Con la loable intención de reducir los costos a los fletes, al ministro Federico Sturzenegger se le ocurrió terminar con una actividad que ejercen 530 profesionales que primero fueron capitanes de barcos y luego rindieron exigentes exámenes ante la Armada acerca de sus conocimientos sobre cartas de navegación para poder guiar a los barcos por estrechos canales y llegar o salir de los puertos. Los conocemos como los prácticos.
Suele decirse que las tarifas que cobran son exageradas y en efecto son más altas que en otros países. Para el ingreso al Puerto de Buenos Aires rondan los US$ 15.000 y para la más larga navegación con cuatro prácticos a la zona de Rosario, US$ 50.000.
Pero quienes dominan el negocio de la navegación acotan que cotejar esas tarifas con la que cobran los vecinos Uruguay y Paraguay, es como comparar peras con manzanas. En Argentina el de los prácticos es un servicio público prestado por un privado, a diferencia de Uruguay donde son empleados de la Prefectura uruguaya.
Se señala que la diferencia en lo que cobran se basa en la dificultad y el tiempo de navegación para barcos que cuestan sin contar la mercadería unos US$ 100 millones. Un ejemplo, en Uruguay la salida o entrada del barco a puerto es de poca distancia ya que está mucho más cerca del mar y la guía requiere que un solo práctico oriente al timonel por pocas horas.
Para el ingreso al puerto de Buenos Aires se requiere un práctico que llega al barco desde una lancha para abordarlo, luego lo guiará hasta lo que se llama una recalada para por ejemplo seguir hasta los puertos graneleros. Allí se subirán dos prácticos primero hasta la zona común en el puerto de San Lorenzo en Rosario: les toma nueve horas de navegación para esos 600 kilómetros. Luego habrá recambio de prácticos hasta el destino final.
Esa zona va desde Timbúes al norte de Rosario a General Lagos en el sur y allí se transforma el 85% de la cosecha de soja en aceites, harinas y pellets que se cargará en los Panamax.
Según los entendidos, el estuario del Río de la Plata es complicado entre las frecuentes sudestadas, el canal angosto y las posiciones milimétricas para la carga y la descarga. Cuando se navega por el Paraná, por la Hidrovía también se tiene en cuenta que se trata de un solo carril con lugares de paso y de espera. El riesgo de errores es alto y los costos millonarios si se traba un buque y se entorpece el tránsito.

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