Aunque el conflicto en Medio Oriente, que involucra a EEUU, Irán e Israel, golpea a los mercados y presiona sobre la inflación, el incremento del precio internacional del petróleo puede traducirse en un salto notable de divisas si se expande la balanza energética.
El barril de crudo ya superó los USD 100 —nivel que no alcanzaba desde 2022— tras el bloqueo de Irán al estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% de la producción mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL). Este corredor marítimo, de apenas 39 km de ancho, constituye un punto neurálgico para el comercio global de combustibles.
Aunque la evolución de la escalada bélica es incierta y el impacto final dependerá de la duración del conflicto, los valores actuales de la energía permitirían a Argentina aprovechar su condición de exportador neto y mejorar las cuentas externas, con Vaca Muerta como principal motor.
La situación contrasta con shocks anteriores, como el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, cuando la suba de precios afectó directamente la balanza de pagos debido al mayor peso de las importaciones.
Cabe recordar que en 2025 se registró un superávit energético récord, que sumó USD 7.815 millones, dado que las exportaciones totalizaron USD 11.086 millones y las importaciones USD 3.271 millones.
Este año, según Empiria, de mantenerse constante dicho precio del barril, las ventas al exterior de petróleo pasarían de USD 6.400 millones en 2025 a USD 9.400 millones.
“El cálculo es conservador, dado que se realizó a partir de las cantidades exportadas en 2025 para medir el efecto precio. Pero es un piso, ya que la producción de Vaca Muerta va a seguir creciendo y Argentina tiene un consumo promedio anual de 550.000 barriles diarios. Todo lo que se produce por encima de ese nivel, se exporta”, detallaron en la consultora del economista Hernán Lacunza.
Las estimaciones de la consultora Economía y Energía también señalan que los envíos de crudo se incrementarían en 3.000 millones de dólares.
Por el contrario, si se supone que el precio del gasoil sube al mismo ritmo que el del crudo, las importaciones de ese combustible aumentarían en 376 millones de dólares.
En cuanto al GNL, si su valor pasa de 12,5 dólares por millón de unidades térmicas británicas (USD/MMBTU) a 17 USD/MMBTU, las compras externas treparían a 222 millones de dólares.
“Considerando únicamente estos tres componentes, y manteniendo los volúmenes constantes junto con las variaciones de precios, el saldo de la balanza comercial energética total aumentaría en USD 2.400 millones“, destacó Economía y Energía.
En ese sentido, desde Aleph Energy, Daniel Dreizzen calcula que 2026 podría cerrar con un saldo positivo en el rubro de USD 12.307 millones, lo que implicaría un crecimiento de casi USD 4.500 millones respecto de 2025.
Por su parte, el ex secretario de Energía, Daniel Montamat, señaló: “la Argentina despacha al exterior cerca de 300.000 barriles diarios de petróleo. Las estimaciones anteriores utilizaban un valor de referencia de USD 60. Si el precio internacional se ubica en el rango de 90 a 100 dólares, el aporte adicional por cada barril sería de 30 a 40 dólares. Proyectando esa diferencia sobre el volumen exportado y los 300 días que restan del año, los ingresos extraordinarios estarían entre 2.700 y 3.600 millones de dólares”.
Conviene destacar que, en este tipo de conflictos, los países tienden a diversificar proveedores y que Argentina, con una ubicación geopolítica estable, producción en máximos históricos y expansión de infraestructura, aparece como una fuente alternativa de relevancia.
Sobre la respuesta de las petroleras para aprovechar la coyuntura, fuentes del sector explican que no es sencillo acelerar la producción y que la logística está al límite. “Cuando quede operativo el oleoducto VMOS (Vaca Muerta Oil Sur) a fin de año se va a poder aprovechar más la coyuntura”, aseguran.
Desde otra compañía comentan que, en general, analizan macrotendencias internacionales —inteligencia artificial, cambio climático, deslocalización y relocalización de cadenas de valor— y no se enfocan tanto en los precios, porque asumen la volatilidad como la regla. Si suben, lo consideran un beneficio adicional.
La planificación se orienta por la ecuación de costos, márgenes y competitividad de cada proyecto, por lo que, por ahora, no modificarán su estrategia productiva ni sus planes de inversión.
Un factor de preocupación es el traslado del alza de precios a los surtidores. No obstante, el presidente de YPF, Horacio Marín, afirmó que la petrolera no va a generar cimbronazos. “Somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”, manifestó.
“Trabajamos con una estrategia de micropricing para ir analizando los precios día a día, semana a semana y mediante el sistema de moving average podremos atenuar picos de aumento y bajas dando mayor previsibilidad”, agregó a través de su cuenta de X.
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