La Kindlifresserbrunnen, una fuente del siglo XVI situada en la Plaza del Granero de Berna, sorprende y desconcierta a adultos y niños. A pocos metros de la famosa Torre del Reloj Zytglogge, rompe con la imagen habitual de serenidad: en su centro un ogro devora a un niño y sostiene a otros dentro de una bolsa, preparados para el mismo destino. Para muchos visitantes la escena queda grabada en la memoria, sobre todo si la observaron en la infancia.
A diferencia de otros monumentos europeos consagrados a héroes o personajes ilustres, la Kindlifresserbrunnen parece nacer de un temor colectivo y, según guías y portales turísticos como SwissInfo, se vincula a advertencias dirigidas a niños y niñas.
“Quienes visiten Berna con niños y niñas deberían mantenerse alejados de la Kornhausplatz porque allí se encuentra la Kindlifresserbrunnen, una fuente que podría alterar el sueño de los más pequeños”, menciona dicho portal.
La fuente fue realizada entre 1545 y 1546 por el escultor suizo Hans Gieng, que dejó en piedra y color una escena todavía presente en el imaginario local. Desde entonces, el ogro que devora a un niño mientras sostiene a otros en una bolsa se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de Berna y alimenta debates sobre su significado real.
La inquietud que suscita la fuente se relaciona con la crudeza de su figura central. El ogro —al margen del concepto de paz propio de las fuentes europeas, e incluso de doctrinas como el Feng Shui, donde “viento y agua” simbolizan armonía— emerge como una figura que advierte sobre las consecuencias de la mala conducta infantil.
El sitio oficial del gobierno local de Berna indica: “El sentido más plausible es que se trate de una especie de enseñanza para los niños […] animándolos a comportarse bien”.
Sin embargo, el trasfondo simbólico de la Kindlifresserbrunnen es más complejo. Investigadores en historia del arte han sugerido que la estatua se relaciona con personajes carnavalescos tradicionales —figuras cómicas destinadas a infundir respeto en los jóvenes—. Pero esa hipótesis pierde fuerza porque el Carnaval fue prohibido en Berna tras la Reforma de 1529, lo que descarta una vinculación directa con festividades populares.
Otra interpretación vincula al ogro con la mitología, identificándolo con Cronos (Saturno en la tradición romana), el dios que devoraba a sus hijos para evitar ser destronado. El paralelismo se sustenta en detalles como el sombrero cónico de la figura, parecido al de pinturas alemanas del siglo XVI y a xilografías medievales, por ejemplo la obra de Georg Pencz hacia 1530.
El sombrero del ogro tiene una dimensión histórica relevante: es un gorro cónico, a veces amarillo, que durante siglos fue impuesto a la población judía en Europa como signo discriminatorio. Ese detalle llevó a especialistas en historia judeocristiana a proponer que la Kindlifresserbrunnen podría ser una manifestación artística de antijudaísmo, reflejando prejuicios y leyendas arraigadas en la Edad Media.
De acuerdo con SwissInfo “la fuente bernesa representaría una ilustración perfecta de uno de los prejuicios más tristemente difundidos […] contra la comunidad judía: la acusación de sangre”.
Surgida en el siglo XII, esta falsa acusación sostenía que los judíos mataban niños cristianos para rituales pascuales y usaban su sangre en la elaboración del pan ácimo, alimentando el miedo y la persecución social. Berna no fue la excepción: en 1294 varios miembros de la comunidad judía local fueron acusados del asesinato ritual de un niño llamado Rodolfo, un hecho que provocó un pogromo y la posterior expulsión de los judíos de la ciudad.
Las autoridades aprovecharon ese contexto no solo para ejercer control social sino también para anular deudas de la ciudad con los expulsados. Así, la fuente puede leerse hoy como un ejemplo de cómo el arte público fija y reproduce estigmas sociales.
La reinterpretación contemporánea de la obra continúa en la Suiza actual. En julio de 2020, el escritor y periodista Roy Oppenheim pidió a las autoridades de Berna la colocación de una placa explicativa que contextualizara la obra y rechazara la lectura antijudía. La solicitud fue tomada en cuenta y en 2024 se instaló una placa informativa frente a la escultura de Hans Gieng.
El objetivo es que tanto habitantes como turistas comprendan el origen y las implicancias de la fuente, evitando interpretaciones reduccionistas o discriminatorias. No obstante, para los niños que aún no saben leer la imagen del ogro mantiene su función de advertencia: “Pórtense bien, o si no…”. La Kindlifresserbrunnen, con sus 500 años de historia y ubicada en la Plaza del Granero de Berna, sigue siendo una de las fuentes más visitadas de Suiza.

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