El partido Propuesta Republicana se presenta como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, acompañando sus reformas sin asumir una oposición frontal y buscando consolidarse como alternativa política de cara a 2027. Aun así, María Eugenia Vidal evaluó en Modo Fontevecchia —por Net TV y Radio Perfil (AM 1190)— los límites y desafíos de ese apoyo, marcó diferencias con el oficialismo y dejó definiciones firmes, como su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.
La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.
Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.
El PRO tiene futuro. No solo porque exista la fuerza, sino porque hoy en la Argentina cumple una función: defender el cambio y evitar que sea sostenido por una única fuerza —la del presidente Milei—, ofreciendo además una alternativa capaz de consolidar confianza y atraer inversiones para generar empleo.
El problema que afrontamos cuando gobernábamos, y que creo que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien del kirchnerismo que dé marcha atrás. Esa incertidumbre desalienta decisiones, incluso a muchos argentinos a los que el Gobierno busca incentivar para sacar los dólares del colchón, pero que no lo hacen por miedo, tras haber vivido un país de péndulos con cambios bruscos. Por eso sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza —aunque quede segunda— que ayude a eliminar la incertidumbre sobre qué pasará dentro de dos años, cuando cambie el presidente.
En la Argentina, muchos medios instalaron la discusión sobre si Milei se reelegiría. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Creo que el PRO, junto a otras fuerzas, tiene la tarea de impulsar un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. Si el PRO quedara segundo y La Libertad Avanza primera, en un balotaje tendría más posibilidades de imponerse, porque sectores de centro —y aún más quienes rechazan la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.
No quiero adelantarme demasiado, pero lo crucial sería que, independientemente del resultado del balotaje, el mundo y los propios argentinos comenzaran a creer que se puede producir, generar trabajo y crecer acá sin que todo cambie de la noche a la mañana: con seguridad jurídica, con leyes estables, sin cepo, y con un país que se asemeje más a nuestros vecinos. No hablo de países altamente desarrollados, sino de naciones que mantienen reglas estables más allá de quién gobierne.
En el último discurso de Mauricio Macri plantea que, además de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que aún no se han abordado, como si el Presidente estuviera cumpliendo apenas el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.
El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que consiguió sacarnos de la montaña rusa en la que vivíamos —sin ir más lejos, cada vez que íbamos al supermercado— y traer alivio y tranquilidad. La estabilidad es eso: poder permanecer en un lugar durante un tiempo sin sentir que no puedes tomar ni una decisión económica.
Ahora falta progreso, nos falta bienestar. Estamos más tranquilos, pero muchos sienten que no les alcanza para llegar a fin de mes; hay quienes buscan no solo un empleo sino un segundo. Eso también impacta en las cifras de desempleo. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza: lo que queda después de pagar servicios, transporte, luz y otros gastos obligatorios no alcanza para cubrir el mes, y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas muy elevadas.
La Argentina actual, donde cierran locales y empresas, no es una nación en progreso: es estable, pero sin avance. Ese es el paso siguiente. No basta la estabilidad, porque se puede estabilizar también un ingreso escaso, la pobreza o la desigualdad. Necesitamos recuperar crecimiento que llegue a todos, no solo a provincias con recursos minerales, petroleros, energéticos o agropecuarios.
Creo que esa es la segunda etapa de la que habla Mauricio, sin negar la primera. Ese mérito es de esta administración y se lo reconocemos. Incluso nos sentimos parte de ese logro: sin el apoyo del PRO ese proceso no habría sido posible. La Ley de Bases, el RIGI y el presupuesto no se habrían aprobado sin ese sostén; el PRO fue un pilar fundamental en los dos primeros años de fragilidad parlamentaria e institucional. Lo que decimos hoy es: eso está bien y no debe cambiarse, pero no alcanza. Hay que hacer más.
Vuelvo al pasado para hablar del futuro. Una de las diferencias entre La Libertad Avanza y el PRO es la cuestión de las formas, del republicanismo, del respeto a ciertas costumbres y, en algunos casos, de la observancia constitucional. Parte de La Libertad Avanza sostiene que sin sacrificar esas formas no se podrían haber impulsado determinadas medidas, y que el PRO, por cuidar las formas, fue más tibio. En otras entrevistas muchos líderes del PRO me dijeron lo contrario: que son precisamente las formas las que proporcionan garantía jurídica y continuidad. ¿Es cierto eso, o las formas del actual gobierno con ideas similares terminan siendo contraproducentes porque alejan al centro?
Primero, hay que darle el crédito a quien corresponde. Creo que hubo una decisión política del Presidente para iniciar esta etapa de estabilidad, hubo una gran tarea de Toto Caputo y existió el apoyo del PRO sin el cual no se hubiera logrado. Los verdaderos protagonistas de la estabilidad son, sin embargo, los argentinos, que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes y muchos siguen haciéndolo. Aunque hoy les vaya mal, siguen creyendo que las cosas mejorarán; ese acompañamiento de la sociedad es histórico: la gente comprendió que el kirchnerismo había mentido, que no se crecía repartiendo lo que no había, y que emitir y generar inflación tiene un costo alto.
Tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que muchos argentinos terminaran de entenderlo y acompañaran el proceso. Y creo que Mauricio —y lo dije—, sin Macri no habría existido Milei, porque Macri sembró la semilla del cambio en varios sentidos: fue el primero en señalar que el déficit fiscal no es tolerable y en pelear porque los servicios públicos se paguen lo que valen. Para muchos fue difícil acompañar y entender eso; hoy esos argentinos defienden esa postura y reconocen que este camino evita un mal destino.
Creo que Milei representa, en parte, esa maduración y evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí no me gustan las formas del gobierno: no me agrada el insulto ni la agresión. Siempre sostuve que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar; donde ejercí el poder eso quedó demostrado. Nunca necesité insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.
Me parece muy importante lo institucional, especialmente en esta etapa en la que lo que está en juego es algo tan frágil como la confianza. Al final del día necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar empleo, lo que implica poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo o en un kiosco; es un acto de apuesta a largo plazo que exige creer en el rumbo, en las leyes y en la justicia.
Si la Argentina no recupera confianza en sus instituciones, no importa cuán sólido sea el programa económico. Parte de la fortaleza necesaria para lo que viene no es económica ni depende de Toto Caputo: es disponer de leyes e instituciones firmes y de fuerzas políticas racionales. Por eso es crucial el rol del PRO en 2027 y el de otros dirigentes que opten por ser alternativa a Milei: para garantizar continuidad y que no recaiga todo el peso en una sola figura, porque estos rumbos tienen costos y requieren apoyo político.
Me recordó a Alfonsín en una entrevista que le hice tras dejar la presidencia: decía que en los 80 no estaban dadas las condiciones para ciertas reformas que él consideraba necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar parte de Aerolíneas con SAS hubo rechazo social y sindical. ¿ Ves un paralelismo con que la sociedad de 2023 fue un tiempo de incubación para ideas que en 2015 no eran llevaderas?
Creo que los insultos por sí solos no garantizan el éxito de ninguna política pública. Las sociedades cambian y evolucionan; también hay que reconocer que no pudimos aplicar muchas ideas por errores propios, no todo es culpa de la sociedad. Recomiendo leer a Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso, donde se habla de cómo el plan de Sourrouille quedó trabado por las dificultades con los sindicatos, el peronismo y una sociedad que no quería ese rumbo. Alfonsín tenía razón en señalar las restricciones de su tiempo.
Entonces, ¿los insultos y la agresividad son parte de la solución o del problema? ¿Es ese uno de los puntos en que el PRO difiere y sostiene que los insultos no generan seguridad jurídica sino que la debilitan?
No hay duda: no son parte de la solución. Nunca creí en los insultos; mucho menos cuando se insulta a empresarios mientras se les pide que inviertan en la Argentina. Es contradictorio y sorprendió a muchos en Nueva York escuchar a un presidente criticar a empresarios al mismo tiempo que buscaba inversión. Los insultos no son la solución, pero el PRO tiene diferencias más profundas que no se reducen solo a las formas.
Por ejemplo, creo que Nacho Torres, gobernador de Chubut, enfrentó un problema serio en Comodoro Rivadavia: las cuencas petroleras estaban maduras y YPF decidió vender esos pozos, lo que amenazaba muchos puestos de trabajo en una ciudad que vivía del petróleo. ¿Qué hizo el gobernador? No se limitó a decir que era asunto del mercado: fue al lugar, habló con sindicatos, negoció convenios, gestionó con la Nación para bajar retenciones al petróleo, redujo impuestos provinciales y promovió que nuevas empresas compraran esas cuencas maduras. ¿Se resolvió todo solo por el mercado? No. Hubo una articulación entre Estado provincial, Nación, sindicatos y privados para lograr que el negocio volviera a ser rentable y se conservaran los empleos. Hoy hay nuevas empresas instaladas y esos puestos ya no corren riesgo.
Por eso creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno considera que la inversión en infraestructura debe quedar en manos privadas, pero hay obras —como la Cuenca del Salado— que no pueden ejecutarlas los privados porque implican coordinar a cientos o miles de propietarios en decenas de municipios. Esa obra, que debería haberse terminado en 2022 si se hubieran cumplido los plazos, no se finalizó por falta de fondos provinciales y nacionales. Es una obra que tiene que hacer el Estado y que, además, se paga sola: al terminarla se recuperarían 2 millones de hectáreas productivas que hoy no producen.
¿Debe invertir el Estado en una obra que luego se amortiza por sí misma? Creo que sí: el Estado tiene un papel en la infraestructura y en la generación de empleo. También en la educación, que hoy está postergada en la Argentina. Tengo una ONG, CEMOS, no partidaria, que enseña comprensión lectora y matemática a 2.000 chicos en comunidades vulnerables de todo el país. ¿Por qué? Porque la mitad de los niños en Argentina no entiende lo que lee y, en la era de la inteligencia artificial, donde queremos que manejen herramientas como Gemini, si no comprenden textos no podrán ni siquiera escribir un prompt.
Tengo diferencias con La Libertad Avanza: no creo en un Estado mínimo sino en un Estado eficiente, capaz de proveer servicios públicos que el privado no querría asumir, y que también potencie el desarrollo económico. Durante la gestión de Mauricio Macri el sector privado renovó 40 aeropuertos. La semana pasada llegué al aeropuerto de Jujuy y no tiene nada que envidiarle a cualquier aeropuerto moderno; Jujuy es un destino turístico clave que, pese a las dificultades, crece sostenidamente.
Esa inversión genera empleo: para que haya turismo primero debe existir conectividad y vuelos. Pienso en un país con una mirada productiva, orientado al trabajo, que no sea un Estado subsidiador ni deficitario, que no emita compulsivamente ni genere inflación: un país más normal.
Se podría decir que la diáspora del PRO terminó; quienes se fueron ya lo hicieron y ahora podrían volver a acercarse. Mencionás a Horacio Rodríguez Larreta y las conversaciones para su regreso. Además, conozco tu relación con él, así que parecés la persona indicada para hablar del tema.
Con Horacio seguimos siendo amigos, pero desde que se fue del PRO hablamos poco de política porque no coincidimos en todo. Lo mejor del PRO no es tanto quienes se fueron y podrían volver, sino lo que se está construyendo hoy: como presidenta de la Fundación Pensar, tenemos un programa con la Universidad de San Andrés, la Torcuato Di Tella y la Universidad Austral para formar líderes menores de 40 años en todo el país. Es uno de mis mayores orgullos: muchos de esos jóvenes —procedentes del sector privado o con trayectoria en lo público— serán futuros gobernadores, presidentes, intendentes, diputados y senadores. El PRO siempre defendió la idea de equipo y de gestión: la gestión y el equipo importan.
Un ejemplo claro es Toto Caputo y su equipo en Economía. Toto no llegó solo: trajo a funcionarios que lo acompañaron en administraciones anteriores, especialmente en la nuestra. Santiago Bausili, presidente del Banco Central; Diana Mondino, hoy canciller; Pablo Lavigne, secretario de Comercio: no surgieron de la nada, formaron parte de un equipo que ya sabía cómo trabajar en conjunto. Eso fue clave en el programa económico del gobierno. Quizá no siempre aparece en los titulares, pero creo profundamente en esa lógica: el PRO sigue construyendo equipos.
Ahí está la diferencia entre un empresario o un consultor y un partido orgánico. Milei plantea que, tras su gestión, desaparecerá la figura política y que la batalla cultural generará alternativas espontáneas, pero no crea un partido estructurado como el PRO. ¿No es esa la diferencia fundamental?
Sin duda. El PRO ha sabido construir cuadros para gobernar distintos distritos. Mauricio —como buen ingeniero— tiene una visión de constructor y entendió desde el inicio la importancia de los equipos, lo que permite hoy gobernar intendencias en todo el país. Recomiendo fijarse en gestiones como la de Esteban Allasino en Luján de Cuyo, Mendoza: es un modelo de gestión. Si se observa la provincia de Buenos Aires o la Ciudad de Buenos Aires, se ve esa impronta; hoy, por ejemplo, todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a herramientas como Gemini en las escuelas.
Somos un espacio que forma líderes y arma equipos porque no queremos quedarnos para siempre en el mismo lugar. Deseo que el PRO persista aun cuando yo no esté en la política: que haya otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan.
¿Existe la posibilidad de que vuelva al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participes?
No participé en ninguna discusión interna del PRO sobre ese tema hasta ahora. No lo hablé con el jefe de Gobierno ni con Mauricio; no estuve en reuniones donde se haya tratado, ni con Horacio. Él decidió irse en la última elección y, en las últimas veces que lo escuché, fue muy crítico con el espacio.
También es cierto —y lo conversamos en el PRO, incluso antes del acto; lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde se percibe poca escucha del Gobierno sobre las dificultades cotidianas de la gente, resulta complejo que la política viva paralelamente discutiendo 2027. Hay que debatir el futuro, pero no puede ser la prioridad cuando la gente la está pasando muy mal.
Me gustó la medida de Jorge la semana pasada, al bajar impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. Ese es el enfoque: pensar continuamente cómo aliviar. Si bien la macroeconomía no depende de nosotros, desde los lugares que gobernamos podemos reducir la carga impositiva y mejorar servicios.
¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?
No es una cuestión de gusto personal. El PRO debe debatirlo y él también debe querer volver. Para que eso ocurra se necesitan ambas voluntades; y para ser franca, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado ni con Horacio ni con el PRO.
Pasando a otro tema: Durán Barba dice que Patricia Bullrich nunca fue realmente del PRO. ¿Te quedó un sabor amargo por su actitud con el partido? ¿Cómo evaluás su paso y su eventual proyección como candidata?
Creo que estuvo bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Que siendo presidenta del partido decidiera irse después del balotaje y acordar su lugar en el Gobierno sin consultar al partido demuestra una lógica distinta. En ese sentido coincido con Jaime: no era del PRO en la concepción de trabajo en equipo.
Las explicaciones no me las debe dar a mí sino, en todo caso, a sus electores, a quienes la apoyaron en ese 24% y muchos dentro del PRO esperaban que siguiera en el espacio. No cuestiono que haya sido ministra: me parece que fue valiosa tanto con Mauricio como con Milei. La discusión es si fue una decisión del partido o individual; siendo presidenta del PRO, debería haber compartido esa decisión con el partido. Dicho eso, creo que hizo un buen trabajo como ministra y que hará un buen trabajo como senadora. Al final, el veredicto lo da la sociedad: es la gente la que decide si estuvo bien o mal lo que hicimos.
¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?
Creo que es una decisión personal. Los políticos solemos rendir mejor fuera del poder; uno aprende cuando ya no está en el ejercicio. Pienso que Mauricio aprendió lo necesario. Sería un gran presidente, aunque es una decisión íntima porque implica entregarse por cuatro años, y hay que estar dispuesto a eso. Si no lo está, está bien que no lo haga.
Como miembro del PRO, por supuesto me gustaría que se presente.
¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o el país no estaba preparado?
Sí, sin dudas. No puedo asegurar el resultado con el diario del lunes, porque quizá el cambio radical habría triunfado igualmente con Milei, pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.
¿Y vos vas a ser candidata en 2027?
Hoy no está en mis planes. Estoy muy volcada a lo privado: al terminar mi mandato armé una consultora y estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta ahí.
Pero eso no significa renunciar a la política. Como presidenta de Pensar y miembro del PRO sigo trabajando por un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que me verán seguir empujando desde lo público.
MV/ff

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