Los feedlots, establecimientos de engorde de hacienda a corral, advierten que hay que estar alerta con lo que puede venir para el negocio. La fuerte diferencia entre el precio de la invernada, es decir, los terneros que compran para engordar, y el valor al que luego venden el animal terminado está dejando márgenes cada vez más ajustados. El problema hacia adelante es que tampoco esperan una fuerte suba de ese valor que permita mejorar rápidamente la ecuación. “Con las salidas actuales, lo que estamos viendo es que hay resultados muy justos o con rentabilidades negativas. Algunos productores empiezan a descapitalizarse”, dijo a LA NACION Fernando Storni, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF).
Según explicó, hoy el costo de alimentar al animal todavía permite ganar dinero sobre los kilos que se agregan dentro del corral. El mayor problema está en la brecha entre lo que pagan por el ternero que entra al corral y lo que luego reciben por el animal ya engordado. “El diferencial de compra-venta es tan alto que cada vez se hace más difícil. Necesitás más días para dar vuelta esa ecuación”, señaló Storni.
A esto se suma un cambio respecto de lo que ocurría en años de mayor inflación. En ese momento, explicó, quien compraba un animal podía esperar que durante los meses siguientes aumentara su valor y esa suba ayudara a cerrar el negocio. Ahora esa posibilidad es mucho más incierta. “Si a fines de 2023 te decía que estábamos en septiembre u octubre y que en marzo la hacienda iba a valer 30% más, no te lo afirmaba, pero te decía que era probable. Ahora es difícil pensar en subas ya del 5 al 10%. Entonces eso es lo que merece una alerta desde el punto de vista del eslabón nuestro”, afirmó.
Por eso, para Storni, uno de los puntos centrales pasa por cuánto se paga por los terneros que entran al feedlot. “Hay que estar muy atento al valor que se convalida para poder tener un negocio con rentabilidad futura”, dijo.
El último informe de la CAF refleja esta situación. Sin contar el costo financiero, el resultado es positivo en $44.639 por animal. Pero cuando se incorpora el financiamiento, la cuenta cambia y pasa a una pérdida de $33.881 por cabeza.
Según los cálculos de la CAF, si se incluye el costo financiero, el animal gordo debería valer $5309 por kilo para que la cuenta quede en cero. Hoy, sin embargo, el valor del animal liviano destinado al consumo se paga entre $4800 y $5000 por kilo. Otra posibilidad para alcanzar el equilibrio sería pagar menos por el ternero que entra al corral: la invernada no debería superar los $5927 por kilo, mientras que actualmente se ubica entre $6000 y $6300.
Para tratar de mejorar esa cuenta, los productores están dejando los animales más tiempo en los corrales y sumándoles más kilos antes de venderlos. Según Storni, en el caso de los machos el engorde se está extendiendo a unos 140 días, frente a los alrededor de 100 días habituales en los negocios destinados al consumo. Durante ese período ganan entre uno y 1,2 kilos por día. A su vez, los mercados de exportación demandan animales más pesados y con determinadas características de calidad, lo que puede extender todavía más el tiempo de engorde. “La industria de exportación está pidiendo cada vez más días de encierre”, explicó Storni. En algunos casos, detalló, se habla de 150, 170 y hasta 180 días. El objetivo no es solamente conseguir más kilos, sino también lograr animales con mayor grasa intramuscular y un bife de mejor calidad.

En materia de exportaciones, Storni consideró que el panorama internacional para las proteínas animales continúa siendo favorable, aunque mencionó algunas incertidumbres para el próximo año. También destacó la importancia de mantener abiertos los mercados externos y evitar intervenciones que interrumpan las ventas.
Hacia fin de año, los corrales suelen comenzar a vaciarse y hay menos animales disponibles para la venta, lo que podría generar cierta recuperación de los precios. Sin embargo, Storni consideró difícil que se produzcan grandes subas ante la falta de una mayor demanda. “Es difícil imaginar subas importantes cuando uno no ve una tracción fuerte”, señaló.
Además, remarcó que el precio actual del gordo está incluso por debajo, en términos nominales, del que se registraba en marzo. Por eso, una eventual suba representaría, al menos inicialmente, una recuperación de los valores perdidos. Para que el consumo impulse con más fuerza los precios, agregó, debería mejorar el poder adquisitivo. “Es difícil pensar que ese consumo vaya a traccionar porque uno no ve todavía una recomposición real del salario”, indicó.
Mientras tanto, la cantidad de animales encerrados viene bajando. Al 1° de septiembre, la ocupación de los establecimientos relevados por la CAF fue del 71,56%, frente al 75,46% de un mes antes. El índice de reposición fue de 0,74, es decir, entraron 0,74 animales por cada uno que salió. El informe también muestra que en agosto el 62% de las empresas relevadas estaba vaciando sus corrales y el 35% se encontraba llenándolos. Storni aclaró que esa caída responde en buena medida al comportamiento estacional del negocio y no representa por sí misma una señal de alarma. Los corrales suelen llenarse con la zafra de terneros y luego reducen su ocupación a medida que salen los animales terminados.
Por eso, la preocupación de los feedlots pasa más por la rentabilidad que tendrán los animales que hoy ingresan a los corrales cuando llegue el momento de venderlos. “El número actual es un número neutro, con alguna luz amarilla hacia adelante”, resumió Storni.

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