Durante casi una década, el caso del “Putney Pusher” fue uno de los grandes misterios policiales de Londres. Para recordar el hecho hay que remontarse a mayo de 2017, momento en que las cámaras de seguridad de Putney Bridge registraron a un corredor que, sin una provocación aparente, empujó a una mujer hacia la trayectoria de un colectivo. El conductor logró esquivarla por centímetros y el atacante escapó.
Nueve años después, la investigación tuvo un desenlace inesperado. Nicholas Brandram, el banquero y exmilitar de 44 años que había sido detenido en junio como sospechoso del ataque, fue encontrado muerto esta semana en su vivienda de Chiswick, al oeste de Londres. A pesar de estar apuntado por la investigación, el hombre no había sido acusado formalmente por el episodio.
Inmediatamente, la policía calificó en el fallecimiento como “inesperado”, aunque por el momento no considera que existan circunstancias sospechosas. Mientras tanto, la investigación por el ataque de 2017 continúa abierta.
En este escenario, el caso sumó una nueva controversia el pasado jueves, cuando la familia de Brandram aseguró que era inocente y cuestionó la presión ejercida por la Policía Metropolitana durante los meses en los que estuvo bajo investigación. Sus familiares afirmaron que se quitó la vida después de atravesar “meses de inmensa presión” y sostuvieron que nunca hubo pruebas forenses ni evidencias creíbles que lo ubicaran en el puente al momento del ataque.
A raíz de esas acusaciones, la Policía Metropolitana de Londres remitió sus propios contactos con Brandram al Independent Office for Police Conduct (IOPC), el organismo independiente encargado de supervisar la conducta policial británica.
El ataque que recorrió el mundo
El episodio ocurrió el 5 de mayo de 2017. En ese entonces, las cámaras de seguridad instaladas en Putney Bridge captaron a un hombre corriendo por la vereda. Al cruzarse con una mujer de 33 años, la empujó hacia la calle. La víctima cayó delante de un colectivo de dos pisos, pero el conductor logró desviar el vehículo y evitó atropellarla. Por el episodio, la mujer sufrió heridas menores.
Las imágenes del ataque se difundieron rápidamente y transformaron al desconocido en uno de los hombres más buscados de Londres. La policía investigó e interrogó a decenas de personas e incluso realizó varios arrestos, aunque ninguno terminó en una acusación.
Finalmente, el expediente fue cerrado en 2018 por falta de nuevas pistas y el caso permaneció sin avances hasta que Scotland Yard decidió reabrir la investigación.
Brandram entró en escena el pasado 15 de junio, día en el que fue arrestado bajo sospecha de intento de causar lesiones graves. Tras ser interrogado, recuperó la libertad mientras continuaban las averiguaciones. Nunca llegó a ser imputado por el ataque. Su identificación como sospechoso volvió a poner el antiguo video en el centro de la atención de los medios británicos.
Brandram tenía, además, un perfil que despertó especial interés. Era director en la banca privada de HSBC y antiguo capitán del Ejército británico, donde había servido en Afganistán.
También mantenía vínculos con distintas casas reales europeas. Era nieto de la princesa Catalina de Grecia y Dinamarca y tataranieto de la reina Victoria. Esos lazos familiares multiplicaron la repercusión mediática cuando su nombre quedó asociado con el caso.
La reconstrucción publicada el pasado jueves jueves por diario El País también destacó sus vínculos con la realeza y el carácter extraordinario de una investigación que permaneció sin resolver durante casi diez años pese a la amplia difusión de las imágenes.
El martes por la noche, policías y paramédicos acudieron a la vivienda de Brandram en Chiswick luego de que fuera encontrado inconsciente. Fue declarado muerto en el lugar. Por ahora, las autoridades indicaron que el fallecimiento no presenta circunstancias sospechosas.
La familia apunta contar la investigación
Un día después de la muerte, los familiares de Brandram difundieron una declaración en la que cuestionaron públicamente la investigación: “Nicholas Brandram no era el Putney Pusher”. Según la familia, no existían ADN ni otras pruebas forenses que lo relacionaran con la agresión, como tampoco elementos que demostraran que estaba en Putney Bridge en el momento del ataque o evidencias fiables de que fuera el hombre captado por las cámaras.
Los familiares también sostuvieron que Brandram había colaborado con los investigadores, entregado voluntariamente una muestra de ADN y participado en procedimientos de identificación. A pesar de ello, señalaron que permaneció durante meses bajo sospecha pública.
La familia aseguró que la exposición vinculada al caso le provocó “vergüenza, ansiedad y humillación” y cuestionó que la Policía Metropolitana de Londres no hubiera despejado públicamente las sospechas si, según su versión, no existían pruebas suficientes para sostenerlas.
Además, medios británicos señalaron que los familiares consideran relevante que Brandram hubiera enviado un correo electrónico desde su trabajo unos 30 minutos después del ataque y que algunas características físicas descriptas por testigos no coincidieran con las suyas.
Esos elementos forman parte de los argumentos planteados por la familia y no fueron adoptados como conclusión por la policía. Por su parte, las autoridades policiales expresaron sus condolencias y reconocieron que una investigación de estas características puede generar una fuerte presión sobre las personas involucradas. Al mismo tiempo, señaló que las pesquisas sobre el ataque de 2017 continúan abiertas.


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