El Niño ya está presente y se espera que se intensifique durante los próximos meses, lo que genera interrogantes sobre el impacto que podría tener en la nueva campaña agrícola. Ante la posibilidad de lluvias muy superiores a las normales, productores y técnicos ya trabajan sobre seis estrategias: adelantar la siembra del maíz y la soja, aumentar la densidad y la fertilización del cereal, usar grupos de madurez más cortos en la oleaginosa, reforzar el control de enfermedades, revisar la profundidad de las napas y mejorar la salida del agua en los lotes con riesgo de anegamiento.
Antes de que El Niño se haga sentir con más fuerza, en los campos ya comenzaron a tomar decisiones. Según un informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los productores ajustan el manejo según las características de cada campo. En los mejores lotes evalúan sembrar más plantas de maíz y aumentar la fertilización. En las zonas con riesgo de anegamiento, en cambio, revisan los bajos y trabajan para que el agua pueda salir con mayor rapidez.

“Nunca vimos una preparación así para El Niño. Ha evolucionado mucho el análisis, cómo el productor encara las cosas y la importancia que se le da al factor climático. Vemos una preparación realmente muy importante en el sector; creo que nunca hubo algo así”, explicó a LA NACION Cristian Russo, jefe de Estimaciones Agrícolas de la BCR. Según la entidad, es la primera vez en 20 años que se toman tantas medidas ante un episodio de El Niño. Después de varias campañas dominadas por la falta de agua, ahora los productores buscan aprovechar las lluvias para obtener más kilos y, al mismo tiempo, evitar que los excesos dañen los cultivos.
Una de las principales decisiones es adelantar entre una y dos semanas la siembra del maíz temprano, siempre que la temperatura del suelo permita una buena implantación. El objetivo es que el período crítico del cultivo ocurra durante diciembre, cuando se esperan lluvias abundantes, y evitar que quede expuesto a posibles golpes de calor o interrupciones de las precipitaciones durante enero.
La decisión también alcanza a la soja. Para la de primera se analiza comenzar entre cinco días y una semana antes. En la de segunda, la recomendación es ingresar al lote apenas termina la cosecha del trigo. “En soja de primera se habla de ganar unos cinco días o una semana y, en soja de segunda, de no perder nada. Cuanto antes sembremos, apuntamos a más potencial”, agregó.
En maíz, como se mencionó, podría aumentar la proporción de siembras tempranas frente a las tardías. Estas últimas habían ganado participación durante las campañas secas porque permitían reducir riesgos. Ante la expectativa de mayores lluvias, los productores vuelven a considerar una implantación más temprana. Sin embargo, la estrategia cambia según las condiciones de cada campo. En los lotes bajos o con antecedentes de anegamientos los técnicos recomiendan demorar la siembra y optar por una mayor proporción de maíz tardío. Para tomar esa decisión se analiza la profundidad de las napas y la capacidad del lote para evacuar el agua.
“Se trata de cumplir todo el período crítico con las lluvias de diciembre, escaparle a enero por la ola de calor y porque siempre nos da miedo que alguna semana se corte el agua”, señaló Russo.
La mayor disponibilidad de humedad también permite aumentar la densidad de siembra. En Monte Buey y Corral de Bustos, los asesores evalúan sumar alrededor de 5000 plantas de maíz por hectárea y, en algunos híbridos, hasta 10.000, junto con una mayor fertilización nitrogenada. En soja, además de adelantar las fechas, se estudia utilizar grupos de madurez más cortos.
Según el relevamiento, la fecha de siembra fue mencionada por el 38% de los especialistas como la principal herramienta frente a El Niño. Luego aparecen el manejo sanitario, con el 23%; la elección de ciclos y grupos de madurez, con el 15%, y los cambios en la densidad y la fertilización, con el 8%.

Otra parte de la preparación ocurre dentro del campo. Los productores revisan la profundidad de las napas, identifican los sectores más bajos y analizan qué lotes pueden tener dificultades para sacar el agua. “Muchas consultas vienen por dónde están las napas, cuáles son los lotes complicados que tienen problemas para desagotar el agua o cuáles son bajos. Hay un manejo realmente muy estratégico este año; lo estamos notando como nunca”, sostuvo Russo.
Un dato positivo es que la región núcleo llega a este escenario con menos agua acumulada que el año pasado. Por ahora, las reservas de humedad se encuentran entre regulares y escasas en el 80% del área, lo que permitiría recibir parte de las lluvias previstas sin que aparezcan excesos de inmediato. Sin embargo, en General Villegas hay campos donde las napas están a una profundidad de entre 90 centímetros y 1,40 metros. Allí, una seguidilla de lluvias podría generar problemas. Por eso, en distintos establecimientos se realizan limpiezas de canales y alcantarillas y trabajos para facilitar la salida del agua.
También preocupa el estado sanitario de los cultivos, porque la combinación de mayor humedad y temperaturas más altas puede aumentar la presencia de enfermedades. Por ahora, el 95% de los lotes de trigo se encuentra entre excelente y muy buen estado, aunque ya se detectaron los primeros casos de mancha amarilla en Pergamino y Venado Tuerto.
Pese a los riesgos, Russo consideró que la llegada de más agua también puede representar una oportunidad después de varias campañas condicionadas por la sequía. “Podemos tener un año superador en rindes; el desafío está en transformar toda esta agua en kilos. Hay preparativos como nunca ante este Niño”, concluyó.

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