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  • Giordano: la obsesión antiinflacionaria de Milei pone en riesgo empleo y producción

    Giordano: la obsesión antiinflacionaria de Milei pone en riesgo empleo y producción

    La tensión bélica en Medio Oriente recalienta el mercado energético global y pone a prueba el plan económico de Javier Milei. El barril de Brent, referencia para el mercado argentino, subió cerca de 20 dólares en la última semana hasta ubicarse alrededor de los 90 dólares, con un aumento acumulado del 49% en lo que va de 2026. El epicentro del conflicto es el Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo de apenas tres kilómetros de ancho por donde circula el 20% del suministro global de petróleo y gas.

    Para el economista Osvaldo Giordano, este escenario añade presión a un plan de estabilización ya tensionado. “Todo indica que la situación es muchísimo más compleja y que seguramente esto se va a prolongar”, señaló el especialista en declaraciones al programa Punto y Aparte, de Punto a Punto Radio 90.7.

    “La palabra es incertidumbre. Con un precio del crudo que pasa de 60 a 100 dólares, eso naturalmente va a impactar en los combustibles“, afirmó.

    Argentina, mejor parada que en crisis anteriores

    Giordano subrayó, sin embargo, que el país enfrenta este shock externo desde una posición más sólida que en episodios previos. “Argentina era un país que hasta hace pocos años era deficitario en materia energética. Esa balanza comercial se ha revertido: exportamos más de lo que importamos, con lo cual somos menos vulnerables a un hecho negativo como este“, explicó.

    Ese diagnóstico se ve respaldado por los datos recientes. En enero de 2026, la producción petrolera argentina alcanzó un récord histórico, impulsada principalmente por Vaca Muerta, cuya extracción creció un 35,5% interanual. El aumento sostenido de la producción no convencional implica que el beneficio no se limita a mejores precios, sino que se potencia por mayores volúmenes exportables.

    Con todo, Giordano advirtió que el beneficio tiene una cara B: si el Brent se estabiliza en torno a los 100 dólares, Argentina podría recibir entre 2.600 y 3.100 millones de dólares adicionales por exportaciones, pero ese ingreso extraordinario también plantea riesgos para el mercado interno.

    “Si el precio del crudo pasa de 60 a 100 dólares, habrá que ver cómo internamente eso se procesa y qué decisión toman el gobierno y las petroleras en cuanto a cuánto y cómo se traslada a precios“, sostuvo el economista.

    El dilema inflación-producción

    El núcleo del análisis de Giordano apunta al corazón del programa económico del gobierno. Según el especialista, la prioridad de reducir la inflación a cualquier costo estaba justificada en diciembre de 2023, cuando el país rozaba la hiperinflación. Pero ese escenario ya no se da.

    La inflación en enero de 2026 fue del 2,9%, lo que implica que en un solo mes se consumió casi el 30% de la pauta que el propio gobierno fijó para todo el año en el presupuesto. Si esa trayectoria se mantiene, en el primer cuatrimestre el gobierno probablemente incumpliría la meta de inflación del 10,1% anual.

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    Para Giordano, mantenerse rígido con las metas originales en este contexto sería un error de diagnóstico. “Si uno se obsesiona con ir más rápido en la baja de la inflación, lo paga por otro lado con menor nivel de actividad económica, menores salarios, menores empleos”, afirmó. Y añadió: “No quiero decir que no sea malo tener una inflación tan alta. Sigue siendo muy alta en Argentina, pero hay otras prioridades, otras urgencias, como el empleo y la producción”.

    La actividad económica muestra señales mixtas: pese al crecimiento del PBI del 4,4% en 2025, los indicadores de consumo en supermercados, ventas pyme y shoppings continúan mostrando escaso dinamismo, y los salarios no logran compensar el aumento de precios.

    Tasa alta, producción baja

    El economista señaló a la política de tasas como el mecanismo concreto que está dañando la actividad. “El gobierno está comprando reservas, pero lo está haciendo a costo de una tasa de interés muy alta, y eso afecta la producción”, precisó.

    Como ejemplo, mencionó que la reciente incorporación al equipo económico de un asesor formado en la experiencia uruguaya “venía alertando desde hace tiempo que la Argentina debería ir hacia un esquema no tan ambicioso de baja de la inflación”, tomando como referencia el proceso que llevó a Uruguay varios años resolver, sin sacrificar el crecimiento.

    La referencia al caso uruguayo refuerza un argumento que comparten varios economistas locales. Iván Cachanosky, economista jefe de Fundación Libertad y Progreso, estimó que “lo más probable es que la inflación cierre este año más cerca del 20% que del 14%”.

    Reformas estructurales y diálogo político

    Giordano también hizo hincapié en la necesidad de consolidar reformas estructurales mediante acuerdos políticos amplios. Valoró que el oficialismo haya logrado sumar apoyo de la oposición para la reforma laboral, aunque advirtió que ese avance constituye apenas un punto de partida.

    “Lo laboral recién arranca. Quedaron temas laborales pendientes y hay que instrumentar la ley, que es bien difícil. Pero pensemos que, desde el punto de vista de la competitividad, aún más importante es la reforma tributaria, y para eso es imprescindible tener apoyo de provincias y legisladores”, enfatizó.

    El economista fue crítico con el perfil cerrado que, a su juicio, caracterizó en buena medida a la gestión. “Un gobierno que se deja poco ayudar, que en general no ha generado matices entre gente que quiere colaborar más allá de algunas diferencias y que está dispuesta a dialogar y no encuentra un ámbito correcto”, sentenció.

    En ese marco, celebró la visita reciente del ministro de Economía, Luis Caputo, a la Fundación Mediterránea en Córdoba, donde el funcionario ofreció, según Giordano, “un enfoque didáctico y realista respecto a la necesidad de ser pragmático” en la conducción económica. “Ojalá esto de no ser tan ambicioso en la baja de la inflación y ser un poco más cuidadoso en la actividad económica cale, porque va a favorecer en general al programa económico”, concluyó.

  • Fernando Marull: si sube la nafta, la inflación de marzo rondaría 2,7-2,8%

    Fernando Marull: si sube la nafta, la inflación de marzo rondaría 2,7-2,8%

    Con el barril por encima de los 100 dólares, el sector evalúa ajustes en los precios locales. ¿Cómo repercutirá esto en la inflación y qué estrategias se plantean para amortiguar el impacto? Revisamos los datos.

    El economista Fernando Marull analizó, en diálogo con Infobae en Vivo, el efecto que podría tener en la inflación una eventual suba de combustibles en los surtidores, motivada por el aumento de los precios internacionales del petróleo por el conflicto en Medio Oriente.

    En primer lugar, para febrero el mercado espera una inflación cercana al 2,7%. “Nosotros proyectamos 2,7% y el consenso del mercado está en un rango similar. Algunos colegas estiman cerca de 2,8% o incluso algo más”, señaló Marull.

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    En lo que respecta a marzo, explicó que no se esperan aumentos en las tarifas de luz y gas. En cambio, los ajustes se concentrarían en educación y en los combustibles, cuya actualización dependerá de la decisión de las petroleras.

    Según estimaciones de Marull, si el precio de la nafta no registra subas, la inflación de marzo podría ubicarse entre 2,4% y 2,5%. En cambio, si hay incrementos en los combustibles, el índice podría acercarse a un rango de entre 2,7% y 2,8%.

    El economista indicó que, si el precio internacional del petróleo se estabiliza en torno a los USD 90 por barril, el efecto sobre la inflación podría rondar los 0,6 puntos porcentuales, dependiendo de cuándo se traslade a los surtidores. “Hay petroleras que tendrán que ajustar los precios casi de manera inmediata, por lo que es probable que en algunas estaciones de servicio el aumento se vea rápidamente”, explicó.

    No obstante, otras compañías tendrían mayor margen para dosificar la suba. En el caso de YPF, por ejemplo, parte de ese impacto podría postergarse: la empresa, según Marull, obtiene ingresos adicionales por exportaciones de crudo y mantiene buenos precios en los combustibles premium, lo que le permitiría administrar el traslado a los surtidores.

    Por otro lado, Marull destacó que la suba del petróleo tiene tres impactos principales para Argentina.

    El primero es positivo: el país es ahora exportador neto de petróleo, y el aumento del 60% en el precio internacional podría generar 3.000 millones de dólares adicionales en exportaciones para 2026, lo que aporta más divisas y podría ayudar a moderar un poco la cotización del dólar.

    El segundo impacto es negativo: según Marull, actualmente nadie quiere activos emergentes de Brasil o Argentina, y todos los inversores se vuelcan hacia los bonos del Tesoro estadounidense, lo que complica la situación si Argentina desea salir a los mercados internacionales.

    El tercero está vinculado al flujo de capitales: quienes tenían inversiones en pesos o monedas locales mediante carry trade enfrentan un dólar que sube a nivel global, y muchos prefieren moverse hacia la divisa estadounidense, lo que ya ha contribuido a que el dólar aumente.

    En este contexto, Marull señaló que el próximo vencimiento importante de deuda para Argentina es el 9 de julio, por un total cercano a 4.000 millones de dólares. “El país lo irá cubriendo a través de lo que compre el Banco Central, colocando unos 2.000 millones de dólares entre inversores locales esta semana, y también mediante ventas de empresas vinculadas a privatizaciones”, explicó.

    Marull advirtió que, si se produce un problema económico global, como una estanflación, los inversores podrían retirarse de los mercados emergentes, afectando a países como Argentina, Brasil y Chile. “En ese escenario, Argentina no puede hacer mucho, solo continuar con las medidas que viene implementando para evitar un golpe más fuerte”, sostuvo.

    Para el analista, la situación actual deja a Argentina relativamente mejor parada que en crisis anteriores. “Cuando la marea baja, se ve quién está mejor o peor parado. Este shock nos beneficia parcialmente, sobre todo por la suba del petróleo, que trae más dólares, a diferencia de hace seis años, cuando éramos importadores de energía y la situación era más crítica”, señaló.

    Marull aclaró que, en el corto plazo, Argentina no tiene una necesidad urgente de dólares para colocarse en el mercado. Sin embargo, advirtió que si la situación se prolonga por meses, podría complicarse durante el segundo semestre.

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  • Contexto internacional agrava costos y reitera el trilema de la política económica argentina

    Contexto internacional agrava costos y reitera el trilema de la política económica argentina

    Varios economistas han señalado el “trilema” de política económica que afronta el Gobierno: reducir la inflación, acumular reservas en el BCRA y lograr la reactivación de la actividad. Conseguir esas tres metas de forma simultánea se le ha mostrado esquivo.

    La prioridad oficial desde el inicio fue bajar la inflación, objetivo que se alcanzó —en términos de la tasa mensual— hasta mayo de 2025.

    La acumulación de reservas se postergó hasta el comienzo de la denominada “fase 4”, periodo en el que el Banco Central ha comprado más de USD 3.000 millones.

    El tercer objetivo, referido a la producción y el empleo, quedó relegado. Como el Gobierno busca recuperar una inflación descendente, sostiene tasas de interés elevadas y absorbe del mercado, incluso en exceso, los pesos que el BCRA inyecta al comprar dólares. De ese modo encorseta al dólar y apuesta a que una política ortodoxa, basada en el control de los agregados monetarios, termine sometiendo a los precios.

    Con la guerra en Medio Oriente, el índice de riesgo país volvió a acercarse a 600 puntos básicos y el “vuelo a la calidad” jugó en contra de los activos argentinos

    Ahora, con la guerra en Medio Oriente ocupando el centro de la política y la economía internacionales, el índice de riesgo país volvió a acercarse a 600 pb y el “vuelo a la calidad” perjudicó a los activos argentinos, neutralizando e incluso invirtiendo el efecto neto del conflicto sobre la economía local. En el lado positivo, el conflicto aumenta en dólares las exportaciones de crudo y subraya las ventajas de Argentina como futuro proveedor mundial de GNL (el gas que se transporta en forma líquida, en buques metaneros, tras su licuefacción en plantas fijas o móviles).

    Gas argentino para Europa, a futuro

    Ese potencial se plasmó en el reciente acuerdo entre el consorcio Southern Energy, liderado por Pan American Energy, y la alemana SEFE (sigla de Securing Energy for Europe), para proveer 2 millones de toneladas anuales durante ocho años a partir de fines de 2027.

    Juan Bosch, presidente de Saesa y experto en comercialización de hidrocarburos, dijo a Infobae: “nos encuentra en una situación muy distinta a la que estábamos acostumbrados; de deficitarios (USD 7.000 millones de balanza comercial energética en 2012) a superavitarios (USD 7.000 millones en 2025), fundamentalmente por exportaciones de petróleo. Al subir el precio del crudo, nos aumentan los ingresos por exportación, y en términos de GNL nos sigue presentando al mundo como proveedor confiable y lejos no solo de zonas de conflicto en materia de producción sino también en rutas de transporte afectadas. Somos una fuente sólida y atractiva para consumidores de GNL”.

    Sin embargo, recordó Bosch, en la próxima “ventana de invierno” Argentina seguirá importando GNL (a priori, se estima que serán entre 15 y 20 cargas) a un precio ahora muy volátil y con una novedad: la importación y administración ya no la hará la estatal Enarsa, que engrosaba la cuenta fiscal de subsidios, sino la empresa privada que gane la licitación que se hará en abril para importar el GNL que llegue a la terminal de Escobar y venderlo a la demanda interna (entre los posibles interesados se menciona a Trafigura, YPF, Total Energies y Naturgy).

    Al subir el precio del crudo, nos aumentan los ingresos por exportación, y en términos de GNL nos sigue presentando al mundo como proveedor confiable y lejos no solo de zonas de conflicto (Bosch)

    “Estamos viendo precios para esa importación muy elevados y será el primer invierno en que la gestión la haga una empresa privada. A priori debería ser más eficiente en análisis de costos y evaluación de riesgos, pero falta ver las opciones y cómo se ejecuta, y cómo se presenta el invierno”, dijo Bosch.

    Gas acorralado, en el presente

    A diferencia del petróleo, donde existen muchos más oferentes y rutas alternativas de transporte, el cierre del estrecho de Ormuz afectó con mayor severidad al gas. No solo cesó la actividad de Qatargas, que aporta el 20% del GNL mundial; además no hay certezas sobre cuándo podría reanudarse, explicó Bosch, y eso demandaría al menos un mes desde que el conflicto se dé por resuelto, algo hoy incierto.

    La zona es clave no solo por el gas, sino también por la producción de fertilizantes y por el equilibrio del mercado mundial de aluminio. Cuando Estados Unidos e Israel ampliaban sus ataques sobre Irán, ALBA (Aluminios Bahrein) negociaba la compra de Dunkerque, la principal planta de aluminio de Europa. Así, el aluminio —el segundo metal más comerciado del mundo, detrás del hierro y por delante del cobre— acumula una suba de más del 25,7% en lo que va del año e impacta en todo el espectro metalífero.

    Los fertilizantes, a su vez, son claves para la productividad del campo, que seguirá siendo durante varios años el principal proveedor de divisas de la Argentina. “Afortunadamente estamos más en tiempo de cosecha que de siembra, por lo que el consumo de fertilizantes no es ahora tan elevado, pero el aumento de precios sí está sucediendo a las puertas de la siembra en el hemisferio norte, en particular en Estados Unidos y eso pone presión adicional sobre los precios de los granos”, explicó Guido D’Angelo, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

    El impacto sobre precios fue esta vez inferior a lo ocurrido en febrero de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania, pero a la incertidumbre sobre los valores se suma ahora la duda sobre la provisión en sí, dado que la oferta está mucho más concentrada. Ese fenómeno se refleja en que el aumento de los precios spot (de contado) ha superado al de futuros a un año, indicativo de que el mercado apuesta a una resolución del conflicto antes de ese plazo. Sin embargo, no se espera que eso ocurra de inmediato.

    Fertilizantes y el campo argentino

    D’Angelo precisó que cerca del 50% del consumo de fertilizantes en Argentina es importado. En 2025 el país importó poco más de USD 2.000 millones en fertilizantes, un aumento del 38% respecto de 2024, salto que en parte se explica por una parada técnica de Profertil y por el temporal en Bahía Blanca, que también afectó la operación de la principal planta productora del país.

    Los dos principales renglones de importación de fertilizantes, indica un estudio de la BCR, son la urea, un nitrogenado, y el fosfato monoamónico (MAP).

    A su vez, maíz y trigo concentran el 70% del consumo de fertilizantes del país, según datos de la Asociación Civil Fertilizar y de la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (Ciafa). Además, el maíz sufrió un impacto negativo en precios porque Irán es uno de los principales importadores mundiales, abastecido mayormente por Brasil. El principal período de importación de fertilizantes es la segunda mitad del año y responde a decisiones de siembra ya tomadas hacia mayo.

    La suma y resta de efectos que el conflicto genera sobre la economía argentina es un ejercicio resbaladizo. En principio, el aumento del precio del petróleo, de la soja, del trigo y del litio favorece comercialmente a la Argentina. Pero varios de esos factores, y el conjunto, ejercerán más presión sobre los precios y la inflación.

    Cuestiones de confianza

    Jorge Vasconcelos, economista jefe del Ieral (Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana) de la Fundación Mediterránea y uno de los analistas más agudos del “trilema” de política económica, sostiene que el “vuelo a la calidad”, típico de los momentos de crisis e incertidumbre, golpeó con fuerza a los activos argentinos.

    Frente a expectativas de inflación aún altas, dijo el economista del Ieral, el Gobierno redobló la apuesta: restringir la oferta de pesos y no salir al mercado internacional de crédito (aun con los fuertes vencimientos que enfrenta este año y el próximo), bajo la hipótesis de que la relativa escasez de pesos y de bonos argentinos hará que ambos se revaloricen. Por ahora, eso no está ocurriendo.

    Frente a expectativas de inflación todavía altas el gobierno redobló la apuesta de restringir la oferta de pesos y no salir al mercado internacional de crédito (Vasconcelos)

    Según Vasconcelos, el Gobierno desconoce el lado de la demanda o, dicho de otro modo, que “las negras también juegan”. Así, por ejemplo, mientras Argentina cerró febrero con un nivel de riesgo país equivalente al de fin de 2025, Ecuador, que partía de un nivel similar, aprovechó el momento y lo redujo a la zona de 450 puntos básicos.

    De igual forma, existe una diferencia de 36 puntos porcentuales entre la caída del Merval en dólares —11% respecto de fin de 2025— y el aumento del Bovespa brasileño, que ganó 25% en el mismo período (hasta fin de febrero, antes del inicio del conflicto en Medio Oriente). Lo mismo, apunta Vasconcelos, se refleja en la divergencia entre las ADR bancarias: las de bancos argentinos cayeron 15%, mientras las de sus pares brasileños subieron en promedio 28%.

    De ese modo, la “luna de miel” legislativa del Gobierno y el discurso abiertamente confrontativo de Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso son expresiones de un dominio político que, por ahora, no encuentra respaldo en la evolución de la economía, marcada por cierres y despidos.

    El Presidente, que en los próximos días participará en la Argentina Week en Nueva York, debe evaluar si el entusiasmo que suscitan sus ideas y discursos en ciertos ámbitos equivale a la confianza que su Gobierno necesita generar para resolver el trilema: acumular reservas, reducir el riesgo país, desacelerar la inflación e impulsar la actividad y el empleo de manera simultánea.

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  • Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Analistas: ¿inflación debajo del 1% en agosto y un IPC que podría empezar en cero, como deslizó caputo?

    Tanto el presidente Javier Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, proyectaron que la inflación perforará el 1% mensual en agosto próximo o en los meses subsiguientes.

    Con los precios avanzando más cerca del 3% que del 2%, los analistas ven desafíos para la ambiciosa meta que el Gobierno se fijó para este año. Entre esos obstáculos están el reacomodamiento de precios relativos y regulados, como las tarifas de servicios públicos, y la pérdida de dos anclas que se emplearon en los primeros dos años de gestión para el proceso de desinflación.

    Coincidiendo con las previsiones presidenciales, Caputo afirmó en declaraciones recientes que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) quebrará el 1% durante el octavo mes de 2026. Admitió, además, que intentar llevar la medición anual a un dígito anual exige un “programa mucho más agresivo” que el aplicado por países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo.

    Intentar llevar la medición anual a una dígito anual requiere un “programa mucho más agresivo” que el que aplicaron países que lograron domar el flagelo inflacionario en poco tiempo (Caputo)

    En concreto, Economía pretende volver al sendero de desinflación mediante un esquema que mantiene y profundiza el superávit fiscal —esto es, sin emitir pesos para financiar desequilibrios fiscales— combinado con una política monetaria restrictiva.

    A pesar de los pronósticos oficiales, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestra que, al menos hasta agosto, el IPC no arrancará en 0. El sondeo, que recoge proyecciones de las principales consultoras, bancos y entidades financieras del país, plantea una trayectoria descendente desde el 2,7% en febrero hasta el 1,5% en agosto.

    Procesos de estabilización en países como Israel, Perú y Chile indican que reducir inflaciones muy elevadas —por encima del 100% anual— hasta niveles cercanos al 30% suele lograrse en plazos relativamente cortos. No obstante, bajar desde ese 30% hasta tasas de un dígito anual demanda más tiempo y enfrenta mayores obstáculos. Parte de esa dificultad se explica por los ajustes en los precios relativos, que son más complejos cuando la inflación deja de ser tan alta y las distorsiones se vuelven menos evidentes.

    La clave está en cómo los cambios en precios relativos impactan el promedio del índice. Si rubros puntuales —como la carne o ciertos alimentos— suben mucho más que otros, el IPC puede mostrar un aumento aunque la mayoría de los precios se mantenga estable o disminuya. Eso no necesariamente refleja una inflación generalizada, sino variaciones concentradas en determinados sectores.

    Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil: suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación (Tiscornia)

    Según la visión oficial, descontados los efectos de la devaluación y de la inflación internacional, el indicador podría ubicarse por debajo del 1%, reflejando una mayor estabilidad en el resto de los precios.

    La mirada de los analistas

    Los economistas consultados por Infobae coinciden, en distinto grado, en que la meta fijada desde las altas esferas del Poder Ejecutivo resulta, cuando menos, desafiante. Los principales factores que limitarían una baja tan contundente de la inflación son el reordenamiento de los precios relativos y el abandono de las anclas cambiaria y salarial para frenar el proceso inflacionario.

    Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T, argumentó que “el Gobierno va haciendo cosas para que eso ocurra: ha corregido la situación fiscal, es prudente y bastante duro monetariamente, con lo cual podría bajar en algún momento fuertemente la inflación”.

    Tiscornia explicó: “Parados con los ojos de hoy y con lo que ha pasado en los últimos meses parece difícil, pero lo cierto es que también en ese período hubo factores puntuales, como la suba de los servicios públicos, la carne, el turismo y ahora en marzo la educación. Entonces, es difícil animarse a decir que va a arrancar con cero”.

    Desde la perspectiva de C&T, el rumbo actual para desacelerar la suba de precios es “correcto”, aunque para alcanzar una cifra alineada con el resto del mundo es necesario “cambiar comportamientos que están muy arraigados en Argentina”, en referencia a decisiones de consumidores y empresas que pueden alimentar la inercia inflacionaria.

    Por su parte, la economista de LCG, Florencia Iragui, sostuvo que en un contexto de reacomodamiento de precios relativos, “resulta difícil pensar en poder reducir el porcentaje de inflación mensual con rapidez y en una magnitud bastante elevada; no quiero decir imposible, pero sin ir más lejos, resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual”.

    Iragui enfatizó que la persistencia de la inercia inflacionaria constituye un desafío. Ante la posibilidad de que la inflación se acelere o, en el mejor de los casos, se mantenga en los niveles actuales, la dinámica es difícil de revertir y complica que el registro caiga por debajo del 1% mensual.

    Resulta difícil recortar 2 puntos porcentuales del IPC cuando el gas en febrero presentó subas cercanas al 17% mensual (Iragui)

    Según ella, la caída del indicador de variación de precios al consumidor dependerá de la evolución de la actividad económica, de las importaciones —que actúan como ancla frente a los precios locales— y de las medidas que adopte el equipo económico en los próximos meses.

    Para Guido Zack, director de Economía de Fundar, es poco probable que se materialice el escenario que vislumbra el oficialismo. En tal sentido, subrayó que el principal objetivo debería ser lograr una reducción estable de la inflación por debajo del 2% mensual.

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    Zack explicó que “hay movimientos de precios relativos que impiden que la desinflación del 30% al 10% sea rápida. En particular, destacó que las tarifas están rezagadas, lo que impacta en prácticamente todos los precios de la economía, y que dicho rezago se mantiene a través de subsidios. En consecuencia, si el Gobierno quiere reducir el gasto público por ese lado, eso tiene un impacto inflacionario”.

    Martín Kalos, director ejecutivo de Epyca Consultores, coincidió en que el Gobierno precisa de “tiempo y paciencia” para bajar la inflación a niveles internacionales. Además, subrayó que se agotaron las dos anclas que se utilizaron en la primera parte del plan de estabilización: los salarios y el tipo de cambio.

    El principal objetivo debería ser que la inflación se reduzca de manera estable por debajo del 2% mensual (Zack)

    “Cuando esas dos anclas se agotaron, a mitad de 2025, la inflación dejó de desacelerarse. Si bien hoy hay un leve proceso de apreciación, no hay espacio para que el dólar corra muy detrás del resto de los precios. Y tampoco, en principio, uno querría creer que tampoco van a volver a generar una caída de los salarios. Los salarios están en los niveles de hace dos años, a excepción de los del sector público nacional. Eso tampoco puede volver a ser usado de ancla. A eso se suma las tarifas de servicios públicos, que fueron un poco atrasadas antes de las elecciones”, describió.

    Kalos concluyó: “Si todo le sale muy bien al Gobierno, puede pasar que la inflación empiece con 1%, pero la verdad es que no es el escenario más probable. Lo sano sería que del casi 3% actual vaya bajando y si para fin de año estamos en uno y pico, es un buen dato. El problema ahí es discursivo porque el Gobierno se pone una meta demasiado exigente y que incluso puede ser contraproducente”.

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  • Carlos Maslatón: ninguna reforma de fondo compensará el desastre cambiario y el atraso complica la actividad económica

    Carlos Maslatón: ninguna reforma de fondo compensará el desastre cambiario y el atraso complica la actividad económica

    El analista financiero Carlos Maslatón hizo un diagnóstico pormenorizado sobre la situación económica de la Argentina. En una entrevista con el equipo de Infobae en Vivo, el abogado sostuvo que el problema central está en la política monetaria y cambiaria, y advirtió que los esfuerzos oficiales en otras áreas serán insuficientes si no se corrige lo que definió como un “desastre” en el mercado de divisas.

    Maslatón admitió que medidas como la reducción de impuestos —especialmente en los niveles municipal y provincial— son positivas, pero señaló que su impacto real queda limitado frente a la distorsión de los precios relativos. El analista afirmó que el “costo argentino” está directamente vinculado a un tipo de cambio que calificó de “artificial” y “sobrevaluado”. En su visión, “ninguna de las reformas de fondo que está haciendo el Gobierno va a compensar el desastre cambiario que hay en el país”, y añadió que la Argentina se volvió cara en moneda dura por la ausencia de un mercado libre.

    La “bicicleta financiera” y el endeudamiento

    Uno de los ejes de la crítica de Maslatón fue el mecanismo de remuneración de pesos que implementa la actual gestión. El analista sostuvo que el Gobierno envía un mensaje claro al inversor: no conviene comprar dólares porque el Estado ofrece, mediante letras y bonos, tasas de interés de entre el 40% y el 45% anual. Según él, esa dinámica asegura una rentabilidad real en moneda extranjera mientras el tipo de cambio oficial permanece contenido o con tendencia a la baja.

    “El país es caro y la economía es recesiva. Te puedo mencionar 20 cosas buenas en política económica, pero la arruinan con el sistema cambiario, monetario y con la deuda pública”, afirmó. Maslatón caracterizó este escenario como una “bicicleta financiera” que favorece a un grupo reducido —alrededor de 500.000 personas vinculadas a la especulación— y perjudica al aparato productivo y a la población en general.

    El abogado también señaló al Ministro de Economía, Luis Caputo, al afirmar que el esquema vigente responde a los intereses que el funcionario representa. En ese sentido denunció que la toma de dinero “cuasi fiscal” —antes concentrada en el Banco Central y ahora trasladada al Tesoro— impide el saneamiento de las cuentas nacionales.

    Propuestas para la liberación del mercado

    Consultado sobre soluciones para destrabar la coyuntura económica, Maslatón fue categórico: propuso aplicar una “libertad cambiaria total”. Esa medida implicaría la eliminación inmediata de todo control de cambios y garantizaría libertad absoluta para el ingreso y egreso de capitales. Además, instó al Gobierno a retirarse de la intervención en la tasa de interés, dejando que ésta surja exclusivamente de la oferta y la demanda del sector privado.

    Su plan se reduce a dos medidas drásticas: establecer la libertad total y dejar de renovar las letras de deuda. “Toda letra que vence no se renueva, se paga. En algún momento tenés que cortar”, enfatizó. Maslatón comparó esa salida con el éxito de la gestión económica durante la década de los 90, y subrayó que el gran acierto de aquel período fue, precisamente, terminar con la especulación financiera de corto plazo.

    Si bien reconoció que estas medidas provocarían un salto inicial en los precios y una presión alcista sobre el dólar, defendió la necesidad de ese proceso para alcanzar un “país barato” y competitivo. “Tendría un rebote inflacionario, pero sería para bien. Lo que tenés que hacer es licuar la deuda acumulada”, explicó, priorizando la recuperación de la actividad económica por encima del control inmediato de la inflación.

    Críticas a la teoría monetarista y al equilibrio fiscal

    Maslatón también puso en duda uno de los pilares del discurso del presidente Javier Milei: la idea de que la inflación es un fenómeno puramente monetario. El abogado señaló una contradicción entre la teoría y la praxis oficial y afirmó que desde la asunción de la actual gestión la cantidad de moneda en el país se ha multiplicado por cuatro veces y media. “Tomar plata y pagar intereses es aún peor que emitir”, sentenció, advirtiendo que cuando la demanda de dinero caiga, toda esa masa monetaria se trasladará inevitablemente a los precios.

    En cuanto al equilibrio fiscal, relativizó su rol como único “ancla” de la economía. Aseguró que el problema estructural de la Argentina en los últimos cincuenta años no ha sido tanto el déficit en sí, sino los mecanismos financieros empleados por gobiernos sucesivos para intentar controlar el tipo de cambio. Para Maslatón, el efecto es el mismo si el Estado emite para financiar gasto corriente o para pagar intereses de deuda financiera.

    Finalmente, el analista hizo un breve repaso histórico para contextualizar el presente: destacó que entre 2003 y 2011 la política económica se manejó correctamente hasta la implementación del cepo cambiario, que marcó el inicio del deterioro actual. En su visión, la profundización del déficit cuasi fiscal y las restricciones operativas vigentes conducen a mayor recesión, cierre de fábricas y aumento del desempleo. Concluyó que, con el tiempo, la sociedad comprenderá que “la inflación no es tan mala” comparada con la parálisis total de la economía real.

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  • Daniel Montamat: aumento del petróleo podría repercutir hasta 7% en combustibles en Argentina

    Daniel Montamat: aumento del petróleo podría repercutir hasta 7% en combustibles en Argentina

    Montamat advierte que un desacople entre los precios internos del petróleo y los internacionales podría generar fuertes desincentivos a la inversión en el sector energético

    Daniel Montamat, ex secretario de Energía, explicó en Infobae en vivo cómo el aumento internacional del petróleo puede repercutir en los precios internos de los combustibles y qué factores condicionan ese traslado en la economía argentina

    En una charla con el equipo de Infobae al Regreso, integrado por Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos, Matías Barbería y Mica Mendelevich, Montamat señaló que la Argentina, como país exportador, está atada a las referencias internacionales de precios y debe actuar con cautela ante cualquier intento de alejarse de esa lógica. “Tenemos un mercado internacionalizado. Entonces lo que primero tenemos que observar es si es sostenible este precio en el mundo y este precio va a ser sostenible en función de la duración del conflicto”, manifestó al analizar el efecto de la guerra en Medio Oriente sobre las cotizaciones globales.

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    El traslado de la suba internacional al surtidor argentino

    Montamat puntualizó que el impacto en los precios internos será gradual y dependerá de cuánto se prolongue el conflicto. “La relación simple es si el barril de comercialización interna del petróleo, que sigue una relación con los precios internacionales, sube alrededor de un 15%, bueno, el traslado a precio de los combustibles finales, que tienen un componente impositivo, es cerca de la mitad. Esto si se sostiene en el tiempo”, aclaró. Según el ex funcionario, si el precio internacional se mantiene, el traslado local podría rondar entre “5 y 7%”.

    El ex presidente de YPF recordó que el método de ajuste que emplea la petrolera líder se basa en promedios móviles de 15 días, por lo que las subas recientes ya empiezan a incorporarse en la formación de precios: “Nos manejamos con promedios móviles de 15 días. El promedio móvil de 15 días todos los días elimina un dato de hace 15 días atrás y suma uno nuevo. Ya está sintiendo ese promedio móvil la suba de estos últimos cinco días”, explicó Gonzalo Aziz en la mesa, a lo que Montamat asintió.

    Sobre el impacto en la macroeconomía, Montamat precisó que “La incidencia que tiene el combustible en la inflación oscila entre el 2 y el 4% de la canasta”. Puso en relieve que los aumentos en combustibles no se trasladan de forma lineal al índice general de precios.

    El riesgo de distorsionar señales de inversión

    Ante la consulta sobre la posibilidad de desacoplar los precios internos en contextos de crisis internacional, Montamat advirtió que “La regla es que tenés que mantener señales de precios internacionales y referencias internacionales. Si no, cualquier atajo genera desincentivos para la inversión en Vaca Muerta y en la producción local”. Recordó que el país sigue importando parte del gasoil y que es necesario mantener reglas claras para asegurar el flujo de inversiones.

    El ex funcionario señaló además que la elasticidad-precio de la demanda limita el traslado de aumentos: “La demanda es sensible también a aumento de los combustibles. Entonces, si el precio de los combustibles, eh, se encarece mucho, va a bajar el consumo. Y todo esto incide en las cuentas que tienen que hacer, eh, las empresas que están comercializando combustible”.

    Montamat valoró la potencialidad exportadora de la Argentina, pero advirtió contra exagerar el efecto favorable: “Este país que hoy exporta petróleo es tomador de precios internacionales, no lo fijamos nosotros los precios internacionales. Y estos precios internacionales se han hecho muy volátiles porque al componente puramente económico se le suma ahora todo este componente geopolítico”.

    Alternativas para mitigar el golpe al consumidor

    Consultado por mecanismos para proteger al consumidor en situaciones excepcionales, Montamat propuso: “Si esto se sostiene en el tiempo y va a haber cuatro mil millones de ingresos extra de exportaciones, ahí podría imaginarse, ¿eh? Si se sostiene en el tiempo, ¿eh? Algún tipo de, de gravamen extraordinario para, eh, financiar un atenuante, ese fondo contracíclico, eh, para, para atenuar, eh, la incidencia de eso en el precio de los combustibles”. Subrayó que la Argentina ha tenido históricamente dificultades para constituir fondos de ahorro en épocas de bonanza, lo que restringe la disponibilidad de recursos en momentos críticos.

    Montamat descartó que un aumento del 10% en combustibles se traslade automáticamente a la inflación general, y enfatizó que “esa suba puede ser de una vez y después bajar, y entonces la inflación sigue dependiendo de otros fenómenos macroeconómicos que el país todavía no tiene resuelto”.

    Finalmente, el ex funcionario destacó las ventajas que traería un desarrollo más intenso del gas y del GNL para otros sectores productivos: “Si tenemos un gas de menos de tres dólares el millón de BTU en boca de pozo y una electricidad entre 40 y 50 dólares en megavatio/hora, tenemos una gran ventaja comparativa para desarrollar en otros circuitos productivos ventajas competitivas”.

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  • Proyecciones de dólar e inflación a fin de año según principales analistas; REM muestra recalibración

    Proyecciones de dólar e inflación a fin de año según principales analistas; REM muestra recalibración

    El cierre de 2026 ya se perfila en las planillas de los principales analistas económicos de la Argentina. En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el mercado recalibró sus proyecciones: quedó atrás las estimaciones previas y se perfila un escenario en el que la inflación muestra mayor resistencia a bajar de lo que se esperaba originalmente, mientras que el tipo de cambio sigue una trayectoria de ajuste más moderada.

    Según el consenso de consultoras, bancos y centros de investigación que participan en la encuesta oficial, el año cerrará con indicadores que obligan a revisar estrategias financieras y operativas. Los expertos dejaron de enfocarse únicamente en la coyuntura mensual y ponen el foco en la foto que arrojará el 31 de diciembre, un balance que combina correcciones al alza en los precios con un alivio relativo en la cotización de la divisa estadounidense.

    El horizonte inflacionario: una meta que se aleja

    Uno de los datos más significativos del nuevo informe es la revisión al alza de la inflación acumulada para todo 2026. Según el promedio de los analistas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registrará un incremento total del 26,1% al finalizar el año. Ese valor representa un salto notable respecto de lo previsto apenas un mes atrás, cuando el mercado estimaba una inflación anual del 22,5 por ciento.

    La diferencia de 3,6 puntos porcentuales en la proyección anual responde a una inercia que parece haber encontrado un piso difícil de perforar en el corto plazo. Aunque el Gobierno mantiene metas más optimistas, los especialistas privados ajustaron sus modelos frente a una dinámica de precios que, si bien es menor que la de años anteriores, exhibe señales de persistencia.

    Los especialistas calculan que la inflación de febrero llegará al 2,7%, lo que implica un aumento de 0,6 puntos porcentuales respecto de la estimación del REM anterior para ese mes. Asimismo, elevaron su pronóstico para marzo: antes preveían un IPC del 2,2%, pero ahora anticipan que se ubicará cerca del 2,5%.

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    El camino hacia ese 26,1% anual contempla una desaceleración gradual durante el segundo semestre. No obstante, en los meses más inmediatos las expectativas se mantienen en niveles que condicionan el promedio final. Para mayo se prevé un IPC del 1,9%, una cifra que funciona como escalón en el sendero descendente que el mercado imagina para la segunda mitad del año, pero que no alcanza para compensar los aumentos registrados y previstos en el primer cuatrimestre.

    Dólar: proyecciones a la baja para el cierre del año

    En contraste con la senda alcista de la inflación, las previsiones para el tipo de cambio nominal se ajustaron a la baja. Los analistas que participan del REM proyectan ahora que el dólar oficial cerrará 2026 en 1.707 pesos.

    Lo relevante de este número es la comparación con el relevamiento anterior: los expertos recortaron su estimación en $43,2 respecto de lo que esperaban el mes pasado. Esa corrección sugiere que el mercado visualiza una mayor capacidad de contención cambiaria.

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    Incluso al mirar un poco más allá, hacia comienzos de 2027, la tendencia de moderación se mantiene. Para febrero del próximo año los especialistas anticipan un valor de la divisa de $1.748, lo que implica una reducción de $20 frente a los pronósticos previos. Ese panorama configura un escenario de relativa estabilidad cambiaria en términos nominales, siempre que se mantengan las condiciones actuales de política monetaria y cambiaria.

    Tasas y actividad: el resto de la foto de fin de año

    Más allá de esos dos ejes centrales, el informe del Banco Central detalla el comportamiento de otras variables críticas. En materia de tasas de interés se espera una reducción paulatina: para marzo se estima que la tasa de interés promedio rondará el 31,32%, mientras que la proyección para el cierre de diciembre la ubica en torno al 24%.

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    Este recorte en las tasas es seguido de cerca por los analistas, que realizaron correcciones de entre 0,4 y 1,6 puntos porcentuales en sus estimaciones respecto de la encuesta anterior, adaptándose a la estrategia de la autoridad monetaria de acompañar la baja de la inflación con rendimientos en pesos menos elevados.

    Por último, el desempeño de la economía real también fue revisado. El consenso de los analistas proyecta para todo 2026 un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 3,4 por ciento. Aunque ese número representa una leve mejora de 0,2 puntos porcentuales respecto del REM previo, continúa existiendo una brecha marcada con las aspiraciones oficiales.

    El valor se sitúa sensiblemente por debajo del crecimiento del 5% que el Gobierno nacional plasmó en el Presupuesto 2026, lo que evidencia una visión más cauta del sector privado sobre la velocidad de la recuperación económica.

    InflaciónDólarTipo de cambioExpectativasREMTasasActividadÚltimas noticias

  • Carlos Melconian: el gobierno aún no genera confianza por inconsistencias, improvisación y fragilidad del superávit

    Carlos Melconian: el gobierno aún no genera confianza por inconsistencias, improvisación y fragilidad del superávit

    En una entrevista con el equipo de Infobae en Vivo, el economista Carlos Melconian analizó la situación del programa económico y puso el foco en las causas que explican la persistente demanda de divisas entre los ahorristas argentinos.

    Para Melconian, el escenario actual es un régimen de transición entre un modelo “agotado” y un futuro que definió como un “signo de interrogación”. En ese marco, sostuvo que el fenómeno político de Javier Milei respondió a una ruptura histórica con lo anterior, pero advirtió que la gestión carece de la estructura humana necesaria para gobernar. Esa fragilidad institucional se traduce, según su visión, en la incapacidad para modificar la conducta histórica de los argentinos respecto de la moneda extranjera.

    La falta de confianza y la presión sobre el dólar

    El eje central del análisis de Melconian fue la relación entre la credibilidad del Gobierno y el mercado cambiario. Consultado por la persistente compra de divisas por parte de los ciudadanos, el economista fue tajante: “todavía este no es un gobierno que genere confianza”. Según su diagnóstico, existe un vínculo directo entre la falta de seguridad en el rumbo oficial y la decisión de dolarizar ahorros, una conducta que, lejos de amainar, se sostiene en niveles que comprometen las metas del Banco Central.

    Vinculó esa desconfianza a una historia de inestabilidad en la que el ahorrista “ha sido estafado en numerosas ocasiones”, lo que fortaleció una cultura bimonetaria. A la vez, señaló errores en la política económica actual, como la liberación del mercado a personas humanas en el mes de abril. Desde su óptica, la dinámica es insostenible sin un cambio en la percepción social: “A USD 2.000 millones por mes que compre la gente, no dan los números”, advirtió, y afirmó que “la dolarización va a continuar”.

    Precisó que la desconfianza no sólo se refleja en la compra del billete, sino en que esos dólares se extraen del circuito financiero. Además, sostuvo que el Gobierno ha “forzado” el valor del dólar a un nivel injustificado, lo que estimula la fuga de divisas a través de gastos en el exterior.

    “En la Argentina pasó siempre lo mismo y vuelven a forzar el valor del dólar. La desconfianza no es sólo comprar dólares, sino también sacarlos del circuito”, insistió.

    Qué hubiera hecho Melconian

    Al comparar el programa económico vigente con el que él diseñó para una eventual gestión, Melconian marcó diferencias profundas. Reconoció que ambos comparten apenas el “título” de ser modelos capitalistas occidentales de mercado libre; sin embargo, difieren por completo en instrumentalidad, secuencia e implementación.

    Su propuesta incluía un régimen cambiario de convivencia de dos monedas, respaldado por reformas al Código Civil y un paquete de doce leyes para el Parlamento, en contraste con el formato oficialista de leyes con cientos de artículos. Subrayó que su plan proponía un dólar realmente libre desde el primer día, poniendo al Banco Central en funciones sin utilizar el tipo de cambio para “tapar la basura” de sectores no productivos.

    Sobre el sector industrial, se refirió al concepto de “zona de confort” que usa el Ejecutivo. Si bien admitió que conoce a “200 tipos a los que les va muy mal” por la coyuntura, planteó que el desafío es superar el “achanchamiento” por los créditos subsidiados y demostrar competitividad frente al mercado externo.

    El ajuste y la aceptación social

    Melconian también evaluó el impacto del ajuste fiscal y destacó que durante el primer semestre la sociedad lo toleró más, período que calificó por una “licuación fuertísima” del gasto público. No obstante, advirtió que el superávit que exhibe el Gobierno “se ha construido sobre la interrupción de la obra pública y el recorte de transferencias a las provincias”.

    De cara al futuro inmediato, advirtió que el esfuerzo del próximo año recaerá directamente sobre el sector privado: “Este ajuste del 2025 es un ajuste al sector privado”, sentenció. Aunque la inflación pueda mostrar señales de descenso por la disciplina fiscal y la austeridad monetaria, subrayó que el verdadero reto es la capacidad de la población para soportar ese proceso hasta alcanzar la estabilidad.

    Perspectivas de reactivación y el factor político

    Al cierre de la entrevista, evaluó las chances de reactivación económica y afirmó que, en la coyuntura actual, el único mecanismo capaz de dinamizar la economía sería la monetización mediante una “emisión virtuosa” impulsada por la compra de dólares por parte del Banco Central.

    También reconoció el mérito de haber aprobado una reforma laboral que llevaba décadas estancada, aunque advirtió sobre la paradoja en las cuentas externas: “En el medio de esta discusión de la reforma competitiva, se derrumbaron las importaciones. Es insólito. Tiene que subir la importación y bajar la dolarización”.

    Por último, se ocupó de la estrategia política del oficialismo, señalando que los lemas de campaña —el cierre del Banco Central, la dolarización y el combate a la “casta”— siguen “vivitas y coleando” sin haberse concretado.

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