
La situación de la industria argentina vuelve a poner en el centro del debate una pregunta que durante demasiado tiempo quedó relegada: ¿qué modelo de desarrollo necesita un país federal para generar producción, empleo y oportunidades en todo su territorio?
En Misiones, esta discusión adquiere características particulares. La provincia cuenta con una estructura productiva en la que la Industria, agroindustria y la forestoindustrial tienen un peso central, pero al mismo tiempo enfrenta condicionantes propios de una economía regional y de frontera. La competencia con Paraguay y Brasil, los costos energéticos, las dificultades del mercado interno y las condiciones de infraestructura y logística impactan de manera directa sobre la capacidad de las empresas para producir y competir. Un reciente análisis del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (IPEC) sobre estructura productiva y empleo, confirma en datos el papel estratégico de las cadenas industriales, agroindustriales y forestoindustriales dentro de la economía provincial.
Pero la potencialidad de dichas industrias se ve fuertemente limitada por la escasa infraestructura y conectividad siendo necesario discutir la extensión formal de la Hidrovía Paraná-Paraguay hasta sus costas y la falta de acceso a la red de Gas Natural, entre otras cuestiones.
El escenario económico nacional también tiene efectos concretos sobre las pequeñas y medianas empresas. Un informe de la Confederación Económica de Misiones (CEM) registró en junio que el 76% de los empresarios pyme consultados consideró que el rumbo económico no contempla de manera suficiente las necesidades de las pymes y las economías regionales.
Esto no significa desconocer las fortalezas productivas de Misiones. Por el contrario: significa reconocerlas y discutir qué condiciones necesita la provincia para aprovecharlas plenamente. La industria misionera genera empleo, agrega valor a los recursos locales y sostiene cadenas productivas que son fundamentales para el desarrollo territorial. El desafío es evitar que las diferencias de infraestructura, energía, costos y escala coloquen a las empresas de las provincias en una situación de desventaja permanente.
La necesidad de una mirada federal
Pensar la industria desde Buenos Aires hacia el resto del país ya no alcanza. Las realidades productivas de Misiones, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Chaco, Corrientes o Tierra del Fuego presentan características diferentes y requieren políticas capaces de contemplar esa diversidad.
El federalismo productivo no debería reducirse a una discusión sobre recursos coparticipables o infraestructura. También implica preguntarse dónde se produce, qué se produce, cuánto valor se agrega en cada territorio y qué condiciones existen para que una empresa pueda invertir, producir y generar empleo.
En el caso de Misiones, la cuestión energética constituye un ejemplo concreto. La provincia no cuenta con acceso a la red nacional de gas natural y, al mismo tiempo, desarrolla actividades industriales que necesitan energía competitiva para sostener sus procesos productivos. Desde el sector industrial se viene planteando que esta situación debe ser contemplada dentro de una política nacional que garantice condiciones de competencia más equilibradas.
Lo que se hace necesario para una economía sustentable es un proyecto federal de desarrollo que contemple entre otros ítems el agregado de valor y la integración de las cadenas productivas como condiciones necesarias para el crecimiento. Deberemos ser capaces de complementar y suplementar las producciones regionales con el objetivo de lograr más producción calificada y cualificada de las materias primas. No podemos vender materias primas en bruto de manera similar a las explotaciones de enclave de los siglos XVIII y XIX. Tenemos que escalar las cadenas de elaboración. Un ejemplo es la papa que como commoditie se comercializa al mundo en un valor de 0.90 dólares el kg mientras que la papa congelada, a 4 dólares el kg (5 veces más). Por último, la papa snack se comercializa a 25 dólares el kg (31 veces más). Debemos combinar crecimiento económico, innovación, soberanía tecnológica y distribución equitativa de los beneficios del crecimiento.
La discusión, entonces, no debería reducirse a pedir respuestas coyunturales para una provincia determinada. El desafío es construir una política industrial federal que reconozca las particularidades de cada región y permita transformar esas diferencias en capacidades productivas.
Fuerza Suma+: abrir espacios para pensar el desarrollo
En este contexto adquiere relevancia el lanzamiento de Fuerza Suma+, un espacio plural, una corriente de pensamiento apartidaria que reunió a representantes del ámbito empresarial, sindical, social, académico, científico, cultural y profesional para discutir el presente y el futuro del país. La iniciativa plantea la necesidad de construir una corriente de opinión capaz de elaborar propuestas y participar del debate público desde una perspectiva de desarrollo, federalismo y justicia social.
Desde el Movimiento Industrial Misionero, nuestra participación expresa precisamente la importancia de incorporar la mirada de las economías regionales al debate nacional. Durante el lanzamiento, por eso durante el lanzamiento planteamos las dificultades y virtudes que posee Misiones por su condición de provincia fronteriza y la necesidad de contar con condiciones que permitan competir en igualdad.
Más allá de las posiciones políticas particulares que puedan existir, la construcción de espacios plurales de discusión resulta necesaria para recuperar una dimensión que muchas veces queda desplazada por la urgencia de la coyuntura: la capacidad de pensar estratégicamente el desarrollo argentino.
La industria necesita políticas de largo plazo, pero esas políticas no pueden surgir solamente de respuestas inmediatas ante las crisis. Requieren información, debate, participación de los sectores productivos, conocimiento científico y una mirada territorial que permita comprender las diferencias entre las distintas regiones del país.
Pensamiento crítico para construir desarrollo
El desafío es generar espacios donde el pensamiento crítico no signifique solamente cuestionar lo que está mal, sino también proponer qué hacer, cómo hacerlo y con qué objetivos. Un proyecto, para un sujeto real, un relato para permitir la difusión que permita la asociación al mismo y/o el aporte.
Argentina necesita incorporar las voces que producen en cada territorio a la discusión sobre qué industria se quiere tener, qué sectores estratégicos se pretenden desarrollar, cómo incorporar tecnología, cómo agregar valor a los recursos naturales, cómo fortalecer a las pymes y cómo generar empleo de calidad.
Desde Misiones, esa discusión tiene además una dimensión estratégica: demostrar que el desarrollo industrial no puede pensarse únicamente desde los grandes centros urbanos ni desde las variables macroeconómicas nacionales. Las condiciones concretas de cada provincia importan y pueden determinar la posibilidad de producir, invertir y generar empleo.
Por eso, abrir espacios de diálogo y pensamiento crítico como Fuerza Suma+ puede contribuir a instalar nuevamente una discusión de fondo: qué proyecto productivo necesita la Argentina y cómo construir un desarrollo que sea verdaderamente federal. Para el Movimiento Industrial Misionero, incorporar la perspectiva industrial a ese debate significa defender una idea concreta: no habrá desarrollo nacional sostenible si las economías regionales y las industrias de las provincias quedan fuera de la estrategia de desarrollo del país.
*El auto es presidente del Movimiento Industrial Misionero

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