito anual demanda más tiempo y enfrenta mayores obstáculos. Parte de esa dificultad se explica por los ajustes en los precios relativos, que son más complejos cuando la inflación deja de ser tan alta y las distorsiones se vuelven menos evidentes.

    La clave está en cómo los cambios en precios relativos impactan el promedio del índice. Si rubros puntuales —como la carne o ciertos alimentos— suben mucho más que otros, el IPC puede mostrar un aumento aunque la mayoría de los precios se mantenga estable o disminuya. Eso no necesariamente refleja una inflación generalizada, sino variaciones concentradas en determinados sectores.

    Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil: suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación (Tiscornia)

    Según la visión oficial, descontados los efectos de la devaluación y de la inflación internacional, el indicador podría ubicarse por debajo del 1%, reflejando una mayor estabilidad en el resto de los precios.

    La mirada de los analistas

    Los economistas consultados por Infobae coinciden, en distinto grado, en que la meta fijada desde las altas esferas del Poder Ejecutivo resulta, cuando menos, desafiante. Los principales factores que limitarían una baja tan contundente de la inflación son el reordenamiento de los precios relativos y el abandono de las anclas cambiaria y salarial para frenar el proceso inflacionario.

    Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T, argumentó que “el Gobierno va haciendo cosas para que eso ocurra: ha corregido la situación fiscal, es prudente y bastante duro monetariamente, con lo cual podría bajar en algún momento fuertemente la inflación”.

    Tiscornia explicó: “Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil, pero lo cierto es que también en ese período hubo factores puntuales, como la suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación. Entonces, es difícil animarse a decir que va a arrancar con cero”.

    Desde la perspectiva de C&T, el rumbo actual para desacelerar la suba de precios es “correcto”, aunque para alcanzar una cifra alineada con el resto del mundo es necesario “cambiar comportamientos que están muy arraigados en Argentina”, en referencia a decisiones de consumidores y empresas que pueden alimentar la inercia inflacionaria.

    Por su parte, la economista de LCG, Florencia Iragui, sostuvo que en un contexto de reacomodamiento de precios relativos, “resulta difícil pensar en poder reducir el porcentaje de inflación mensual con rapidez y en una magnitud bastante elevada; no quiero decir imposible, pero sin ir más lejos, resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual”.

    Iragui enfatizó que la persistencia de la inercia inflacionaria constituye un desafío. Ante la posibilidad de que la inflación se acelere o, en el mejor de los casos, se mantenga en los niveles actuales, la dinámica es difícil de revertir y complica que el registro caiga por debajo del 1% mensual.

    Resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual (Iragui)

    Según ella, la caída del indicador de variación de precios al consumidor dependerá de la evolución de la actividad económica, de las importaciones —que actúan como ancla frente a los precios locales— y de las medidas que adopte el equipo económico en los próximos meses.

    Para Guido Zack, director de Economía de Fundar, es poco probable que se materialice el escenario que vislumbra el oficialismo. En tal sentido, subrayó que el principal objetivo debería ser lograr una reducción estable de la inflación por debajo del 2% mensual.

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    Zack explicó que “hay movimientos de precios relativos que impiden que la desinflación del 30% al 10% sea rápida. En particular, destacó que las tarifas están rezagadas, lo que impacta en prácticamente todos los precios de la economía, y que dicho rezago se mantiene a través de subsidios. En consecuencia, si el Gobierno quiere reducir el gasto público por ese lado, eso tiene un impacto inflacionario”.

    Martín Kalos, director ejecutivo de Epyca Consultores, coincidió en que el Gobierno precisa de “tiempo y paciencia” para bajar la inflación a niveles internacionales. Además, subrayó que se agotaron las dos anclas que se utilizaron en la primera parte del plan de estabilización: los salarios y el tipo de cambio.

    El principal objetivo debería ser que la inflación se reduzca de manera estable por debajo del 2% mensual (Zack)

    “Cuando esas dos anclas se agotaron, a mitad de 2025, la inflación dejó de desacelerarse. Si bien hoy hay un leve proceso de apreciación, no hay espacio para que el dólar corra muy detrás del resto de los precios. Y tampoco, en principio, uno querría creer que tampoco van a volver a generar una caída de los salarios. Los salarios están en los niveles de hace dos años, a excepción de los del sector público nacional. Eso tampoco puede volver a ser usado de ancla. A eso se suma las tarifas de servicios públicos, que fueron un poco atrasadas antes de las elecciones”, describió.

    Kalos concluyó: “Si todo le sale muy bien al Gobierno, puede pasar que la inflación empiece con 1%, pero la verdad es que no es el escenario más probable. Lo sano sería que del casi 3% actual vaya bajando y si para fin de año estamos en uno y pico, es un buen dato. El problema ahí es discursivo porque el Gobierno se pone una meta demasiado exigente y que incluso puede ser contraproducente”.

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  • Señales mixtas: industria creció y construcción se estancó en enero de 2026, arranque de año moderado

    Señales mixtas: industria creció y construcción se estancó en enero de 2026, arranque de año moderado

    El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) publicó los resultados de inicio de año para dos sectores clave de la economía: la industria y la construcción. Ambos comenzaron 2026 de manera mesurada, con una alternancia de resultados positivos y negativos.

    En la industria, los datos muestran que esa actividad creció 3,1% en enero respecto a diciembre. Lo inquietante es que, en paralelo, se observó una caída de 3,2% frente a enero del año pasado.

    La desagregación por sectores revela matices similares. Según el Indec, el rubro “alimentos, bebidas y tabaco”, por ejemplo, registró una mejora de 2,7% entre diciembre de 2025 y enero de 2026, pero sufrió una caída interanual del 0,6%.

    Ocurre lo mismo con “textiles, prendas de vestir y calzado”, que a pesar de anotar una fuerte caída interanual de 21,3% mostró una mejora mensual de 4,4%. De forma parecida, los “productos de metal, maquinaria y equipo” avanzaron 3% en enero frente a diciembre, pero se desplomaron 14,5% respecto a igual mes del año anterior.

    En la misma línea, “otros equipos, aparatos e instrumentos” mejoraron 3,5% contra diciembre, pero retrocedieron 22,1% respecto del nivel de actividad que mostraban al comienzo de 2025.

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    La industria de “automotores y otros equipos de transporte”, por su parte, registró en enero un nivel de producción 22,9% inferior al registrado en enero de 2026, aunque creció 7,9% en comparación con diciembre.

    Otro caso ambiguo es “muebles y otras industrias manufactureras”, que mostró una mejora mensual de 4,5% pero una retracción interanual del 5%.

    Los tres más sólidos

    Solo tres ramas industriales arrancaron el año con fuerza, mostrando crecimiento tanto mensual como interanual. El más destacado fue el sector de “refinación del petróleo, químicos, productos de caucho y plástico”. Según el informe oficial, en enero ese rubro repuntó 4,4% respecto al mes anterior y creció 3,6% frente a enero de 2025.

    Los otros dos sectores mantuvieron la misma tendencia, aunque con variaciones menores. Los “minerales no metálicos y metálicos básicos” anotaron un crecimiento interanual de 1,7% y una variación mensual de 0,1%.

    Por último, la industria de “madera, papel, edición e impresión” registró un alza mensual de 0,8% y un avance interanual de 0,2%.

    Qué pasó con la construcción

    La actividad de la construcción mostró mayor estabilidad que la industria al inicio del año. Según el Indec, en enero el sector se mantuvo sin variación (0%) respecto al mes anterior, aunque registró un crecimiento interanual de 1,2%.

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    Para estimar el nivel de actividad, el organismo consideró la demanda de los principales insumos. Los resultados fueron dispares: algunos materiales aumentaron considerablemente frente al año pasado, como los artículos sanitarios de cerámica (15,8% interanual), el hormigón elaborado (16,9%) y las placas de yeso (11,7%). Otros, en cambio, retrocedieron con fuerza, como las cales (-15%), los mosaicos graníticos y calcáreos (-13,3%) y el hierro redondo (-10%), entre otros.

    En conjunto, la demanda de materiales mostró un saldo positivo para la actividad. Además, otros dos indicadores arrojaron señales favorables, aunque con cierto rezago: por un lado, el Indec registró un aumento de 3,3% en la cantidad de puestos de trabajo registrados en el sector, que llegó a 380.880 asalariados en diciembre pasado; por otro, la superficie autorizada por permisos de edificación creció 7,7% ese mismo mes, alcanzando un total de 1.445.113 m2.

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