La próxima etapa consistirá en determinar cuáles son los proyectos que pueden recibir respaldo, qué organismo estadounidense intervendrá en cada caso y bajo qué condiciones. También se analizará el grado de participación que tendrán compañías privadas y proveedores norteamericanos.
El Corredor Andes-Atlántico fue presentado en septiembre como una iniciativa conjunta destinada a modernizar la infraestructura que conecta el noroeste argentino, rico en minerales críticos, y la cuenca energética de Vaca Muerta con los puertos del Atlántico y los mercados occidentales. El esquema comprende ferrocarriles, ductos, puertos, transmisión eléctrica e infraestructura digital.
Uno de los proyectos incluidos en las conversaciones es Argentina LNG, encabezado por YPF junto con la italiana ENI y la emiratí XRG. De acuerdo con la información oficial suministrada, EXIM ya emitió una propuesta indicativa y no vinculante por hasta US$6000 millones para respaldar la contratación de bienes y servicios estadounidenses vinculados con la iniciativa.
Agenda más amplia
El proyecto prevé integrar la producción de gas de Neuquén con plantas de tratamiento, gasoductos y unidades flotantes de licuefacción frente a Río Negro. Según las proyecciones de YPF aportadas para el proyecto, las primeras dos unidades tendrían una capacidad conjunta de 12 millones de toneladas anuales de GNL y comenzarían a operar en 2031.
La agenda es mucho más amplia. En transporte aparecen las concesiones ferroviarias de cargas y las conexiones entre Vaca Muerta, Bahía Blanca, los puertos metropolitanos y puntos estratégicos de la Hidrovía. También se estudian obras asociadas con la producción de litio, cobre, petróleo y gas, además de proyectos de transmisión eléctrica.
La estrategia coincide con el enfoque que la DFC viene planteando para la Argentina: combinar las inversiones energéticas con rutas, ferrocarriles y puertos que permitan llevar la producción a escala comercial. La agencia estadounidense considera que la infraestructura logística debe financiarse como parte de una estrategia integrada.
La pata tecnológica, en tanto, contempla redes de fibra óptica, conectividad satelital e inalámbrica, cables submarinos, centros de datos vinculados con inteligencia artificial y otros sistemas de telecomunicaciones.
Washington ya aplicó modelos de corredores económicos en otras regiones. Uno de los principales antecedentes es el Corredor de Lobito, en África, donde la DFC participa en el financiamiento de infraestructura ferroviaria y portuaria destinada, entre otros objetivos, a facilitar el transporte de minerales críticos hacia los mercados internacionales.

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