
La caída del consumo llevó a la industria textil a un escenario que Ricardo Kuchikian, CEO de Cocot Dufour, definió como el más grave desde la creación de la empresa en 1982. El empresario comparó la situación actual con la pandemia, la crisis de 2001, el Plan Primavera y los procesos hiperinflacionarios de las décadas de 1980 y 1990.
“Esta es la peor crisis en los cuarenta y pico de años que tiene la empresa. Peor que la pandemia, peor que el 2001, peor que el Plan Primavera, que fue en el 85, las hiperinflaciones de Alfonsín, de Menem”, sostuvo Kuchikian.
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El directivo señaló que, en aquellos ciclos, la recuperación llegó en plazos más cortos. “En todas esas, se salió adelante en corto tiempo”, dijo durante una entrevista en el podcast Fábrica País.
El dueño de la compañía ubicó el descenso de la demanda como el principal rasgo que diferencia al actual escenario de otras etapas de inestabilidad económica. Según explicó, la contracción del consumo afecta con fuerza al rubro de indumentaria y productos textiles.

“Con las crisis fuertes que hubo, el consumo nunca disminuyó a los niveles que ha disminuido en este momento, por lo menos en el área textil”, afirmó el CEO de Cocot Dufour.
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En ese contexto, planteó que las empresas del rubro enfrentan límites para compensar el deterioro de las ventas con cambios internos. “Cuando no hay consumo, uno puede crear, inventar, idear un montón de cosas, pero el resultado muchas veces es plano y tiende uno a desanimarse”, expresó.
Kuchikian también remarcó que el momento obliga a revisar estrategias productivas. “Si no se puede producir un cien por cien, hay que mantener el valor de la marca y producir donde se pueda y los costos den”, señaló.
A lo largo de su análisis, el referente empresarial cuestionó el alcance de las políticas públicas dirigidas al sector. “Las políticas públicas nunca fueron muy positivas para la industria”, afirmó.
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A la vez, el textil explicó que la compañía se financió principalmente con recursos propios debido a las dificultades para acceder a créditos que resultaran convenientes para invertir. “La financiación o la ayuda crediticia en Argentina nunca fue muy buena ni muy beneficiosa”, acotó.

También se refirió al efecto de las tasas y de las devaluaciones sobre las decisiones empresariales. “Siempre contamos con vaivenes de la economía, en los cuales las tasas superaban ampliamente la inflación y las variaciones en las devaluaciones. Todo siempre fue muy complicado”, apuntó.
Por otra parte, Ricardo Kuchikian afirmó que la incertidumbre sobre las condiciones económicas y regulatorias incide en los proyectos industriales, incluso en los vinculados con la renovación tecnológica.
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“Los cambios políticos, económicos afectan muchísimo a las inversiones que uno vaya a hacer”, expresó al referirse a las decisiones que debe tomar el sector textil ante la transformación de sus procesos productivos.
Frente al escenario actual, planteó que las empresas deben evitar la inmovilidad. “Uno no se puede quedar en lo que venía haciendo, hay que cambiar, porque es la única manera de hacer frente a todo esto”, concluyó.
Se profundiza la crisis
La industria textil mantuvo una dinámica contractiva durante 2026: entre enero y julio, su producción cayó 22,6% frente al mismo lapso de 2025. Solo en julio, la baja fue de 13% interanual, con niveles de actividad que se ubicaron entre los más bajos de los últimos tres años. Desde diciembre de 2023, el sector perdió 28.322 empleos.
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Los datos forman parte de un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que señaló que el desempeño del rubro resultó más negativo que el del total de la industria. Mientras la producción industrial se redujo 2,6% en los primeros siete meses, la caída en la actividad textil fue casi nueve veces mayor. El segmento de tejidos y acabados fue el más afectado, con un descenso acumulado de 35,1%.
La menor producción se tradujo en un uso limitado de la capacidad instalada. En julio, las empresas textiles utilizaron el 45,3% de su capacidad, un nivel 12,9 puntos porcentuales inferior al promedio industrial, que alcanzó el 58,2%. El indicador bajó 1,3 puntos respecto de junio y 0,9 puntos frente a julio de 2025. FITA indicó que, desde 2024, la utilización del sector se ubica en una franja de entre 30% y 50%, luego de haber oscilado entre 50% y 60% a lo largo de 2023.
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El empleo formal también siguió en descenso. Las actividades de textil, confección, cuero y calzado contabilizaron 92.531 puestos registrados en junio: 1.284 menos que en mayo y 16.536 por debajo de la cifra de junio de 2025.
Según la entidad, la pérdida promedio de empleo por mes entre junio de 2025 y junio de 2026 duplicó la registrada durante los 18 meses previos. El complejo concentra el 8,4% del empleo industrial, aunque explicó el 50% de los puestos perdidos mensualmente y el 31% de la reducción interanual del empleo industrial registrada en junio.
La baja también alcanzó a la estructura empresarial. En junio funcionaban 1.939 establecimientos textiles y 2.343 dedicados a la confección, con un total de 4.282 unidades. La cifra fue 517 inferior a la de un año antes. Desde diciembre de 2023, el saldo neto arroja la pérdida de 770 establecimientos, de los cuales el 67% cerró en los últimos doce meses.
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