La designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete tras su paso por el Ministerio del Interior encendió las expectativas entre los gobernadores aliados y dialoguistas, entusiasmados con reforzar la línea directa con la mesa chica de la Casa Rosada. Sin embargo, el antecedente con Guillermo Francos, quien había hecho el mismo camino de Santilli antes de terminar renunciando a la función pública, siembra de dudas la unción.
Apenas se conoció la noticia, líderes de distintos pelajes salieron a felicitar al funcionario en las redes sociales. Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Leandro Zdero (Chaco), Ignacio Torres (Chubut), Raúl Jalil (Catamarca), Rolando Figueroa (Neuquén), Alberto Weretilneck (Río Negro), Marcelo Orrego (San Juan), Juan Pablo Valdés (Corrientes), Claudio Vidal (Santa Cruz), Gustavo Sáenz (Salta), Claudio Poggi (San Luis) y Jorge Macri (CABA) fueron algunos mandamases que se expresaron. También el fueguino Gustavo Melella, único opositor que saludó.
Por casi siete meses, el “Colo” fue el embajador de la Casa Rosada frente a las provincias, un rol que ejerció haciendo uso de su avezada muñeca política. Desde sus inicios peronistas, hasta convertirse en coronel libertario, con largo paso por el PRO en el medio, su agenda le permitió trabar entendimientos con los mandatarios subnacionales en horas complejas para el vínculo con Nación.
Tal como ocurría en todo el arco político, los caciques amigables para el oficialismo entendían que la situación de Manuel Adorni era insostenible. No solo paralizaba la dinámica propia de la gestión central, sino que además trababa la posibilidad de discutir leyes en el Congreso, con la inminente amenaza de que los legisladores lo eyectaran de su cargo aplicándole la moción de censura, un hecho inédito en la democracia argentina.
La salida de Adorni, un atajo para evitar males mayores, tuvo como correlato el ascenso de Santilli en un guiño a la política old school. El nuevo ministro coordinador mantendrá bajo su órbita el rol de interlocutor entre la administración de Javier Milei y los gobernadores, un espejo de lo que ocurrió con Francos en 2024, ya que su dependencia absorberá a la cartera de Interior.
Las expectativas en las provincias
En la antesala de su designación, algunos distritos habían hecho rodar buenos augurios. “La valoración es positiva, es una decisión acertada del Gobierno”, comentaron ante la consulta de Ámbito en una importante provincia. Indicaron, a la vez, que se trata un dirigente “con mucha experiencia, con quien ya se venía trabajando muy bien”.
Menos entusiastas se mostraron en Córdoba. “Tenemos diálogo desde que es ministro del Interior. Esperemos que siga y que obtengamos algún beneficio, o por lo menos recuperar algo de lo que nos sacaron a los cordobeses”, lanzaron. Martín Llaryora y Santilli se conocen desde largo tiempo, cuando ambos recalaron en el orteguismo, el intento de Ramón “Palito” Ortega por articular un espacio nacional. Allí también estaba Sergio Massa, representante bonaerense en la estructura del tucumano.
Otra fuente que sobrevuela gobernaciones dialoguistas evaluó que un “relanzamiento del Gobierno” para maquillar la eyección de Adorni tras largos meses de desgaste hubiera sido más prolija y menos costosa para el mileísmo. Y puso el acento sobre un tema clave de cara al 2027: “Diego quiere ser candidato a gobernador en la Provincia, ¿cómo le va a pegar esto? El tiempo dirá”.
Más allá de las expectativas iniciales, hay un antecedente que genera inquietud. En 2024, Guillermo Francos dio el salto del Ministerio del Interior a la Jefatura de Gabinete, luego de la eyección de Nicolás Posse. La cartera encargada del diálogo con las provincias fue disuelta por el Presidente y Francos absorbió los roles de ambas dependencias. Lo que parecía consolidar una nueva era de la relación con las provincias no terminó todo lo bien que se esperaba.
Después de una seguidilla de cortocircuitos con los distritos, que alcanzó el pináculo con la derrota libertaria en las elecciones bonaerenses, Milei restauró Interior y nombró al frente al tucumano Lisandro Catalán, número dos del ministro coordinador. La aventura duró poco. En noviembre, a casi dos meses de asumir y luego de armar una foto entre el Presidente y el grueso de los jefes provinciales, Francos y Catalán renunciaron de forma intempestiva, abriéndole la puerta a la era Adorni.
Se trató de un nuevo hito en la interna libertaria. En casi tres años de gestión, quedaron en el camino cientos de funcionarios. De hecho, por la Jefatura de Gabinete ya desfilaron cuatro dirigentes distintos. “El ‘Colo’ jugó siempre en primera, tiene mucha experiencia en gestión”, dijeron a este medio en una gobernación, distanciándolo de sus antecesores.
La constante inestabilidad en el organigrama estatal suscita inquietudes en las gobernaciones, que ahora se entusiasman con que el empoderamiento de Diego Santilli sea también el de las provincias. En el medio, quedan proyectos comprometidos, la pulseada por fondos y el eterno toma y daca para garantizar apoyos prestados ante un Congreso que todavía tiene en agenda distintas reformas enviadas por la Casa Rosada.
La reforma electoral, en tanto, está entre los pendientes de Santilli. Si bien cosechó por goteo apoyos de los oficialismos de Entre Ríos, Mendoza, Catamarca, San Juan, Misiones, Chaco y Tierra del Fuego, lo cierto es que la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) todavía genera ruidos entre los caciques; incluso la rechazan aliados incondicionales, como el tucumano Osvaldo Jaldo. Su futuro será un desafío que se jugará a varias bandas.
Por un lado, estará el jefe de Gabinete en conversaciones con las provincias; Patricia Bullrich, en tanto, jugará su partido desde el Senado, mientras que los Menem, intentarán destrabar los votos en Diputados, siempre bajo la tutela de Karina Milei. Santiago Caputo, además, hará lo propio desde las sombras. De ese engranaje dependerá en buena parte la suerte del Gobierno de cara al año electoral.


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