La ONU advirtió que El Niño podría convertirse en el episodio más intenso registrado, con anomalías de hasta 3,8°C en la temperatura superficial del Pacífico tropical entre noviembre de 2026 y enero de 2027. El fenómeno amenaza con acelerar la inflación de los alimentos, alterar el crecimiento económico en América Latina y agravar los problemas de seguridad alimentaria en distintas regiones del mundo.
La advertencia fue realizada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) durante una conferencia en Ginebra encabezada por la argentina Celeste Saulo, secretaria general del organismo. Según explicó la funcionaria, el valor proyectado supera los registros observados en las últimas décadas.
“Nunca hemos registrado un valor de 3,8 en el pasado”, afirmó Saulo. Los eventos más intensos observados hasta ahora se ubicaron cerca de los 3°C de anomalía y ya provocaron consecuencias económicas y sociales significativas en distintos continentes.
El incremento corresponde a la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical y no implica un aumento equivalente de la temperatura media global. Sin embargo, ese calentamiento altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvia en amplias regiones del planeta. Por esa razón, sus efectos se extienden mucho más allá de la zona donde se origina el fenómeno.
El fortalecimiento de El Niño altera los patrones globales de temperatura y precipitaciones. Algunas regiones enfrentan sequías prolongadas. Otras registran lluvias intensas, inundaciones y eventos extremos más frecuentes.
Las consecuencias ya aparecen en distintos frentes. Naciones Unidas alerta sobre riesgos para la seguridad alimentaria global. Los mercados proyectan aumentos en materias primas agrícolas. En América Latina, los economistas estiman efectos sobre el crecimiento, la inflación y la pobreza.
El impacto en Argentina
A diferencia de otros países de la región, Argentina aparece entre los posibles beneficiados si se concretan las lluvias proyectadas sobre las principales zonas agrícolas.
Las estimaciones económicas indican que el fenómeno podría aportar hasta 2,6 puntos porcentuales adicionales al PBI gracias a mejores rendimientos en los cultivos de soja, maíz y trigo, tres complejos fundamentales para las exportaciones y el ingreso de divisas.
La mejora llegaría después de varios años marcados por la sequía, que afectó la producción agrícola, la recaudación y las reservas de dólares.
Sin embargo, también tiene su contracara: inundaciones, daños estructurales y un “éxodo” ganadero, tras quedar los campos anegados.
Los últimos reportes del Instituto Nacional del Agua identificaron niveles elevados en distintos tramos de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, con seguimiento especial en Corrientes, Chaco, Santa Fe y Entre Ríos.
Las estimaciones anticipan que la inflación podría incorporar hasta 1,1 punto porcentual adicional por efectos colaterales asociados al fenómeno climático.
Qué países enfrentan los mayores riesgos
El panorama aparece menos favorable para buena parte de América Latina.
En Brasil, las estimaciones apuntan a una pérdida potencial de hasta 1,2 puntos del PBI. Las sequías previstas en algunas regiones y el exceso de lluvias en otras amenazan la producción agropecuaria, la ganadería y parte de la generación energética.
Para Colombia, los riesgos se concentran sobre la generación eléctrica y la producción de alimentos. Las proyecciones anticipan una caída cercana a 0,1 puntos del PBI y una aceleración inflacionaria de hasta 0,5 puntos porcentuales.
Mientras que en Perú, el calentamiento anómalo del océano preocupa por sus efectos sobre la pesca y la agricultura, dos actividades históricamente sensibles a los cambios del Pacífico.
Los organismos internacionales también observan con atención a Ecuador y varios países de Centroamérica, donde los antecedentes muestran que los eventos intensos de El Niño suelen provocar daños significativos sobre la infraestructura, las cosechas y el abastecimiento de agua.
El impacto sobre los alimentos
Para toda la región, el riesgo inflacionario aparece principalmente a través de los alimentos. Un informe de Citi advirtió que El Niño amenaza parte de la producción agrícola mundial y podría provocar aumentos de hasta 25% en el precio internacional del azúcar, además de subas relevantes en otros productos agrícolas.
Las materias primas agrícolas acumulan una suba cercana al 20% en el año, según el índice Bloomberg Commodity Agriculture. Para la entidad, los riesgos continúan concentrados al alza debido a posibles pérdidas productivas en algunos de los principales países exportadores.
Las proyecciones para los próximos doce meses contemplan aumentos de:
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25% en azúcar
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17% en maíz
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16% en trigo
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12% en soja
El azúcar concentra una de las mayores preocupaciones. Citi estima que la producción mundial podría caer de 184,2 millones de toneladas en la campaña 2025/2026 a 175,9 millones en 2026/2027.
Al mismo tiempo, el consumo alcanzaría 179 millones de toneladas, lo que convertiría un superávit de mercado en un déficit estimado de 3,1 millones de toneladas.
Pero la crisis va más allá. Las proyecciones climáticas identifican riesgos para regiones clave de producción agrícola en India, Brasil, Australia y el sudeste asiático. Esas zonas concentran una parte importante de la oferta global de cereales, oleaginosas, café y aceites vegetales.
Riesgos para la población vulnerable
La CEPAL estima que un episodio intenso de El Niño podría provocar pérdidas cercanas al 1% del PBI en varios países de Centroamérica, Colombia, Ecuador y Perú.
En escenarios extremos, el impacto económico podría acercarse al 2% del producto regional.
La preocupación se extiende asimismo al plano social. El organismo proyecta que entre 2,5 millones y 4,8 millones de personas podrían caer en la pobreza en América Latina y el Caribe entre 2027 y 2030 debido al deterioro de las actividades productivas y la pérdida de ingresos.
Además, Naciones Unidas estima que cerca de 50 millones de personas podrían enfrentar mayores niveles de inseguridad alimentaria si el fenómeno alcanza la intensidad proyectada.
La comunidad internacional ya comenzó a movilizar recursos para amortiguar el impacto. Organismos humanitarios trabajan en programas de asistencia, fortalecimiento de sistemas de alerta temprana y medidas de apoyo para comunidades especialmente expuestas a sequías e inundaciones.
La evolución de las cosechas, las lluvias y los precios agrícolas durante los próximos meses determinará si esas previsiones se convierten en una crisis económica y social de alcance global.

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