La pregunta de Macri a Milei para 2027: “¿Para quién está funcionando el modelo?”

El documento de la Fundación Pensar, el think tank del Pro que lidera Mauricio Macri, dejó flotando una filosa pregunta que bien podría estar dirigida al presidente Javier Milei: “¿Para quién está funcionando el modelo?“

Esta vez no se refiere a los sectores ganadores y perdedores de la política económica libertaria, sino a qué personas la están pasando bien y cuáles mal, más allá del reconocido orden macroeconómico que logró imponer el Gobierno.

“El modelo Milei no impacta igual en todos. No es lo mismo ser joven que jubilado, formal que informal, clase media que clase baja, vivir en CABA que en el conurbano, trabajar en el sector privado que en el Estado, tener dólares que vivir al día, alquilar que ser propietario, tener hijos que vivir solo”, estimaron los técnicos de Pensar, que conduce María Eugenia Vidal.

“La paradoja del momento es que los números mejoran más rápido que la vida cotidiana”, explicaron. “El Gobierno ya no enfrenta solamente el desafío de demostrar que la macro se ordena. Entra en una segunda etapa: convertir el orden macro en bienestar social reconocible”, agregaron y cerraron: “La pregunta central ya no es si la inflación baja. Es si cada grupo social puede decir: ‘A mí también me está funcionando’”.

Según los técnicos de Pensar, el modelo Milei produjo, al menos, “cuatro experiencias sociales” distintas. Son las siguientes:

LOS GANADORES TEMPRANOS: quienes tienen activos, dólares, propiedad, capital, ingresos altos, inserción profesional competitiva o vínculo con sectores dinámicos. “No necesariamente viven una fiesta económica, pero tienen más herramientas para aprovechar el nuevo orden”, describieron.

LOS ESPERADORES: sectores que todavía no ganaron, pero creen que pueden ganar. “Acá aparece buena parte de la clase media formal privada, jóvenes que adhieren a la promesa de futuro, trabajadores registrados que empiezan a ver cierta recuperación salarial y sectores del interior productivo”, afirmaron.

LOS AJUSTADOS: quienes no cayeron necesariamente en la pobreza, pero perdieron estándar de vida. La clase media baja es el caso central: demasiado “rica” para recibir asistencia, demasiado pobre para estar tranquila.

LOS PERDEDORES DIRECTOS: jubilados de la mínima, empleados públicos, informales, hogares pobres con niños, sectores del conurbano, familias sin margen de ahorro y trabajadores vinculados al mercado interno.

El documento de Pensar reconoció el avance macroeconómico del gobierno libertario. “El gobierno de Milei evitó en su primera fase el colapso económico: bajó la inflación, ordenó las cuentas, frenó la crisis, recompuso expectativas, mostró disciplina fiscal y sostuvo gobernabilidad”.

Sin embargo, plantea un interrogante. “La segunda fase es más difícil políticamente: convertir estabilización en bienestar. La pregunta ya no es solamente: ¿Está funcionando el modelo? La pregunta social es: ¿Para quién está funcionando? Y la pregunta política es todavía más exigente: ¿Cuántos argentinos pueden sentir que el modelo también funciona para ellos?“.

“El Gobierno puede mostrar una baja fuerte de la pobreza respecto del pico de 2024. Puede mostrar desaceleración de la inflación. Puede mostrar recuperación en sectores estratégicos. Puede mostrar equilibrio fiscal y expectativa inversora. Pero si la clase media baja sigue ajustada, los jubilados siguen enojados, los informales siguen desprotegidos, los jóvenes no pueden independizarse, el conurbano no siente mejora y las familias con hijos viven al límite, la recuperación puede ser estadísticamente real y políticamente insuficiente”, alertó el documento de cara a las elecciones del año que viene.

El evento de la Fundación Pensar, en Paraná, Entre Ríosmarcelo-manera-7533 – LA NACION

La transformación libertaria

El documento de Pensar comienza con un informe de Fernando Moiguer, CEO Moiguer, economista y profesor de estrategia Udesa y la UBA en el que explica la transformación productiva que vive la Argentina. Es un cambio que describe como “transformación veloz, feroz y múltiple” y un “modelo extractivo” que, dice el especialista”, impacta “rápidamente” en todo.

Uno de las características que más llama la atención es que, según Moiguer, “por primera vez en el siglo XXI, ”se desacoplan” producto y consumo. ”Esto significa que el consumo ya no empuja el crecimiento económico”, escribió. Pero además, “la medialuna” que conformaron en el mapa argentino Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza empieza a ser reemplazada por nodos (pampeano, andino, patagónico) donde el AMBA es “el pato de la boda” debido a que la minería, el petróleo y el agro serán motores de la economía que viene, mientras que la producción manufacturera no vería tales beneficios.

Esto no solo reconfigurará el mapa argentino, sino que también ya siembra dudas sobre el impacto en el empleo. “Los sectores productivos ganadores, algunos tradicionales (agro), otros flamantes (energía) y otros promisorios (minería) son poco intensivos en trabajo y están naturalmente alejados de las áreas urbanas. Entre todos generan apenas 250.000 empleos directos, formales e informales. En sentido contrario, los sectores perdedores, industria manufacturera y construcción, emplean casi 4 millones de trabajadores. Comercio, también urbano, unos 4 millones adicionales”, escribió en un apartado del documento Hernán Lacunza.

“Un salario de un petrolero neuquino es seis veces más alto que el de un textil bonaerense”, agregó el último exministro de Economía de Macri.

“Estamos en la Argentina del fin de los promedios”, escribió Moiguer. “No va a haber una reconstrucción por sector. Cada territorio va a responder de modo distinto al impacto de las transformaciones. Por lo que el ‘promedio país’ ya no alcanza para entender al consumidor argentino”, describió. “La reestructuración del consumo se dará según geografía y según el Producto Bruto de cada territorio. Cada escenario tendrá una mirada diferenciada respecto del consumo. Y, siendo AMBA ‘el pato de la boda’, esta reconstrucción se verá con mayor claridad primero en el interior”, anticipó.

Hernán LacunzaAníbal Greco – La Nación

El triángulo que define la política

Lacunza describió que un programa de desarrollo tiene tres vértices, según su mirada: el económico, que haya estabilidad y crecimiento; el social, empleo e ingreso; el político, continuidad institucional y de políticas básicas aún con la alternancia partidaria. Según él, el programa en curso logró bajar “la angustia del changuito”, pese a la heterogeneidad en el crecimiento económico.

“Changuito previsible y plata en la billetera suelen recibir apoyo popular”, dijo. Pero dejó una alerta camino a las elecciones para el Gobierno: “Si algún vértice falla, el triángulo puede ser vicioso: si el dinero no alcanza, menos votos, más fuga al dólar, más tasa, menos empleo. A todos nos suena”.

En el informe de Pensar, la directora de Casa Tres, Mora Jozami, afirmó que mejora la imagen del Gobierno y crece la esperanza como sentimiento hacia el futuro. Según la especialista, el apoyo al Gobierno se sostiene “en una combinación de expectativas y paciencia social, más que en resultados plenamente percibidos en la vida cotidiana”; agregó que “los errores políticos, por ahora, no logran alterar de manera significativa ese vínculo”.

Para el Pro de Macri, el Gobierno logró construir una narrativa de orden, pero, estimó, ahora necesita construir “una experiencia” de mejora. “El desafío ya no es sólo que los números cierren”, explicaron. El desafío, cerraron, es que más argentinos digan: “Ahora sí, a mí también me está yendo mejor”.



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