La industria argentina atraviesa una etapa de transformación marcada por los desafíos de la competitividad, la innovación tecnológica y la necesidad de avanzar en reformas estructurales que acompañen los cambios de la economía global. Daniel Funes de Rioja afirmó, en Modo Fontevecchia por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), que “Argentina necesita una descentralización geográfica” y planteó que el desarrollo de sectores estratégicos, junto con la modernización laboral, la inversión en infraestructura y la generación de condiciones estables para atraer capitales, serán claves para fortalecer la producción y el empleo.
El abogado laboralista, doctor en Derecho y Ciencias Sociales y uno de los principales representantes del sector empresario argentino en temas laborales e industriales, Daniel Funes de Rioja, desarrolló gran parte de su trayectoria en la representación de empleadores ante organismos nacionales e internacionales, y fue presidente de la Unión Industrial Argentina entre 2021 y 2025. Sumado a eso, presidió la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios y ocupó cargos de relevancia en la Organización Internacional del Trabajo y en la Organización Internacional de Empleadores, donde representó al sector empleador en debates sobre legislación laboral, empleo y relaciones industriales. Además de su actividad empresarial, fue profesor universitario de Derecho Constitucional y dirigió centros de estudios vinculados al derecho laboral. Es fundador del estudio jurídico Funes de Rioja & Asociados y es reconocido por su participación en discusiones sobre reforma laboral, competitividad empresarial y generación de empleo formal.
Tenía mucho interés en volver a hablar porque me parece que usted tiene la distancia justa de haber presidido la UIA y, al mismo tiempo, hoy no hacerlo, como para poder hacer un juicio de valor de todos los temas que la atraviesan, además de su conocimiento laboral en el tema de la reforma laboral. Me gustaría, primero, un balance de la situación de la industria desde su perspectiva.
Lo que quiero decirle es que Argentina, como el mundo, está atravesando una etapa de cambios muy sustantivos, con desafíos en lo productivo que requieren que se concreten las reformas estructurales en su conjunto. Obviamente, la laboral, pero también la fiscal, la logística y la infraestructura, porque necesitamos rutas, puertos, ferrocarriles y vías navegables. En esto es muy importante la Hidrovía.
Además de la laboral, uno no puede dejar de mencionar todo el tema educativo que está de trasfondo. Todo esto hace que el mundo esté inmerso en un gran cambio. No sé si, como Thomas Friedman, puedo hablar de la era de la policrisis, pero, en todo caso, sí requiere una adecuación, adaptación y un aggiornamiento.
Y en el caso argentino, mucho más profundo, porque creo que veníamos con un fuerte atraso. Está claro que en los últimos 15 años no creció el empleo en el sector privado; creció el empleo estatal. Obviamente, esto genera problemas de competitividad que requieren un tratamiento pautado y organizado para que la Argentina encuentre su norte en este nuevo mundo de la inteligencia artificial y la digitalización.
Ya no es el mundo de ayer. Sobre el mundo de ayer podemos discutir mucho; en el mundo productivo de hoy, evidentemente, hay otros factores que están primando tanto en lo local como en lo internacional.
Por eso le digo: yo siempre miro no solo lo que la Argentina da, sino también en qué contexto de mundo se encuentra, sobre todo del mundo desarrollado, además de los emergentes y los países que pueden ser calificados como en desarrollo.
Hay muchos desafíos y necesidad de adecuarse rápidamente para poder competir. Sobre todo, en el plano laboral, poner mucho énfasis en la formalización de la economía y, obviamente, del empleo; en la formación y educación para las nuevas realidades; y en la competitividad y productividad.
¿Cómo evalúa usted la reforma laboral? ¿Cómo fue aprobada? ¿Qué le satisface y qué le falta?
La ley se llama de modernización laboral. Quiero decirle que yo venía escribiendo mucho sobre modernización y no tanto sobre reforma, porque reforma sería retocar o reestructurar algo que existe, y la Argentina tiene un sistema laboral setentista.
Usted tiene una Ley de Contrato de Trabajo del año 1974 y convenios colectivos mayoritariamente del año 1975. Sobre esa realidad viene el tema de la discusión postergada. En la época de Menem se hicieron algunas cosas, pero, en última instancia, se hicieron para los años noventa. Hoy los desafíos son totalmente diferentes, como he señalado antes.
Entonces, le diría que la orientación me parece la adecuada. Esto no significa que la complete. Creo que el mecanismo de la ley ha sido constitucionalmente válido e incuestionable.
Quiero aclarar que todos estos amparos y medidas judiciales que vi que se propiciaban buscaban detener una ley aprobada por el Congreso en nombre de intereses sectoriales o particulares. Me parecieron muy precipitados porque, además, la inconstitucionalidad no es una inconstitucionalidad genérica: tiene que ser específica.
Aspectos que puedan mejorarse o rectificarse siempre pueden encontrarse, pero, en todo caso, creo que este es un proceso. La ley de modernización laboral aprobada por el Congreso a propuesta del Ejecutivo es una base para mirar hacia adelante porque, además, la velocidad de los cambios futuros, según lo estamos viendo en toda la realidad internacional y en la literatura que la respalda, es vertiginosa y va a seguir siéndolo.
¿Se imaginaba usted alguna vez escuchar a un presidente que tratara tan despectivamente a un empresario como Paolo Rocca, el mayor empresario industrial de la Argentina?
Yo creo que hay que cuidar los tonos. Yo los he cuidado siempre y en todas las circunstancias. Me parece sano tratarnos respetuosamente, más allá de que no coincidamos con los puntos de vista del otro.
Y, en particular, el caso de Paolo Rocca. Es una persona seria, responsable y de muy buen trato.
Cuando usted ve la situación de la industria argentina actual y el debate actual, cuando se pone como ejemplo a Australia, que redujo una industria de más del 20% del Producto Bruto a menos del 10%, un país como la Argentina, donde ya la industria viene reduciendo su participación respecto del total del Producto Bruto, ¿le parece acertada una política económica que plantee sustituir la industria, o una parte importante de la participación de la industria en el Producto Bruto, por los servicios?
No cabe la menor duda de que el rol de los servicios se ha incrementado, pero también hay que readecuar el foco en lo industrial, teniendo en cuenta la contribución no solo al empleo, sino también al valor agregado y a las cadenas de valor, aguas arriba y aguas abajo.
Cuando usted ve la minería, que es una industria, finalmente, a partir de un proceso extractivo va a procesos de industrialización. Antes se la miraba de reojo en la Argentina; hoy es una de las grandes estrellas.
Usted se da cuenta de la cantidad de cadenas de suministro industrial que pueden sumarse a ese proceso. Es decir, a partir de la minería y para llegar a la minería, no solo desde la industria de la construcción para llegar a su instalación, sino también a la industrialización de los bienes que se extraigan.
Entonces, me parece que la Argentina tiene diversos escenarios. Probablemente, lo que necesite pensar también es una descentralización desde el punto de vista geográfico.
Ahora, si usted ve Vaca Muerta, claramente se está generando un polo de desarrollo donde diariamente llegan nuevos migrantes del país a trabajar. Usted podrá aspirar a que sean más, pero para eso también hay que generar la infraestructura necesaria. Yo le diría que educación, salud y vivienda son tres elementos importantes que los gobernadores tienen que mirar para hacer más atractivo el escenario de producción en esos ámbitos.
Creo que hay muchas posibilidades de transformación de industrias en industrias competitivas. No descarto de ninguna manera el rol de la industria. El peso de la industria en la producción ha ido perdiendo participación, pero también ha perdido por las mordazas que tenía para transformarse. Si le digo que estamos hablando de convenios del año 1975 que miran esa realidad, piense usted en la realidad de la Estanciera como automóvil frente a la tecnología actual.
Ahora, mirando hacia adelante, si usted ve los informes sobre lo que viene, la robotización en China y en Corea está jugando un rol que también está mutando sus propias industrias.
Todo esto hace que la Argentina hoy tenga una oportunidad. Obviamente, para ello también necesita acceso al crédito, porque llevar adelante esa transformación industrial lo requiere. Pero la Argentina tiene un gran problema de informalidad. Quizá, en el marco de América Latina, África o algunos países de Asia, no parezca tan relevante. Sin embargo, un 43% de informalidad es altísimo para la Argentina. Realmente se puede hacer un esfuerzo hacia la formalización, que creo que la Ley de Modernización Laboral ayuda a impulsar, además de quitar el miedo a contratar que hoy existe, independientemente de la vocación cuentapropista que sí hay en mayor medida dentro de la sociedad.
En segundo lugar, evidentemente va a haber cambios en la matriz industrial desde el punto de vista de qué sectores pueden progresar también dentro de los servicios.
Cuando uno ve los informes internacionales, no solo de la Organización Internacional del Trabajo, sino también del Foro Económico Mundial, McKinsey, la OCDE o el G7, observa que esos cambios ya se están dando en otros países.
Creo que la Argentina tiene por delante grandes posibilidades. Pero, eso sí, hay que coordinar las políticas para llegar a los objetivos, y esa coordinación debe darse en un marco de concertación. Así como lo han hecho en el Congreso, hay que buscar espacios de concertación para responder a esa necesidad de transformación.
Cuando usted ve que, por ejemplo, se va a armar una ciudad completa traída desde China para un desarrollo minero muy importante en la cordillera, y ve las discusiones que hay alrededor del RIGI, ahora del “Súper RIGI”, ¿cuál es su visión respecto de cuánto aporta y cuánto puede significar una pérdida de desarrollo industrial de abastecimiento para la industria minera y energética?
Yo estoy convencido de que modelos como el RIGI, que además, si usted ve no solamente Australia, sino también Nueva Zelanda, Irlanda, España o Chile en sus procesos de transformación, son incentivos necesarios.
Sobre todo en un país que tiene baja credibilidad y baja confianza. Piense usted que la producción industrial, por lo menos la que me ha tocado ver y representar cuando presidía la UIA, tiene una presión fiscal promedio, tomando aproximadamente 55 impuestos, de más del 50%.
Entonces usted está descolocado. Si no genera incentivos, que además tienen que ser respaldados por las provincias y por los municipios, porque las tasas municipales muchas veces terminan funcionando como verdaderos impuestos, difícilmente se genere inversión.
Si usted no crea marcos creíbles, ni el inversor nacional ni mucho menos el internacional van a hacerlo.
Ahora bien, la Argentina necesita esas inversiones porque, para desarrollar todos esos recursos naturales que posee, hay que hacer un esfuerzo descomunal.
Y le digo que no hemos dado las respuestas adecuadas en tiempo oportuno. Cuando usted va a la cordillera o a Vaca Muerta, todavía falta mucha infraestructura. Y esa infraestructura no es solamente física para la producción, sino también social para sus núcleos de trabajadores y técnicos.
Ahora, esto va y viene porque usted empieza a ver los análisis de la industria automotriz china. Son más de cien fábricas y muchas de ellas van a desaparecer porque la competitividad va a mandar. Las más eficaces seguirán y las otras no.
Esa es la óptica. No se trata de ir al modelo anglosajón ni al modelo chino. El modelo argentino tiene que estar sentado sobre el principio de productividad de cada uno en lo laboral.
Por eso es tan importante tener aggiornada la ley, los convenios colectivos y los contratos individuales.
Y, en segundo lugar, lograr competitividad sistémica, no con producción irregular ni informal, ni mitad formal y mitad informal, sino mediante una formalización que preserve esa competitividad.
MV

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