De anunciar el envío al Congreso de 90 reformas estructurales para debatir durante 2026 a la frase de Javier Milei de que si la gente no acompaña “todos” en su administración pueden “volver a trabajar en el sector privado”. En Casa Rosada el humor cambió radicalmente el último mes y medio, pero en un clima de internismo permanente hay dos grandes coincidencias. Primero, que la prioridad es la reelección del Presidente. Y, luego, el motivo que llevó a que un Gobierno envalentonado por el recambio legislativo y tras haber conseguido la aprobación de leyes con un peso simbólico importante, como la reforma laboral y la baja de la edad de imputabilidad, pasara a estar a la defensiva y con números en las encuestas que ponen en riesgo la continuidad del rumbo.
En todas las tribus que conviven cada vez con menos armonía en el oficialismo coinciden en que ni la marcha de la economía ni las señales de alerta que plantean algunas variables -el IPC de marzo, en especial- explican la crisis política que atraviesa el Gobierno, como se suele escuchar en los medios de comunicación y señalan diversos sondeos.
La clave, apuntan, es el impacto que tuvo el escándalo que tiene como protagonista a Manuel Adorni. Acaso porque desde que asumió por vocero se erigió en un abanderado selecto del discurso anticasta de Milei, conceden que pocos temas lograron penetrar en la opinión pública como el de los viajes y el patrimonio del hoy jefe de Gabinete.
“El relato es lo que está en discusión y es lógico porque el investigado es el tipo que todas las mañanas le contaba a la gente todo lo que estaba haciendo Javier (Milei) para terminar con los beneficios de la casta. ¿Cómo se recupera? Hay que recuperar la mística, con un formateo completo del Gobierno”, considera un eslabón clave en la última campaña.
Lo curioso es que la continuidad de Adorni hoy ya no está en duda. Al menos así lo expone una de las espadas de mayor peso del Gobierno. “Que (Manuel) Adorni se vaya ahora no tiene ningún sentido. Era el primer día, un mes después el daño ya está hecho y si se va hasta puede ser peor porque generaría más internas”, razona ante Clarín.
¿Será cierto que alguien en ese debate de opciones le trasladó -sin éxito- a Milei la idea de “recuperar” a Ramiro Marra y otros eyectados por Karina? “Con la mayoría, Javier nunca se enojó, pero es imposible porque no pasa el filtro de ella”, replica alguien que conoce mucho -y trabaja muy cerca- de Milei. Naturaliza, claro, que el poder lo ejerce la secretaria general de Presidencia.
En este escenario y a pesar del constante respaldo de los hermanos Milei a Adorni, el Gobierno sabe que perdió una pieza fundamental en su batalla mediática. Para enmendarlo, en la mesa política se acordó que ministros y secretarios de Estado oficien de voceros de cada tema que se debata. “Está bueno que nos dejen hablar, al menos de los proyectos que escribimos”, ironizó un miembro del Gabinete que recuerda con fastidio que desde octubre la agenda de la había apoderado el karinismo.
El “costo Adorni”, del que habla este referente del Gabinete, encuentra -siempre en privado- otros rótulos más originales entre funcionarios de primera línea: uno de ellos, que evitó salir a apoyar al jefe de Gabinete, apeló con cierto sarcasmo a “la pesada herencia de Adorni” para justificar que varias iniciativas sobre las que en febrero la Casa Rosada había encontrado consenso para aprobar en el Congreso hoy parecen virtualmente caídas.
La eliminación de las PASO es un caso concreto y al mismo tiempo el ejemplo de que en política no siempre lo que no se puede lograr es negativo. Impulsada por el verdadero triángulo de hierro de poder del Gobierno, conformado por Karina Milei y los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem, es resistida por el kirchnerismo y el grueso del peronismo que quiere la herramienta para concretar un gran polo anti Milei, con dirigentes como Miguel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot que no quieren ser absorbidos por La Cámpora.
El nocaut al proyecto llegó en las últimas horas, cuando desde el PRO sumaron su rechazo: el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri habló de “mantener” las primarias y en el bloque macrista en Diputados avisaron que no prestarán los votos para abrir esa discusión.
Con todo, contra lo que en el Gobierno se llegó a considerar, las PASO pueden servir para explorar opciones de acuerdo con el PRO. Si bien Karina Milei se encarga de decirle a todo aquel que le consulta que no habrá negociación con el partido amarillo, los movimientos de Mauricio Macri empezaron a inquietar: por fuera de la tribu de Karina, ni siquiera Patricia Bullrich subestima el poder de daño que puede implicar una candidatura del ex Presidente, que este viernes arrancó con su gira federal y, tal como dejó saber su mano derecha Fernando de Andreis en declaraciones radiales, “no” descarta ser candidato.
En el PRO saben que hasta los sondeos que habitualmente consignan datos optimistas para el Gobierno muestran que la división del voto republicano no es algo que se pueda permitir Milei para lograr su reelección; pero entienden que no hay otro candidato de peso que no sea Macri: los gobernadores Rogelio Frigerio (Entre Ríos) e Ignacio Torres (Chubut) ya transmitieron que trabajan para retener sus provincias.
En el karinismo están al tanto de esa encerrona que tiene Macri y descreen de su verdadera voluntad. Analizan su regreso a la escena como un intento para forzar un acuerdo por la Ciudad más que para posicionar al PRO como alternativa, pero igual advierten que el ex mandatario “no vale más que 7 u 8 puntos”.

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