El sábado pasado, en una mañana que aún conservaba los últimos rescoldos del calor de un verano reacio a irse, el ruido de los cascos sobre el pasto quebró la rutina de la Unidad Penal N°1 de Villa Las Rosas, en Salta. Algunos internos observaron con desconfianza; otros, con curiosidad. Minutos más tarde, uno de ellos —quien había dudado en sumarse— descendió del caballo con otra expresión: sereno y en paz, sintió que algo dentro suyo había cambiado. Así, en un escenario inesperado, recobró sentido “Caballos que visitan”, la iniciativa solidaria de la Fundación Equinoterapia del Azul que nació en una sala de hospital y hoy acompaña diversas realidades, incluso en contextos carcelarios.
La creadora de este programa itinerante es Elena Cataldi Fleming, fundadora de la Fundación Equinoterapia del Azul, quien diseñó la propuesta a partir de una vivencia personal. En esa sala de espera, al ver el dolor, la incertidumbre y el desgaste emocional que provoca una situación de salud complicada, sintió una necesidad profunda de aliviar, aunque fuera un poco, esa espera.
Los internos vivieron un sábado diferente en el penalGza.
Y pensó en sus caballos, en sus compañeros de vida, en su presencia, en su sensibilidad y en su capacidad de conectar sin palabras. Allí nació la pregunta que dio inicio a todo: “¿Y si llevamos los caballos de la Fundación a esos lugares donde tanto se los necesita?”.
En diálogo con LA NACION, Cataldi recordó cómo se gestó el programa. Hace aproximadamente dos años, mientras acompañaba a un sobrino internado por un tratamiento oncológico, observaba a los chicos en sus habitaciones, sometidos a jornadas difíciles por las largas horas de espera. Describió ese ambiente hospitalario recurrente: “Pensaba en lo complejo y monótonos que eran sus días, con los mismos sonidos de las máquinas de los hospitales”.
En un principio, algunos internos miraban con desconfianza; otros, con curiosidad; minutos después, uno de ellos, que había dudado en participar, bajó del caballo con otra expresión: en calma y en paz, sintió que algo dentro suyo se había transformadoGza.
En medio de esa escena, comenzó a imaginar una alternativa. “Empecé a pensar qué se podía hacer tal vez para ofrecerles un ratito distinto de alegría”, relató. La respuesta surgió casi de inmediato: “Obviamente se me vino a la cabeza los caballos que son mis grandes compañeros de camino. Empecé a mirar por las ventanas y a darme cuenta que podíamos llegar al menos por ahí, aunque sea que los chicos puedan mirarlos a través de un vidrio”. Pidió entonces una reunión con el director del hospital y así fue tomando forma la idea de acercarlos al lugar.
Tras las gestiones, llegó el día esperado. “Fuimos con cinco caballos y un equipo completo de terapeutas y asomamos por la guardia esperando a ver si nos bajaban los chicos”, relató. La imagen quedó grabada en su corazón: “Fue una enorme alegría cuando vimos que se abrió la puerta y bajaron los chicos, algunos con oxígeno inclusive”. La experiencia se repitió: “Volvimos una y otra vez, para Navidad, para Reyes Magos, con los caballos con alforjas, con golosinas”, contó.
Con el tiempo, la iniciativa se expandió a hogares de niños. “Hay algunos que no pueden venir a la fundación o porque no tienen permiso o porque están judicializados”, señalóGza.
Con el tiempo, la iniciativa se extendió a hogares de niños. “Hay algunos que no pueden venir a la fundación o porque no tienen permiso o porque están judicializados”, señaló. Por eso decidieron que, los sábados en que no trabajan en la sede, los caballos viajen en tráiler hacia esos destinos. El programa dejó de ser solo una visita recreativa para incorporar un abordaje emocional. “Queríamos que cada visita no sea solo un momento lindo, sino enseñarles a trabajar las emociones”, explicó.
Y la experiencia se repitió. “Volvimos una y otra vez, para Navidad, para Reyes Magos, con los caballos con alforjas, con golosinas”, contó CataldiGza.
Así surgió la idea de que cada caballo ayudara a trabajar un sentimiento. “Por ejemplo, el caballo de la tristeza llega con lápices y cuadernitos para dibujar qué es lo que te pasa. El del enojo llega con molinitos de viento que te enseñan a respirar”, detalló. La propuesta adoptó una dimensión terapéutica.
La tercera etapa apareció casi sin planearla: el penal. “Tuve una reunión con las autoridades pertinentes y me dijeron que les parecía que podía ser algo exitoso”, contó. La articulación se realizó junto con la Fundación Espartanos y autoridades del Servicio Penitenciario.
El sábado pasado fue la primera visita con caballos dentro de la Unidad Penal N°1 de Villa Las Rosas. “Realmente fue increíble lo que vivimos”, afirmó Cataldi. Hubo juegos, trabajo en equipo y una propuesta novedosa: una fusión entre el pato y el rugby, idea que surgió de un interno.
Uno de los momentos más conmovedores ocurrió con un hombre que, antes de comenzar, confesó estar atravesando un día muy difícil y había pensado en no participar. Finalmente se acercó. Tras la experiencia, dijo que se iba “en calma, en paz” y que había sentido “una serenidad que hacía mucho no experimentaba”.
En el penal, hubo juegos, trabajo en equipo y una propuesta novedosa: una fusión entre el pato y el rugby, idea surgida de un internoGza.
Otro interno, oriundo del campo y con nueve años de encierro, pudo galopar. Al terminar afirmó que, en todos esos años, fue “el único momento en el que logró olvidarse por un rato de dónde estaba”. Contó que mientras galopaba volvió a sentirse “libre y feliz”.
Para Cataldi, el eje es claro: “El caballo no juzga, no pregunta por el pasado. Responde al presente y en ese presente se abren posibilidades”. En contextos complejos, esa conexión puede convertirse en un puente hacia la calma y la dignidad.
La Fundación Equinoterapia del Azul trabaja hace más de 20 años en Salta con niños, jóvenes y adultos. “Creemos firmemente en el poder transformador de los caballos y en cómo pueden mejorar la calidad de vida de las personas, incluso en los contextos más difíciles”, sostuvo su fundadora.
En el penal, Cataldi junto a su gente y de la fundación Espartanos Gza.
El programa “Caballos que visitan” reafirma ese propósito: acercar alivio y esperanza a quienes atraviesan situaciones de espera, vulnerabilidad o encierro. “Buscamos llevar amor, cariño, lindos momentos, tranquilidad, alivio y todos los beneficios que suceden cuando un ser humano conecta con un caballo”, resumió.
La experiencia en el penal dejó escenas difíciles de olvidar: internos ayudándose para montar, otros acercándose solo para escuchar “el ruido al comer el pasto” que, según dijeron, “les daba mucha paz”. Pequeños gestos que, en ese contexto, adquieren otra dimensión, contó la fundadora.
El programa “Caballos que visitan” reafirma ese propósito: acercar alivio y esperanza a quienes atraviesan situaciones de espera, vulnerabilidad o encierro.Gza.
“Estoy copada, fascinada porque todo empezó cuando yo estaba acompañando a un sobrino mío”, confesó Cataldi, a quien perdió hace un mes y medio. En medio del dolor, el proyecto creció.
El próximo 26 de marzo, a las 19, la fundadora brindará una charla de su experiencia en la expo Nuestros Caballos, en la Rural de Palermo, en el marco de la Cumbre Internacional de Equinoterapia.