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  • Día de la Mujer: el Gobierno volvió al libreto kirchnerista y repitió el mismo cliché

    Día de la Mujer: el Gobierno volvió al libreto kirchnerista y repitió el mismo cliché

    8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y el Gobierno Nacional optó por conmemorar la fecha con un video en redes en el que criticó con dureza “la estafa millonaria del kirchnerismo con las presuntas conquistas de las mujeres”, remarcando que, a diferencia de esa gestión, “hoy la Argentina celebra a las mujeres que, con libertad, mérito y esfuerzo, construyen el futuro de la Patria”.

    Las reacciones, en sintonía con la división buscada por la pieza audiovisual, derivó en una catarata de respuestas opositoras, que en algunos casos recordaban a Karina Milei y el 3% de las presuntas coimas en ANDIS; otros compartían imágenes de Lilia Lemoine, Karen Reichardt o Virginia Gallardo como legisladoras, preguntando “qué mérito o esfuerzo habían hecho para ser legisladoras”, y hubo quienes señalaron los problemas judiciales de Lorena Villaverde. Todo bajo la habitual mezcla de violencia, grieta e insultos en redes.

    En su video, el Gobierno sostuvo que “el Ministerio de la Mujer creado por kirchnerismo funcionó como una herramienta de corrupción política en lugar de resolver problemas reales”.

    “Una causa noble fue distorsionada y transformada en una estructura destinada a concentrar militancia política, y lo que nos vendieron como una conquista fue en realidad una estafa millonaria”, señala el posteo libertario, describiendo que el kirchnerismo “hizo de las políticas género y diversidad impulsadas desde el Estado un negocio que benefició únicamente a sus militante mientras la pobreza y la inseguridad crecían en todo el país”:

    El material alterna imágenes del Ministerio de la Mujer y de marchas feministas con escenas de Alberto Fernández, el rostro golpeado de Fabiola Yáñez, una breve aparición de Tamara Pettinato y también secuencias con Alperovich y Fernando Espinoza.

    “Hoy el rumbo es claro: igualdad ante la ley, libertad económica y déficit cero para poner fin a la inflación que golpea primero a los sectores más vulnerables”, afirma la locución, estableciendo un nexo directo entre estabilidad financiera y la protección efectiva de las mujeres, en contraste con la anterior gestión pública.

    “El verdadero homenaje a las mujeres no es multiplicar estructuras políticas inútiles que nunca dieron resultados”, subraya el video libertario en su tramo final, evidenciando las diferencias ideológicas entre el Ejecutivo y las consignas del movimiento feminista ligado al kirchnerismo-peronismo. El tono divisionista resultó desafortunado: era una ocasión propicia para señalar, con la épica libertaria que corresponde, “Viva la mujer, carajo”. Eso habría bastado.

    El mensaje, textual, del video libertario

    “Durante décadas, una causa noble fue distorsionada y transformada en una estructura destinada a concentrar militancia política.

    En 2019, el nacimiento del Ministerio de la Mujer no fue un avance fue el comienzo del saqueo. Lo que nos vendieron como una conquista fue en realidad una estafa millonaria. Las políticas de género y diversidad impulsadas desde el Estado se convirtieron en un negocio de pocos, mientras funcionarios de alto rango, intendentes y dirigentes políticos, no daban el ejemplo.

    Mientras tanto, la inflación castigaba con mayor intensidad, la pobreza avanzaba, la inseguridad crecían y el esfuerzo de las argentinas valía cada vez menos. La agenda de género y el relato que la sostenía crecía año a año, pero las soluciones nunca llegaban.

    Hoy el rumbo es claro. Igualdad ante la ley. Libertad económica y déficit cero para poner fin a la inflación que golpea primero a los sectores más vulnerables.

    Porque el verdadero homenaje a las mujeres no es multiplicar estructuras políticas inútiles que nunca dieron resultados. Es construir un país donde cada argentina pueda vivir segura, trabajar en libertad y progresar gracias a su propio esfuerzo”.

    HB

  • Villarruel buscó distensión con el Gobierno en Mendoza y aseguró: “De mi parte, siempre lo mejor”

    Villarruel buscó distensión con el Gobierno en Mendoza y aseguró: “De mi parte, siempre lo mejor”

    La vicepresidenta Victoria Villarruel participó este sábado del tradicional desayuno organizado por la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) en Mendoza, una de las actividades centrales de la Fiesta Nacional de la Vendimia, que este año celebra su 90° edición. En ese marco evitó profundizar las diferencias políticas con la Casa Rosada y afirmó: “De mi parte siempre lo mejor, la mejor voluntad para servir al pueblo argentino”.

    Al ingresar al acto, la titular del Senado fue recibida por el nuevo presidente de COVIAR, Fabián Ruggeri, y explicó que asistió con el objetivo de “darle relevancia” a una festividad que sintetiza décadas de trabajo del sector vitivinícola argentino y que forma parte de la construcción de la marca país vinculada al vino.

    La vicepresidente Victoria Villarruel con el presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina, Fabián Ruggeri
    Victoria Villarruel con el presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina, Fabián Ruggeri | Foto gentileza COVIAR

    “Entiendo que es un momento muy importante para los mendocinos y no me interesa tampoco desviar la atención de eso porque son 90 años trabajando para crear una marca país, un producto del cual dependen muchos mendocinos”, expresó ante medios locales cuando le preguntaron por el discurso que el presidente Javier Milei pronunció en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación Argentina.

    Al ser consultada sobre el clima político que rodea al Gobierno nacional, Villarruel intentó dar por cerrado el asunto y sostuvo: “De mi parte siempre lo mejor, la mejor voluntad para servir al pueblo argentino”.

    Victoria Villarruel evitó escalar la pelea con el Gobierno

    Según información de Noticias Argentinas, la presidenta del Senado insistió en que el eje de su visita debía concentrarse en la importancia de la actividad vitivinícola para la economía regional. “Solamente quiero hablar de lo que hoy es lo más importante: la Fiesta de la Vendimia”, afirmó al resaltar el valor productivo del sector.

    En ese mismo registro, Villarruel evitó profundizar el cruce público con el diputado libertario Luis Petri, quien días atrás la calificó de “golpista”. Ante la consulta periodística sobre esas declaraciones, la vicepresidenta respondió de forma breve y directa: “No voy a hablar de esa persona”.

    Sin mostrar incomodidad frente a los cuestionamientos surgidos dentro del oficialismo, la vicepresidenta cerró el intercambio mediático acompañada por el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, y aseguró: “No estoy incómoda, me siento en casa”.

    La vicepresidente Victoria Villarruel junto al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo
    La vicepresidente Victoria Villarruel junto al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo | Foto gentilza COVIAR

    Sin embargo, planteó una advertencia respecto de las acusaciones difundidas en su contra. “Las cosas que se dicen deben ser respondidas en la Justicia o demostradas”, concluyó Villarruel, con la intención de dar por cerrada la pelea que ya tiene varios capítulos, que a pesar de su intento podría continuar.

    Victoria Villarruel se reúne en Mendoza con el sector agropecuario

    La presencia de la vicepresidenta en la provincia se originó inicialmente en el ámbito de la COVIAR, sin una comunicación formal previa con el Poder Ejecutivo provincial. Desde el gobierno mendocino señalaron que cada año se cursa una invitación a autoridades nacionales “en el marco del protocolo institucional” vinculada a la Vendimia.

    La agenda oficial de Villarruel, quien ejerció de manera interina la conducción del Poder Ejecutivo ante la ausencia de Javier Milei, incluyó además una actividad en el sur mendocino. Por primera vez, la Sociedad Rural del Valle de Uco recibirá a un presidente en funciones en su sede ubicada en Eugenio Bustos.

    En relación con ese encuentro, el titular de la entidad rural, Mario Leiva, anticipó: “Vamos a aprovechar la visita de la vicepresidente para plantearle y visibilizar la situación crítica del sector primario mendocino”.

    Para cumplir con esa actividad, Villarruel recorrerá más de cien kilómetros desde el predio del Agasajo Vendimial situado en Godoy Cruz hasta la sede de la entidad agropecuaria.

    NG/DCQ

  • Facundo Nejamkis advierte que, si Milei no revierte la crisis económica, perderá en el balotaje

    Facundo Nejamkis advierte que, si Milei no revierte la crisis económica, perderá en el balotaje

    Facundo Nejamkis, director de la consultora Opina Argentina, aseguró que Javier Milei podría perder un balotaje en 2027 si se acentúa la crisis económica. El politólogo sostuvo que el oficialismo atraviesa un “momento prime en términos políticos”, con capacidad para obtener victorias legislativas, pero advirtió que el programa económico exhibe “signos de agotamiento”. “La pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno”, indicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).

    Facundo Nejamkis es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Realizó estudios de maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés. Es el director de Opina Argentina, una de las consultoras de opinión pública más consultadas por medios y dirigentes, destacada por su análisis electoral y de imagen de gobierno.

    Se cierra la semana que comenzó con las airadas expresiones del Presidente en la apertura de las sesiones ordinarias y concluye con lo de ayer. El Presidente generó una serie de interpretaciones acerca de si comienza una nueva fase del gobierno. Me gustaría tu propio balance de la semana y saber si le das esa importancia significativa que yo estoy planteando.

    Sí, son hechos relevantes, por supuesto. No comulgo con la idea de que cada suceso noticioso sea necesariamente fundacional. Ni siquiera consideraría que la apertura de sesiones del Congreso, aun siendo un espectáculo atractivo, marque por sí sola un antes y un después. Más bien lo interpreto como parte de un proceso en curso. Yo veo un gobierno, como dirían los jóvenes, en su momento prime en términos políticos. Es decir, un gobierno muy fortalecido en recursos de gobernabilidad: con abundancia de herramientas legislativas, quizás incluso en exceso.

    Prácticamente obtiene lo que quiere en el Congreso y domina la escena de la Asamblea Legislativa de forma que hace un año no se hubiera imaginado. De un presidente que antes no podía sostener sus vetos, pasamos a uno que parece capaz de impulsar cualquier ley que desee; de alguien que inició su mandato hablando fuera del Congreso para no mezclarse con legisladores, a un presidente que controla la Asamblea y se dirige a los bloques sin exhibir con quién dialoga. En términos políticos, por ahora, el gobierno parece sobrado de recursos.

    Al mismo tiempo, es un gobierno que en esa escena aparece polarizando con una fuerza política que hoy aparece muy debilitada, que es la principal fuerza opositora: el peronismo. Ese peronismo luce fragmentado y debilitado y, dentro suyo, el espacio hegemónico de los últimos 20 años, el kirchnerismo, enfrenta tensiones internas: su liderazgo está detenido y sin posibilidad de postularse, y arrastra un fuerte desprestigio social. Veo, entonces, a un gobierno que busca polarizar con una oposición debilitada, pero que genera resistencias incluso entre sectores que habían apoyado al oficialismo y que hoy están menos conformes con la situación.

    Así como sostengo que el gobierno está en un momento prime en lo político, no observo lo mismo en lo económico. Percibo un programa económico que muestra signos de agotamiento similares a los que se vieron antes de la elección de octubre, con la diferencia de que entonces el respaldo político y financiero de Estados Unidos había compensado una situación de alta precariedad, sobre todo en lo referido al valor del dólar. Hoy, en los sondeos, existe cierta certidumbre sobre el dólar, pero el resto de los indicadores de opinión son negativos.

    La gente percibe que los precios aumentan respecto a la estabilidad que Milei consiguió en su primer año. Crece en 12 puntos la proporción de personas a las que no les alcanza el ingreso para llegar a fin de mes. Aumenta del cinco al 15% la proporción de quienes consideran que la inflación volvió a ser una preocupación principal. Además, indicadores objetivos relacionados con crecimiento y morosidad muestran un programa económico con rendimientos heterogéneos que, por ahora, no mejora la vida cotidiana de la mayoría.

    El Gobierno ha utilizado la Asamblea Legislativa como un recurso político para confrontar con un rival, y hasta ahora eso le ha permitido acumular capital político; pero no sé cuánto podrá mantener ese recurso cuando comience a competir contra sí mismo, como suele ocurrir a los gobiernos tras las elecciones de medio término.

    ¿No hay una relación entre una cosa y la otra? ¿El espectáculo del domingo y esa exhibición de fortaleza política es necesaria o consecuencia de la debilidad en materia económica?

    Sí, la política y la economía operan de manera casi superpuesta. Permitime retroceder un paso: plantear las transformaciones estructurales del programa económico desde una dimensión moral. En debates académicos o técnicos, si hay déficit o no, no es un tema moral. Si el Estado gasta o no gasta, no es un tema de orden moral. El Gobierno, con acierto estratégico, instaló esa lectura moralizante. Así descalifica a cualquier adversario que proponga otro enfoque y, por eso, el Presidente se permite prescindir de la obra pública durante dos años sin que nadie pueda decirle fácilmente “es una barbaridad”, porque quien propone obra pública queda estigmatizado como corrupto.

    La cuestión es si esa estrategia funciona frente a un rival que carezca de autoridad moral para cuestionarla, en este caso el peronismo kirchnerista. La pregunta es qué va a pasar cuando aparezca un rival que tenga autoridad moral para poder discutir con el gobierno. Ese rival podría surgir dentro del mismo espacio reciclado o de un espacio distinto; y su aparición, junto con el rendimiento del gobierno, será determinante.

    Hoy Milei piensa que su adversario es el kirchnerismo. Está bien que lo use como recurso, es efectivo; pero en realidad hoy Milei pelea contra sí mismo y contra el desempeño de su gestión hasta las elecciones del año que viene. Puedo imaginar que, en un hipotético balotaje, mucha gente preferiría a Milei frente al kirchnerismo; la incógnita es si competirá contra eso o si surgirá otro rival.

    Un ejemplo: la historia no se repite, pero rima. Pensemos en el gobierno de Mauricio Macri: él creía que peleaba contra Cristina Kirchner y, en una jugada política, Cristina se corrió del centro, puso a Alberto Fernández como candidato y Macri perdió con Alberto Fernández, que hasta entonces no había encabezado una lista ni era un líder con carisma arrollador. Macri perdió, en buena medida, por el rendimiento económico de su gobierno.

    Por eso la pregunta clave es qué pasará con la economía de aquí en adelante; creo que eso definirá la dinámica política. Entramos en una etapa donde Milei empezará a competir contra sí mismo y gobernar con el espejo retrovisor suele ser más difícil que en los primeros dos años. Echar la culpa a la herencia o agitar el fantasma del adversario pierde eficacia si a uno no le va bien.

    Con un desempeño económico regular, Milei podría zafar: la memoria de crisis previas puede ser tan fuerte que con un rendimiento moderado alcance para ganar. La duda es si llegará al año que viene con ese rendimiento regular; yo advierto señales de alerta que apuntan a que podría no ser así.

    ¿Volvemos a septiembre? ¿Volvemos a un momento en el que al Gobierno la economía no le está dando la posibilidad de demostrarle a la sociedad las mejoras esperadas después de un optimismo generado a lo largo del segundo semestre de 2024 y el primer trimestre de 2025, cuando empezó aquel problema cambiario? En este caso, los síntomas son de la economía real. La inflación está más cerca del 3% que del 2%, y la crisis económica permite que se califique la situación actual de esta inflación. ¿Te parece que hay como un regreso o un fin de esa luna de miel que tuvo el presidente tras el triunfo de octubre hasta marzo de este año?

    Si lo analizás por imagen, sí. En septiembre, cuando el Gobierno atravesó varias crisis y sufrió la derrota en la provincia de Buenos Aires, la imagen del Gobierno y del propio presidente rondaba los 40 puntos, y en algunos momentos cayó cerca del 35. El efecto Scott Bessent, en mi opinión, fue determinante para entender el rumbo de la opinión pública y el resultado electoral de octubre. Es verdad que la elección bonaerense despertó en votantes el deseo de evitar al peronismo y votar la opción “menos mala”, pero cuando el dólar comienza a crecer e inestabilizarse, eso también se convierte en un argumento decisivo.

    Entre septiembre y octubre apareció un prestamista de última instancia que dijo: “El valor del dólar lo garantizo yo”. Eso generó un respaldo al sistema cambiario de una magnitud insospechada y produjo un rebote en la imagen presidencial, llevándola a niveles de 50–52 puntos. Ese efecto duró octubre y noviembre, pero desde diciembre la imagen empezó a descender y hoy, en marzo, está en los mismos niveles que en septiembre.

    Es cierto que hoy resulta raro ver presidentes con imágenes del 60 o 70% como antes: la polarización, la antipolítica y la dinámica mediática dificultan sostener niveles altos. Aun así, no podemos ignorar esta caída: con estos números el presidente necesitaría ganar en primera vuelta, porque corre el riesgo de llegar a un balotaje donde existe una mayoría social que no estaría dispuesta a votarlo. Lo vimos en octubre: sacó 41 puntos y el 59% de la gente votó otras cosas, sin contar el ausentismo, que también expresa distancia y decepción de parte del electorado.

    Además, una situación económica más grave puede fijar un techo. Me permito tomar una idea de colegas: Cristian Buttié señaló que el Presidente, más que caer en su piso, ha caído su techo. Eso complica a quien debe enfrentar un balotaje —preguntémosle a Sergio Massa, que se topó con ese problema en 2023— y deja abierta la posibilidad de que surja quien encarne ese sentimiento diferente, aunque hoy por hoy aún no haya aparecido.

    ¿Creés que hay tiempo para que la sociedad, de demandarlo, cree una oferta a tiempo para 2027? Algo tan rápido como lo que vos mencionabas en el caso de Alberto Fernández, pero en aquel momento ungido por alguien que tenía un poder que hoy pareciera no tener nadie.

    Ese es el problema central. Hoy ese poder no lo tiene nadie y al mismo tiempo el peronismo está mucho más dañado hoy que en ese momento. En 2015 Macri había ganado el balotaje por un punto; hoy la correlación es distinta. Aunque el peronismo ya arrastraba causas de corrupción como la causa Cuadernos, hasta entonces no estaba tan marcado por el estigma de un gobierno desordenado, desprolijo y con un presidente que daba la sensación de no manejar los recursos del poder. Ese sello —el de desgobierno— afectó al peronismo de modo distinto en la última gestión.

    Por eso, yendo a tu pregunta, resulta difícil imaginar que en poco tiempo surja una alternativa potente desde el peronismo si el propio espacio está tan dañado. No obstante, cuando las sociedades se cansan, buscan cualquier alternativa.

    Veamos qué fue Milei: en 2021 no pensábamos que la alternativa sería él; se hablaba de (Horacio Rodríguez) Larreta, (Patricia) Bullrich o Macri como opciones de Juntos por el Cambio. Sin embargo, el desgaste del peronismo llevó a elegir una propuesta completamente distinta. Hoy no aparece una figura similar, aunque Milei ya asomaba; todo dependerá de la velocidad de la crisis: si el gobierno sufre una descomposición económica acelerada, la sociedad buscará atajos y alternativas rápidamente. Si Milei hace un gobierno regular, probablemente tenga más chances de ganar una elección en primera vuelta, porque será más difícil articular una alternativa mayoritaria.

    Otra hipótesis es que hay tres escenarios: la polarización, que es lo que sucedió entre Macri y Alberto Fernández y Macri y Scioli; tercios, que es lo que sucedió en 2023; o fragmentación, que es lo que sucedió en 2003 cuando no había PASO. ¿Le asignás alguna probabilidad a este último escenario? Imaginemos que haya tres peronismos, que la propia derecha esté dividida entre una candidatura de Milei y una de un candidato del PRO, Nacho Torres, el gobernador de Chubut, respaldado por Macri, y por ejemplo otra inclusive de Victoria Villarruel, aunque saque 4 o 5%, y del otro lado también el peronismo dividido, derecha e izquierda, con Axel Kicillof como candidato natural, Juan Grabois a la izquierda y un gobernador representando lo que representó Massa o un exgobernador como Gerardo Zamora, y luego un pastor como Dante Gebel? ¿Te imaginás la posibilidad de que se pueda llegar a un balotaje con candidatos que no lleguen al 30%?

    Sumo un cuarto escenario al que mencionás: el de 2011, con el oficialismo fuerte y toda la oposición fragmentada. En ese año alguien lo describió como “Blancanieves y los siete enanitos”: el principal contendiente quedó muy por debajo del 20% y Cristina obtuvo el 54%. Reitero: todo vuelve a depender del rendimiento del Gobierno. Si el oficialismo llega a 2027 con la economía recuperada —supongamos que la crisis es pasajera y aparece un rebote del consumo y el crecimiento— es plausible que el Gobierno se fortalezca y la oposición se fraccione, porque no habrá incentivos para unirse.

    Por el contrario, si al Gobierno le va mal, entonces sí puede fragmentarse la derecha, porque para que surjan alternativas competitivas a Milei ese espacio necesita perder incentivos para apoyarlo y que las otras propuestas resulten atractivas. A la vez, el deterioro podría empujar al peronismo a presentar alternativas internas —una opción más a la izquierda y otra más peronista clásica— y ver quién llega a un eventual balotaje con Milei.

    La variable central es, insisto, el rendimiento del Gobierno. No creo que la política adquiera una dinámica autónoma independiente del desempeño económico. Además, el rendimiento económico del país no depende sólo del Gobierno: el conflicto en Medio Oriente, por ejemplo, cuyo inicio es visible pero cuyo final es incierto, puede complicar la gestión económica por el impacto en precios del petróleo y de commodities. Es una situación compleja, por decirlo con palabras de una amiga chilena.

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  • Día 817: Karina Milei afianza su hegemonía y redefine el mapa del poder político

    Día 817: Karina Milei afianza su hegemonía y redefine el mapa del poder político

    La llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia revela algo más que una simple modificación de gabinete: señala el comienzo de una nueva fase del mileísmo, en la que la rosca política comienza a imponerse sobre la épica libertaria inicial. A lo largo de su trayectoria, Javier Milei siguió un patrón recurrente: primero desplazó a sus militantes y comunicadores originales para apoyarse en operadores como Carlos Kikuchi; después relegó al núcleo digital de Santiago Caputo en favor de armadores territoriales como Sebastián Pareja en las listas de las elecciones de medio término; y ahora privilegia a la “familia judicial” por sobre su propio aparato comunicacional.

    El Presidente mantiene el discurso incendiario contra “los kukas” para su base, mientras negocia acuerdos en el Parlamento. Esa ambivalencia —gritar contra “la casta” y, a la vez, pactar con ella— fue la que le permitió acumular poder, pero también puede erosionar su credibilidad entre el núcleo duro libertario. Si la contradicción entre relato y práctica se vuelve demasiado evidente, el riesgo es que el mileísmo perciba que su mayor adversario no es sólo el kirchnerismo, sino la distancia entre palabras y hechos y la falta de resultados concretos en la economía.

    Con la designación de Mahiques al frente del Ministerio de Justicia, la geometría del poder dentro del gobierno parece haberse reconfigurado en torno a un esquema más compacto. Karina Milei ocupa ahora el vértice central de esa estructura política. A su costado actúan los Menem y algunos funcionarios cercanos al núcleo presidencial, como Manuel Adorni. Caputo quedó acotado. El desplazamiento de fuerzas dentro del llamado “triángulo de hierro” marca el cierre de una etapa del mileísmo. Comienza la etapa K.

    La designación de Mahiques al mando del Ministerio de Justicia, promovida por Santiago Viola, abogado personal de Karina Milei, se impone en detrimento de Mariano Cúneo Libarona y de su segundo en el ministerio, Sebastián Amerio, señalado en el esquema informal de poder del gobierno como el operador judicial de Caputo.

    Amerio se enteró de su cesantía en vivo, mientras presidía por Zoom una reunión de la Comisión de Administración y Financiera del Consejo de la Magistratura. A ese trato hacia el sector Caputo se suma otro episodio: durante las transmisiones de la apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Diputados, la edición audiovisual en vivo, dirigida por gente de Karina, evitó mostrar el palco desde el que seguían la sesión Santiago Caputo y el Gordo Dan.

    Paradójicamente, varios analistas interpretaron la confrontación de Milei con el kirchnerismo como un vuelco hacia la estrategia Caputo. Sin embargo, ambas lecturas no son incompatibles. El Gobierno parece haber aprendido a jugar en dos frentes: alimentar a su núcleo duro con un discurso incendiario y polarizante, mientras confía en la rosca política y las negociaciones para obtener resultados concretos en la gestión.

    Fue precisamente esa rosca la que le permitió avanzar en el Parlamento con la reforma laboral y la Ley Penal Juvenil, entre otros proyectos. Y la necesitará si pretende reformar la ley electoral, considerada clave para remover las PASO y complicar la unificación opositora.

    La jura del nuevo ministro dejó señales palpables de esa reconfiguración del poder. El saludo frío entre Karina y Caputo puso en escena la tensión entre ambos sectores y fue leído dentro del oficialismo como la confirmación de una derrota política para el asesor. Milei, en cambio, saludó a su colaborador con un abrazo prolongado que, al mirarlo con detalle, resultó más frío y forzado que en otras ocasiones.

    Desde la óptica estratégica, la dinámica del poder mileísta siempre estuvo marcada por una ambivalencia estructural. Por un lado está el Milei de la confrontación permanente, el de la batalla cultural: entiende la política como un conflicto ideológico total contra el kirchnerismo, el socialismo y lo que denomina “la casta”. Ese costado se expresa con mayor claridad en el dispositivo comunicacional que conduce Caputo, en la lógica de polarización constante y en el ecosistema de militancia digital que amplifica el conflicto. Es el Milei que se dirige a su núcleo duro y construye identidad política a partir del antagonismo.

    Pero convive con otra dimensión más clásica y pragmática del poder. Allí aparecen Karina, Martín y Eduardo “Lule” Menem y los armadores territoriales que se ocupan de cerrar acuerdos, ordenar listas, negociar con gobernadores y consolidar una estructura política capaz de sostener al oficialismo en el tiempo. Ese Milei acepta la lógica de la rosca, la acumulación gradual de poder y las transacciones inevitables de la política real. La tensión entre la confrontación ideológica y la negociación pragmática atraviesa toda la experiencia del gobierno libertario y explica muchas de sus decisiones recientes.

    Esta pulsación entre dos “almas” del Gobierno ya tuvo varios ciclos en la carrera del Presidente. Milei llegó a la política rodeado por un núcleo reducido de militantes digitales, economistas libertarios y activistas antiestablishment que lo acompañaron desde sus primeras apariciones televisivas. Sin embargo, cuando el proyecto debió convertirse en una estructura electoral competitiva, optó por apoyarse en operadores con experiencia territorial y desplazó a quienes le habían abierto el camino.

    En esa etapa se impuso la figura de Kikuchi, que se transformó en el principal armador de La Libertad Avanza en 2021 y 2022. Esa decisión implicó relegar a varios de los primeros militantes libertarios provenientes del activismo mediático y las redes. Al mismo tiempo dejó espacio para Santiago Caputo y nuevas figuras en ascenso, como el Gordo Dan y el canal de streaming “Carajo”.

    Tras la asunción, la tensión interna se repitió. El armado territorial del oficialismo gravitó en torno a Pareja, que fue consolidando poder dentro del partido y, en particular, en la provincia de Buenos Aires. Su ascenso se dio en conflicto con el sector comunicacional y digital del mileísmo, vinculado al estratega Caputo y a figuras mediáticas del ecosistema libertario como el streamer Daniel Parisini, conocido como el Gordo Dan.

    Ese enfrentamiento quedó cristalizado en las elecciones de medio término. Mientras el núcleo de Caputo buscaba listas que preservaran la identidad original del movimiento, Pareja avanzó con acuerdos con dirigentes territoriales y estructuras políticas tradicionales. La disputa dejó en evidencia la tensión entre el mileísmo militante de redes y el pragmatismo del armado electoral.

    La misma lógica se percibe ahora en el reciente cambio en el Ministerio de Justicia. La designación de Mahiques, vinculado a sectores de la llamada “familia judicial” y con lazos históricos con operadores del sistema, se interpretó como un nuevo gesto hacia la política tradicional. El movimiento implicó desplazar del área a funcionarios próximos al sector de Caputo, como el viceministro Amerio, símbolos de la influencia del núcleo estratégico del mileísmo.

    En un momento en que el Gobierno enfrenta conflictos judiciales y disputas institucionales, el Presidente volvió a apostar por un perfil con capacidad de interlocución en los tribunales. Así, en cada etapa de su recorrido político —la construcción electoral, el armado territorial y ahora la gestión judicial—, Milei ha mostrado que, cuando está en juego el poder, su opción tiende a favorecer la rosca política por sobre la lealtad al núcleo duro que lo impulsó.

    La influencia sobre ese organismo incide directamente en el funcionamiento del sistema judicial. El representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura participa en decisiones clave sobre jueces y presupuesto del Poder Judicial. Controlar ese espacio implica contar con una herramienta central en la relación entre política y justicia. La nueva conducción del ministerio asumirá ese rol en un momento especialmente sensible por el avance de la investigación por la criptoestafa $Libra y el escándalo en ANDIS, que involucra a Karina.

    Según reveló la periodista Irina Hauser, un peritaje sobre dispositivos del trader Mauricio Novelli encontró un acuerdo confidencial que habría firmado Javier Milei con el empresario Hayden Davis para recibir asesoramiento en blockchain, criptomonedas e inteligencia artificial. Ese documento contradice la versión del Presidente, que afirma no haber tenido vínculos con el proyecto $Libra ni conocimiento de la maniobra. Para la periodista, estos elementos refuerzan la hipótesis de que el mandatario estaba “muy empapado” en el tema y que el vínculo entre las partes resulta difícil de negar, lo cual complica la situación del mandatario en la criptoestafa.

    La idea de que la designación de Mahiques pueda servir como un mecanismo de blindaje político se apoya en su profunda inserción en el sistema judicial argentino. Mahiques no es un outsider: proviene de una familia con múltiples cargos dentro del Poder Judicial y con vínculos de décadas en tribunales federales y provinciales.

    Su padre, Carlos Mahiques, es juez de la Cámara Federal de Casación Penal, uno de los tribunales más influyentes del país, y además fue ministro de Justicia bonaerense durante el gobierno de María Eugenia Vidal. A ese entramado familiar se suman otros integrantes del clan, como su hermano Ignacio Mahiques, fiscal federal que intervino en causas de alto impacto político, lo que configura una red con presencia en distintos niveles del poder judicial.

    En ese marco, su llegada al Ministerio de Justicia podría resultar útil para el Gobierno porque combina dos factores: conocimiento interno del funcionamiento judicial y relaciones personales dentro del sistema. Antes de ser ministro, Mahiques fue representante del Poder Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura y luego fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires, cargos que le permitieron tejer vínculos con jueces, fiscales y operadores del mundo judicial.

    Además, su carrera estuvo vinculada a espacios políticos con capacidad de incidencia institucional, primero durante el gobierno de Mauricio Macri y luego en estructuras ligadas al poder judicial y al Ministerio Público. Ese recorrido lo convierte en una figura capaz de interpretar los tiempos y las lógicas de Comodoro Py, algo valioso para un gobierno que enfrenta potenciales conflictos judiciales o que necesita gestionar nombramientos y vacantes en tribunales.

    El Ministerio de Justicia tendrá, además, la responsabilidad de impulsar la designación de cerca de doscientos jueces federales y nacionales. La cobertura de esas vacantes será una de las decisiones institucionales más relevantes de los próximos años. Esos nombramientos pueden condicionar el funcionamiento del sistema judicial durante décadas. Hasta ahora, la administración de Javier Milei no había avanzado en ese proceso.

    Sin embargo, el nuevo ministro no está exento de polémicas. Su designación reavivó la controversia por el viaje a Lago Escondido, uno de los episodios más discutidos de su trayectoria. El caso involucró a jueces, empresarios y funcionarios que visitaron la estancia del magnate británico Joe Lewis, presuntamente invitados por directivos del Grupo Clarín. El episodio generó cuestionamientos porque algunos magistrados presentes habían tomado decisiones judiciales favorables a empresas o actores vinculados a ese entorno.

    La polémica se intensificó cuando se filtraron chats de un grupo de Telegram integrado por jueces, funcionarios y empresarios que participaron del viaje. En esas conversaciones analizaban cómo reaccionar públicamente ante la revelación y evaluaban estrategias para justificar los gastos del vuelo privado y la estadía. Entre los mensajes apareció un audio de Mahiques en el que sugería “hacer una facturita” para justificar la visita a Lago Escondido.

    Viola, segundo de Mahiques y abogado personal de Karina, también arrastra antecedentes comprometidos. Durante la investigación a Cristina Fernández de Kirchner en la causa del juez Sebastián Casanello, conocida como la Ruta del Dinero K, presentó dos testigos que afirmaron haber visto a Casanello en la Quinta de Olivos, con la intención de desplazar al magistrado. Luego se comprobó que se trató de una operación fraudulenta contra el juez.

    Otro indicio del viraje hacia una estrategia más política, orientada a achicar frentes de conflicto, es que al asumir Mahiques pidió la renuncia de varios funcionarios políticos del equipo de Cúneo Libarona. Entre los cambios más notorios figura la salida de Daniel Vítolo, titular de la Inspección General de Justicia (IGJ), quien había ganado visibilidad por la ofensiva del Gobierno contra la AFA y por promover el envío de veedores a la entidad que preside Claudio “Chiqui” Tapia.

    Aunque desde la Casa Rosada sostuvieron que la postura oficial hacia la asociación del fútbol no variará, la designación de Mahiques generó interrogantes por sus vínculos previos con dirigentes del fútbol, entre ellos Tapia y Pablo Toviggino, a quienes dijo conocer “socialmente”, aunque negó una relación de amistad. En paralelo, el nuevo ministro anticipó que revisará el expediente que solicitaba el envío de veedores a la AFA antes de definir una postura definitiva.

    Esto representa una descompresión del conflicto con “Chiqui” Tapia, que además ganó espacio tras gestionar la vuelta al país del gendarme Nahuel Gallo, entonces preso del chavismo en Venezuela.

    El modelo Caputo encarna la pureza ideológica y el ataque permanente, mientras que el ala política, representada por los Menem y Karina Milei, simboliza la negociación y el consenso. El Gobierno optó por una estrategia ambivalente: mantener el discurso incendiario mientras se abren y fortalecen vías de negociación. La crítica del caputismo más puro es que se reincide en un problema clásico de la política: la hipocresía.

    Si llega a percibirse que Milei “habla para la tribuna” mientras “negocia con la casta política”, podría iniciarse una etapa de desmoralización entre las filas de su núcleo duro. Al mismo tiempo, la polarización ya es leída por aliados políticos como un rasgo distintivo de Milei que, en definitiva, no resulta determinante por sí solo.

    Los insultos y la denostación pública a los “kukas” durante la apertura de sesiones admiten dos lecturas. Para algunos fueron gritos de impotencia ante las crecientes dificultades económicas. Para otros, una estrategia para construir un terreno político, señalando a Cristina como enemiga principal. De ese modo, Milei recuerda a sus seguidores que él es, por ahora, el adversario principal del kirchnerismo y se posiciona al frente del antikirchnerismo, que hoy parece hegemónico en el país.

    Ayer, durante una entrevista en La Nación+, Luis Majul le preguntó por la confrontación en el Parlamento, y el Presidente respondió: “El kirchnerismo es lo peor que le pasó a la Argentina en su historia” Resulta llamativa una declaración tan rotunda, ya que, aunque se pueda ser opositor al kirchnerismo, la dictadura de Jorge Rafael Videla fue indudablemente más gravosa: en ese período se aplicó terrorismo de Estado, se violaron derechos humanos de forma sistemática y desaparecieron 30.000 personas.

    Algunas versiones afirman que Milei, en su afán refundacional, estaría preparando indultos para genocidas. Sería un tema extremadamente sensible para la historia política argentina, más aún en el 50° aniversario del golpe militar. La ambivalencia de Milei también responde a la fragilidad de sus puntos de apoyo.

    El mileísmo transita un momento de gran fortaleza política, pero enfrenta crecientes dificultades económicas. Esas tensiones afectan su imagen, que ya muestra signos de desgaste en las encuestas, y probablemente han debilitado el liderazgo de Caputo al frente de la comunicación dentro del denominado “triángulo de hierro”.

    Por ahora, el Gobierno mantiene el control del dólar, logró abastecerse de reservas y cuenta con el respaldo explícito de Donald Trump. Además conserva la capacidad de instalar temas en la agenda pública. Sin duda, el oficialismo sigue teniendo la iniciativa política.

    No obstante, la economía real no presenta resultados equivalentes. En una columna reciente en Cenital, Ernesto Tenembaum y Alfredo Zaiat advierten que la historia argentina registra momentos de aparente hegemonía que luego se diluyeron —gobiernos como los de Carlos Menem, Cristina o Macri en distintos momentos parecían invencibles—. El problema no es la concentración del poder en sí, sino cuánto tiempo puede sostenerse.

    Los indicadores económicos empiezan a mostrar tensiones en el programa oficial tras más de dos años de gestión. En ese lapso se perdieron cerca de 300.000 empleos privados registrados, mientras la masa salarial real cayó y la inflación mensual se estancó más cerca del 3 que del 2 por ciento. El esquema antiinflacionario descansó en buena medida sobre el salario como ancla, y el tipo de cambio osciló entre crawling peg, bandas cambiarias impulsadas por el FMI y ajustes atados a la inflación pasada, cada mecanismo generando nuevas expectativas en el mercado.

    El dilema es claro: si el Gobierno relaja esas anclas, la inflación puede acelerarse; pero si las endurece, profundiza la recesión, en una economía donde la morosidad crece, el crédito no despega y la rentabilidad financiera sigue siendo más atractiva que la inversión productiva. El respaldo parlamentario que facilitó sus triunfos recientes parece haberse convertido en su nueva base de sustentación.

    En este contexto de inestabilidad económica, como en un mar embravecido, el Gobierno se aferra a la balsa que representa la hegemonía lograda en el Parlamento mediante la negociación política. No solo la afinidad une; también lo hace el espanto. La posibilidad de una nueva crisis funciona como pegamento para aliados inconsecuentes que no quieren que todo se desplome o que no perciben una alternativa clara.

    El gobierno de Milei parece entrar en una fase en la que la construcción de poder político se vuelve su único punto de apoyo estable. ¿Será suficiente para capear las olas de una economía adversa hasta que soplen vientos favorables? La evolución de esa combinación entre política y economía definirá el futuro del experimento libertario.

    Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira

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