El conflicto en Medio Oriente volvió a encender las alarmas por la falta de avances visibles en una negociación que parece paralizada y por el papel crucial del Estrecho de Hormuz en el comercio energético mundial. Jorge Elías, analista de política internacional, dijo que la duración del conflicto es “realmente muy incógnita” porque “está trabado todo”: negociaciones, decisiones de gobierno y alineamientos internos. Su lectura es que el escenario combina tensiones militares, fracturas políticas y un impacto económico que ya se siente en precios, transporte y restricciones de consumo.
Elías advirtió que la crisis no sólo se juega hacia afuera, sino también en el interior de los gobiernos implicados. Habló de una “ruptura interna” en Estados Unidos, asociada a cambios en el gabinete, y describió una fragmentación en Irán, donde los mensajes del Parlamento chocan con las acciones de la Guardia Revolucionaria. “Esto es palpable cuando, de pronto, el presidente del Parlamento te dice que está abierto el Estrecho de Hormuz y la Guardia Revolucionaria no actúa en consecuencia”, señaló.
Hormuz como epicentro: “arma secreta” y un bloqueo que paraliza la economía real
Para Elías, el Estrecho de Hormuz constituye el nudo central y el elemento más difícil de destrabar. Sostuvo que Irán encontró un poder de negociación que no pasa por misiles ni por uranio: “el arma secreta de Irán es su geografía”. En su análisis, esa geografía “le juega a favor” a Irán y “le juega en contra” a Estados Unidos e Israel, porque transforma el control del paso marítimo en una herramienta de presión constante.
El analista agregó que la posible presencia de minas complica aún más cualquier intento de normalizar el tráfico marítimo. Afirmó que para desminar una franja de “no más de 30 kilómetros de ancho” se necesita “medio año”, lo que vuelve muy lento el retorno a la normalidad logística. Ese peligro no solo amenaza a petroleros extranjeros, sino también a embarcaciones iraníes, por lo que incrementa los costos operativos de todos los involucrados.
Elías también destacó otra señal que considera grave: el cobro de peaje. Describió que “se está cobrando peaje en un Estrecho Internacional”, lo que implica un cambio de hecho en el control de una ruta clave del comercio mundial. A la vez, explicó que Irán exige que Estados Unidos retire su presencia naval y cese el control de puertos, mientras que Estados Unidos plantea condiciones que Irán no estaría dispuesto a aceptar, como la entrega de uranio enriquecido y la apertura en los términos estadounidenses.
Efecto económico inmediato: acopio de petróleo, subas de pasajes y restricciones domésticas
El análisis de Elías puso el foco en cómo la crisis ya llegó a la economía real. Afirmó que “los países ricos están apropiándose o acopiando su petróleo” y que eso genera una brecha “fenomenal” con países vulnerables que no producen petróleo y podrían quedarse sin suministro. Según su visión, esa desigualdad energética se convierte en un factor de riesgo social y macroeconómico, porque determina quién puede absorber el shock y quién queda expuesto.
Elías citó ejemplos de ajustes forzados en Asia. Mencionó que Corea del Sur aplica medidas de ahorro, con restricciones que llegan “hasta la ducha” y pedidos para no cargar combustible durante la semana, sino el fin de semana. Su punto es que, cuando la energía se vuelve incierta, el ajuste se traslada a hábitos cotidianos y decisiones de consumo, con efectos previsibles sobre la actividad económica y la inflación.
También advirtió cambios en el transporte internacional. Dijo que aerolíneas europeas ya “han aumentado” tarifas y que recibió un aviso de una línea aérea de Estados Unidos con un aumento del 20% en pasajes y reducción de vuelos. Para Elías, el transporte aéreo funciona como termómetro: cuando sube el costo del combustible y disminuye la previsibilidad, la oferta se ajusta y los precios suben, impactando al turismo y al comercio.
Tensiones políticas y riesgo de escalada: divisiones internas y una tregua paralela
Elías describió el conflicto como un tablero con varias capas de tensión actuando a la vez. Señaló que en Estados Unidos hay señales crecientes de fractura política y que incluso sectores del electorado de Trump podrían mostrarse disconformes, dado que la promesa fue no intervenir en conflictos externos. A nivel internacional, planteó que Trump “se ha ganado el arte de hacer enemigos” también fuera del país, con roces que incluyen aliados y adversarios, lo que reduce los márgenes de negociación.
El analista agregó un factor de calendario que complica el panorama: la tregua entre Líbano e Israel. Recordó que esa tregua vence el 26 de abril y dijo que ya “se ha roto” con escaramuzas en frontera y ocupación de territorio, lo que agrega presión regional. En su diagnóstico, estas capas paralelas de conflicto refuerzan la idea de que “va para largo”, porque no dependen de una sola mesa de negociación.
En ese marco, Elías consideró que la Guardia Revolucionaria seguirá jugando un papel central. Afirmó que “ya lo tiene” el poder real porque controla Hormuz, mientras la información sobre el liderazgo supremo permanece difusa, con incertidumbre sobre su situación.

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