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  • María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    El partido Propuesta Republicana se presenta como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, acompañando sus reformas sin asumir una oposición frontal y buscando consolidarse como alternativa política de cara a 2027. Aun así, María Eugenia Vidal evaluó en Modo Fontevecchia —por Net TV y Radio Perfil (AM 1190)— los límites y desafíos de ese apoyo, marcó diferencias con el oficialismo y dejó definiciones firmes, como su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.

    La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.​

    Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.

    El PRO tiene futuro. No solo porque exista la fuerza, sino porque hoy en la Argentina cumple una función: defender el cambio y evitar que sea sostenido por una única fuerza —la del presidente Milei—, ofreciendo además una alternativa capaz de consolidar confianza y atraer inversiones para generar empleo.

    El problema que afrontamos cuando gobernábamos, y que creo que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien del kirchnerismo que dé marcha atrás. Esa incertidumbre desalienta decisiones, incluso a muchos argentinos a los que el Gobierno busca incentivar para sacar los dólares del colchón, pero que no lo hacen por miedo, tras haber vivido un país de péndulos con cambios bruscos. Por eso sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza —aunque quede segunda— que ayude a eliminar la incertidumbre sobre qué pasará dentro de dos años, cuando cambie el presidente.

    En la Argentina, muchos medios instalaron la discusión sobre si Milei se reelegiría. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Creo que el PRO, junto a otras fuerzas, tiene la tarea de impulsar un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. Si el PRO quedara segundo y La Libertad Avanza primera, en un balotaje tendría más posibilidades de imponerse, porque sectores de centro —y aún más quienes rechazan la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.

    No quiero adelantarme demasiado, pero lo crucial sería que, independientemente del resultado del balotaje, el mundo y los propios argentinos comenzaran a creer que se puede producir, generar trabajo y crecer acá sin que todo cambie de la noche a la mañana: con seguridad jurídica, con leyes estables, sin cepo, y con un país que se asemeje más a nuestros vecinos. No hablo de países altamente desarrollados, sino de naciones que mantienen reglas estables más allá de quién gobierne.

    En el último discurso de Mauricio Macri plantea que, además de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que aún no se han abordado, como si el Presidente estuviera cumpliendo apenas el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.

    El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que consiguió sacarnos de la montaña rusa en la que vivíamos —sin ir más lejos, cada vez que íbamos al supermercado— y traer alivio y tranquilidad. La estabilidad es eso: poder permanecer en un lugar durante un tiempo sin sentir que no puedes tomar ni una decisión económica.

    Ahora falta progreso, nos falta bienestar. Estamos más tranquilos, pero muchos sienten que no les alcanza para llegar a fin de mes; hay quienes buscan no solo un empleo sino un segundo. Eso también impacta en las cifras de desempleo. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza: lo que queda después de pagar servicios, transporte, luz y otros gastos obligatorios no alcanza para cubrir el mes, y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas muy elevadas.

    La Argentina actual, donde cierran locales y empresas, no es una nación en progreso: es estable, pero sin avance. Ese es el paso siguiente. No basta la estabilidad, porque se puede estabilizar también un ingreso escaso, la pobreza o la desigualdad. Necesitamos recuperar crecimiento que llegue a todos, no solo a provincias con recursos minerales, petroleros, energéticos o agropecuarios.

    Creo que esa es la segunda etapa de la que habla Mauricio, sin negar la primera. Ese mérito es de esta administración y se lo reconocemos. Incluso nos sentimos parte de ese logro: sin el apoyo del PRO ese proceso no habría sido posible. La Ley de Bases, el RIGI y el presupuesto no se habrían aprobado sin ese sostén; el PRO fue un pilar fundamental en los dos primeros años de fragilidad parlamentaria e institucional. Lo que decimos hoy es: eso está bien y no debe cambiarse, pero no alcanza. Hay que hacer más.

    Vuelvo al pasado para hablar del futuro. Una de las diferencias entre La Libertad Avanza y el PRO es la cuestión de las formas, del republicanismo, del respeto a ciertas costumbres y, en algunos casos, de la observancia constitucional. Parte de La Libertad Avanza sostiene que sin sacrificar esas formas no se podrían haber impulsado determinadas medidas, y que el PRO, por cuidar las formas, fue más tibio. En otras entrevistas muchos líderes del PRO me dijeron lo contrario: que son precisamente las formas las que proporcionan garantía jurídica y continuidad. ¿Es cierto eso, o las formas del actual gobierno con ideas similares terminan siendo contraproducentes porque alejan al centro?

    Primero, hay que darle el crédito a quien corresponde. Creo que hubo una decisión política del Presidente para iniciar esta etapa de estabilidad, hubo una gran tarea de Toto Caputo y existió el apoyo del PRO sin el cual no se hubiera logrado. Los verdaderos protagonistas de la estabilidad son, sin embargo, los argentinos, que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes y muchos siguen haciéndolo. Aunque hoy les vaya mal, siguen creyendo que las cosas mejorarán; ese acompañamiento de la sociedad es histórico: la gente comprendió que el kirchnerismo había mentido, que no se crecía repartiendo lo que no había, y que emitir y generar inflación tiene un costo alto.

    Tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que muchos argentinos terminaran de entenderlo y acompañaran el proceso. Y creo que Mauricio —y lo dije—, sin Macri no habría existido Milei, porque Macri sembró la semilla del cambio en varios sentidos: fue el primero en señalar que el déficit fiscal no es tolerable y en pelear porque los servicios públicos se paguen lo que valen. Para muchos fue difícil acompañar y entender eso; hoy esos argentinos defienden esa postura y reconocen que este camino evita un mal destino.

    Creo que Milei representa, en parte, esa maduración y evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí no me gustan las formas del gobierno: no me agrada el insulto ni la agresión. Siempre sostuve que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar; donde ejercí el poder eso quedó demostrado. Nunca necesité insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.

    Me parece muy importante lo institucional, especialmente en esta etapa en la que lo que está en juego es algo tan frágil como la confianza. Al final del día necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar empleo, lo que implica poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo o en un kiosco; es un acto de apuesta a largo plazo que exige creer en el rumbo, en las leyes y en la justicia.

    Si la Argentina no recupera confianza en sus instituciones, no importa cuán sólido sea el programa económico. Parte de la fortaleza necesaria para lo que viene no es económica ni depende de Toto Caputo: es disponer de leyes e instituciones firmes y de fuerzas políticas racionales. Por eso es crucial el rol del PRO en 2027 y el de otros dirigentes que opten por ser alternativa a Milei: para garantizar continuidad y que no recaiga todo el peso en una sola figura, porque estos rumbos tienen costos y requieren apoyo político.

    Me recordó a Alfonsín en una entrevista que le hice tras dejar la presidencia: decía que en los 80 no estaban dadas las condiciones para ciertas reformas que él consideraba necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar parte de Aerolíneas con SAS hubo rechazo social y sindical. ¿ Ves un paralelismo con que la sociedad de 2023 fue un tiempo de incubación para ideas que en 2015 no eran llevaderas?

    Creo que los insultos por sí solos no garantizan el éxito de ninguna política pública. Las sociedades cambian y evolucionan; también hay que reconocer que no pudimos aplicar muchas ideas por errores propios, no todo es culpa de la sociedad. Recomiendo leer a Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso, donde se habla de cómo el plan de Sourrouille quedó trabado por las dificultades con los sindicatos, el peronismo y una sociedad que no quería ese rumbo. Alfonsín tenía razón en señalar las restricciones de su tiempo.

    Entonces, ¿los insultos y la agresividad son parte de la solución o del problema? ¿Es ese uno de los puntos en que el PRO difiere y sostiene que los insultos no generan seguridad jurídica sino que la debilitan?

    No hay duda: no son parte de la solución. Nunca creí en los insultos; mucho menos cuando se insulta a empresarios mientras se les pide que inviertan en la Argentina. Es contradictorio y sorprendió a muchos en Nueva York escuchar a un presidente criticar a empresarios al mismo tiempo que buscaba inversión. Los insultos no son la solución, pero el PRO tiene diferencias más profundas que no se reducen solo a las formas.

    Por ejemplo, creo que Nacho Torres, gobernador de Chubut, enfrentó un problema serio en Comodoro Rivadavia: las cuencas petroleras estaban maduras y YPF decidió vender esos pozos, lo que amenazaba muchos puestos de trabajo en una ciudad que vivía del petróleo. ¿Qué hizo el gobernador? No se limitó a decir que era asunto del mercado: fue al lugar, habló con sindicatos, negoció convenios, gestionó con la Nación para bajar retenciones al petróleo, redujo impuestos provinciales y promovió que nuevas empresas compraran esas cuencas maduras. ¿Se resolvió todo solo por el mercado? No. Hubo una articulación entre Estado provincial, Nación, sindicatos y privados para lograr que el negocio volviera a ser rentable y se conservaran los empleos. Hoy hay nuevas empresas instaladas y esos puestos ya no corren riesgo.

    Por eso creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno considera que la inversión en infraestructura debe quedar en manos privadas, pero hay obras —como la Cuenca del Salado— que no pueden ejecutarlas los privados porque implican coordinar a cientos o miles de propietarios en decenas de municipios. Esa obra, que debería haberse terminado en 2022 si se hubieran cumplido los plazos, no se finalizó por falta de fondos provinciales y nacionales. Es una obra que tiene que hacer el Estado y que, además, se paga sola: al terminarla se recuperarían 2 millones de hectáreas productivas que hoy no producen.

    ¿Debe invertir el Estado en una obra que luego se amortiza por sí misma? Creo que sí: el Estado tiene un papel en la infraestructura y en la generación de empleo. También en la educación, que hoy está postergada en la Argentina. Tengo una ONG, CEMOS, no partidaria, que enseña comprensión lectora y matemática a 2.000 chicos en comunidades vulnerables de todo el país. ¿Por qué? Porque la mitad de los niños en Argentina no entiende lo que lee y, en la era de la inteligencia artificial, donde queremos que manejen herramientas como Gemini, si no comprenden textos no podrán ni siquiera escribir un prompt.

    Tengo diferencias con La Libertad Avanza: no creo en un Estado mínimo sino en un Estado eficiente, capaz de proveer servicios públicos que el privado no querría asumir, y que también potencie el desarrollo económico. Durante la gestión de Mauricio Macri el sector privado renovó 40 aeropuertos. La semana pasada llegué al aeropuerto de Jujuy y no tiene nada que envidiarle a cualquier aeropuerto moderno; Jujuy es un destino turístico clave que, pese a las dificultades, crece sostenidamente.

    Esa inversión genera empleo: para que haya turismo primero debe existir conectividad y vuelos. Pienso en un país con una mirada productiva, orientado al trabajo, que no sea un Estado subsidiador ni deficitario, que no emita compulsivamente ni genere inflación: un país más normal.

    Se podría decir que la diáspora del PRO terminó; quienes se fueron ya lo hicieron y ahora podrían volver a acercarse. Mencionás a Horacio Rodríguez Larreta y las conversaciones para su regreso. Además, conozco tu relación con él, así que parecés la persona indicada para hablar del tema.

    Con Horacio seguimos siendo amigos, pero desde que se fue del PRO hablamos poco de política porque no coincidimos en todo. Lo mejor del PRO no es tanto quienes se fueron y podrían volver, sino lo que se está construyendo hoy: como presidenta de la Fundación Pensar, tenemos un programa con la Universidad de San Andrés, la Torcuato Di Tella y la Universidad Austral para formar líderes menores de 40 años en todo el país. Es uno de mis mayores orgullos: muchos de esos jóvenes —procedentes del sector privado o con trayectoria en lo público— serán futuros gobernadores, presidentes, intendentes, diputados y senadores. El PRO siempre defendió la idea de equipo y de gestión: la gestión y el equipo importan.

    Un ejemplo claro es Toto Caputo y su equipo en Economía. Toto no llegó solo: trajo a funcionarios que lo acompañaron en administraciones anteriores, especialmente en la nuestra. Santiago Bausili, presidente del Banco Central; Diana Mondino, hoy canciller; Pablo Lavigne, secretario de Comercio: no surgieron de la nada, formaron parte de un equipo que ya sabía cómo trabajar en conjunto. Eso fue clave en el programa económico del gobierno. Quizá no siempre aparece en los titulares, pero creo profundamente en esa lógica: el PRO sigue construyendo equipos.

    Ahí está la diferencia entre un empresario o un consultor y un partido orgánico. Milei plantea que, tras su gestión, desaparecerá la figura política y que la batalla cultural generará alternativas espontáneas, pero no crea un partido estructurado como el PRO. ¿No es esa la diferencia fundamental?

    Sin duda. El PRO ha sabido construir cuadros para gobernar distintos distritos. Mauricio —como buen ingeniero— tiene una visión de constructor y entendió desde el inicio la importancia de los equipos, lo que permite hoy gobernar intendencias en todo el país. Recomiendo fijarse en gestiones como la de Esteban Allasino en Luján de Cuyo, Mendoza: es un modelo de gestión. Si se observa la provincia de Buenos Aires o la Ciudad de Buenos Aires, se ve esa impronta; hoy, por ejemplo, todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a herramientas como Gemini en las escuelas.

    Somos un espacio que forma líderes y arma equipos porque no queremos quedarnos para siempre en el mismo lugar. Deseo que el PRO persista aun cuando yo no esté en la política: que haya otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan.

    ¿Existe la posibilidad de que vuelva al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participes?

    No participé en ninguna discusión interna del PRO sobre ese tema hasta ahora. No lo hablé con el jefe de Gobierno ni con Mauricio; no estuve en reuniones donde se haya tratado, ni con Horacio. Él decidió irse en la última elección y, en las últimas veces que lo escuché, fue muy crítico con el espacio.

    También es cierto —y lo conversamos en el PRO, incluso antes del acto; lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde se percibe poca escucha del Gobierno sobre las dificultades cotidianas de la gente, resulta complejo que la política viva paralelamente discutiendo 2027. Hay que debatir el futuro, pero no puede ser la prioridad cuando la gente la está pasando muy mal.

    Me gustó la medida de Jorge la semana pasada, al bajar impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. Ese es el enfoque: pensar continuamente cómo aliviar. Si bien la macroeconomía no depende de nosotros, desde los lugares que gobernamos podemos reducir la carga impositiva y mejorar servicios.

    ¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?

    No es una cuestión de gusto personal. El PRO debe debatirlo y él también debe querer volver. Para que eso ocurra se necesitan ambas voluntades; y para ser franca, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado ni con Horacio ni con el PRO.

    Pasando a otro tema: Durán Barba dice que Patricia Bullrich nunca fue realmente del PRO. ¿Te quedó un sabor amargo por su actitud con el partido? ¿Cómo evaluás su paso y su eventual proyección como candidata?

    Creo que estuvo bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Que siendo presidenta del partido decidiera irse después del balotaje y acordar su lugar en el Gobierno sin consultar al partido demuestra una lógica distinta. En ese sentido coincido con Jaime: no era del PRO en la concepción de trabajo en equipo.

    Las explicaciones no me las debe dar a mí sino, en todo caso, a sus electores, a quienes la apoyaron en ese 24% y muchos dentro del PRO esperaban que siguiera en el espacio. No cuestiono que haya sido ministra: me parece que fue valiosa tanto con Mauricio como con Milei. La discusión es si fue una decisión del partido o individual; siendo presidenta del PRO, debería haber compartido esa decisión con el partido. Dicho eso, creo que hizo un buen trabajo como ministra y que hará un buen trabajo como senadora. Al final, el veredicto lo da la sociedad: es la gente la que decide si estuvo bien o mal lo que hicimos.

    ¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?

    Creo que es una decisión personal. Los políticos solemos rendir mejor fuera del poder; uno aprende cuando ya no está en el ejercicio. Pienso que Mauricio aprendió lo necesario. Sería un gran presidente, aunque es una decisión íntima porque implica entregarse por cuatro años, y hay que estar dispuesto a eso. Si no lo está, está bien que no lo haga.

    Como miembro del PRO, por supuesto me gustaría que se presente.

    ¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o el país no estaba preparado?

    Sí, sin dudas. No puedo asegurar el resultado con el diario del lunes, porque quizá el cambio radical habría triunfado igualmente con Milei, pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.

    ¿Y vos vas a ser candidata en 2027?

    Hoy no está en mis planes. Estoy muy volcada a lo privado: al terminar mi mandato armé una consultora y estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta ahí.

    Pero eso no significa renunciar a la política. Como presidenta de Pensar y miembro del PRO sigo trabajando por un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que me verán seguir empujando desde lo público.

    MV/ff

  • María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    El partido Propuesta Republicana se ubica como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, respaldando sus reformas sin asumir una oposición frontal y, al mismo tiempo, procurando consolidarse como alternativa política de cara a 2027. Aun así, María Eugenia Vidal evaluó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), los límites y desafíos de ese apoyo, marcó diferencias con el oficialismo y dejó definiciones contundentes, entre ellas su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.

    La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.​

    Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.

    El PRO tiene futuro. En primer lugar, no sólo porque exista como fuerza, sino porque hoy en la Argentina cumple una función: defender el cambio y que no haya una sola fuerza que lo sostenga —la del presidente Milei— y también ofrecer una alternativa capaz de consolidar confianza y atraer inversiones para generar empleo.

    El problema que tuvimos cuando gobernábamos, y que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien del kirchnerismo que dé marcha atrás. Esa incertidumbre frena decisiones, incluso a muchos argentinos a quienes el Gobierno pretende incentivar para que saquen los dólares del colchón, pero que no lo hacen por temor tras años de péndulos políticos. Por eso sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza, aun si fuera segunda, que ayude a terminar con la incertidumbre sobre qué va a pasar cuando cambie el presidente en dos años.

    En la Argentina, muchos medios plantearon que la discusión era si Milei sería reelecto. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Creo que el PRO tiene la responsabilidad, junto a otras fuerzas, de impulsar que haya un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. Si quedara segundo y La Libertad Avanza primero, en un balotaje tendría más chances de imponerse, porque sectores del centro —y especialmente quienes rechazan la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.

    No quiero adelantarme demasiado, pero lo crucial sería que, sin importar quién ganara ese balotaje, el mundo y los propios argentinos empezaran a creer que se puede generar trabajo acá, producir y crecer sin cambios abruptos de un día para otro, con seguridad jurídica, leyes estables, sin cepo; un país más parecido a nuestros vecinos. No hablo de naciones muy desarrolladas, sino de países que mantienen reglas más allá de quién sea presidente.

    En el último discurso de Mauricio Macri, plantea que, independientemente de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que todavía no se contemplan, como si el Presidente hubiera cumplido o estuviera llevando adelante el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.

    El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que consiguió sacarnos de la montaña rusa cotidiana —como comprobar al ir al supermercado— y traer alivio y cierta tranquilidad. La estabilidad consiste en poder permanecer un tiempo en un lugar sin sentir que no se puede tomar ninguna decisión económica.

    Ahora falta progreso: nos falta bienestar. Estamos más tranquilos, pero muchos no alcanzan a llegar a fin de mes. Hay personas que no sólo buscan empleo, sino un segundo trabajo; eso también impacta en las cifras de desocupación. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza: lo que queda después de pagar servicios, transporte y luz no permite cubrir el mes. Y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas extremadamente altas.

    La Argentina de hoy, donde cierran locales y empresas, no es un país con progreso: es estable, pero sin avance. Eso es lo que sigue: la estabilidad por sí sola no alcanza, porque se puede estabilizar con ingresos insuficientes, pobreza o desigualdad. Necesitamos recuperar crecimiento que distribuya sus beneficios a todo el país, no sólo a provincias mineras, petroleras, energéticas o del campo.

    Creo que esa es la segunda etapa a la que se refiere Mauricio, sin desconocer la primera, cuyo mérito reconocemos. Nos sentimos protagonistas de ese logro: sin el apoyo del PRO ese proceso no hubiera sido posible. La Ley Bases, el RIGI y el presupuesto habrían sido difíciles sin nuestro aporte. El PRO fue pilar fundamental en los primeros años de debilidad parlamentaria e institucional para que el Gobierno pudiera avanzar. Decimos: está muy bien, no lo cambiemos, es correcto, pero hay que hacer más.

    Déjame ir al pasado para volver al futuro. Uno de los argumentos en la diferencia entre La Libertad Avanza y el PRO tiene que ver con las formas, con el republicanismo, con el respeto a determinadas costumbres, inclusive, en algunos casos, con el respeto constitucional. Y uno de los argumentos de La Libertad Avanza, o de sectores de La Libertad Avanza, es: bueno, pero sin estas formas no se hubiera hecho posible, como no le fue posible al PRO, justamente por cuidar las formas. En otras entrevistas a otros líderes del PRO como vos, muchos me marcaron: no, nosotros creemos que no es que en las formas esté el problema, sino, al contrario, son las formas las que luego le van a dar garantía jurídica y continuidad a esto. Tu reflexión sobre si es cierto, como dice La Libertad Avanza, que las ideas no pudieron avanzar en la época de Macri porque ustedes eran tibios, para decirlo de alguna manera, o si, al revés, estas formas que lleva adelante el gobierno —de ideas que son parecidas— son contraproducentes porque finalmente alejan.

    Primero, hay que reconocer a quien corresponde. Así como creo que hubo una decisión política del presidente de iniciar esta etapa de estabilidad, y que hubo una gran tarea de Toto Caputo, también hubo un apoyo clave del PRO. Pero los verdaderos protagonistas de la estabilidad son los argentinos que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes y que, aunque hoy les vaya mal, siguen creyendo que les va a ir mejor; ese acompañamiento social es histórico. La sociedad entendió que el kirchnerismo le había mentido y que repartir lo que no existe no genera crecimiento: emitir y generar inflación tiene un costo alto.

    Tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que muchos argentinos terminaran de comprenderlo y respaldaran el proceso. Y creo que Mauricio —lo dije—, sin Macri no hubiera habido Milei: Mauricio sembró la semilla del cambio en varios sentidos. Fue pionero en hablar de la intolerancia hacia el déficit fiscal y en sostener que los servicios públicos deben pagarse lo que valen. Hoy muchos defienden eso y admiten que este camino no nos lleva a un buen lugar si no se mantiene.

    Pienso que Milei es, en parte, esa maduración y evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí no me agradan las formas de este gobierno: no me gusta el insulto, no me gusta la agresión. Siempre sostuve que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar, y donde ejercí el poder eso quedó demostrado. Nunca tuve que insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.

    me parece muy importante lo institucional, especialmente en la etapa que viene, donde lo que se juega es algo tan frágil como la confianza. Al final necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar trabajo: poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo o en un kiosco es un acto de apuesta que exige creer en el rumbo, en las leyes y en la justicia.

    Si la Argentina no logra confianza en las instituciones, no importa lo sólido que sea el programa económico. Parte del éxito futuro no es económico ni depende sólo de Toto Caputo: consiste en tener leyes e instituciones fuertes y fuerzas políticas racionales. Por eso el rol del PRO en 2027 es crucial, y el de otros políticos que quieran ser alternativa a Milei, para que no recaiga en una sola fuerza sostener el rumbo, porque estos caminos son costosos políticamente. Debe haber más de una fuerza que diga “es por acá” y que la alternativa no sea Axel Kicillof, que no comparte este rumbo.

    Me vino a la memoria Alfonsín, uno de los reportajes que le hice cuando él ya había dejado de ser presidente. Y él me decía que las condiciones no estaban dadas en los 80 para hacer algunas de las reformas que incluso él creía necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar el 30% de Aerolíneas con SAS, una compañía escandinava —dado que los escandinavos además tienen fama de ser socialdemócratas y todo lo contrario a hipercapitalistas—, creo que a Terragno, que en esa época llevaba adelante el ministerio que tenía esa tarea, le tiraban huevos, y que la sociedad no había aceptado esas ideas en los 80 y en los 90. ¿Encontrás un paralelismo con que, al mismo tiempo, la sociedad actual o la del 2023 fue un tiempo de incubación necesaria de determinadas ideas y consideró que esas ideas eran potables y no lo eran en 2015? Por más que, si Milei hubiera sido presidente en 2015, tampoco las hubiera podido aplicar.

    Los insultos por sí mismos no garantizan el resultado de ninguna política pública, sea cual sea. Sí creo que las sociedades evolucionan y cambian de idea. Tampoco quiero eludir que no pudimos implementar muchas iniciativas por errores propios; no hay que responsabilizar sólo a la sociedad. Recomiendo leer el libro de Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso, que relata cómo el plan de Sourrouille, con una orientación ortodoxa de ajuste y estabilización similar a debates actuales, se trabó por las dificultades de los sindicatos, del peronismo y de una sociedad que no quería seguir ese rumbo. Lo que decía Alfonsín tiene verdad, pero siempre está la restricción de su tiempo.

    Ahora, que quede claro: ¿los insultos o la agresividad son parte de la solución o son parte del problema? Es decir, eso sería, intuyo, uno de los elementos que el PRO vendría a decir: “No, los insultos no generan seguridad jurídica, son parte del problema, no son la herramienta de la solución”. ¿O lo entiendo mal?

    No, sin duda no son parte de la solución. Nunca creí que los insultos ayuden; menos aún cuando se insulta a empresarios estando a la vez invitándolos a invertir en Argentina. ¿No es contradictorio? Sorprendía a muchos que en Nueva York un presidente hablara en contra de empresarios mientras pedía inversión. No creo que los insultos sean la solución, pero sí quiero subrayar que el PRO tiene diferencias más profundas con La Libertad Avanza, no sólo en las formas.

    Por ejemplo, creo que Nacho Torres, gobernador de Chubut, afrontó una prueba seria con Comodoro Rivadavia, una ciudad nacida alrededor de los pozos petroleros. Las cuencas están maduras y YPF, uno de los principales operadores, decidió vender esos pozos en el gobierno de Milei, lo que implicaba pérdida de empleo. ¿Qué hizo el gobernador? No dejó todo al mercado: se involucró, habló con sindicatos, gestionó reducción de retenciones al petróleo, bajó impuestos en la provincia y promovió la entrada de nuevas empresas para explotar las cuencas maduras. ¿Lo resolvió el mercado solo? No. Tampoco el Estado repartió subsidios indiscriminados. Fue una articulación entre provincia, nación, sindicatos y sector privado para que se sigan sosteniendo los puestos de trabajo, y con éxito: hoy hay nuevas empresas en Comodoro y esos empleos ya no están en riesgo.

    Creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno sostiene que la inversión en infraestructura debe quedar en manos privadas, pero pongo un ejemplo que viví como gobernadora: la Cuenca del Salado, una obra de regulación hídrica que debería haberse concluido en 2022 si se hubieran cumplido plazos. No se terminó porque ni la provincia ni los gobiernos nacionales —ni de Alberto ni de Milei— pusieron los fondos necesarios. Es inviable que privados coordinen a cientos o miles de chacareros y propietarios en 50 municipios: es una obra que debe encarar el Estado y que, además, se paga sola, porque recuperará 2 millones de hectáreas productivas que hoy no producen y volverán a producir.

    ¿Debe invertir el Estado o el privado en una obra que luego se autofinancia? Creo que el Estado debe asumir su rol en infraestructura y en generación de empleo. También tiene responsabilidad en la educación, que hoy está muy rezagada. Tengo una ONG, CEMOS —no partidaria— que enseña a 2.000 chicos en comunidades pobres del país a comprender textos y a hacer matemáticas. ¿Por qué? Porque la mitad de los chicos en Argentina no entiende lo que lee y, en la era de la inteligencia artificial, donde se espera que manejen herramientas como Gemini, si no entienden lo que leen no podrán escribir un prompt.

    Tengo diferencias con La Libertad Avanza: no creo en un Estado mínimo, sino en un Estado eficiente que provea servicios públicos que el privado no afrontaría, con una mirada orientada al desarrollo económico. En la gestión de Mauricio Macri el concesionario privado renovó 40 aeropuertos. La semana pasada aterrizé en el aeropuerto de Jujuy: no le envidia nada a un aeropuerto moderno del mundo. Jujuy es un destino turístico clave que, pese a las dificultades, crece sostenidamente.

    Esas inversiones generan empleo: para que haya turismo hace falta conectividad y vuelos. Pienso en un país con mirada productiva y de desarrollo del trabajo, que no sea un país de subsidios, déficit, emisión e inflación: un país más normal.

    Se podría decir que la diáspora del PRO se acabó, que quienes se fueron ya lo hicieron y, por el contrario, ahora podría haber personas que vuelvan a acercarse. Pongo el caso Horacio Rodríguez Larreta y esas conversaciones para que regrese. Además, conozco tu relación con él, entonces me parece que sos, a lo mejor, la persona ideal para poder hablar de esto.

    Con Horacio seguimos siendo amigos, aunque desde que se fue del PRO hablamos poco de política porque no siempre coincidimos. Creo que lo más valioso del PRO no es quien se fue y tal vez regrese, sino lo que se está construyendo ahora. Como presidenta de la Fundación Pensar, impulsamos un programa con la Universidad de San Andrés, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Austral para formar líderes menores de 40 años en todo el país. Es uno de mis mayores orgullos: muchos vienen del sector privado y otros del sector público; serán futuros gobernadores, intendentes, diputados y senadores. El PRO siempre sostuvo la idea de equipo y gestión: la gestión y el equipo importan.

    Un ejemplo claro es Toto Caputo y su equipo en Economía. Toto no llegó solo: trajo funcionarios que lo acompañaron en administraciones previas, sobre todo en la nuestra. Personas como Santiago Bausili, presidente del Banco Central, Diana Mondino, hoy canciller, Pablo Lavigne, secretario de Comercio, surgieron de un equipo que ya sabía trabajar en conjunto. Esa cohesión fue clave en el programa económico del gobierno. Tal vez no aparece en los títulos, pero creo profundamente en ello y el PRO sigue construyendo equipos y apostando a esa lógica.

    Ahí estamos frente a la diferencia entre un empresario y un asesor, o un consultor. Milei plantea que después de determinado período no le van a ver más el pelo y que se lleva la batalla cultural para que espontáneamente se generen alternativas, pero no crea un partido político orgánico como es el PRO. Entonces, me parece que detrás del PRO hay una lógica de constructor, de alguien que arma algo que lo trasciende, mientras que un consultor es más bien un cuentapropista. Entonces, me pregunto: ¿en esa construcción de cuadros no reside la diferencia fundamental del PRO con La Libertad Avanza?

    Sin duda, el PRO ha logrado construir equipos para gobernar en diversas jurisdicciones. Mauricio, como buen ingeniero, piensa como constructor y tuvo claro desde el inicio la importancia de los equipos, lo que permite hoy gobernar intendencias en todo el país. Recomiendo mirar gestiones como la de Esteban Allasino en Luján de Cuyo, Mendoza, un modelo de gestión que forma parte del equipo del PRO. Si se observan las administraciones en la provincia de Buenos Aires o en la Ciudad de Buenos Aires… hoy, en materia de inteligencia artificial, mencioné Gemini porque todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a esa herramienta en las escuelas.

    Somos un espacio que forma equipos y líderes constantemente. ¿Por qué? Porque no pretendemos quedarnos para siempre en el mismo lugar y porque quiero que el PRO exista aun cuando yo no esté en la política. Deben surgir otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan.

    ¿Existe la posibilidad de que regrese al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participe?

    No participé en ninguna discusión interna del PRO sobre ese tema hasta ahora. No lo hablé ni con el jefe de Gobierno ni con Mauricio; no estuve en reuniones donde se tratara, ni con Horacio. En las últimas veces que lo escuché fue muy crítico con el espacio.

    También es cierto —y lo debatimos en el PRO, incluso antes del acto; lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde al Gobierno le cuesta escuchar lo que la gente vive en su día a día y mantiene apoyo pese a las dificultades, es complejo que la política viva paralela discutiendo el 2027. Hay que debatirlo, pero no puede ser prioridad ante la urgencia de la gente que la está pasando muy mal.

    Me pareció muy acertada la medida de Jorge la semana pasada, al bajar impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. En eso debemos estar: pensando en aliviar. Si bien no depende de nosotros la macroeconomía, desde los lugares que gobernamos podemos reducir cargas impositivas y mejorar servicios.

    ¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?

    No se trata de si a mí me gusta o no. El PRO tiene que decidirlo y él también. Deben darse ambas cosas: que el partido lo debata y que él quiera regresar. Honestamente, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado, ni con Horacio ni con el PRO.

    Entonces, pasemos a otro carácter que integraba antes… no sé si integraba es la palabra correcta. Durán Barba siempre dice que Patricia Bullrich no era el PRO y que, entonces, no sería alguien que se fue, sino que nunca formó parte. ¿Te quedó un sabor amargo con Patricia Bullrich y la actitud que tuvo con el PRO? ¿Cuál es tu mirada hacia el pasado y su proyección a futuro como eventual candidata?

    Creo que está bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Quien siendo presidenta del partido decidió irse tras el balotaje y acordar su lugar en el Gobierno sin consultarlo con el partido ni con otros dirigentes actúa con una lógica distinta. Por eso considero acertado que se haya ido; en eso coincido con Jaime: no era del PRO.

    Las explicaciones no me las debe dar a mí sino a sus electores, a quienes la acompañaron en ese 24% y muchos desde el PRO esperaban que continuara en el espacio. No cuestiono su desempeño como ministra; me pareció valiosa con Mauricio y también con Milei. La discusión no es esa, sino si fue una decisión del partido o individual. Como presidenta del PRO, con esa responsabilidad, debía compartirla con la fuerza. Ya pasó. Creo que hizo un buen trabajo como ministra y hará un buen trabajo como senadora. Al fin y al cabo, los políticos estamos sometidos al voto: es la sociedad la que define si estuvo bien o mal lo que hicimos.

    ¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?

    Creo que él puede elegir. Los políticos solemos rendir mejor fuera del poder; se nota que quien ya aprendió lo necesario suele estar más preparado. Pienso que Mauricio aprendió lo que tenía que aprender. Sería un gran presidente, pero es una decisión muy íntima, porque implica entregar la vida durante cuatro años y hay que estar dispuesto. Si no lo está, está bien que no lo sea.

    Desde el PRO, por supuesto, me encantaría que lo fuera.

    ¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o la Argentina no estaba preparada?

    Sí, sin duda. No puedo anticipar con certeza el resultado a posteriori: tal vez la idea de cambio radical habría triunfado de todos modos con Milei. Pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.

    ¿Y vos vas a ser candidata en 2027?

    Hoy no está en mis planes. Estoy muy abocada a lo privado. Tras terminar mi mandato armé una consultora y además estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta en eso.

    Pero eso no implica abandonar la política. Como presidenta de Pensar y miembro del PRO sigo trabajando por un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que van a seguir viéndome empujando en lo público.

    MV/ff