Trump llamó al primer ministro designado de Irak y lo invitó a Washington

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llamó el jueves al primer ministro designado de Irak, Ali al-Zaidi, y lo invitó a visitar Washington en cuanto logre conformar un gobierno, según informó la oficina del primer ministro iraquí.

Pocas horas después, Trump publicó un mensaje en su red social Truth Social en el que felicitó a Al-Zaidi y le deseó éxito en la tarea de construir “un gobierno libre de terrorismo que pueda ofrecer un futuro mejor para Irak”, según recogió AP.

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La llamada y la publicación son una señal inequívoca de que la Casa Blanca avala la designación del empresario bagdadí, de 40 años, quien no tiene antecedentes en cargos públicos y era prácticamente desconocido hasta hace una semana. “Este es el comienzo de un tremendo nuevo capítulo entre nuestras naciones: prosperidad, estabilidad y un éxito como nunca antes se había visto”, escribió Trump en Truth Social.

El respaldo de Washington llega tras una crisis política que se extendió durante cinco meses desde las elecciones legislativas de noviembre de 2025. El bloque parlamentario dominante, el Marco de Coordinación —coalición de partidos chiíes alineados con Irán que controla 185 de los 329 escaños del parlamento— tardó semanas en acordar un nombre y estuvo a punto de derivar en una crisis constitucional.

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El candidato inicial del bloque era el ex primer ministro Nuri al-Maliki, quien había asegurado el respaldo de la mayoría de sus socios tras anunciar su candidatura en enero. Trump intervino directamente y se opuso al político, al que consideró demasiado cercano a Teherán. La administración estadounidense suspendió el envío de cerca de 500 millones de dólares a Irak, según informó el Wall Street Journal, y sancionó a comandantes de milicias respaldadas por Irán. Al-Maliki mantuvo su candidatura pese a las advertencias, pero el bloque optó por un candidato de compromiso.

FOTO DE ARCHIVO: El nuevo primer ministro iraquí designado, Ali al-Zaidi, usa un teléfono en su oficina en Bagdad, Irak, el 28 de abril de 2026
Oficina de Prensa del Primer Ministro Iraquí/Imagen cedida a través de REUTERS

Ali al-Zaidi nació en Bagdad en 1986, en el seno de una familia de la provincia sureña de Dhi Qar. Tiene licenciaturas en derecho y finanzas y un máster en finanzas y banca. Antes de su nominación era conocido principalmente como presidente del banco islámico Al-Janoob y como propietario de la cadena de televisión Dijlah y de los supermercados Taawon en Bagdad. En 2024, el Banco Central de Iraq vetó a Al-Janoob de operar en dólares en el marco de una presión estadounidense para frenar el blanqueo de capitales y la canalización de fondos hacia Irán. Ni el banco ni Al-Zaidi están bajo sanciones directas de Washington.

Según la Constitución iraquí, el primer ministro designado tiene 30 días para presentar al parlamento una lista de ministros que debe obtener la confianza de al menos 167 diputados. El sistema de reparto de poder vigente desde la invasión estadounidense de 2003 reserva la presidencia para los kurdos, la jefatura de gobierno para los árabes chiíes y la presidencia del parlamento para los suníes. Irak eligió a su presidente, Nizar Amedi, recién el 11 de abril de 2026, con semanas de retraso y en medio de un boicot del Partido Democrático del Kurdistán.

Al-Zaidi prometió trabajar para convertir a Irak en “un país equilibrado, a nivel regional e internacional” y convocó a todas las fuerzas políticas a un esfuerzo conjunto. El nuevo gobierno deberá gestionar las consecuencias de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán sobre territorio iraquí, el impacto del cierre del Estrecho de Ormuz sobre las exportaciones de crudo y el futuro de las Fuerzas de Movilización Popular, las milicias chiíes que operan con amplia autonomía y mantienen vínculos estrechos con Teherán.

Washington exige mayor distanciamiento de esas facciones armadas. El aval de Trump, sin embargo, no disipa la incertidumbre: Al-Zaidi deberá articular apoyos más allá del Marco de Coordinación para garantizar la investidura, y su condición de empresario sin red política propia lo expone a presiones cruzadas desde el primer día.

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