Rechazo social y político al regreso de ’emperadores’ que se creen dueños del mundo

Impulsada originalmente por Brasil y España en 2024, la cuarta Cumbre en Defensa de la Paz y la Democracia en Barcelona se fortaleció con la participación de México, Colombia, Uruguay y del titular del Consejo de la Unión Europea. Al finalizar las deliberaciones una frase resonó en la sala del Palacio Real de Pedralbes, cuyos jardines fueron diseñados por el célebre Antonio Gaudí: “No queremos el regreso de emperadores que se crean los dueños del mundo. Tenemos que ir contra este señor de la guerra”. No fue necesario pronunciar nombre y apellido; todos, sin excepción, entendieron que el presunto mandón de la Tierra se refiere a Donald Trump.

Hubo risas e incluso aplausos entre el público, compuesto por participantes e invitados especiales. Pero detrás de esa declaración sonora subyace un problema de gran complejidad internacional. Como lo describió el brasileño Lula da Silva en su mensaje inaugural: “Vivimos un momento histórico de mayor número de conflictos armados en el mundo, desde el fin de esa confrontación. Pero hoy las Naciones Unidas no representan más aquello para lo que fueron creadas. Y en este contexto el Consejo de Seguridad de la ONU dejó de reunirse o sus miembros de pleno derecho no asisten a las citas”.

No obstante, la parálisis de la única organización internacional con capacidad para dirimir disputas no implica que haya que “crear una nueva internacional”. Según el jefe de Estado brasileño, “ya hemos tenido varias asociaciones en el mundo y estas no consiguieron resolver nuestros problemas”. Un ejemplo claro es la reciente Junta de la Paz instaurada por el jefe de la Casa Blanca, supuestamente para mediar en las mismas guerras que él impulsa. Frente a ello, los líderes progresistas coinciden en un principio clave: “Ningún presidente ni ningún país del mundo, por grande que éste sea, tienen derecho a imponer normas a otras naciones”.

Si hubo consenso en las deliberaciones, fue justamente en torno al multilateralismo: “Es lo que nos mueve” indicó Lula. Advirtió además que le preocupa que estos temas hoy no puedan abordarse en las Naciones Unidas. “Estamos hablando de la descarbonización del planeta, pero se están lanzando bombas todo el santo día. O nos preguntamos por qué el Líbano tiene que ser víctima de cada guerra que Israel inicie en conjunto con alguien. Siempre el último disparo tiene que ser en Beirut. Y mientras Cuba molesta por ser un país socialista, Haití, que está al lado y donde la gente muere de hambre, no figura en el discurso de nadie. El pueblo de Haití también merece respeto, merece sobrevivir”.

El gobernante brasileño se preguntó si “los jefes de Estado que nos hemos reunidos soportaremos que el mundo siga como está. ¿O vamos a intentar cambiarlo? Si no, ¿dónde se van a tomar decisiones? ¿a dónde iremos a parar?”. En su visión, corresponde exigir al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, que convoque reuniones extraordinarias para abrir el debate. “La ONU no puede guardar más silencio sobre lo que ocurre en el mundo”. Como dejó en claro, la configuración actual del sistema multilateral no refleja la realidad geopolítica contemporánea ni asegura una participación equilibrada de las naciones en las decisiones globales. “Cuando se creó el Consejo de Seguridad, el organismo tenía como objetivo garantizar la paz en el mundo. Y hoy se convirtieron en los señores de la guerra” sostuvo.

El presidente Lula da Silva subrayó, en su mensaje a los aliados, que fortalecer las instituciones multilaterales es esencial para promover la paz pero también para afrontar desafíos transnacionales, como la desinformación y la regulación de las plataformas digitales mediante reglas democráticas. “No es cuestión de un país u otro; es un asunto global. En Brasil, estamos intentando hacer nuestra parte; porque la verdad, desnuda y cruda, es que la mentira salió victoriosa. Es que para mentir, no tienes que explicarlo; no hay que justificarse. Así que este es un reto para nosotros, jefes de Estado. Porque no podemos imaginar dejar que estas sigan funcionando sin una institución que regule su funcionamiento”. Y ejemplificó: “No puede ocurrir que un presidente de un país interfiera en la elección de otro, pidiendo el voto para un candidato. De ser así ¿dónde está la soberanía electoral? ¿dónde está la soberanía territorial? No hay otra opción, es un tema que tenemos que discutir y hacernos oír”.

DCQ

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