La abogada Eloisa Quintero, integrante de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos para Venezuela de la ONU y cofundadora de Panorámica, participó del panel Sociedad Civil del IV Congreso Argentino Anticorrupción, realizado en Paraná. Al respecto, dijo inicialmente que “hay mucha gente que hace” en el trabajo diario contra la corrupción: “Hay gente que hace desde el periodismo; hay gente que hace desde la sociedad civil; hay gente que hace desde la docencia, gente que forma gente desde la política; abogados. Veo muchos colegas fiscales, gente valiente que ya está haciendo”, afirmó en su disertación. Sostuvo que hay que combatir los diferentes niveles de la corrupción, particularmente el intermedio donde están los que permanecen pese al cambio de los gobiernos, pero con una estrategia porque se necesita de aliados.
La disertación de Quintero:
“La pregunta que nos hacían a nosotros como panelistas era cómo podría la sociedad civil involucrarse en procesos del control de Estado. Sobre esto ustedes conocen bastante, y yo me atrevo a aportar desde lo que tengo como experiencia y a reflexionar al respecto. He trabajado en distintos sectores, en México, en Guatemala, en Colombia, etcétera. Y hay cosas que uno aprende cuando ve qué funciona y qué no funciona. Lo primero que me pregunto es a qué nos referimos con procesos de control. Porque no sé si todos estamos hablando de lo mismo y estamos debatiendo sobre lo mismo. Cuando hablamos de corrupción hay tres grandes niveles, y cada proceso ataca a un nivel distinto.
Tenemos el nivel de la corrupción de las cúspides, y para eso tenemos que tener una estrategia. Es la corrupción que se da a gran escala y la que permite, por ejemplo, hacer robos masivos. Ustedes conocen también la que se da desde la base, que es una corrupción con mucho involucramiento ciudadano. Pero también está la del medio, que es la más peligrosa, porque normalmente es la que se sostiene cuando la cúspide es atacada, cuando la cabeza se corta o se mueve. El mecanismo de corrupción subsiste por la corrupción intermedia.
Entonces yo me preguntaba a qué procesos de control nos estamos refiriendo y si son procesos de controles formales o informales. Es una reflexión. Hay muchos organismos que tratan de combatir la corrupción, desde la judicatura, desde la contraloría, etcétera. Pero esos son mecanismos formales. En el fondo, esos mecanismos tratan de buscar transparencia. Pero la corrupción no solamente se hace violando la transparencia, sino manipulando los procesos correctos. Uno tiene un debido proceso. Un ejemplo: cuando estábamos trabajando en Guatemala, en un caso que se llama Transurbano, que presentaban por unos pocos quetzales, cuando lo empezamos a analizar en la CICIG, la Comisión Internacional contra la Impunidad, me di cuenta de que había mucho más, y este era un tema de corrupción. En dos palabras: se robaron todo el dinero para mejorar el transporte.
Guatemala tiene muchos problemas de seguridad, sobre todo en el transporte, porque es ahí donde los roban, los matan, a las bases de la sociedad, que son siempre las más dolientes. ¿Y cómo lo robaron? Un conjunto de ministros, que eran todos los ministros del Poder Ejecutivo, pasaron muy rápido un proyecto de adjudicación, rompiendo ese proceso que tendría que ser debido. Por ejemplo, alguien pasó muy rápido todo lo que fue la auditoría legal: dos páginas, media página.
Entonces, algo que parece muy sonso no era falta de transparencia ni falta de previsión y de control, sino que gran parte de la corrupción en gran escala se hace violando los procesos, manipulando los procesos que en apariencia se van cumpliendo. Claro, aquí había auditoría fiscal y auditoría legal, pero la auditoría la hicieron en 20 minutos, con página y media, y así se robaron 35 millones de dólares. Al día de hoy, el transporte en Guatemala sigue siendo un problema, un tema gravísimo de seguridad y uno de los motivos de grandes índices de homicidio. Fíjense lo duro que es la corrupción.
Repensando esto, esos procesos que tenemos que revisar y a los que tenemos que aportar desde la sociedad civil son los procesos formales, los que se ponen en organismos que nacen para esto, que buscan esto y que tratan de buscar la transparencia. Pero también tenemos que repensar los procesos que no nacen para eso, sino para un debido cumplimiento de tal objetivo o resultado, porque es ahí donde se filtra la corrupción a través de una manipulación.
Entonces tenemos que tener una visión mucho más amplia, porque los casos se ponen ocurrentes y nosotros tenemos que ponernos ocurrentes. ¿Y ellos quiénes son? Las personas que necesitan sacar una ventaja al respecto. Siempre que se da una oportunidad, frente a la oportunidad está alguien que quiere sacar ventaja. Hay gente que saca ventaja por derecha y hay gente que la saca por izquierda. Acá no estamos hablando ni de buenos ni de malos. Es otra cosa que uno aprende, porque si no nos ponemos del lado de enfrente y no hacemos una comprensión del panorama, tampoco lo podemos combatir.
Bajo esta reflexión decimos: los procesos de transparencia, los procesos de supervisión, pero ¿qué más se puede hacer? Creo que desde la sociedad civil veo cuatro bloques fuertes en los que uno está trabajando y puede seguir aportando.
Por lo pronto, es la necesidad de estar al tanto de todo, de tener la mayor información. Estamos todos de acuerdo con eso, y eso nos da herramientas para muchas cosas: para poder controlar, para poder exigir y para poder señalar. Pero creo que tenemos un rol mucho más activo que exigir, señalar y marcar el error en otro. Eso está bien, para eso es la contraloría ciudadana. Pero si nosotros no conocemos los patrones, los comportamientos, dónde está la ventaja, cuál es el modus operandi del otro, por dónde se va a filtrar, es muy difícil aportar.
A veces, como sociedad civil, eso se lo dejamos a otro. Dejamos que la Justicia haga el trabajo, o que lo haga la UIF, o un organismo internacional como el GAFI y nos diga por dónde y cómo. Si algo aprendí como sociedad civil es que en realidad es muy difícil aportar si no conozco de mano cómo es el patrón. Muchas veces lo conozco, pero no lo sé contar.
Muchas veces, quien más sabe las chanchurrias es el empresario que se presenta en la licitación. Ellos son parte de una sociedad civil, tienen organismos que se conglomeran. Los abogados también van contando esos datos que nosotros no conocemos, no los conocemos como jueces, no los conocemos como fiscales. A veces nos dicen: “Te falta calle”. Sí, nos falta calle, porque uno no puede tener todas las calles. Para eso están los distintos sectores.
Entonces yo creo que la sociedad civil tiene que aportar en la construcción de esos patrones. ¿Qué son los patrones? Hay modalidades para cometer los ilícitos, hay modalidades, y cada vez nos ponemos más ocurrentes, siempre se va encontrando una nueva y siempre se va buscando una oportunidad.
Esa reconstrucción de patrones no la puede hacer solamente la Justicia o solamente el Estado. Creo que es un papel de la sociedad civil. Más allá de involucrarnos plenamente en la información, no solamente tenemos que conocer los patrones, porque si voy a hacer una campaña de socialización como miembro de una ONG, tengo que conocer los patrones para ver qué prevengo, qué ayudo, qué digo, sino que también tengo que aportar para la construcción de patrones. Tengo mucha información que es útil y se puede hacer. Y también involucrándonos en la Justicia, por supuesto.
Creo también que nosotros a veces miramos la corrupción de la cúspide, y es muy importante. Pero el gran enfoque tiene que venir a la corrupción intermedia. Ahora estoy trabajando para un tema de Venezuela por designación del Consejo de Derechos Humanos, y uno se da cuenta de que, aunque cambien la cabeza, aunque cambien los directivos, aunque cambie la cúspide, las cosas subsisten porque el mecanismo lo sostiene el intermedio.
Entonces, un buen combate a la corrupción desde nuestro lugar como sociedad civil es investigar esos intermedios. Quiénes son las piezas claves que subsisten y pivotean, como en el tango, con independencia de quién cambia arriba, con independencia de qué Poder Ejecutivo va cambiando o qué partido político. Hay tres o cuatro puestos claves que siempre están, y siempre está acompañado un sujeto. Es una estrategia de largo plazo, pero es la única estrategia que nos permite golpear un poco más a fondo y entender por qué esos sujetos subsisten. ¿A quién beneficia esa subsistencia? Es otra forma de pensar.
Esos son los cuatro bloques que me parece que uno como sociedad civil puede realmente aportar en los procesos de control: vinculándome a la investigación, a la información, al conocimiento de patrones, a la reconstrucción de patrones, e involucrándome también con los casos de la Justicia.
Esto otra vez lo digo desde la experiencia. Cuando trabajamos, por ejemplo, en Guatemala, pero también me pasaba en Colombia, dejamos 60 investigaciones de macrocorrupción. Es un montón. Esas y otras tantas quedaron en proceso. Entonces uno dice: ¿de dónde salieron estas? A veces llega la información desde una ONG o desde una empresa. A mí me tocó que viniera una empresa con un bloque entero ya armado, porque había hecho un compliance interno, una investigación interna, y decía: “Todo esto pasaba en la empresa que acabo de comprar. Yo no quiero saber nada con esto”. Y estaban hasta los correos electrónicos.
También me pasó que durante la investigación yo no hubiera podido llegar, no hubiéramos podido llegar como organismo, a la médula de la cosa si no venían los aportes del periodismo, de la ONG, de otros sectores. Esos aportes vienen como dato, pero después uno los investiga y los acredita como corresponde en un proceso.
Entonces, el involucramiento de la ONG en la Justicia no es desde afuera, tirando un dato. Hay algo muy útil que son los informes sombra. En otros países, por ejemplo en México, trabajamos bastante con algunas ONG con informes sombra. ¿Qué quiere decir? Sobre cierta temática uno puede pedir una pericial en el proceso. Pero a veces la pericial se hace afuera: hay un informe, y ese informe está hecho con todas las herramientas, como si fuera hecho por un fiscal. Uno busca todos los datos, salvo que no tiene las herramientas para ordenar un allanamiento o solicitarlo, pero todo lo demás se acredita como se pueda comprobar. Se arma un informe y ese informe se aporta al proceso. Después se le busca la forma para que tenga las veces de una pericia particular.
Fíjense el aporte que puede hacer la sociedad civil. A veces es uno el que tiene más información. Lo hemos hecho en casos de desaparecidos. Las rutas de desaparecidos: ¿quiénes las conocen mejor que la sociedad que anda en búsqueda de sus familiares? También en casos de migrantes, de trata de personas y de feminicidio. Femicidios que no se conectaban entre sí, pero que sí se pueden conectar y se aporta.
Por supuesto que todo eso lo toma el sistema y es una prueba más; a veces es la prueba medular, porque el sistema de Justicia no tiene tiempo para hacer el tipo de investigación que sí hace la sociedad civil. Entonces tenemos que involucrarnos, como cuarto punto, en la Justicia.
Y propuestas. Yo creo mucho en estos procesos de control, creo mucho en los grupos híbridos. ¿A qué me refiero con grupos híbridos? Ellos, los que toman la ventaja para sacar un beneficio particular, para no hablar de corruptos, son personas que toman la ventaja para sacar un beneficio particular y van por la izquierda y no por la derecha.
Ellos no se dividen entre los empresarios, entre los jueces, entre otros sectores. Trabajan de manera conjunta y coordinada. Creo que nosotros también tenemos que romper un poquito eso, y los grupos tienen que ser un poco más híbridos al momento de hacer los enfoques y generar las políticas. No la política desde la ONG o la política desde la judicatura. Tiene que haber características, pero me parece que el enfoque tiene que ser: como ellos trabajan, nosotros también.
La estrategia es lo más importante, porque tiene que definir a dónde estoy apuntando: a la corrupción de cúspide, a la corrupción de base o a la corrupción del medio. Es completamente diferente la estrategia. Los actores son distintos, las metodologías son distintas.
Y tercero: por dónde empiezo en esa estrategia. Porque también hay muy malos ejemplos. Lo de Guatemala también fue un muy mal ejemplo. Terminamos todos con procesos penales, todos echados del país. Uno no sabe si puede pasar y hay una nota roja, porque yo tengo casos penales en contra, pero mis colegas tienen 100 casos en contra. ¿Por qué? Por hacer.
Eso fue un error. No podemos atacar todos los sectores de la sociedad civil. La estrategia es con qué sectores trabajo y a qué sectores ataco. Por eso son dos grandes decisiones: a qué sector —cúspide, medio o base— y por cuál empiezo, porque necesito aliados. Aliados para la ejecución.
Ahí voy a la cultura de la legalidad y a lo del derecho, porque la idea no es siempre que la ONG tenga el dedo para señalar. Esa es una función tradicional que hemos tenido siempre. También tengo que ver cómo a toda esa gente la jalo del ámbito de la ilegalidad o del sector gris y la vuelvo al sector de la legalidad.
Tiene que haber una motivación, tiene que haber una forma de ir incorporando. Por eso es que no puedo ir contra todos al mismo tiempo. Hay algún sector que es un poco menos corrupto, y hay que ver cómo de a poco lo voy acercando al margen de la legalidad. Entonces la estrategia no es ir contra todos. Eso fue lo que nos mató en la CICIG en Guatemala y no nos permitió, entre otras cosas, seguir trabajando.
Por último, cierro con una frase que tiene que ver con la introducción que acaban de hacer. Es de Einstein, todo el mundo la conoce, pero dice: “El mundo no es peligroso por los que hacen el mal, sino por los que se sientan a ver lo que otros hacen y dejan pasar”. Entonces creo que hay mucha gente valiente, todos estamos haciendo. Es cuestión de ver hacia dónde arrancamos.

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