Irán está evaluando una propuesta de paz de 15 puntos presentada por el gobierno de Estados Unidos para poner fin a la guerra en Oriente Medio, pero su respuesta inicial “no ha sido positiva”, informó este miércoles un alto funcionario iraní. La revisión de Teherán se realiza en paralelo a las exigencias propias que plantea para detener un conflicto que ha devastado su infraestructura económica y energética.
El funcionario, que habló con Reuters bajo condición de anonimato, dijo que la respuesta preliminar de la República Islámica ya fue entregada a las autoridades de Pakistán para su traslado a Washington. Si bien Teherán sigue analizando los pormenores del plan impulsado por la administración de Donald Trump, la fuente enfatizó que el contenido inicial no cumplió las expectativas de la dirigencia iraní.
Horas antes, la cadena estatal Press TV, citando a un alto funcionario no identificado, había informado que la respuesta fue negativa. “El fin de la guerra ocurrirá cuando Irán decida que debe terminar, no cuando Trump imagine su conclusión”, afirmó la fuente. No obstante, la remisión oficial vía los mediadores en Islamabad indica que el proceso de análisis técnico y político permanece abierto.
Según funcionarios paquistaníes, la propuesta de Washington contemplaba un alivio de sanciones y cooperación nuclear civil a cambio del desmantelamiento del programa nuclear iraní, límites a su arsenal de misiles y garantías de libre navegación en el Estrecho de Ormuz.
En lugar de aceptar los términos de Washington, Irán presentó un contra-plan con cinco condiciones para el cese de las hostilidades. Según Press TV, Teherán reclama el fin inmediato de lo que describe como “agresiones y asesinatos” contra sus líderes y contra el país, y la creación de un mecanismo robusto que impida que Israel o Estados Unidos reanuden operaciones militares.
Las demandas iraníes incluyen además compensaciones económicas por la destrucción provocada durante las casi cuatro semanas de ataques y la reconstrucción de sus instalaciones. Exigen también un cese del fuego en todos los frentes regionales, incluyendo a los grupos de la “resistencia” —en alusión a aliados como Hezbollah—, y el reconocimiento internacional de su soberanía plena sobre el Estrecho de Ormuz.
El rechazo público de Teherán complica el escenario delineado por Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), quien horas antes había anticipado posibles conversaciones directas en Islamabad para este fin de semana.
Grossi, que definió la situación como una “responsabilidad por la paz”, advirtió que el tiempo se agota debido al avance técnico de Irán. El diplomático señaló que el país posee 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel que calificó de “casi militar”. “Ningún país sin armas nucleares enriquece a este nivel”, subrayó Grossi, y añadió que cualquier acuerdo viable exigiría la dilución inmediata de ese material.
En Washington, el presidente Trump ha insistido en que existe un “consenso sólido” para un acuerdo, aunque el Pentágono continúa reforzando su presencia con el envío de 1.000 tropas adicionales de la 82.ª División Aerotransportada.
La administración estadounidense afronta una creciente presión interna: encuestas recientes de AP-NORC señalan que el 59% de los ciudadanos considera excesiva la acción militar en Irán, y que el 45% está “extremadamente preocupado” por el aumento histórico de los precios de la gasolina, consecuencia de la crisis en el Golfo.
Pese a la retórica hostil de Teherán, los mediadores en Islamabad, encabezados por el primer ministro Shehbaz Sharif, mantienen la esperanza de que las “conversaciones significativas” previstas para el fin de semana puedan abrir una grieta en el muro de desconfianza mutua.

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