Durante el Paleolítico, los homínidos antiguos recolectaron miles de cristales de cuarzo en Europa, áfrica y Asia. Los yacimientos arqueológicos indican que estos objetos, de más de 200 mil años de antigüedad, no presentan señales de uso ni como herramientas ni como ornamentos. La acumulación de cristales plantea un enigma: ¿por qué estos grupos se tomaban el trabajo de juntarlos si no cumplían una función práctica aparente?
La hipótesis más aceptada sostiene que existía una atracción por la geometría y la transparencia de los cristales, lo que abre la puerta al estudio de los orígenes de la sensibilidad estética en la evolución humana.
El Profesor Juan Manuel García-Ruiz y su equipo internacional desarrollaron un experimento en el instituto de investigación alemán Centro Alemán de Primates para investigar si esa atracción es exclusiva del ser humano o también está presente en otros primates. El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, intentó recrear una situación análoga a la que vivieron los homínidos paleolíticos, pero con chimpancés, los parientes vivos más cercanos al ser humano.
Para ello, los investigadores introdujeron en el entorno de los chimpancés una selección de objetos: cristales de cuarzo, piedras opacas y herramientas cotidianas. El objetivo era detectar si los animales mostraban una preferencia espontánea por los cristales, descartando cualquier condicionamiento previo. El diseño experimental aseguró que las reacciones de los chimpancés fueran naturales, sin asociación con recompensas ni entrenamiento.
Durante las sesiones, varios chimpancés mostraron interés por los cristales: los manipulaban, los observaban desde distintos ángulos, los golpeaban y, en muchos casos, los examinaban con detenimiento y los separaban de las piedras opacas. Otros chimpancés apenas prestaron atención. Esta diversidad de respuestas evidencia que la atracción no es universal, pero sí común en la especie.
El equipo documentó diferencias individuales tanto en el tiempo de manipulación como en la forma de exploración. Algunos animales apartaron los cristales del resto de los objetos y dedicaron largos minutos a su observación. El comportamiento registrado refuerza la idea de que la curiosidad y la preferencia por la geometría pueden tener una base evolutiva compartida entre chimpancés y homínidos antiguos.
Para descartar que la selección de cristales fuera fruto del azar, los investigadores realizaron pruebas adicionales. Presentaron pares de piedras idénticas en tamaño y peso —una de cuarzo transparente y otra opaca— alternando su posición para evitar sesgos espaciales. Los chimpancés eligieron el cuarzo con mayor frecuencia de la esperada por azar y lo manipularon de forma preferente.
La transparencia y la simetría geométrica de los cristales resultaron ser los aspectos más notables para los chimpancés. En repetidas ocasiones manipularon y examinaron los cristales con detenimiento, mostrando escaso interés por las piedras opacas. Este comportamiento respalda la idea de que ciertos estímulos visuales provocan una reacción particular en los primates, más allá de la simple curiosidad por lo desconocido.
El estudio plantea que la preferencia por los cristales podría haberse desarrollado mucho antes de la aparición del arte figurativo o del simbolismo. La atracción por patrones geométricos y objetos transparentes sería una tendencia natural, no vinculada a la utilidad práctica sino a la percepción sensorial. Los resultados sugieren que la sensibilidad a formas y estructuras llamativas pudo ser el antecedente evolutivo de la estética humana.
Según los investigadores, la capacidad de notar y valorar la geometría y la transparencia contribuyó a desarrollar criterios de belleza y de apreciación visual en los antepasados humanos. Esta habilidad, compartida con otros primates, habría sido fundamental para la posterior aparición del arte y la ornamentación, rasgos distintivos de la cultura humana.
El estudio se realizó con un número reducido de chimpancés y en condiciones controladas, lo que limita la generalización de los resultados. Los autores reconocen que faltan datos sobre el comportamiento de chimpancés en libertad, donde influyen otros factores como el entorno natural y las relaciones sociales dentro del grupo.
Para profundizar en la comprensión de este fenómeno, el equipo planea extender la investigación a poblaciones salvajes de áfrica.
Observar el comportamiento de chimpancés en su medio natural permitirá determinar si el interés por los cristales se mantiene fuera del laboratorio y si existen diferencias relacionadas con el ambiente o con la cultura del grupo. Analizar esos patrones será clave para comprender mejor el origen evolutivo de la sensibilidad estética y del simbolismo en los humanos.






