Una oportunidad para exportar conocimiento agropecuario

Durante décadas, la Argentina construyó buena parte de su identidad productiva alrededor de una idea: alimentos para el mundo. Hoy, la inteligencia artificial (IA) y la digitalización abren una posibilidad adicional de enorme valor: exportar el conocimiento que permite producirlos.

Estamos frente a uno de esos momentos en los que una tecnología puede cambiar no solo la forma de hacer las cosas, sino también la manera en que pensamos los negocios. La IA representa una oportunidad para el agro argentino porque encuentra un sector con experiencia, conocimiento y datos, y puede convertir esa combinación en nuevas capacidades.

Pero antes de hablar de IA, hay una condición fundamental: construir una base sólida de gestión. Los datos son las raíces de la IA. Y, como sucede con cualquier planta, si las raíces no son fuertes, difícilmente podamos esperar que lo que crece sobre ellas sea sólido.

Un sistema de gestión puede cumplir un papel fundamental al ordenar procesos, integrar información y transformar los datos que se generan diariamente en una base confiable para tomar decisiones
Un sistema de gestión puede cumplir un papel fundamental al ordenar procesos, integrar información y transformar los datos que se generan diariamente en una base confiable para tomar decisionesGza.

En el agro existe una enorme cantidad de información: datos productivos, conocimiento de los procesos, experiencia acumulada y, sobre todo, el saber de quienes conocen el territorio.

Muchas veces, sin embargo, esa información está dispersa. Un sistema de gestión puede cumplir un papel fundamental al ordenar procesos, integrar información y transformar los datos que se generan diariamente en una base confiable para tomar decisiones.

El primer desafío, entonces, no es correr detrás de cada nueva herramienta de IA, sino ordenar esas raíces. El valor no está necesariamente en cada dato de manera individual, sino en la posibilidad de combinarlos. Cuando diferentes fuentes comienzan a dialogar entre sí, aparecen posibilidades que antes no estaban disponibles.

Ahí es donde la IA puede cambiar las reglas del juego. Pero utilizarla no significa simplemente hacer una pregunta y obtener una respuesta. El verdadero valor aparece cuando la tecnología, apoyada en una gestión estructurada y datos de calidad, permite hacer mejor un trabajo, tomar mejores decisiones, aumentar las capacidades de las personas y agregar valor al negocio.

Por eso, la primera pregunta debería ser: ¿qué necesito ordenar y qué puedo hacer mejor con IA? Antes de buscar la aplicación más sofisticada, es necesario entender si los procesos están estructurados, si los datos están disponibles y si existe una base capaz de sostener esa evolución.

Esta secuencia es importante porque existe una tentación natural de pensar que la tecnología resolverá automáticamente los problemas. No es así. Automatizar un proceso que no funciona bien no lo transforma en un buen proceso. Del mismo modo, aplicar IA sobre datos desordenados no produce, por sí solo, inteligencia. Primero hay que mejorar la manera en que hacemos las cosas. Después podemos decidir dónde la IA puede aportar.

La adopción también requiere de personas. Hay que capacitar, compartir casos concretos y convertir los aprendizajes individuales en conocimiento para toda la organización. Es precisamente allí donde aparece una oportunidad mayor para el agro argentino: transformar conocimiento individual y colectivo en un activo que pueda ser digitalizado, escalado y llevado más allá de nuestras fronteras.

El conocimiento de quien recorre un campo no desaparece frente a la IA. Por el contrario, puede adquirir una nueva dimensión. Quien conoce el territorio sabe qué mirar y qué preguntar. Y quien conoce los datos puede hacer mejores preguntas.

La Argentina puede dejar de pensar únicamente en la exportación de productos agropecuarios para empezar a pensar también en la exportación de soluciones, procesos, estrategias y conocimiento aplicado al agro. No se trata de abandonar aquello que históricamente sabemos hacer, sino de agregarle una nueva capa de valor.

La experiencia acumulada en producción, combinada con sistemas de gestión, datos, tecnología e IA, puede convertirse en conocimiento transferible a otros mercados. Lo que hoy aprendemos resolviendo un problema en nuestros campos puede mañana transformarse en una solución para otros productores, empresas y geografías.

Hacia 2030, esta combinación puede abrir oportunidades en múltiples dimensiones del negocio agropecuario, desde nuevas aplicaciones de IA hasta desarrollos vinculados con genética, semillas, ganado y trazabilidad. Pero quizás la transformación más importante sea otra: que el campo deje de ser visto solamente como un lugar donde se producen bienes y pase a ser también un lugar donde se produce conocimiento.

La Argentina tiene personas que conocen el campo, años de experiencia acumulada, sistemas capaces de organizar y conectar los datos y tecnología disponible para acercar esos mundos. La oportunidad está en combinar esos elementos.

Del dato al margen hay un camino que todavía estamos empezando a recorrer. Las raíces ya existen. El desafío es fortalecerlas, ordenar lo que hoy está disperso y animarnos a hacer crecer, a partir de ellas, una nueva manera de hacer negocios en el agro y de llevar ese conocimiento al mundo.

El autor es director para Mercado Internacional de TOTVS

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