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  • María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    El partido Propuesta Republicana se presenta como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, acompañando sus reformas sin asumir una oposición frontal y buscando consolidarse como alternativa política de cara a 2027. Aun así, María Eugenia Vidal evaluó en Modo Fontevecchia —por Net TV y Radio Perfil (AM 1190)— los límites y desafíos de ese apoyo, marcó diferencias con el oficialismo y dejó definiciones firmes, como su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.

    La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.​

    Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.

    El PRO tiene futuro. No solo porque exista la fuerza, sino porque hoy en la Argentina cumple una función: defender el cambio y evitar que sea sostenido por una única fuerza —la del presidente Milei—, ofreciendo además una alternativa capaz de consolidar confianza y atraer inversiones para generar empleo.

    El problema que afrontamos cuando gobernábamos, y que creo que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien del kirchnerismo que dé marcha atrás. Esa incertidumbre desalienta decisiones, incluso a muchos argentinos a los que el Gobierno busca incentivar para sacar los dólares del colchón, pero que no lo hacen por miedo, tras haber vivido un país de péndulos con cambios bruscos. Por eso sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza —aunque quede segunda— que ayude a eliminar la incertidumbre sobre qué pasará dentro de dos años, cuando cambie el presidente.

    En la Argentina, muchos medios instalaron la discusión sobre si Milei se reelegiría. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Creo que el PRO, junto a otras fuerzas, tiene la tarea de impulsar un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. Si el PRO quedara segundo y La Libertad Avanza primera, en un balotaje tendría más posibilidades de imponerse, porque sectores de centro —y aún más quienes rechazan la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.

    No quiero adelantarme demasiado, pero lo crucial sería que, independientemente del resultado del balotaje, el mundo y los propios argentinos comenzaran a creer que se puede producir, generar trabajo y crecer acá sin que todo cambie de la noche a la mañana: con seguridad jurídica, con leyes estables, sin cepo, y con un país que se asemeje más a nuestros vecinos. No hablo de países altamente desarrollados, sino de naciones que mantienen reglas estables más allá de quién gobierne.

    En el último discurso de Mauricio Macri plantea que, además de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que aún no se han abordado, como si el Presidente estuviera cumpliendo apenas el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.

    El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que consiguió sacarnos de la montaña rusa en la que vivíamos —sin ir más lejos, cada vez que íbamos al supermercado— y traer alivio y tranquilidad. La estabilidad es eso: poder permanecer en un lugar durante un tiempo sin sentir que no puedes tomar ni una decisión económica.

    Ahora falta progreso, nos falta bienestar. Estamos más tranquilos, pero muchos sienten que no les alcanza para llegar a fin de mes; hay quienes buscan no solo un empleo sino un segundo. Eso también impacta en las cifras de desempleo. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza: lo que queda después de pagar servicios, transporte, luz y otros gastos obligatorios no alcanza para cubrir el mes, y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas muy elevadas.

    La Argentina actual, donde cierran locales y empresas, no es una nación en progreso: es estable, pero sin avance. Ese es el paso siguiente. No basta la estabilidad, porque se puede estabilizar también un ingreso escaso, la pobreza o la desigualdad. Necesitamos recuperar crecimiento que llegue a todos, no solo a provincias con recursos minerales, petroleros, energéticos o agropecuarios.

    Creo que esa es la segunda etapa de la que habla Mauricio, sin negar la primera. Ese mérito es de esta administración y se lo reconocemos. Incluso nos sentimos parte de ese logro: sin el apoyo del PRO ese proceso no habría sido posible. La Ley de Bases, el RIGI y el presupuesto no se habrían aprobado sin ese sostén; el PRO fue un pilar fundamental en los dos primeros años de fragilidad parlamentaria e institucional. Lo que decimos hoy es: eso está bien y no debe cambiarse, pero no alcanza. Hay que hacer más.

    Vuelvo al pasado para hablar del futuro. Una de las diferencias entre La Libertad Avanza y el PRO es la cuestión de las formas, del republicanismo, del respeto a ciertas costumbres y, en algunos casos, de la observancia constitucional. Parte de La Libertad Avanza sostiene que sin sacrificar esas formas no se podrían haber impulsado determinadas medidas, y que el PRO, por cuidar las formas, fue más tibio. En otras entrevistas muchos líderes del PRO me dijeron lo contrario: que son precisamente las formas las que proporcionan garantía jurídica y continuidad. ¿Es cierto eso, o las formas del actual gobierno con ideas similares terminan siendo contraproducentes porque alejan al centro?

    Primero, hay que darle el crédito a quien corresponde. Creo que hubo una decisión política del Presidente para iniciar esta etapa de estabilidad, hubo una gran tarea de Toto Caputo y existió el apoyo del PRO sin el cual no se hubiera logrado. Los verdaderos protagonistas de la estabilidad son, sin embargo, los argentinos, que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes y muchos siguen haciéndolo. Aunque hoy les vaya mal, siguen creyendo que las cosas mejorarán; ese acompañamiento de la sociedad es histórico: la gente comprendió que el kirchnerismo había mentido, que no se crecía repartiendo lo que no había, y que emitir y generar inflación tiene un costo alto.

    Tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que muchos argentinos terminaran de entenderlo y acompañaran el proceso. Y creo que Mauricio —y lo dije—, sin Macri no habría existido Milei, porque Macri sembró la semilla del cambio en varios sentidos: fue el primero en señalar que el déficit fiscal no es tolerable y en pelear porque los servicios públicos se paguen lo que valen. Para muchos fue difícil acompañar y entender eso; hoy esos argentinos defienden esa postura y reconocen que este camino evita un mal destino.

    Creo que Milei representa, en parte, esa maduración y evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí no me gustan las formas del gobierno: no me agrada el insulto ni la agresión. Siempre sostuve que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar; donde ejercí el poder eso quedó demostrado. Nunca necesité insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.

    Me parece muy importante lo institucional, especialmente en esta etapa en la que lo que está en juego es algo tan frágil como la confianza. Al final del día necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar empleo, lo que implica poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo o en un kiosco; es un acto de apuesta a largo plazo que exige creer en el rumbo, en las leyes y en la justicia.

    Si la Argentina no recupera confianza en sus instituciones, no importa cuán sólido sea el programa económico. Parte de la fortaleza necesaria para lo que viene no es económica ni depende de Toto Caputo: es disponer de leyes e instituciones firmes y de fuerzas políticas racionales. Por eso es crucial el rol del PRO en 2027 y el de otros dirigentes que opten por ser alternativa a Milei: para garantizar continuidad y que no recaiga todo el peso en una sola figura, porque estos rumbos tienen costos y requieren apoyo político.

    Me recordó a Alfonsín en una entrevista que le hice tras dejar la presidencia: decía que en los 80 no estaban dadas las condiciones para ciertas reformas que él consideraba necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar parte de Aerolíneas con SAS hubo rechazo social y sindical. ¿ Ves un paralelismo con que la sociedad de 2023 fue un tiempo de incubación para ideas que en 2015 no eran llevaderas?

    Creo que los insultos por sí solos no garantizan el éxito de ninguna política pública. Las sociedades cambian y evolucionan; también hay que reconocer que no pudimos aplicar muchas ideas por errores propios, no todo es culpa de la sociedad. Recomiendo leer a Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso, donde se habla de cómo el plan de Sourrouille quedó trabado por las dificultades con los sindicatos, el peronismo y una sociedad que no quería ese rumbo. Alfonsín tenía razón en señalar las restricciones de su tiempo.

    Entonces, ¿los insultos y la agresividad son parte de la solución o del problema? ¿Es ese uno de los puntos en que el PRO difiere y sostiene que los insultos no generan seguridad jurídica sino que la debilitan?

    No hay duda: no son parte de la solución. Nunca creí en los insultos; mucho menos cuando se insulta a empresarios mientras se les pide que inviertan en la Argentina. Es contradictorio y sorprendió a muchos en Nueva York escuchar a un presidente criticar a empresarios al mismo tiempo que buscaba inversión. Los insultos no son la solución, pero el PRO tiene diferencias más profundas que no se reducen solo a las formas.

    Por ejemplo, creo que Nacho Torres, gobernador de Chubut, enfrentó un problema serio en Comodoro Rivadavia: las cuencas petroleras estaban maduras y YPF decidió vender esos pozos, lo que amenazaba muchos puestos de trabajo en una ciudad que vivía del petróleo. ¿Qué hizo el gobernador? No se limitó a decir que era asunto del mercado: fue al lugar, habló con sindicatos, negoció convenios, gestionó con la Nación para bajar retenciones al petróleo, redujo impuestos provinciales y promovió que nuevas empresas compraran esas cuencas maduras. ¿Se resolvió todo solo por el mercado? No. Hubo una articulación entre Estado provincial, Nación, sindicatos y privados para lograr que el negocio volviera a ser rentable y se conservaran los empleos. Hoy hay nuevas empresas instaladas y esos puestos ya no corren riesgo.

    Por eso creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno considera que la inversión en infraestructura debe quedar en manos privadas, pero hay obras —como la Cuenca del Salado— que no pueden ejecutarlas los privados porque implican coordinar a cientos o miles de propietarios en decenas de municipios. Esa obra, que debería haberse terminado en 2022 si se hubieran cumplido los plazos, no se finalizó por falta de fondos provinciales y nacionales. Es una obra que tiene que hacer el Estado y que, además, se paga sola: al terminarla se recuperarían 2 millones de hectáreas productivas que hoy no producen.

    ¿Debe invertir el Estado en una obra que luego se amortiza por sí misma? Creo que sí: el Estado tiene un papel en la infraestructura y en la generación de empleo. También en la educación, que hoy está postergada en la Argentina. Tengo una ONG, CEMOS, no partidaria, que enseña comprensión lectora y matemática a 2.000 chicos en comunidades vulnerables de todo el país. ¿Por qué? Porque la mitad de los niños en Argentina no entiende lo que lee y, en la era de la inteligencia artificial, donde queremos que manejen herramientas como Gemini, si no comprenden textos no podrán ni siquiera escribir un prompt.

    Tengo diferencias con La Libertad Avanza: no creo en un Estado mínimo sino en un Estado eficiente, capaz de proveer servicios públicos que el privado no querría asumir, y que también potencie el desarrollo económico. Durante la gestión de Mauricio Macri el sector privado renovó 40 aeropuertos. La semana pasada llegué al aeropuerto de Jujuy y no tiene nada que envidiarle a cualquier aeropuerto moderno; Jujuy es un destino turístico clave que, pese a las dificultades, crece sostenidamente.

    Esa inversión genera empleo: para que haya turismo primero debe existir conectividad y vuelos. Pienso en un país con una mirada productiva, orientado al trabajo, que no sea un Estado subsidiador ni deficitario, que no emita compulsivamente ni genere inflación: un país más normal.

    Se podría decir que la diáspora del PRO terminó; quienes se fueron ya lo hicieron y ahora podrían volver a acercarse. Mencionás a Horacio Rodríguez Larreta y las conversaciones para su regreso. Además, conozco tu relación con él, así que parecés la persona indicada para hablar del tema.

    Con Horacio seguimos siendo amigos, pero desde que se fue del PRO hablamos poco de política porque no coincidimos en todo. Lo mejor del PRO no es tanto quienes se fueron y podrían volver, sino lo que se está construyendo hoy: como presidenta de la Fundación Pensar, tenemos un programa con la Universidad de San Andrés, la Torcuato Di Tella y la Universidad Austral para formar líderes menores de 40 años en todo el país. Es uno de mis mayores orgullos: muchos de esos jóvenes —procedentes del sector privado o con trayectoria en lo público— serán futuros gobernadores, presidentes, intendentes, diputados y senadores. El PRO siempre defendió la idea de equipo y de gestión: la gestión y el equipo importan.

    Un ejemplo claro es Toto Caputo y su equipo en Economía. Toto no llegó solo: trajo a funcionarios que lo acompañaron en administraciones anteriores, especialmente en la nuestra. Santiago Bausili, presidente del Banco Central; Diana Mondino, hoy canciller; Pablo Lavigne, secretario de Comercio: no surgieron de la nada, formaron parte de un equipo que ya sabía cómo trabajar en conjunto. Eso fue clave en el programa económico del gobierno. Quizá no siempre aparece en los titulares, pero creo profundamente en esa lógica: el PRO sigue construyendo equipos.

    Ahí está la diferencia entre un empresario o un consultor y un partido orgánico. Milei plantea que, tras su gestión, desaparecerá la figura política y que la batalla cultural generará alternativas espontáneas, pero no crea un partido estructurado como el PRO. ¿No es esa la diferencia fundamental?

    Sin duda. El PRO ha sabido construir cuadros para gobernar distintos distritos. Mauricio —como buen ingeniero— tiene una visión de constructor y entendió desde el inicio la importancia de los equipos, lo que permite hoy gobernar intendencias en todo el país. Recomiendo fijarse en gestiones como la de Esteban Allasino en Luján de Cuyo, Mendoza: es un modelo de gestión. Si se observa la provincia de Buenos Aires o la Ciudad de Buenos Aires, se ve esa impronta; hoy, por ejemplo, todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a herramientas como Gemini en las escuelas.

    Somos un espacio que forma líderes y arma equipos porque no queremos quedarnos para siempre en el mismo lugar. Deseo que el PRO persista aun cuando yo no esté en la política: que haya otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan.

    ¿Existe la posibilidad de que vuelva al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participes?

    No participé en ninguna discusión interna del PRO sobre ese tema hasta ahora. No lo hablé con el jefe de Gobierno ni con Mauricio; no estuve en reuniones donde se haya tratado, ni con Horacio. Él decidió irse en la última elección y, en las últimas veces que lo escuché, fue muy crítico con el espacio.

    También es cierto —y lo conversamos en el PRO, incluso antes del acto; lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde se percibe poca escucha del Gobierno sobre las dificultades cotidianas de la gente, resulta complejo que la política viva paralelamente discutiendo 2027. Hay que debatir el futuro, pero no puede ser la prioridad cuando la gente la está pasando muy mal.

    Me gustó la medida de Jorge la semana pasada, al bajar impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. Ese es el enfoque: pensar continuamente cómo aliviar. Si bien la macroeconomía no depende de nosotros, desde los lugares que gobernamos podemos reducir la carga impositiva y mejorar servicios.

    ¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?

    No es una cuestión de gusto personal. El PRO debe debatirlo y él también debe querer volver. Para que eso ocurra se necesitan ambas voluntades; y para ser franca, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado ni con Horacio ni con el PRO.

    Pasando a otro tema: Durán Barba dice que Patricia Bullrich nunca fue realmente del PRO. ¿Te quedó un sabor amargo por su actitud con el partido? ¿Cómo evaluás su paso y su eventual proyección como candidata?

    Creo que estuvo bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Que siendo presidenta del partido decidiera irse después del balotaje y acordar su lugar en el Gobierno sin consultar al partido demuestra una lógica distinta. En ese sentido coincido con Jaime: no era del PRO en la concepción de trabajo en equipo.

    Las explicaciones no me las debe dar a mí sino, en todo caso, a sus electores, a quienes la apoyaron en ese 24% y muchos dentro del PRO esperaban que siguiera en el espacio. No cuestiono que haya sido ministra: me parece que fue valiosa tanto con Mauricio como con Milei. La discusión es si fue una decisión del partido o individual; siendo presidenta del PRO, debería haber compartido esa decisión con el partido. Dicho eso, creo que hizo un buen trabajo como ministra y que hará un buen trabajo como senadora. Al final, el veredicto lo da la sociedad: es la gente la que decide si estuvo bien o mal lo que hicimos.

    ¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?

    Creo que es una decisión personal. Los políticos solemos rendir mejor fuera del poder; uno aprende cuando ya no está en el ejercicio. Pienso que Mauricio aprendió lo necesario. Sería un gran presidente, aunque es una decisión íntima porque implica entregarse por cuatro años, y hay que estar dispuesto a eso. Si no lo está, está bien que no lo haga.

    Como miembro del PRO, por supuesto me gustaría que se presente.

    ¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o el país no estaba preparado?

    Sí, sin dudas. No puedo asegurar el resultado con el diario del lunes, porque quizá el cambio radical habría triunfado igualmente con Milei, pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.

    ¿Y vos vas a ser candidata en 2027?

    Hoy no está en mis planes. Estoy muy volcada a lo privado: al terminar mi mandato armé una consultora y estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta ahí.

    Pero eso no significa renunciar a la política. Como presidenta de Pensar y miembro del PRO sigo trabajando por un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que me verán seguir empujando desde lo público.

    MV/ff

  • María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    María Eugenia Vidal: “Está bien que Bullrich se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”

    El partido Propuesta Republicana se ubica como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, respaldando sus reformas sin asumir una oposición frontal y, al mismo tiempo, procurando consolidarse como alternativa política de cara a 2027. Aun así, María Eugenia Vidal evaluó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), los límites y desafíos de ese apoyo, marcó diferencias con el oficialismo y dejó definiciones contundentes, entre ellas su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.

    La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.​

    Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.

    El PRO tiene futuro. En primer lugar, no sólo porque exista como fuerza, sino porque hoy en la Argentina cumple una función: defender el cambio y que no haya una sola fuerza que lo sostenga —la del presidente Milei— y también ofrecer una alternativa capaz de consolidar confianza y atraer inversiones para generar empleo.

    El problema que tuvimos cuando gobernábamos, y que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien del kirchnerismo que dé marcha atrás. Esa incertidumbre frena decisiones, incluso a muchos argentinos a quienes el Gobierno pretende incentivar para que saquen los dólares del colchón, pero que no lo hacen por temor tras años de péndulos políticos. Por eso sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza, aun si fuera segunda, que ayude a terminar con la incertidumbre sobre qué va a pasar cuando cambie el presidente en dos años.

    En la Argentina, muchos medios plantearon que la discusión era si Milei sería reelecto. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Creo que el PRO tiene la responsabilidad, junto a otras fuerzas, de impulsar que haya un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. Si quedara segundo y La Libertad Avanza primero, en un balotaje tendría más chances de imponerse, porque sectores del centro —y especialmente quienes rechazan la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.

    No quiero adelantarme demasiado, pero lo crucial sería que, sin importar quién ganara ese balotaje, el mundo y los propios argentinos empezaran a creer que se puede generar trabajo acá, producir y crecer sin cambios abruptos de un día para otro, con seguridad jurídica, leyes estables, sin cepo; un país más parecido a nuestros vecinos. No hablo de naciones muy desarrolladas, sino de países que mantienen reglas más allá de quién sea presidente.

    En el último discurso de Mauricio Macri, plantea que, independientemente de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que todavía no se contemplan, como si el Presidente hubiera cumplido o estuviera llevando adelante el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.

    El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que consiguió sacarnos de la montaña rusa cotidiana —como comprobar al ir al supermercado— y traer alivio y cierta tranquilidad. La estabilidad consiste en poder permanecer un tiempo en un lugar sin sentir que no se puede tomar ninguna decisión económica.

    Ahora falta progreso: nos falta bienestar. Estamos más tranquilos, pero muchos no alcanzan a llegar a fin de mes. Hay personas que no sólo buscan empleo, sino un segundo trabajo; eso también impacta en las cifras de desocupación. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza: lo que queda después de pagar servicios, transporte y luz no permite cubrir el mes. Y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas extremadamente altas.

    La Argentina de hoy, donde cierran locales y empresas, no es un país con progreso: es estable, pero sin avance. Eso es lo que sigue: la estabilidad por sí sola no alcanza, porque se puede estabilizar con ingresos insuficientes, pobreza o desigualdad. Necesitamos recuperar crecimiento que distribuya sus beneficios a todo el país, no sólo a provincias mineras, petroleras, energéticas o del campo.

    Creo que esa es la segunda etapa a la que se refiere Mauricio, sin desconocer la primera, cuyo mérito reconocemos. Nos sentimos protagonistas de ese logro: sin el apoyo del PRO ese proceso no hubiera sido posible. La Ley Bases, el RIGI y el presupuesto habrían sido difíciles sin nuestro aporte. El PRO fue pilar fundamental en los primeros años de debilidad parlamentaria e institucional para que el Gobierno pudiera avanzar. Decimos: está muy bien, no lo cambiemos, es correcto, pero hay que hacer más.

    Déjame ir al pasado para volver al futuro. Uno de los argumentos en la diferencia entre La Libertad Avanza y el PRO tiene que ver con las formas, con el republicanismo, con el respeto a determinadas costumbres, inclusive, en algunos casos, con el respeto constitucional. Y uno de los argumentos de La Libertad Avanza, o de sectores de La Libertad Avanza, es: bueno, pero sin estas formas no se hubiera hecho posible, como no le fue posible al PRO, justamente por cuidar las formas. En otras entrevistas a otros líderes del PRO como vos, muchos me marcaron: no, nosotros creemos que no es que en las formas esté el problema, sino, al contrario, son las formas las que luego le van a dar garantía jurídica y continuidad a esto. Tu reflexión sobre si es cierto, como dice La Libertad Avanza, que las ideas no pudieron avanzar en la época de Macri porque ustedes eran tibios, para decirlo de alguna manera, o si, al revés, estas formas que lleva adelante el gobierno —de ideas que son parecidas— son contraproducentes porque finalmente alejan.

    Primero, hay que reconocer a quien corresponde. Así como creo que hubo una decisión política del presidente de iniciar esta etapa de estabilidad, y que hubo una gran tarea de Toto Caputo, también hubo un apoyo clave del PRO. Pero los verdaderos protagonistas de la estabilidad son los argentinos que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes y que, aunque hoy les vaya mal, siguen creyendo que les va a ir mejor; ese acompañamiento social es histórico. La sociedad entendió que el kirchnerismo le había mentido y que repartir lo que no existe no genera crecimiento: emitir y generar inflación tiene un costo alto.

    Tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que muchos argentinos terminaran de comprenderlo y respaldaran el proceso. Y creo que Mauricio —lo dije—, sin Macri no hubiera habido Milei: Mauricio sembró la semilla del cambio en varios sentidos. Fue pionero en hablar de la intolerancia hacia el déficit fiscal y en sostener que los servicios públicos deben pagarse lo que valen. Hoy muchos defienden eso y admiten que este camino no nos lleva a un buen lugar si no se mantiene.

    Pienso que Milei es, en parte, esa maduración y evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí no me agradan las formas de este gobierno: no me gusta el insulto, no me gusta la agresión. Siempre sostuve que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar, y donde ejercí el poder eso quedó demostrado. Nunca tuve que insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.

    me parece muy importante lo institucional, especialmente en la etapa que viene, donde lo que se juega es algo tan frágil como la confianza. Al final necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar trabajo: poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo o en un kiosco es un acto de apuesta que exige creer en el rumbo, en las leyes y en la justicia.

    Si la Argentina no logra confianza en las instituciones, no importa lo sólido que sea el programa económico. Parte del éxito futuro no es económico ni depende sólo de Toto Caputo: consiste en tener leyes e instituciones fuertes y fuerzas políticas racionales. Por eso el rol del PRO en 2027 es crucial, y el de otros políticos que quieran ser alternativa a Milei, para que no recaiga en una sola fuerza sostener el rumbo, porque estos caminos son costosos políticamente. Debe haber más de una fuerza que diga “es por acá” y que la alternativa no sea Axel Kicillof, que no comparte este rumbo.

    Me vino a la memoria Alfonsín, uno de los reportajes que le hice cuando él ya había dejado de ser presidente. Y él me decía que las condiciones no estaban dadas en los 80 para hacer algunas de las reformas que incluso él creía necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar el 30% de Aerolíneas con SAS, una compañía escandinava —dado que los escandinavos además tienen fama de ser socialdemócratas y todo lo contrario a hipercapitalistas—, creo que a Terragno, que en esa época llevaba adelante el ministerio que tenía esa tarea, le tiraban huevos, y que la sociedad no había aceptado esas ideas en los 80 y en los 90. ¿Encontrás un paralelismo con que, al mismo tiempo, la sociedad actual o la del 2023 fue un tiempo de incubación necesaria de determinadas ideas y consideró que esas ideas eran potables y no lo eran en 2015? Por más que, si Milei hubiera sido presidente en 2015, tampoco las hubiera podido aplicar.

    Los insultos por sí mismos no garantizan el resultado de ninguna política pública, sea cual sea. Sí creo que las sociedades evolucionan y cambian de idea. Tampoco quiero eludir que no pudimos implementar muchas iniciativas por errores propios; no hay que responsabilizar sólo a la sociedad. Recomiendo leer el libro de Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso, que relata cómo el plan de Sourrouille, con una orientación ortodoxa de ajuste y estabilización similar a debates actuales, se trabó por las dificultades de los sindicatos, del peronismo y de una sociedad que no quería seguir ese rumbo. Lo que decía Alfonsín tiene verdad, pero siempre está la restricción de su tiempo.

    Ahora, que quede claro: ¿los insultos o la agresividad son parte de la solución o son parte del problema? Es decir, eso sería, intuyo, uno de los elementos que el PRO vendría a decir: “No, los insultos no generan seguridad jurídica, son parte del problema, no son la herramienta de la solución”. ¿O lo entiendo mal?

    No, sin duda no son parte de la solución. Nunca creí que los insultos ayuden; menos aún cuando se insulta a empresarios estando a la vez invitándolos a invertir en Argentina. ¿No es contradictorio? Sorprendía a muchos que en Nueva York un presidente hablara en contra de empresarios mientras pedía inversión. No creo que los insultos sean la solución, pero sí quiero subrayar que el PRO tiene diferencias más profundas con La Libertad Avanza, no sólo en las formas.

    Por ejemplo, creo que Nacho Torres, gobernador de Chubut, afrontó una prueba seria con Comodoro Rivadavia, una ciudad nacida alrededor de los pozos petroleros. Las cuencas están maduras y YPF, uno de los principales operadores, decidió vender esos pozos en el gobierno de Milei, lo que implicaba pérdida de empleo. ¿Qué hizo el gobernador? No dejó todo al mercado: se involucró, habló con sindicatos, gestionó reducción de retenciones al petróleo, bajó impuestos en la provincia y promovió la entrada de nuevas empresas para explotar las cuencas maduras. ¿Lo resolvió el mercado solo? No. Tampoco el Estado repartió subsidios indiscriminados. Fue una articulación entre provincia, nación, sindicatos y sector privado para que se sigan sosteniendo los puestos de trabajo, y con éxito: hoy hay nuevas empresas en Comodoro y esos empleos ya no están en riesgo.

    Creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno sostiene que la inversión en infraestructura debe quedar en manos privadas, pero pongo un ejemplo que viví como gobernadora: la Cuenca del Salado, una obra de regulación hídrica que debería haberse concluido en 2022 si se hubieran cumplido plazos. No se terminó porque ni la provincia ni los gobiernos nacionales —ni de Alberto ni de Milei— pusieron los fondos necesarios. Es inviable que privados coordinen a cientos o miles de chacareros y propietarios en 50 municipios: es una obra que debe encarar el Estado y que, además, se paga sola, porque recuperará 2 millones de hectáreas productivas que hoy no producen y volverán a producir.

    ¿Debe invertir el Estado o el privado en una obra que luego se autofinancia? Creo que el Estado debe asumir su rol en infraestructura y en generación de empleo. También tiene responsabilidad en la educación, que hoy está muy rezagada. Tengo una ONG, CEMOS —no partidaria— que enseña a 2.000 chicos en comunidades pobres del país a comprender textos y a hacer matemáticas. ¿Por qué? Porque la mitad de los chicos en Argentina no entiende lo que lee y, en la era de la inteligencia artificial, donde se espera que manejen herramientas como Gemini, si no entienden lo que leen no podrán escribir un prompt.

    Tengo diferencias con La Libertad Avanza: no creo en un Estado mínimo, sino en un Estado eficiente que provea servicios públicos que el privado no afrontaría, con una mirada orientada al desarrollo económico. En la gestión de Mauricio Macri el concesionario privado renovó 40 aeropuertos. La semana pasada aterrizé en el aeropuerto de Jujuy: no le envidia nada a un aeropuerto moderno del mundo. Jujuy es un destino turístico clave que, pese a las dificultades, crece sostenidamente.

    Esas inversiones generan empleo: para que haya turismo hace falta conectividad y vuelos. Pienso en un país con mirada productiva y de desarrollo del trabajo, que no sea un país de subsidios, déficit, emisión e inflación: un país más normal.

    Se podría decir que la diáspora del PRO se acabó, que quienes se fueron ya lo hicieron y, por el contrario, ahora podría haber personas que vuelvan a acercarse. Pongo el caso Horacio Rodríguez Larreta y esas conversaciones para que regrese. Además, conozco tu relación con él, entonces me parece que sos, a lo mejor, la persona ideal para poder hablar de esto.

    Con Horacio seguimos siendo amigos, aunque desde que se fue del PRO hablamos poco de política porque no siempre coincidimos. Creo que lo más valioso del PRO no es quien se fue y tal vez regrese, sino lo que se está construyendo ahora. Como presidenta de la Fundación Pensar, impulsamos un programa con la Universidad de San Andrés, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Austral para formar líderes menores de 40 años en todo el país. Es uno de mis mayores orgullos: muchos vienen del sector privado y otros del sector público; serán futuros gobernadores, intendentes, diputados y senadores. El PRO siempre sostuvo la idea de equipo y gestión: la gestión y el equipo importan.

    Un ejemplo claro es Toto Caputo y su equipo en Economía. Toto no llegó solo: trajo funcionarios que lo acompañaron en administraciones previas, sobre todo en la nuestra. Personas como Santiago Bausili, presidente del Banco Central, Diana Mondino, hoy canciller, Pablo Lavigne, secretario de Comercio, surgieron de un equipo que ya sabía trabajar en conjunto. Esa cohesión fue clave en el programa económico del gobierno. Tal vez no aparece en los títulos, pero creo profundamente en ello y el PRO sigue construyendo equipos y apostando a esa lógica.

    Ahí estamos frente a la diferencia entre un empresario y un asesor, o un consultor. Milei plantea que después de determinado período no le van a ver más el pelo y que se lleva la batalla cultural para que espontáneamente se generen alternativas, pero no crea un partido político orgánico como es el PRO. Entonces, me parece que detrás del PRO hay una lógica de constructor, de alguien que arma algo que lo trasciende, mientras que un consultor es más bien un cuentapropista. Entonces, me pregunto: ¿en esa construcción de cuadros no reside la diferencia fundamental del PRO con La Libertad Avanza?

    Sin duda, el PRO ha logrado construir equipos para gobernar en diversas jurisdicciones. Mauricio, como buen ingeniero, piensa como constructor y tuvo claro desde el inicio la importancia de los equipos, lo que permite hoy gobernar intendencias en todo el país. Recomiendo mirar gestiones como la de Esteban Allasino en Luján de Cuyo, Mendoza, un modelo de gestión que forma parte del equipo del PRO. Si se observan las administraciones en la provincia de Buenos Aires o en la Ciudad de Buenos Aires… hoy, en materia de inteligencia artificial, mencioné Gemini porque todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a esa herramienta en las escuelas.

    Somos un espacio que forma equipos y líderes constantemente. ¿Por qué? Porque no pretendemos quedarnos para siempre en el mismo lugar y porque quiero que el PRO exista aun cuando yo no esté en la política. Deben surgir otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan.

    ¿Existe la posibilidad de que regrese al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participe?

    No participé en ninguna discusión interna del PRO sobre ese tema hasta ahora. No lo hablé ni con el jefe de Gobierno ni con Mauricio; no estuve en reuniones donde se tratara, ni con Horacio. En las últimas veces que lo escuché fue muy crítico con el espacio.

    También es cierto —y lo debatimos en el PRO, incluso antes del acto; lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde al Gobierno le cuesta escuchar lo que la gente vive en su día a día y mantiene apoyo pese a las dificultades, es complejo que la política viva paralela discutiendo el 2027. Hay que debatirlo, pero no puede ser prioridad ante la urgencia de la gente que la está pasando muy mal.

    Me pareció muy acertada la medida de Jorge la semana pasada, al bajar impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. En eso debemos estar: pensando en aliviar. Si bien no depende de nosotros la macroeconomía, desde los lugares que gobernamos podemos reducir cargas impositivas y mejorar servicios.

    ¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?

    No se trata de si a mí me gusta o no. El PRO tiene que decidirlo y él también. Deben darse ambas cosas: que el partido lo debata y que él quiera regresar. Honestamente, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado, ni con Horacio ni con el PRO.

    Entonces, pasemos a otro carácter que integraba antes… no sé si integraba es la palabra correcta. Durán Barba siempre dice que Patricia Bullrich no era el PRO y que, entonces, no sería alguien que se fue, sino que nunca formó parte. ¿Te quedó un sabor amargo con Patricia Bullrich y la actitud que tuvo con el PRO? ¿Cuál es tu mirada hacia el pasado y su proyección a futuro como eventual candidata?

    Creo que está bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Quien siendo presidenta del partido decidió irse tras el balotaje y acordar su lugar en el Gobierno sin consultarlo con el partido ni con otros dirigentes actúa con una lógica distinta. Por eso considero acertado que se haya ido; en eso coincido con Jaime: no era del PRO.

    Las explicaciones no me las debe dar a mí sino a sus electores, a quienes la acompañaron en ese 24% y muchos desde el PRO esperaban que continuara en el espacio. No cuestiono su desempeño como ministra; me pareció valiosa con Mauricio y también con Milei. La discusión no es esa, sino si fue una decisión del partido o individual. Como presidenta del PRO, con esa responsabilidad, debía compartirla con la fuerza. Ya pasó. Creo que hizo un buen trabajo como ministra y hará un buen trabajo como senadora. Al fin y al cabo, los políticos estamos sometidos al voto: es la sociedad la que define si estuvo bien o mal lo que hicimos.

    ¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?

    Creo que él puede elegir. Los políticos solemos rendir mejor fuera del poder; se nota que quien ya aprendió lo necesario suele estar más preparado. Pienso que Mauricio aprendió lo que tenía que aprender. Sería un gran presidente, pero es una decisión muy íntima, porque implica entregar la vida durante cuatro años y hay que estar dispuesto. Si no lo está, está bien que no lo sea.

    Desde el PRO, por supuesto, me encantaría que lo fuera.

    ¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o la Argentina no estaba preparada?

    Sí, sin duda. No puedo anticipar con certeza el resultado a posteriori: tal vez la idea de cambio radical habría triunfado de todos modos con Milei. Pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.

    ¿Y vos vas a ser candidata en 2027?

    Hoy no está en mis planes. Estoy muy abocada a lo privado. Tras terminar mi mandato armé una consultora y además estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta en eso.

    Pero eso no implica abandonar la política. Como presidenta de Pensar y miembro del PRO sigo trabajando por un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que van a seguir viéndome empujando en lo público.

    MV/ff

  • Oposición impulsa reforma electoral para desafiar la hegemonía del PJ en Córdoba

    Oposición impulsa reforma electoral para desafiar la hegemonía del PJ en Córdoba

    En un año preelectoral que ya perfila la disputa rumbo a 2027, el arco opositor volvió a poner sobre la mesa una agenda incómoda para el peronismo que gobierna la provincia. El telón de fondo es doble: el clima reformista nacional impulsado por Javier Milei y un ciclo de casi tres décadas del PJ obligado a revalidar poder en un escenario más competitivo.

    Con una batería de proyectos para modificar el Código Electoral Provincial, fuerzas que van desde el vecinalismo hasta la UCR, el PRO y el liberalismo libertario intentan instalar la necesidad de una reforma al reflotar su reclamo por “la cancha inclinada” y las ventajas estructurales del oficialismo.

    El disparador más potente es el proyecto insignia de Encuentro Vecinal (EV), que volvió a poner en agenda una queja histórica: la fecha fija. Con su iniciativa, Gerardo Grosso subió la apuesta al proponer unificar los comicios provinciales con los nacionales y fijarlos el cuarto domingo de octubre.

    El cambio resulta una bomba para el PJ: implica quitarle al gobierno —hoy en manos de Martín Llaryora— la facultad de desdoblar y elegir la fecha de votación, una herramienta clave que históricamente permitió ordenar la competencia según su conveniencia.

    La discusión no es nueva, pero cobró otra dimensión tras la modificación impulsada por el PJ en noviembre de 2023, que amplió la discrecionalidad del Ejecutivo al habilitar una ventana de hasta nueve meses para convocar a elecciones. Lejos de un esquema de previsibilidad como el nacional, ese cambio consolidó —según la oposición— un modelo donde el calendario se volvió una pieza clave de la estrategia política.

    En ese punto, Grosso fue contundente: “Es jugar con desventaja”, afirmó, y reclamó “reglas claras para que todos los que quieren participar sepan cuándo y se preparen con tiempo”. La crítica apunta a la “ingeniería electoral” del poder, una práctica extendida pero que en Córdoba se volvió una marca del oficialismo.

    El proyecto vecinalista no se limita a la fecha fija. También propone acotar la campaña —con una ventana de 45 días y restricciones a la publicidad en medios y redes—, prohibir el uso de publicidad oficial con fines proselitistas, establecer debates obligatorios entre candidatos a gobernador y endurecer sanciones ante incumplimientos.

    Reglas claras y costo electoral

    La lógica del vecinalismo, compartida con otras fuerzas opositoras, se funda en “reglas claras”: ordenar el proceso, reducir la discrecionalidad y transparentar la competencia. “No estamos de campaña todo el tiempo”, planteó el opositor al cuestionar una dinámica donde la frontera entre gestión y proselitismo se diluye. Incluso advirtió sobre el impacto institucional de votar con demasiada anticipación: un gobierno podría quedar “ocho meses sabiendo que no va a continuar”, con riesgo de “descalabro” en la transición.

    A ese planteo se suma el costo electoral, una variable que juega fuerte en el actual contexto de crisis. Desde el partido vecinalista advierten que el desdoblamiento generó en 2023 un sobrecosto del 62%. Los últimos comicios provinciales demandaron cerca de $23.000 millones.

    En ese marco, sostienen que la unificación con Nación permitiría ahorrar en logística y evitar que los ciudadanos tengan que concurrir a votar en múltiples ocasiones. La idea conecta con una demanda social más amplia: eficiencia del gasto público y simplificación del calendario electoral.

    Eliminar la “trampa”

    En paralelo, otro eje de la ofensiva opositora se centra en el diseño de la Boleta Única de Sufragio (BUS), uno de los pilares del sistema cordobés. Oscar Saliba (UCR) impulsa un cambio quirúrgico, pero de alto impacto: eliminar el tramo de “voto lista completa”, una vieja “trampa” de origen, según los opositores, que tiene sello del dirigente histórico del PJ “El Mingui” Carbonetti.

    Según sus argumentos y la experiencia en la práctica, ese casillero genera confusión y favorece el arrastre de las listas encabezadas por candidatos más competitivos. “Se presta a confusión” y no es “sano para el sistema”, remarcó el boina blanca, al defender que el elector deba elegir “tramo por tramo”.

    La crítica no es solo técnica: pone en cuestión un mecanismo que, según el arco opositor, distorsiona la voluntad del votante. “Yo perdí varios votos con eso”, graficó Saliba, un dirigente territorial del sur-sur cordobés, al advertir que en elecciones ajustadas esos errores pueden resultar decisivos.

    El planteo es compartido por otros sectores. La legisladora amarilla Patricia Botta también propone eliminar ese tramo y advierte que la ubicación del casillero, junto a la foto del candidato a gobernador, puede inducir al error. “Marcar cada casillero da la opción de votar diferente sin que anulen su boleta”, declaró.

    En la misma línea, la deloredista Alejandra Ferrero consideró que la boleta actual “muchas veces se presta a confusión” y valoró el debate como una oportunidad para mejorar la transparencia del sistema. Asimismo, la radical expresó su apoyo al proyecto vecinalista. “Da previsibilidad y seguridad jurídica”, dijo, y remarcó: “Es una barbaridad que nos hagan votar en fechas distintas con el gasto millonario que eso implica”.

    Más cambios

    Se suman otras iniciativas que amplían la discusión: propuestas como las de Gregorio Hernández Maqueda para incorporar debates obligatorios, la derogación de la “Ley Riutort” (que establece el cupo femenino), reglas sobre financiamiento y la neutralidad de la publicidad oficial, junto a proyectos sobre reelecciones comunales (del legislador Mauricio Jaimes) y accesibilidad para personas con discapacidad (de Inés Contrera). En conjunto, configuran un paquete que, aunque diverso, converge en un punto: cuestionar las reglas que ordenaron la competencia política en Córdoba durante casi 30 años de hegemonía peronista.

    “Es un abuso de poder claro”, fustigó Hernández Maqueda, apuntando sus dardos al oficialismo en la definición del calendario electoral. La frase condensa el eje discursivo de la oposición: la necesidad de equilibrar la cancha. En un contexto donde el PJ se encamina a cumplir tres décadas en el poder, la discusión sobre la reforma electoral deja de ser sólo técnica y se vuelve —en su esencia— política. No se trata sólo de cómo se vota, sino de bajo qué condiciones se compite. Es el reclamo histórico de la oposición.

    Con este paquete de iniciativas, la oposición busca instalar la necesidad de cambios para redefinir las reglas del sistema local en medio del clima reformista de Milei. Y en ese terreno, el PJ no hará nada que sume un factor de riesgo para la reelección de LLaryora. La fuerte pulseada ya empezó y tiene como horizonte 2027.

  • Ricardo Quintela respalda a Kicillof: “es el compañero más preparado para gobernar el país”

    Ricardo Quintela respalda a Kicillof: “es el compañero más preparado para gobernar el país”

    La Argentina atraviesa una recesión profunda: hay riesgo de cierre de miles de pymes, deterioro en el empleo, aumento del desempleo y un mercado interno debilitado que intensifica el malestar social. En ese marco, el gobernador de la provincia de La Rioja, Ricardo Quintela, analizó en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) este escenario crítico; propuso reorganizar el peronismo de cara a 2027 y respaldó a Axel Kicillof con una definición contundente: “Es el compañero más preparado para gobernar el país“.

    Ricardo Quintela, dirigente peronista, gobierna la provincia de La Rioja desde 2019. Antes de asumir la gobernación, desarrolló una extensa trayectoria en la política local: fue intendente de la ciudad de La Rioja por dos mandatos y ocupó cargos legislativos, lo que lo consolidó como una figura con fuerte base territorial dentro del justicialismo.

    ¿Cómo ve la situación actual? ¿Cómo ve el peronismo? ¿Cómo se imagina 2027? Háganos primero un balance.

    El peronismo está atravesando una discusión interna y un proceso de reordenamiento. Hay acumulación de fuerza a partir de la convocatoria a diversos compañeros, incluidos algunos que en su momento creyeron haber dado herramientas para poder desarrollar un gobierno eficiente y que hoy advierten que se equivocaron —o que todos nos equivocamos, un poco cada uno—. Pero es imprescindible recuperar el rumbo del movimiento nacional justicialista, junto con un conjunto de partidos políticos, las centrales obreras y muchos compañeros que militan en otros espacios. Debemos conformar un frente lo más amplio posible que permita ser una referencia clara y notable para todo el pueblo argentino y aplicar políticas activas que permitan salir con rapidez de esta crisis que nos impuso este gobierno.

    Estuvo reunido con Miguel Ángel Picheto también, entre las múltiples reuniones. Usted es un hombre que se reúne con todo el mundo, pero cuénteme, ¿le asigna a esta tarea que está haciendo Picheto —que se había ido del peronismo a ser candidato a vicepresidente junto con Macri y su regreso— un rol importante? ¿Cómo está viendo ese trabajo de él?

    Mire, valoro el trabajo de todos los compañeros que quieran sumar y potenciar la construcción de un espacio común, donde podamos sentarnos a diseñar el camino que debe transitar la mayoría de los argentinos para alcanzar el objetivo final: un país en crecimiento, con desarrollo, oportunidades y posibilidades para todos. Créame, no es tan difícil: se trata de decisión y voluntad política para enfrentar, en el buen sentido, a nuestros acreedores. No fuimos nosotros quienes nos endeudamos en exceso, sino gobiernos anteriores que atacaron al gobierno de Alberto Fernández y, lejos de corregir sus problemas, los profundizaron y destruyeron aspectos positivos como la obra pública, programas de salud, educación, seguridad y el desarrollo de la economía regional.

    Por eso considero muy importante el diálogo entre los compañeros, la conversación con partidos afines, con los trabajadores, los industriales y los empresarios. Argentina es un país potente y, pese a quienes la han perjudicado, no van a poder anular esa potencia. Pero será necesario exigir, algo que hasta ahora no hicimos: la rendición de cuentas de quienes dejan el gobierno. Que no se vayan del país sin explicar a los argentinos qué hicieron con los pesos y con la plata de los argentinos y qué hicieron con la esperanza de la gente.

    Recién decía, para no usar otra palabra que quedó tácitamente expresada, ya ha mostrado ese carácter cuando intentó presidir el partido peronista y allí, en un proceso y en un contexto distinto al que hoy estamos, quedó Cristina Fernández de Kirchner antes de que sea condenada. ¿Usted cree que es imprescindible crear una interna dentro del partido? ¿Que primero renueve las autoridades del partido? ¿Cree que eso ya no es lo importante y lo que tendría que haber es una gran interna para decir quiénes son los candidatos? ¿Cómo engancha su deseo de haber sido presidente del Partido Peronista hace 3 años?

    La democracia interna de nuestro movimiento es esencial por varias razones, sobre todo porque pone de pie lo que yo llamo un gigante dormido: el peronismo. Lo pone de pie manteniendo la diversidad de matices que tenemos. Si mostramos primero al pueblo peronista y luego a todo el pueblo argentino que existe una oferta electoral interesante —con mucha materia prima, capacidades, experiencia y trabajo en equipo—; si evidenciamos que conocemos los problemas del país y la potencialidad de cada región, podemos generar nuevas expectativas. Muchos de quienes hoy conducen no conocen el país ni sus regiones.

    Argentina tiene todo para salir adelante. En muchos sentidos somos la envidia de otros países: tenemos mar, montañas, nieve y la reserva de agua dulce más importante. Nuestra cordillera está llena de riqueza y recursos hidrocarburíferos; contamos con petróleo, gas y carbón. Contamos además con una industria itícola (vitivinícola) que estamos desmembrando cuando deberíamos potenciarla. Nuestra industria agropecuaria también sufre deterioro cuando debería fortalecerse; tenemos que debatir cómo agregar valor a la materia prima.

    No quiero que el país se convierta en una economía primarizada. No nos dejen desarrollarnos. Debemos industrializarnos, invertir en nuestros científicos y en nuestras capacidades intelectuales y consolidar, con un programa de mediano y largo plazo, los cimientos de un país que crece y se desarrolla.

    Tenemos ejemplos de varios países del mundo. China, por ejemplo, planifica a escala mucho mayor que su población: nosotros, con menos de 50 millones de habitantes, contamos con recursos y no deberíamos desaprovecharlos. Tengamos claro el rumbo: vamos todos juntos a alcanzar el objetivo que nos propusimos, que es garantizar mínimamente una expectativa de bienestar para nuestra gente.

    Cuando usted se postuló para presidir el partido peronista, distintos sectores salieron en su apoyo y otros no. En ese momento, además, Cristina Kirchner, el kirchnerismo y La Cámpora tenían una fortaleza infinitamente mayor, incomparable con la que tienen hoy. Una persona que demostró independencia en ese acto y apoyarlo a usted, o por lo menos no apoyar a Cristina Fernández de Kirchner, fue el gobernador de Buenos Aires Kicillof. Cuénteme cómo sigue su relación con él, si lo imagina un candidato para 2027, si eventualmente le gustaría acompañarlo en la fórmula. Cuénteme un poco su propia relación con Kicillof.

    Mantenemos una relación muy cercana. Somos seis gobernadores, y con Axel en particular tenemos también un vínculo afectivo y de reconocimiento a su capacidad. Es el compañero que mejor instalado está para conducir, representar o conducir los destinos del país. Además, gobierna la provincia más poblada, que concentra casi 18 millones de habitantes, y enfrenta una enorme diversidad de problemas. Aun cuando él es el que mejor posicionado está, hay otros compañeros con experiencia y capacidades que debemos visibilizar.

    Tenemos a Sergio Uñac, a Juan Manuel Urtubey, a Gerardo Zamora, a Sergio Ziliotto, a nosotros mismos. Es decir, hay una oferta amplia que puede resultar atractiva para el electorado argentino.

    Si se realizan las PASO, o si se concreta una democracia interna que permita a la gente ver que podemos conformar un equipo sólido, quien resulte ganador contará con el respaldo de todos: si gana Kicillof, todos nos encolumnaríamos detrás de él; si gana otro, haríamos lo mismo, participando activamente del proyecto diseñado colectivamente.

    Estamos en esas conversaciones y esperamos contar con el beneplácito de todos los compañeros.

    Uñac planteó un llamado a una elección interna, una elección interna que, a juicio de él, tenía que ser pronto, este año, en la primavera de este año, incluso teniendo en cuenta el posible adelantamiento de las elecciones. Hay, como usted sabe, versiones que hablan de un adelantamiento de las elecciones nacionales. Pero, sin ninguna duda, hay exigencias constitucionales de muchas provincias de desdoblar las elecciones y adelantarlas. Entonces, Uñac planteaba que era imprescindible una gran interna en septiembre de este año, independientemente de las PASO. ¿Cuál es su opinión?

    Comparto totalmente. Soy un impulsor de la democracia interna del peronismo. Pero si existen las PASO, no veo sentido en realizar dos internas: la disputa se da dentro de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, donde pueden presentarse todos los candidatos bajo el lema que acordemos y quedará el mejor; el resto se encolumnará detrás de él.

    Si las PASO no se mantienen, entonces sí debe pactarse un proceso interno acordado entre compañeros y compañeras —no un acuerdo público impuesto— en el que no haya descalificaciones ni insultos. Cada uno debe exponer sus propuestas y su proyecto de país; luego cada quien hará su juego, pero siempre con respeto, para que el vencedor pueda convocar a los vencidos a integrarse al proyecto político.

    Me gustaría su visión respecto de dos extremos de ese amplio pamperonismo, que es, por un lado, gobernadores peronistas que han apoyado medidas de este gobierno. Me refiero al caso de Salta, al caso de Tucumán, al caso de su vecino Catamarca, que son peronistas, se perciben peronistas, ganaron las elecciones como peronistas y que hoy, por estar votando más cerca del gobierno, están disociados del peronismo. Y, por otro lado, el extremo de La Cámpora. Me gustaría entender si lo que usted plantea es algo que incluya también a estos dos sectores que hoy se critican tan duramente como critican entre ellos a Milei.

    No soy excluyente. Creo que hay compañeros que tienen que hacer autocrítica y mirarse hacia adentro: nos equivocamos muchas veces, somos humanos y erramos incluso trabajando según lo que creemos son los intereses de nuestros mandantes y, sin embargo, terminan perjudicándolos. Las pruebas están a la vista.

    Hay que hablarles a todos los compañeros. A quienes, creyendo ayudar, otorgaron herramientas que terminaron perjudicando a su propio pueblo —por ejemplo, con reformas laborales, con el financiamiento de los jubilados, el desfinanciamiento del sector de discapacitados— debemos confrontarlos con propuestas concretas. La crueldad de decisiones que dejan familias en la calle o en situaciones de desesperación es algo que debemos contrarrestar con hechos y propuestas claras. Y quienes en algún momento tomaron decisiones erradas siempre tienen oportunidad para corregir el rumbo. Nosotros los tenemos que convocar a todos.

    También a los compañeros de La Cámpora. Soy amigo suyo, aunque no coincida en todo; valoro que La Cámpora dispone de cuadros políticos valiosos. Tengo diferencias metodológicas y conceptuales en algunos procedimientos, pero son peronistas. Yo soy peronista: el peronismo es un movimiento, no un partido homogéneo. El peronismo hace política de masas, no foquista.

    Por eso abrazamos a todas las compañeras y compañeros que quieran acompañar al peronismo, aun cuando no militen formalmente en él. Vea la última entrevista del general Juan Domingo Perón: cuando le preguntan cómo estaba conformada la sociedad política, respondió —¿se acuerda, Jorge?— 30% socialista, 30% conservador, 30% radical y 10% independiente y peronista. No son todos peronistas. ¿Por qué los abrazaba a todos? Porque el objetivo de Perón era garantizar una distribución equitativa de oportunidades y alcanzar una patria libre, justa y soberana. Ese es el desafío que debemos asumir: ser autosustentables.

    Ricardo, que lo veo lleno de energía, su juicio sobre la situación de la expresidenta Cristina Kirchner.

    En eso vamos a coincidir todos los peronistas, aunque algunos lo expresen y otros no. Es una situación absolutamente injusta. Por ello la cuestión de la justicia debe ser debatida por el pueblo argentino y tiene que pronunciarse. ¿Cómo puedo yo ser responsable por lo que haga el director de administración de un departamento provincial? ¿Voy a ser condenado como si fuera el delincuente? Es evidente. No hace falta ser jurista para ver que esto es absolutamente injusto.

    La justicia actual, salvo excepciones, mayoritariamente no muestra en sus jueces y fiscales la autoridad moral, la dignidad ni la ética necesarias para juzgar a los argentinos, y mucho menos a una expresidenta.

    ¿Usted considera que el próximo presidente, si fuera peronista, debería indultar entonces a Cristina Kirchner?

    No voy a opinar sobre eso. Yo me pronuncio sobre el crecimiento y desarrollo del país y sobre el proceso de organización que debemos impulsar. No entraré en la discusión en la que intentan involucrarnos para que tomemos definiciones carentes de sentido. Buscamos el poder para ponerlo al servicio de la gente, no para que sirva a quienes vengan a saquearlo, sino para garantizar a los ciudadanos posibilidades de trabajo, soberanía alimentaria, educativa y sanitaria para sus hijos, y para sacar al pueblo de la situación de mendicidad y marginalidad que afecta a gran parte de la sociedad.

    ¿Cómo la está pasando La Rioja con el cierre de empresas, el aumento del desempleo, la caída del consumo y de la producción? Háganos una síntesis de la situación económica en su provincia.

    Estamos mal, como están mal la mayoría de las provincias. No somos una excepción, salvo casos puntuales como Neuquén, tal vez beneficiada por regalías o por alguna ayuda que le pueda dar el gobierno, pero esas ayudas no son consistentes ni sostenibles. Se están quedando con los recursos, con la plata de todos los argentinos.

    Quedan al frente personas que no corresponden: gente con inexperiencia en el manejo de lo público, que desconoce cómo gestionar y actúa como si fuera propietaria, haciendo lo que le place con bienes que no le pertenecen.

    Van a tener que rendir cuentas. No sé si ante la justicia actual, pero sí ante una justicia que realmente se ajuste al derecho y no actúe según intereses particulares.

    MV

  • De Loredo lanza “De Loredo Session” como mensaje opositor y apuesta a frente anti-PJ para 2027

    De Loredo lanza “De Loredo Session” como mensaje opositor y apuesta a frente anti-PJ para 2027

    En el radicalismo cordobés están contando los días para la “De Loredo Session”, que encabezará el exdiputado Rodrigo de Loredo el mediodía del sábado en el Quality. No será un acto partidario tradicional ni un lanzamiento formal de candidatura; en los hechos funcionará como un punto de consolidación de su proyecto político rumbo a 2027.

    En su entorno la describen como una instancia para darle volumen y formalidad a una aspiración que el dirigente opositor viene anunciando desde el último tramo del año pasado: disputarle la gobernación de Córdoba al PJ. Más que un lanzamiento, la presentan como un punto de partida político más orgánico, una puesta en escena para ordenar el discurso, mostrar volumen propio y proyectar liderazgo dentro y fuera del radicalismo, con la vista puesta en 2027.

    La actividad tendrá un fuerte contenido político. De Loredo realizará un diagnóstico crítico de las casi tres décadas de gobiernos peronistas en la provincia —hoy encabezados por el gobernador Martín Llaryora— y empezará a delinear algunos lineamientos de propuestas pensando en una eventual alternancia en el poder.

    Cerca del referente radical anticipan un discurso con cuestionamientos al oficialismo provincial y con una idea que se repetirá como eje político: el peronismo atraviesa un “fin de ciclo” en Córdoba. Pero la convocatoria no se limitará a la crítica; el mensaje incluirá también un primer esbozo de propuestas y lineamientos de gestión, en una lógica que el deloredismo define como un diagnóstico de la realidad provincial acompañado por ideas para una futura administración.

    Mensaje “hacia afuera”

    La llamada “session” tendrá, según prometen, un diseño cuidadosamente pensado y con impronta disruptiva. No habrá movilización de la estructura partidaria ni una convocatoria clásica de militancia. La apuesta se centra en un encuentro de tono ciudadano, orientado a interpelar a jóvenes e independientes. El mensaje, explican en su entorno, no estará dirigido a la militancia radical sino al electorado que se mantiene al margen de la dinámica partidaria.

    La dirigencia radical —intendentes y legisladores entre ellos— estará presente, pero la convocatoria se impulsó principalmente a través de redes sociales y con una lógica distinta a la de los mítines tradicionales. El objetivo es claro: hablar “hacia afuera”, aportó una voz deloredista. La clave es el votante común que no participa activamente de la política, pero que busca respuestas frente a problemas cotidianos que, según sostienen en el deloredismo, el gobierno provincial no logra resolver: salud, seguridad y presión tributaria, entre otros.

    Ese diseño también explica por qué el discurso buscará trascender al radicalismo. La idea de un frente no peronista aparece como el anclaje central del mensaje político. “La gente quiere ver a los partidos opositores trabajando juntos”, repiten cerca de De Loredo al explicar la estrategia.

    El exdiputado apuesta por instalar la idea de una coalición amplia que pueda destronar al peronismo cordobés en la próxima elección provincial. Un De Loredo “dolido” tuvo que poner la otra mejilla ante la dura crítica de Luis Juez, pero no salió a confrontarlo. En ese marco, su entorno afirma que la aspiración del referente radical a la gobernación es “genuina” y que cualquier eventual acuerdo con otras fuerzas —sobre todo con La Libertad Avanza (LLA)— debería darse en términos de aliados políticos y no en una relación de subordinación.

    Al mismo tiempo, relativizan el peso territorial del espacio libertario en Córdoba encabezado por Gabriel Bornoroni, incluso en medio del operativo de seducción que LLA viene desplegando sobre intendentes radicales.

    Intendentes y la interna UCR

    En ese terreno, De Loredo muestra su músculo político. Su entorno exhibe como una de sus principales fortalezas el despliegue territorial del radicalismo, con más de 170 intendentes en toda la provincia. “La mayoría está encolumnada detrás de Rodrigo”, aseguran interlocutores deloredistas, que ven en ese entramado de gestiones locales uno de los pilares del proyecto político para 2027.

    La disputa por ese capital territorial no está exenta de tensiones. En el radicalismo reconocen que, en medio de la crisis económica y de las finanzas ajustadas de los municipios, la relación con el poder provincial también juega su propia partida.

    La llegada de recursos y obras desde la administración de Llaryora genera un delicado equilibrio entre gestión y alineamiento político. En el deloredismo, sin embargo, relativizan esa presión. “Que agarren todo lo que puedan ahora; en algún momento habrá que clavar los tacos”, sintetizó una voz del espacio sobre el comportamiento de los jefes comunales.

    Las tensiones internas en la UCR, sin embargo, siguen latentes. Desde los núcleos opositores cuestionan que De Loredo haya corrido el eje del discurso hacia un frente opositor más amplio y advierten que en los últimos meses ni menciona al radicalismo en sus intervenciones públicas. Para ese sector, esa estrategia diluye la identidad partidaria.

    El debate se da en medio de una interna que todavía no tiene fecha formalizada. Aunque en el partido se menciona el 7 de junio como posible día de los comicios, aún no hay cronograma oficializado. Desde el mestrismo calificaron de “insólita” la situación y reclaman que se convoque al Comité Provincia para avanzar con el proceso electoral interno. En el deloredismo admiten que aún se están “ajustando” detalles, mientras que en la oposición interpretan la demora como parte de una pulseada de poder dentro del círculo del exdiputado.

    En ese tablero también pesan las diferencias con el intendente de Río Tercero, Marcos Ferrer, y sus condiciones en torno al control del partido y la conducción política de la bancada radical en la Legislatura.

    A ese escenario se sumaron nuevas fricciones políticas. El jefe radical en la Unicameral, Matías Gvozdenovich, denunció la injerencia del gobierno de Llaryora para impulsar una “tercera vía” dentro del radicalismo, encabezada por el intendente Luis Quiroga y el legislador Dante Rossi. El dirigente acusó al oficialismo de presionar a intendentes y anticipó que presentará una denuncia judicial por el presunto uso de recursos del Estado para influir en la disputa interna del partido.

    En ese contexto, el acto del sábado no sólo buscará proyectar a De Loredo como alternativa de poder frente al peronismo. También funcionará como una demostración de poderío interno, aunque no habrá ninguna mención a la nueva pulseada en la UCR por su conducción política con miras al 2027.

  • Facundo Nejamkis advierte que, si Milei no revierte la crisis económica, perderá en el balotaje

    Facundo Nejamkis advierte que, si Milei no revierte la crisis económica, perderá en el balotaje

    Facundo Nejamkis, director de la consultora Opina Argentina, aseguró que Javier Milei podría perder un balotaje en 2027 si se acentúa la crisis económica. El politólogo sostuvo que el oficialismo atraviesa un “momento prime en términos políticos”, con capacidad para obtener victorias legislativas, pero advirtió que el programa económico exhibe “signos de agotamiento”. “La pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno”, indicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

    Facundo Nejamkis es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés. Es el director de Opina Argentina, una de las consultoras de opinión pública más consultadas por medios y dirigentes, destacada por su análisis electoral y de imagen de gobierno.

    Se cierra la semana que comenzó con las airadas expresiones del Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias y concluye con lo de ayer. El Presidente generó una serie de interpretaciones acerca de si comienza una nueva fase del gobierno. Me gustaría tu propio balance de la semana y saber si le das esa importancia significativa que yo estoy planteando.

    Sí, son hechos relevantes, por supuesto. No comulgo con la idea de que cada suceso noticioso sea necesariamente fundacional. Ni siquiera consideraría que la apertura de sesiones del Congreso, aun siendo un espectáculo atractivo, marque por sí sola un antes y un después. Más bien lo interpreto como parte de un proceso en curso. Yo veo un gobierno, como dirían los jóvenes, en su momento prime en términos políticos. Es decir, un gobierno muy fortalecido en recursos de gobernabilidad: con abundancia de herramientas legislativas, quizás incluso en exceso.

    Prácticamente obtiene lo que quiere en el Congreso y domina la escena de la Asamblea Legislativa de forma que hace un año no se hubiera imaginado. De un presidente que antes no podía sostener sus vetos, pasamos a uno que parece capaz de impulsar cualquier ley que desee; de alguien que inició su mandato hablando fuera del Congreso para no mezclarse con legisladores, a un presidente que controla la Asamblea y se dirige a los bloques sin exhibir con quién dialoga. En términos políticos, por ahora, el gobierno parece sobrado de recursos.

    Al mismo tiempo, es un gobierno que en esa escena aparece polarizando con una fuerza política que hoy aparece muy debilitada, que es la principal fuerza opositora: el peronismo. Ese peronismo luce fragmentado y debilitado y, dentro suyo, el espacio hegemónico de los últimos 20 años, el kirchnerismo, enfrenta tensiones internas: su liderazgo está detenido y sin posibilidad de postularse, y arrastra un fuerte desprestigio social. Veo, entonces, a un gobierno que busca polarizar con una oposición debilitada, pero que genera resistencias incluso entre sectores que habían apoyado al oficialismo y que hoy están menos conformes con la situación.

    Así como sostengo que el gobierno está en un momento prime en lo político, no observo lo mismo en lo económico. Percibo un programa económico que muestra signos de agotamiento similares a los que se vieron antes de la elección de octubre, con la diferencia de que entonces el respaldo político y financiero de Estados Unidos había compensado una situación de alta precariedad, sobre todo en lo referido al valor del dólar. Hoy, en los sondeos, existe cierta certidumbre sobre el dólar, pero el resto de los indicadores de opinión son negativos.

    La gente percibe que los precios aumentan respecto a la estabilidad que Milei consiguió en su primer año. Crece en 12 puntos la proporción de personas a las que no les alcanza el ingreso para llegar a fin de mes. Aumenta del cinco al 15% la proporción de quienes consideran que la inflación volvió a ser una preocupación principal. Además, indicadores objetivos relacionados con crecimiento y morosidad muestran un programa económico con rendimientos heterogéneos que, por ahora, no mejora la vida cotidiana de la mayoría.

    El Gobierno ha utilizado la Asamblea Legislativa como un recurso político para confrontar con un rival, y hasta ahora eso le ha permitido acumular capital político; pero no sé cuánto podrá mantener ese recurso cuando comience a competir contra sí mismo, como suele ocurrir a los gobiernos tras las elecciones de medio término.

    ¿No hay una relación entre una cosa y la otra? ¿El espectáculo del domingo y esa exhibición de fortaleza política es necesaria o consecuencia de la debilidad en materia económica?

    Sí, la política y la economía operan de manera casi superpuesta. Permitime retroceder un paso: plantear las transformaciones estructurales del programa económico desde una dimensión moral. En debates académicos o técnicos, si hay déficit o no, no es un tema moral. Si el Estado gasta o no gasta, no es un tema de orden moral. El Gobierno, con acierto estratégico, instaló esa lectura moralizante. Así descalifica a cualquier adversario que proponga otro enfoque y, por eso, el Presidente se permite prescindir de la obra pública durante dos años sin que nadie pueda decirle fácilmente “es una barbaridad”, porque quien propone obra pública queda estigmatizado como corrupto.

    La cuestión es si esa estrategia funciona frente a un rival que carezca de autoridad moral para cuestionarla, en este caso el peronismo kirchnerista. La pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno. Ese rival podría surgir dentro del mismo espacio reciclado o de un espacio distinto; y su aparición, junto con el rendimiento del gobierno, será determinante.

    Hoy Milei piensa que su adversario es el kirchnerismo. Está bien que lo use como recurso, es efectivo; pero en realidad hoy Milei pelea contra sí mismo y contra el desempeño de su gestión hasta las elecciones del año que viene. Puedo imaginar que, en un hipotético balotaje, mucha gente preferiría a Milei frente al kirchnerismo; la incógnita es si competirá contra eso o si surgirá otro rival.

    Un ejemplo: la historia no se repite, pero rima. Pensemos en el gobierno de Mauricio Macri: él creía que peleaba contra Cristina Kirchner y, en una jugada política, Cristina se corrió del centro, puso a Alberto Fernández como candidato y Macri perdió con Alberto Fernández, que hasta entonces no había encabezado una lista ni era un líder con carisma arrollador. Macri perdió, en buena medida, por el rendimiento económico de su gobierno.

    Por eso la pregunta clave es qué pasará con la economía de aquí en adelante; creo que eso definirá la dinámica política. Entramos en una etapa donde Milei empezará a competir contra sí mismo y gobernar con el espejo retrovisor suele ser más difícil que en los primeros dos años. Echar la culpa a la herencia o agitar el fantasma del adversario pierde eficacia si a uno no le va bien.

    Con un desempeño económico regular, Milei podría zafar: la memoria de crisis previas puede ser tan fuerte que con un rendimiento moderado alcance para ganar. La duda es si llegará al año que viene con ese rendimiento regular; yo advierto señales de alerta que apuntan a que podría no ser así.

    ¿Volvemos a septiembre? ¿Volvemos a un momento en el que al Gobierno la economía no le está dando la posibilidad de demostrarle a la sociedad las mejoras esperadas después de un optimismo generado a lo largo del segundo semestre de 2024 y el primer trimestre de 2025, cuando empezó aquel problema cambiario? En este caso, los síntomas son de la economía real. La inflación está más cerca del 3% que del 2%, y la crisis económica permite que se califique la situación actual de esta inflación. ¿Te parece que hay como un regreso o un fin de esa luna de miel que tuvo el presidente tras el triunfo de octubre hasta marzo de este año?

    Si lo analizás por imagen, sí. En septiembre, cuando el Gobierno atravesó varias crisis y sufrió la derrota en la provincia de Buenos Aires, la imagen del Gobierno y del propio presidente rondaba los 40 puntos, y en algunos momentos cayó cerca del 35. El efecto Scott Bessent, en mi opinión, fue determinante para entender el rumbo de la opinión pública y el resultado electoral de octubre. Es verdad que la elección bonaerense despertó en votantes el deseo de evitar al peronismo y votar la opción “menos mala”, pero cuando el dólar comienza a crecer e inestabilizarse, eso también se convierte en un argumento decisivo.

    Entre septiembre y octubre apareció un prestamista de última instancia que dijo: “El valor del dólar lo garantizo yo”. Eso generó un respaldo al sistema cambiario de una magnitud insospechada y produjo un rebote en la imagen presidencial, llevándola a niveles de 50–52 puntos. Ese efecto duró octubre y noviembre, pero desde diciembre la imagen empezó a descender y hoy, en marzo, está en los mismos niveles que en septiembre.

    Es cierto que hoy resulta raro ver presidentes con imágenes del 60 o 70% como antes: la polarización, la antipolítica y la dinámica mediática dificultan sostener niveles altos. Aun así, no podemos ignorar esta caída: con estos números el presidente necesitaría ganar en primera vuelta, porque corre el riesgo de llegar a un balotaje donde existe una mayoría social que no estaría dispuesta a votarlo. Lo vimos en octubre: sacó 41 puntos y el 59% de la gente votó otras cosas, sin contar el ausentismo, que también expresa distancia y decepción de parte del electorado.

    Además, una situación económica más grave puede fijar un techo. Me permito tomar una idea de colegas: Cristian Buttié señaló que el Presidente, más que caer en su piso, ha caído su techo. Eso complica a quien debe enfrentar un balotaje —preguntémosle a Sergio Massa, que se topó con ese problema en 2023— y deja abierta la posibilidad de que surja quien encarne ese sentimiento diferente, aunque hoy por hoy aún no haya aparecido.

    ¿Creés que hay tiempo para que la sociedad, de demandarlo, cree una oferta a tiempo para 2027? Algo tan rápido como lo que vos mencionabas en el caso de Alberto Fernández, pero en aquel momento ungido por alguien que tenía un poder que hoy pareciera no tener nadie.

    Ese es el problema central. Hoy ese poder no lo tiene nadie y al mismo tiempo el peronismo está mucho más dañado hoy que en ese momento. En 2015 Macri había ganado el balotaje por un punto; hoy la correlación es distinta. Aunque el peronismo ya arrastraba causas de corrupción como la causa Cuadernos, hasta entonces no estaba tan marcado por el estigma de un gobierno desordenado, desprolijo y con un presidente que daba la sensación de no manejar los recursos del poder. Ese sello —el de desgobierno— afectó al peronismo de modo distinto en la última gestión.

    Por eso, yendo a tu pregunta, resulta difícil imaginar que en poco tiempo surja una alternativa potente desde el peronismo si el propio espacio está tan dañado. No obstante, cuando las sociedades se cansan, buscan cualquier alternativa.

    Veamos qué fue Milei: en 2021 no pensábamos que la alternativa sería él; se hablaba de (Horacio Rodríguez) Larreta, (Patricia) Bullrich o Macri como opciones de Juntos por el Cambio. Sin embargo, el desgaste del peronismo llevó a elegir una propuesta completamente distinta. Hoy no aparece una figura similar, aunque Milei ya asomaba; todo dependerá de la velocidad de la crisis: si el gobierno sufre una descomposición económica acelerada, la sociedad buscará atajos y alternativas rápidamente. Si Milei hace un gobierno regular, probablemente tenga más chances de ganar una elección en primera vuelta, porque será más difícil articular una alternativa mayoritaria.

    Otra hipótesis es que hay tres escenarios: la polarización, que es lo que sucedió entre Macri y Alberto Fernández y Macri y Scioli; tercios, que es lo que sucedió en 2023; o fragmentación, que es lo que sucedió en 2003 cuando no había PASO. ¿Le asignás alguna probabilidad a este último escenario? Imaginemos que haya tres peronismos, que la propia derecha esté dividida entre una candidatura de Milei y una de un candidato del PRO, Nacho Torres, el gobernador de Chubut, respaldado por Macri, y por ejemplo otra inclusive de Victoria Villarruel, aunque saque 4 o 5%, y del otro lado también el peronismo dividido, derecha e izquierda, con Axel Kicillof como candidato natural, Juan Grabois a la izquierda y un gobernador representando lo que representó Massa o un exgobernador como Gerardo Zamora, y luego un pastor como Dante Gebel? ¿Te imaginás la posibilidad de que se pueda llegar a un balotaje con candidatos que no lleguen al 30%?

    Sumo un cuarto escenario al que mencionás: el de 2011, con el oficialismo fuerte y toda la oposición fragmentada. En ese año alguien lo describió como “Blancanieves y los siete enanitos”: el principal contendiente quedó muy por debajo del 20% y Cristina obtuvo el 54%. Reitero: todo vuelve a depender del rendimiento del Gobierno. Si el oficialismo llega a 2027 con la economía recuperada —supongamos que la crisis es pasajera y aparece un rebote del consumo y el crecimiento— es plausible que el Gobierno se fortalezca y la oposición se fraccione, porque no habrá incentivos para unirse.

    Por el contrario, si al Gobierno le va mal, entonces sí puede fragmentarse la derecha, porque para que surjan alternativas competitivas a Milei ese espacio necesita perder incentivos para apoyarlo y que las otras propuestas resulten atractivas. A la vez, el deterioro podría empujar al peronismo a presentar alternativas internas —una opción más a la izquierda y otra más peronista clásica— y ver quién llega a un eventual balotaje con Milei.

    La variable central es, insisto, el rendimiento del Gobierno. No creo que la política adquiera una dinámica autónoma independiente del desempeño económico. Además, el rendimiento económico del país no depende sólo del Gobierno: el conflicto en Medio Oriente, por ejemplo, cuyo inicio es visible pero cuyo final es incierto, puede complicar la gestión económica por el impacto en precios del petróleo y de commodities. Es una situación compleja, por decirlo con palabras de una amiga chilena.

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