Irán perdió a su núcleo dirigente en menos de un mes de guerra. La relación de fallecidos en la cúpula política, militar, de inteligencia y científica del régimen —la más mortífera en la historia de la república islámica— revela el alcance del golpe sufrido por el poder iraní.
Desde el líder supremo hasta los principales responsables de seguridad, defensa, represión interna y programas estratégicos, los jerarcas clave del país fueron eliminados, uno a uno, en ataques selectivos.
Ali Khamenei, exlíder supremo de Irán desde 1989, murió el primer día de la guerra durante un bombardeo contra su residencia en Teherán. En el mismo ataque fallecieron varios familiares, entre ellos una hija y un nieto.
Su hijo Mojtaba, según informó Washington, resultó herido y fue designado sucesor, aunque hasta ahora no se ha presentado en público.
Khamenei era considerado la figura central de la estructura política y religiosa de Irán, comandante del ejército y líder del “eje de la resistencia”, la coalición de grupos antioccidentales en la región.
Durante su mandato reprimió protestas como las de 1999, 2009 y 2022, y mantuvo el control del aparato militar y clerical. Su muerte desató un luto nacional de 40 días, y la Guardia Revolucionaria prometió un “castigo severo” a los responsables del ataque.
Ali Larijani, presidente del Parlamento y jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, murió el 17 de marzo en un ataque israelí en la región de Teherán.
Larijani era considerado la figura política más influyente tras Khamenei. Su muerte ocurrió días después de que participara en una manifestación progubernamental; en ese mismo ataque perdieron la vida varios familiares. Larijani estaba a cargo de la coordinación de la seguridad nacional y de la respuesta estratégica del régimen.
Mohammad Pakpour, comandante jefe de los Guardianes de la Revolución Islámica, murió el primer día de la guerra. Había dirigido las fuerzas terrestres de los Guardianes y asumió el mando principal del ejército ideológico en junio de 2025, tras el fallecimiento de su antecesor durante la guerra anterior con Israel.
Pakpour fue sustituido por Ahmad Vahidi, exministro del Interior y de Defensa. Vahidi estuvo al frente de la represión de protestas y de la planificación de operaciones militares contra Israel y otros adversarios regionales. Su muerte, junto a la de otros altos mandos, debilitó la capacidad de respuesta de la organización militar más poderosa de Irán.
Ali Shamkhani, asesor principal del líder supremo y figura clave en las fuerzas armadas desde la década de 1980, murió el primer día del conflicto.
Shamkhani había sido designado en febrero para revisar los planes de defensa y reforzar la estructura militar tras los ataques previos de Estados Unidos e Israel, según reportó Europa Press. Su muerte se produjo en el marco de una ofensiva aérea coordinada, que atacó instalaciones militares y nucleares consideradas amenazas inminentes.
Esmail Khatib, ministro de Inteligencia desde 2021, falleció en un bombardeo israelí sobre Teherán el 18 de marzo. Organizaciones de derechos humanos lo señalaron como el principal responsable de la represión de disidentes y manifestantes.
Khatib supervisó detenciones, torturas y asesinatos durante las protestas, además de dirigir operaciones encubiertas y ciberataques contra intereses extranjeros. Su gestión incluyó la vigilancia masiva y la persecución de activistas y periodistas. Fue sancionado internacionalmente por su papel en violaciones de derechos humanos y en actividades de espionaje.
Aziz Nasirzadeh, veterano de la guerra entre Irán e Irak y ministro de Defensa, murió en un ataque aéreo el primer día de la guerra.
Nasirzadeh estuvo a cargo de la supervisión de misiles de largo alcance y de la transferencia de armamento a aliados regionales. Su nombre figuró entre los altos mandos alcanzados por la ofensiva, aunque el régimen iraní tardó en confirmar su muerte.
Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij, murió en un ataque aéreo el 17 de marzo.
Soleimani lideraba una organización de voluntarios clave en la represión de protestas y el control social. Su muerte ocurrió apenas horas después del asesinato de Larijani, en lo que fue la noche más letal para el círculo de confianza del régimen.
Esmail Ahmadi, director de inteligencia de la milicia Basij, fue asesinado el 16 de marzo en un ataque nocturno. Ahmadi estaba a cargo de la inteligencia y la vigilancia de la organización, y su eliminación agravó la crisis de liderazgo en la estructura represiva.
Ali Mohammad Naini, portavoz de los Guardianes de la Revolución y director adjunto de la Oficina de Relaciones Públicas, murió la madrugada del viernes en un ataque atribuido a Estados Unidos e Israel.
Naini era responsable de la propaganda militar y de la comunicación estratégica, encargado de difundir los mensajes oficiales sobre la continuidad de la producción de misiles pese a la guerra.
Mohammad Shirazi, encargado de coordinar las fuerzas de seguridad desde la oficina del líder supremo, murió el primer día de la guerra. Shirazi articulaba la cooperación entre las distintas ramas militares y garantizaba la protección directa de la máxima autoridad iraní; su muerte debilitó la capacidad de enlace y mando en el círculo más cercano al liderazgo.
Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, murió el 28 de febrero, el mismo día en que comenzó la ofensiva. Mousavi había asumido el cargo en junio de 2025, tras el fallecimiento de su predecesor durante la guerra de doce días. Su función era la supervisión y coordinación operativa de los distintos cuerpos militares.
Gholamreza Rezaian, jefe de inteligencia policial, falleció en los bombardeos iniciales. Rezaian supervisaba la inteligencia relacionada con la seguridad interna, la vigilancia de posibles amenazas y la represión policial.
(Con información de AFP)
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