Un reciente informe de la organización Tejido Urbano, elaborado a partir del procesamiento estadístico del Censo 2022 y la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), ofrece una radiografía crítica de las condiciones de vida en el país. Según la investigación, de los 14,6 millones de hogares urbanos censados, 10,7 millones presentan algún tipo de problemática habitacional: es decir, el 73% de las familias argentinas vive en viviendas con deficiencias materiales, carencia de servicios, hacinamiento o inseguridad en la tenencia.
El estudio plantea una visión ampliada del déficit habitacional que incorpora no solo las carencias materiales tradicionales, sino también la ausencia de escrituras y la dificultad de acceso a la propiedad que enfrentan los inquilinos. “En este trabajo se cuantifica un amplio conjunto de problemáticas para luego calcular la cantidad de hogares que están afectados por cada caso, y la superposición de problemas que pueden darse”, explica el documento técnico.
La necesidad de nuevas viviendas por condiciones críticas
El primer gran bloque identificado por Tejido Urbano reúne a los hogares que necesitan una vivienda adicional: 1.021.798 familias, lo que equivale al 9,6% del déficit total. Esta categoría comprende tres situaciones de extrema precariedad que, en la mayoría de los casos, obligan a una mudanza o a cambios estructurales profundos.
La situación más extendida en este segmento son las viviendas irrecuperables, que afectan a más de 510.000 hogares: ranchos, casillas o piezas en inquilinatos que carecen de condiciones mínimas de habitabilidad y no pueden repararse mediante refacciones aisladas. El hacinamiento crítico —definido como hogares donde conviven más de tres personas por cuarto— alcanza a 372.000 familias. Además, más de 230.000 hogares comparten la misma vivienda con otra familia, lo que deteriora la privacidad y la salud de sus integrantes.
El informe subraya que “los hogares que tienen estas problemáticas son los que tienen los niveles más bajos de ingreso”. En particular, el 84% de las familias que comparten vivienda y el 79% de las que habitan estructuras irrecuperables pertenecen a los estratos sociales más vulnerables.
Déficit en viviendas existentes: servicios y papeles
La mayor parte del problema habitacional en Argentina no es la ausencia de techo, sino las deficiencias de las construcciones existentes. Este segundo grupo, llamado “necesidades en viviendas existentes”, incluye a 7,4 millones de hogares, casi el 70% de las familias con problemas habitacionales.
Dentro de ese conjunto, la carencia más masiva es la falta de servicios de red (agua potable y cloacas), que afecta a 5 millones de hogares. La investigación destaca el fuerte impacto de esta situación en la salud pública y la calidad de vida. Asimismo, 4,7 millones de familias enfrentan irregularidad dominial. “Las condiciones de regularidad en el dominio de las viviendas determinan el nivel de seguridad ante desalojos y abusos”, señala el texto.
Un punto relevante es que, a diferencia de las viviendas irrecuperables, en este grupo hay una alta superposición de problemas: la mayoría de los hogares con materiales deficientes (como pisos de tierra o techos precarios) también carecen de servicios y de escrituras. Sin embargo, el estudio aclara que muchas de estas viviendas son “recuperables” mediante mejoras sencillas en pisos y techos, siempre que se garanticen simultáneamente la infraestructura de red y la seguridad jurídica.
El desafío de la integración en los barrios populares
Otra dimensión transversal es la localización de las viviendas en entornos deficitarios. Según el Relevamiento Nacional de Barrios Populares (ReNaBaP) citado en el informe, en Argentina hay 1,2 millones de familias viviendo en villas, asentamientos o conjuntos habitacionales degradados.
En estos casos la solución excede la escala individual de la vivienda y demanda una “integración urbana concreta”: obras de espacio público, vialidad, equipamiento comunitario y saneamiento ambiental. El informe advierte que los procesos de mejora barrial que no concluyen con la escrituración de los lotes “suelen reproducir los males que afectaban al barrio degradado”. En villas de alta densidad, donde el trazado no permite un mínimo de calidad urbana, incluso podrían ser necesarias relocalizaciones de viviendas.
Inquilinos: el nuevo perfil del déficit habitacional
Por último, el estudio incorpora a un sector que tradicionalmente no se contabilizaba como parte del déficit: los hogares inquilinos que, aun residiendo en construcciones adecuadas, no pueden acceder a la propiedad. Este grupo suma 2,3 millones de hogares y representa el 21% de las problemáticas habitacionales del país.
“Alquilar puede ser una opción elegida, pero la propiedad de la vivienda tiene ventajas en términos de seguridad y resguardo del patrimonio familiar”, afirma la investigación. Este segmento muestra rasgos sociales distintos a los anteriores: el 36% son personas que viven solas, con un nivel educativo por encima de la media y ubicadas mayoritariamente en zonas céntricas.
A diferencia de los sectores de menores ingresos, los inquilinos evidencian una “demanda latente” de mecanismos de financiamiento. El informe concluye que para este grupo es fundamental el acceso a créditos hipotecarios que superen la barrera del ahorro previo, dado que han demostrado alta voluntad de pago y bajos índices de morosidad histórica cuando las condiciones de préstamo son favorables.
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