A 25 años del 11-S: por qué los atentados a las Torres Gemelas se viven de una manera diferente y cómo cambiaron a EEUU

Pero la percepción sobre los ataques también estuvo determinada por las experiencias particulares de cada persona y por las decisiones políticas que adoptó Estados Unidos durante los años posteriores.

Atentado a las torres gemelas, uno de los más icónicos del siglo XXI.

Atentado a las torres gemelas, uno de los más icónicos del siglo XXI.

Archivo

“Un mismo suceso —ya sea un desastre o una conmoción o incluso el proceso de recuperación— es completamente diferente según (cuál sea) la red de vínculos de usted”, explicó Daniel Aldrich, profesor de la Universidad Northeastern especializado en comunidades y resistencia frente a la adversidad.

Esas redes abarcaron realidades muy diferentes: familiares de las víctimas, trabajadores que retiraron durante meses los escombros de la Zona Cero, personas que decidieron incorporarse a las Fuerzas Armadas, empleados de sectores afectados como el turismo y la aviación, y comunidades que comenzaron a ser observadas con mayor desconfianza por su origen.

Una familia atravesada por el 11 de septiembre

La historia de Jenna McPartland refleja cómo las consecuencias del atentado atravesaron incluso a generaciones que no lo vivieron. McPartland esperaba su primer hijo junto a su esposo, Ariel Jacobs, quien murió en el World Trade Center. Pocos días después nació Gabriel, cuya historia familiar quedó inevitablemente vinculada con los ataques pese a que todavía no había nacido cuando ocurrieron.

Con el paso de los años, McPartland volvió a casarse, tuvo otros dos hijos y fue madrastra de dos adolescentes. Aun así, procuró mantener el vínculo de Gabriel con la familia de su padre y transmitir a sus otros hijos el lugar que el atentado ocupó dentro de su historia.

“Mi segundo hijo escribió su ensayo de admisión a la universidad sobre lo que significaba ser hijo de una familia afectada por el 11-S, sin ser él mismo un chico del 11-S. Y sobre cómo él no existiría si el padre de su hermano no hubiera fallecido”, relató McPartland, de 52 años, chef y propietaria de un restaurante en Fairfield, Connecticut. “Todos ellos lo reconocen de formas diferentes, lo sienten de maneras diferentes y lo perciben en su vida de modos diferentes”, agregó.

Cómo el 11-S transformó la seguridad y la inmigración

Las decisiones adoptadas por el Gobierno estadounidense después de los atentados también determinaron el legado de aquella jornada. Entre ellas estuvieron la reorganización de organismos públicos, la creación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y decisiones de política exterior como la invasión de Afganistán.

La inmigración, que ya constituía un tema conflictivo antes de 2001, adquirió una nueva dimensión relacionada con el temor y la desconfianza. Buena parte de las consecuencias recayeron sobre personas musulmanas o provenientes de regiones de mayoría musulmana.

En 2002, el Gobierno federal implementó el Sistema de Registro de Entrada y Salida de Seguridad Nacional (NSEERS). La medida obligó a registrarse a hombres mayores de 16 años que no fueran ciudadanos estadounidenses y procedieran de un grupo de 25 países, casi todos de mayoría musulmana.

Sus críticos denunciaron el programa como una forma de elaboración de perfiles raciales y religiosos. El sistema finalmente fue desmantelado durante la década siguiente.

“La idea de que existe una amenaza externa representada por personas con determinado aspecto o procedentes de países concretos verdaderamente impulsó la reorganización del Departamento de Seguridad Nacional, y ha seguido alimentando la forma en que hemos financiado y contribuido al enfoque en la seguridad de nuestro sistema migratorio y de la sociedad en general”, explicó Jayesh Rathod, profesor de la Facultad de Derecho de Georgetown.

Una seguridad que terminó por normalizarse

Otro de los legados visibles fue la creación de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) y el endurecimiento de los controles en aeropuertos y otros espacios.

“La idea de que debemos hacer todo lo posible para protegernos de cualquiera que sea la amenaza —una amenaza amorfa— se ha normalizado por completo”, agregó Rathod.

El período posterior al atentado también dio lugar a la creación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), organismo que décadas después quedó en el centro de la discusión pública por las políticas migratorias aplicadas durante el Gobierno de Donald Trump.

El clima de temor también tuvo consecuencias fuera de las instituciones. Balbir Singh Sodhi, propietario de una estación de servicio en Arizona, fue asesinado a tiros cuatro días después de los ataques. Sodhi era sij, tenía barba y utilizaba turbante, pero su atacante asumió erróneamente que era árabe.

El impacto sobre las generaciones que nacieron después

Para Vida Lashgari, de 21 años, el 11-S siempre perteneció al pasado. Nacida pocos años después de los atentados y criada en California por una madre mexicana y un padre persa, conoció sus consecuencias a partir de los relatos familiares y comunitarios.

“Al crecer aprendí cómo el 11 de septiembre afectó especialmente a las personas de Medio Oriente, a los sijs y a las personas de piel morena en general, y cómo eso cambió su vida cotidiana”, explicó.

Se cumplen 25 años del atentado a las torres gemelas.

Se cumplen 25 años del atentado a las torres gemelas.

Archivo

Su padre, relató, al igual que “muchas personas de Oriente Medio, se volvió mucho más consciente de su apariencia y de las diferencias en su forma de hablar y vestir en Estados Unidos tras el 11 de septiembre. Y creo que ese tipo de miedo ha persistido en la comunidad de Oriente Medio desde entonces”.

Para su generación, prácticas anteriores a 2001 tan cotidianas como acompañar a familiares hasta las puertas de embarque de un aeropuerto resultan difíciles de imaginar. El 11-S pasó así de ser una experiencia directa y traumática para una generación a convertirse progresivamente en un acontecimiento histórico para otra.

La pandemia de COVID-19 permitió que algunos jóvenes comprendieran mejor qué significaba que un único acontecimiento transformara repentinamente la vida cotidiana.

“La pandemia sacudió muchas vidas, especialmente la de mi generación, que no había experimentado un cambio tan drástico como ese … Creo que, definitivamente, me dio la perspectiva de que hay algunas cosas de las que no podemos ser protegidos”, expresó Lashgari.

La pandemia de COVID “fue, hasta la fecha, la experiencia en la que más sentí que mi mundo cambiaba de la noche a la mañana, y con el conocimiento de que yo no tenía ningún control sobre ello”, agregó.

Cómo cambió la memoria del 11-S después de 25 años

El paso del tiempo y la aparición de nuevas crisis también redujeron el espacio que el atentado ocupa en la memoria pública. Esa transformación explica, en parte, la importancia de los museos y monumentos conmemorativos destinados a preservar el recuerdo.

Amy Sodaro, profesora de sociología en el Colegio Comunitario Distrito de Manhattan, recordó que después de vivir los ataques pensó que aquel acontecimiento “marcaría el resto de mi vida y de la sociedad en la que vivimos”.

Sin embargo, las transformaciones políticas y los nuevos acontecimientos internacionales modificaron progresivamente esa percepción. Son “esos otros acontecimientos geopolíticos y cambios en nuestro mundo”, explicó, “los que han transformado la imagen del 11-S en la memoria histórica a nivel colectivo… y, creo yo, también a nivel de los individuos”.

A 25 años de los atentados, el 11 de septiembre continúa presente en la seguridad, la política exterior, la inmigración y la memoria estadounidense. Pero mientras para millones representa un recuerdo vivido en primera persona, para una generación cada vez más numerosa pertenece a la historia de un mundo anterior a su nacimiento.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *