La forestoindustria es una economía regional vital para las provincias del NEA y del Litoral argentino, con un altísimo potencial de crecimiento e inversiones, pero que debe sortear problemas propios y ajenos para poder dar el gran salto que sus integrantes esperan.
El sector es un gran generador de riquezas. Según datos del Consejo Foresto Industrial Argentino (Confiar) – un espacio institucional que nuclea y representa a toda la cadena foresto-industrial del país -, la actividad involucra más de 53 millones de hectáreas de bosques nativos y 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, de las cuales el 80% se concentra en la Mesopotamia.
En la actualidad, se contabilizan 13.000 productores y más de 6.000 empresas, la foresto-industria genera empleo formal para 100.000 personas y exporta alrededor de US$ 550 millones.
Estos números no solo dan cuenta de la importancia del sector, sino también de su potencial, ya que Argentina cuenta con condiciones naturales, capital humano y base industrial para catapultarse y convertirse en un actor de peso no solo en la economía nacional, sino tammbién en el mercado internacional.
Con este panorama se realizó el Seminario de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) en Posadas, Misiones. La entidad – que este año celebra su 80° aniversario – reunió al sector en su conjunto, en una jornada que contó con 6 paneles con más de 20 disertantes y que finalizó con una jornada a campo donde se pudo apreciar la potencia de la foresto-industria: sus plantaciones, aserraderos, fábricas y hasta plantas de generadores de energía eléctrica alimentadas a biomasa. Todo un ecosistema crucial para la región.
Allí, referentes empresarios, funcionarios nacionales y provinciales, diplomáticos y especialistas analizaron las oportunidades que abre el nuevo escenario global para el sector forestal, la madera, la celulosa, el carbono y la bioeconomía. Básicamente, se trazó una potencial “hoja de ruta” para dar el tan mentado “salto” de la actividad, el cual dependerá tanto de la iniciativa propia, como así también del contexto y las oportunidades que brinde nuestro país: construir competitividad sistémica, mejorar infraestructura y logística, generar seguridad jurídica y crear condiciones capaces de atraer inversiones de clase mundial.
Uno de los mayores problemas de la actividad es coyuntural: la paralización de la obra pública, la caída de la construcción privada y hasta la baja en la venta de muebles, golpea fuertemente tanto a la producción como a los aserraderos.
Pablo Ruival, presidente de AFoA.En diálogo con Clarín Rural, el presidente de AFoA, Pablo Ruival, dio cuenta de esta situación.
“En líneas generales, es un sector que está pasando una situación compleja, muy delicada, con una caída de ventas importante. Uno puede hablar específicamente de madera aserrada y en ese sector la situación es compleja, porque el mercado interno está consumiendo muy poco, ya que no hay obra pública. La construcción en madera es quizás la que más ha caído su demanda”, explicó Ruival.
Según datos de la Regional Corrientes y Misiones de AFoA, las ventas del sector se derrumbaron un 30% respecto al año pasado, lo que plantea un panorama más que desafiante para los productores e industria que abastecen el mercado interno.
El coordinador de la mencionada regional, Francisco Torres Cayman, explicó que “hoy en el sector forestal conviven dos situaciones: las empresas que exportan sostienen mejor su actividad, muestran una dinámica distinta. Además se le suman anuncios de inversiones en el orden de los US$ 2.000 millones (como en el caso de ARPulp) y nuevas plantas de biomasa, mientras que por otro lado hay empresas que dependen del mercado interno, viviendo una situación más compleja”.
Se estima que el consumo interno de maderas cayó 30% respecto a 2025.“El problema es que la cadena no tracciona hacia adelante porque no hay demanda suficiente del consumidor final, además de que está parada la obra pública y una construcción privada que viene floja. Cuando eso pasa, el ajuste no se resuelve en el consumo, sino que se traslada hacia atrás en la cadena y quien tiene menos margen es el productor forestal primario, porque los costos como la energía, combustible y fletes viene subiendo y no se puede trasladar a precios”, completó Torres Cayman.
Las grandes inversiones están
Como comentó el directivo de AFoA, el sector forestoindustrial es proclive a recibir grandes inversiones. La más rimbombante y que abre una gran expectativa en la actividad es la de ARPulp, de US$ 2.000 millones. La firma instalará una planta de celulosa en la localidad correntina de Ituzaingó, que podría generar 13.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
El proyecto estará enfocado en la producción de pasta fluff, una celulosa de fibra larga derivada del pino, clave para la fabricación de productos de higiene absorbente como pañales, toallas femeninas y soluciones para la incontinencia. Se espera que pueda fabricar unas 800.000 toneladas anuales y consumir 5 millones de metros cúbicos de madera.
Muchos consideran que la instalación de esta planta puede ser “un punto de inflexión en el sector” que atraiga nuevas inversiones, como así también puede significar el despegue en el consumo de madera en la región y un principio de solución a la demanda retraída actual.
Fernando Correa, project manager de ARPulp detalló que “en el cronograma del proyecto, estamos en el año dos de trabajo. A inicios de 2026, se empezó a trabajar en el estudio de impacto ambiental, que es el hito de este año. En paralelo, hay otras líneas respecto a logística, suministro forestal, desarrollo de capital humano, transferencia de tecnología”.
Fernando Correa, project manager de ARPulp.“Una vez concluido el estudio de impacto ambiental, que esperamos que esté a final de año, se comenzará con la parte de ingeniería básica, que demora de 10 a 12 meses y el 2027 y 2028 serían los años de construcción de la planta. En la primera mitad de 2030 estaría construida la planta en las distintas fases de prueba y la operación comercial en la segunda parte de ese año”, completó.
Pero también hay otras inversiones en curso o ya concretadas. Por ejemplo, en 2024, la empresa Acon Timber, perteneciente al grupo austríaco HS Timber, inauguró una planta en Gobernador Virasoro que procesa 700.000 m3 de pinos para la producción de tablas aserradas, secas, clasificadas, pellets y demás productos.
Requirió el desembolso de US$ 130 millones y la totalidad de su producción tiene como destino la exportación a Estados Unidos, México, China, Vietnam, Filipinas y demás países.
También hay inversiones en el sector energético: se invirtieron US$ 200 millones para la instalación de dos centrales térmicas alimentadas con biomasa en Gobernador Virasoro. La primera, FRESA, en 2020 y la segunda, San Alonso, en 2025. Ambas proveen el 20% de la energía eléctrica que consume Corrientes.
Plantas de energía eléctrica alimentadas con biomasa en Gobernador Virasoro, Corrientes.Por otro lado, Central Puerto se encuentra en pleno desarrollo de un proyecto de inversión de US$ 85 millones para instalar un aserradero de última generación con la capacidad de procesar 450.000 m3 de madera en la zona de Santa Rosa, Corrientes.
Los ejemplos continúan, pero como dijo Torres Cayman, estas son empresas grandes, con otras espaldas y dinámicas. El tema urgente está en los emprendimientos más modestos.
Por eso, una de las salidas que ven como plausible para superar esta situación es aumentar las exportaciones del sector. “Es un sector que todavía tiene que hacer mucho ejercicio para ser un exportador nato”, marcó Ruival.
“Yo creo que para mejorar la foto hay que incrementar las exportaciones de este sector, hay que innovar y buscar los productos de mayor valor agregado. Entonces, no podemos achacar solo a una situación económica. Un ejemplo de esto es que podríamos ampliar el sector al salir de la madera aserrada e irnos a paneles, que están con un nivel de demanda muy alto, y especialmente los de mayor valor agregado. Lo que es celulosa, las exportaciones están fluidas con buenos niveles de demanda internacionales”, consideró el titular de AFoA.
Así, Ruival remarcó: “es un sector que tiene que seguir ayudándose tecnológicamente, seguir desarrollando su cultura exportadora, y tiene que, además, poner en marcha la innovación y la creatividad para ir a los productos de mayor valor agregado”.
El “costo argentino” y la logística
De esta manera, queda claro que, más allá de la excelencia de los productores forestales y la expertise de la industria, se debe mejorar y encontrar una salida a la acuciante situación que vive gran parte del sector. Pero, es una condición determinante, que el país ayude.
La necesidad de que haya seguridad jurídica, una reforma tributaria y cambios en leyes como la de Tierras, son algunos de los reclamos.
Pero hay un ítem que realmente funciona como una barrera para las explotaciones sean competitivas: el “costo argentino” o, más precisamente, la logística, un tema que resonó en el seminario de AFoA y que deja muchas veces de manos atadas a productores e industriales.
“El sector forestoindustrial es un sector cuyos productos son voluminosos. Estamos lejos de los puertos y de los mercados. Por eso, la logística es un tema absolutamente clave si queremos ser competitivos”, resumió Ruival.
Nicolás Crisp, CEO de Acon Timber.En este sentido, el presidente y CEO de Acon Timber, Nicolás Crisp, sostuvo que en el sector siempre se busca la mayor eficiencia, cuestión que logró puertas adentro de la compañía, pero que el desafío está del lado de afuera: “necesitamos poder llegar a los mercados de forma más competitiva, ahí está a clave, porque competimos contra mercados o países con más años en la industria, más desarrollados, con más experiencia, pero, además, mucho más competitivos. Nosotros tenemos que lograr equiparar esa competitividad, que no pasa por lo que nosotros hacemos en la planta, sino que por ese ‘costo argentino’”.
La exportación maderera y de derivados se realiza a través del puerto de Buenos Aires, que queda a 1.000 kilómetros de Generar Virasoro, donde está la planta. Hay dos maneras de transportar la carga para llegar a dicha terminal: en camión o en barcaza.
En el primer caso, es una logística engorrosa: se debe ir a buscar el contenedor vacío al puerto, llevarlo hasta la planta, cargarlo y volver a enviarlos a la terminal. Ese trayecto sale más caro que despacharlo hasta su destino final, ya sea Estados Unidos o Asia.
La otra manera es con barcaza desde los puertos de Corrientes o Posadas hasta Buenos Aires. Si bien a priori se podría pensar que es un método menos oneroso, no es así: “lo loco de todo esto es que la barcaza es más cara que el camión, porque hay poca oferta, pocas soluciones logísticas que vengan a levantar esa carga. Hoy creo que hay un volumen de carga disponible en la región que hace que pueda funcionar un puerto, que se pueda desarrollar todo lo que es la hidrovía por el Paraná, pero no tenés una oferta o competencia entre quién te viene a levantar esa carga”, sentenció Crisp.
La logística es uno de los principales problemas de la cadena forestoindustrial, que le resta competitividad a la actividad.En este sentido, Ruival sostuvo que “la hidrovía tiene un potencial enorme. Sin embargo, existen restricciones legales por la ley de Marina Mercante, de cabotaje, que lo hacen costoso. El gobierno nacional está tratando de modificar eso, pero todo es una pelea, difícil, un esfuerzo enorme. Se van dando pasitos, pero uno quisiera que estos pasos fueran largos”.
Otra solución serían los trenes, hoy lejos de constituirse en una opción en el mediano plazo. “El ferrocarril es una herramienta absolutamente central en cualquier operación forestal industrial del mundo, y nuestro ferrocarril mesopotámico requiere enormes inversiones. Para eso también requiere que haya escala y que vengan las inversiones realmente”, completó.
¿Qué dice el estado?
El seminario AFoA no solo tuvo voces privadas, sino también a representantes del estado, quienes fueron los responsables de disertar en el último panel. Allí dieron el presente Mariel Gabur, ministra de Industria, Trabajo y Comercio de Corrientes; Guillermo Bernaudo, ministro de Producción de Entre Ríos; y Manuel Chiappe, subsecretario de Producción Agropecuaria y Forestal de la Nación.
El intercambio trasladó al terreno de las políticas públicas los planteos acumulados durante toda la jornada: previsibilidad macroeconómica, reducción de costos, infraestructura, logística, desregulación, carga fiscal, financiamiento y articulación entre Nación y provincias.
Chiappe puso en perspectiva la escala de las inversiones expuestas durante el seminario y destacó que los proyectos en marcha y anunciados superan los US$ 2.500 millones, un volumen que consideró un punto de inflexión para la forestoindustria argentina.
Desde la visión del Gobierno nacional, sostuvo que el orden macroeconómico, los esquemas de incentivo a las inversiones, la desregulación y los procesos vinculados con rutas, ferrocarriles de carga e hidrovía deben contribuir a generar la previsibilidad que requiere una actividad cuyos ciclos productivos e industriales se miden en décadas.
Las provincias, por su parte, pusieron el foco en la necesidad de coordinar políticas productivas, infraestructura y condiciones tributarias capaces de fortalecer a las empresas instaladas y competir por nuevos proyectos.
El denominador común volvió a ser el planteado al comenzar el seminario: ninguna variable, por sí sola, resolverá la ecuación forestal argentina. El salto requiere una mirada sistémica y una articulación público-privada sostenida en el tiempo, dando especial énfasis en la cooperación entre las provincias.

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