Las vidrieras de los emprendimientos biotecnológicos de nuestra región orientaron recientemente sus luces hacia tres proyectos argentinos. Desde soluciones para el estrés hídrico en cultivos hasta la edición genética para trasplantes, son iniciativas que ganan terreno en el ecosistema emprendedor.
El primer caso correspondió a la última edición de Expoagro. Allí se destacó por su apuesta a la eficiencia productiva la startup CycleF, fundada por Rodrigo Pontiggia, doctor en Química Biológica; Melisa Altina, licenciada en Biotecnología, y Joaquin Guillot, graduado en Ciencias Ambientales, los tres exejecutivos de Benito Roggio Ambiental.
Lanzado a fines del año pasado, su producto insignia es el bioestimulante Nano Power, empleado para el tratamiento de semillas y aplicación foliar.
“Su propósito es ayudar al cultivo a gestionar el estrés abiótico,por sequías, heladas o cambios bruscos de temperatura, y químico, a veces generado por las aplicaciones de fitosanitarios. Actúa como escudo metabólico. Mejora la respuesta fisiológica del cultivo, para que no se detenga o se recupere más rápidamente”, explicó Pontiggia.
La ventaja competitiva reside en la escala molecular. “A diferencia de los bioestimulantes tradicionales, nuestras nanopartículas ingresan a la planta de forma ultrarápida y disparan múltiples mecanismos de defensa en forma simultánea, a niveles fundamentales como la expresión de genes. Por otro lado, al usar dosis muy bajas, el productor puede cubrir grandes superficies con muy poco volumen de producto. Esto simplifica la operación, compatible con la aplicación por drones, y el almacenamiento”, continuó.
Para desarrollar el bioestimulante y una línea de fertilizantes organominerales denominada OrganoMAX -cuyo lanzamiento está previsto para fines de 2026-,la compañía consiguió una inversión de capital de 100.000 dólares por parte de uno de sus clientes, ViReyes Agropecuaria. También contó con el asesoramiento de Romina Giacometti, doctora en Biología Molecular y Biotecnología e investigadora del CONICET.
“Nos propusimos salir al mercado con un producto que nos permitiera crecer rápidamente en el número de clientes. Llevamos 9.500 unidades vendidas y nuestro objetivo de ventas es de 920.000 dólares para 2026. También armamos una red de distribuidores en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes”, detalló el vocero de la iniciativa.
“Si bien esta línea de negocios es suficiente para establecer una compañía de especialidades, nuestro objetivo es generar condiciones económicas para entrar al mercado de fertilizantes de alto valor, que es mucho más grande. Son dos negocios con características distintas desde lo productivo y los números, pero que se complementan”, añadió.
Con ese propósito, la firma incorporó como socio al productor Alejandro Vollert, exdirector para América Latina de Yara International, una empresa global de fertilizantes con sede central en Noruega, y expresidente de Fertilizar Asociación Civil aquí en la Argentina.
Microorganismos extremófilos
El segundo escaparate que exhibió a una startup biotecnológica argentina fue la última edición del tradicional informe de Cuantico VP sobre venture capital en América Latina. Allí, entre emprendimientos de otros verticales que acababan de levantar decenas de millones de dólares, apareció mencionada Nunatak Biotech.
Más modesta en su capitalización de 650.000 dólares, conseguida gracias a los fondos de la argentina GRIDX, la española Eatable Adventures y las italianas Granarolo y Conserve Italia, la empresa es liderada por Julia Mensa, graduada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, y ex-ejecutiva de la Agencia Pro Córdoba.
Cuenta, además, con un equipo científico-técnico asesor conformado por María Martha Martorell y Francisco Massot, ambos doctores en Bioquímica e investigadores del CONICET especializados en la microbiología de los ambientes extremos de la Antártida.
“Nuestro equipo estudió cómo los microorganismos sobreviven en condiciones que afectarían a cualquier cultivo: frío extremo, salinidad y escasez de nutrientes. Ese conocimiento nos dio acceso a un banco de más de mil cepas de extremófilos, que tienen el potencial de convertirse en productos capaces de potenciar el rendimiento de los cultivos y soportar los desafíos de los suelos degradados”, indicó Mensa.
El primer producto de la compañía, con sedes en Buenos Aires y en Río Cuarto, se llama Yamana. Se trata de un tratamiento biológico de semillas que combina microorganismos extremófilos tolerantes al estrés, micronutrientes y coadyuvantes orgánicos.
“Actúa mejorando el desarrollo radicular, la disponibilidad de nutrientes y la tolerancia de la planta al estrés. Entrega a los cultivos de invierno un mayor rendimiento a partir de darle ventaja al momento de su implantación. Los ayuda a arrancar mejor”, ilustró la emprendedora. “Su diferencial es que está diseñado para integrarse con fungicidas, fertilizantes y otros biológicos, sin reemplazarlos”, añadió.
La propuesta parece estar anclada en un problema agronómico real. Un tercio de la tierra cultivable del mundo ya se encuentra degradada, los cambios de temperatura afectan a los cultivos, la salinidad es un problema creciente y existe una presión regulatoria para reducir el uso de químicos, de acuerdo con sus palabras.
“El mercado global de biológicos agrícolas ya supera los 15.000 millones de dólares y aumenta al 10% anual. En América Latina el crecimiento es aún mayor, del orden del 30% anual”, precisó. Como dato clave, agregó que menos del 1% de los microorganismos existentes en los suelos del planeta fue estudiado por la ciencia. Por esa razón, aseguró que “Nunatak Biotech se prepara para desbloquear ese potencial y construir productos que aporten resiliencia y productividad”.
Si bien la startup recién planea iniciar su etapa comercial a fines de 2026, su directora indicó que llevan realizados treinta ensayos a campo con cultivos de trigo,cebada, soja y pasturas. Los hicieron, puntualizó,“junto con empresas del sector, que financian los ensayos y evalúan la integración de nuestra tecnología”.
El modelo de negocio planeado es B2B y prevé la comercialización del producto -que cuenta con una solicitud de patente en trámite en los Estados Unidos- entre distribuidores de insumos agrícolas, cooperativas y compañías agroindustriales. El equipo suma once personas entre científicos, analistas de negocio y asesores en el campo, el invernadero y el laboratorio.
Edición genética
La tercera vitrina que mostró los avances de las startups biotecnológicas argentinas fue el reciente South Summit Brazil, realizado en Porto Alegre, donde una de las empresas finalistas fue Crofabiotech, creada en la Universidad Nacional de San Martín con el propósito de investigar sobre la generación de órganos genéticamente modificados aptos para trasplantes.
Su equipo fundador está integrado por Adrián Mutto, doctor en Biotecnología y Biología Molecular e investigador de la Escuela de Bio y Nanotecnología de la UNSAM en el campo del mejoramiento genético animal; Adrián Abalovich, médico cirujano e investigador en xenotrasplantes en el Hospital Eva Perón de San Martín, y Mariela Balbo, magíster en Finanzas y exfuncionaria nacional y de la provincia de Buenos Aires en el ámbito del desarrollo productivo.
“Nuestro enfoque inicial es el desarrollo de órganos genéticamente editados aptos para el trasplante en humanos, es decir xenotrasplantes de riñón y corazón. El objetivo es resolver la crisis global de escasez de órganos mediante una plataforma propia de edición genética aplicada a animales, combinada con biotecnología reproductiva avanzada”, explicó la también coordinadora de Vinculación de la UNSAM.
La firma aprovecha el ecosistema científico local para optimizar sus costos.“Estamos incubados en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM. Esto nos permite contar con infraestructura científica y tecnológica para la producción genética de alta calidad sin los costos elevados de otros países”, agregó.
A un año de su creación Crofabiotechlogró una ronda de inversión de 700.000 dólares por parte de una empresa de medicina prepaga que la vocera prefirió no mencionar. Por estos días, mientras tanto, la firma busca una ronda de inversión semilla para completar el desarrollo tecnológico y reunir las capacidades de infraestructura a fin de iniciar los estudios preclínicos durante este año.
“El foco es la generación y validación de animales genéticamente editados, el escalamiento de nuestras capacidades y la preparación regulatoria. En paralelo, avanzamos en la estrategia de protección de la propiedad intelectual, con una solicitud de patente ya presentada en los Estados Unidos”, detalló Balbo.
Con miras al mediano plazo, el modelo de negocio previsto combina la monetización de la propiedad intelectual y el know-how estratégico con la prestación de servicios especializados basados en la plataforma biotecnológica propia. “Esperamos comenzar con las primeras licencias de la tecnología en 2031”, anticipó.
El segmento de clientes potenciales de la firma abarca los laboratorios de compañías farmacéuticas globales que desarrollan terapias avanzadas y las instituciones enfocadas en la falla orgánica terminal, como los proveedores de diálisis y los centros especializados en trasplantes y medicina personalizada, junto con otras empresas biotecnológicas e institutos de investigación.

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