El ayatolá Mojtaba Khamenei, nuevo líder supremo de Irán, no ha aparecido en público ni ha realizado declaraciones desde su designación el domingo, lo que ha generado numerosos rumores sobre su salud y paradero. Su ausencia se atribuye tanto a las heridas sufridas en los bombardeos que marcaron el inicio de la guerra como a su condición de objetivo prioritario para Estados Unidos e Israel.
Yusef Pezeshkian, hijo del presidente iraní Masud Pezeshkian y asesor del gobierno, afirmó el miércoles en Telegram que Mojtaba Khamenei está “sano y salvo”, tras consultar a personas con contactos cercanos. La declaración llega después de días de especulaciones sobre la suerte del nuevo dirigente; hasta entonces ningún responsable iraní había hecho comentarios públicos al respecto.
El embajador de Irán en Chipre, Alireza Salarian, confirmó al diario The Guardian que Khamenei resultó herido en el bombardeo en el que murieron su padre, Alí Khamenei, su madre y su esposa. Salarian añadió que “cree” que el líder está hospitalizado y mencionó heridas en las piernas, la mano y el brazo. Tres funcionarios iraníes citados por The New York Times también señalaron que las lesiones afectan “sobre todo en las piernas”, y que Khamenei permanece seguro en un lugar de alta protección con comunicaciones restringidas.
Los medios estatales iraníes han presentado a Khamenei como un “veterano herido de la guerra del Ramadán”, en alusión al conflicto iniciado durante el mes sagrado musulmán. Su imagen se ha multiplicado en carteles y pancartas en Teherán; una de ellas lo muestra recibiendo simbólicamente la bandera nacional de manos de su padre, bajo la mirada de Ruhollah Jomeini, fundador de la república islámica. Miles de simpatizantes han exhibido su retrato en manifestaciones recientes, aunque también se han escuchado por la noche gritos de “¡Muerte a Mojtaba!” por parte de vecinos, lo que refleja el rechazo de sectores de la población.
El nombramiento de Mojtaba Khamenei como líder supremo se produjo tras la muerte de su padre, Alí Khamenei, en un ataque aéreo de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. El bombardeo también acabó con la vida de otros miembros de su familia. La designación de Mojtaba fue hecha por un consejo de 88 clérigos, órgano que otorga el cargo de por vida. Desde entonces no se ha visto públicamente al nuevo líder, lo que ha alimentado las especulaciones sobre su estado físico y su capacidad para ejercer el poder en medio de la guerra.
El liderazgo de Mojtaba Khamenei ha sido vinculado a la represión de protestas antigubernamentales desde 2009 y se lo percibe cercano a los Guardianes de la Revolución, el brazo ideológico y militar de la república islámica. La televisión estatal y funcionarios han evitado dar detalles sobre la gravedad de sus heridas, mientras analistas internacionales, como Emile Hokayem del International Institute for Strategic Studies en Londres, suponen que Khamenei permanecerá “en un búnker durante mucho tiempo” tras haber perdido a su padre, su madre y su esposa en el ataque inicial.
Desde su designación, la conducción del gobierno ha quedado a cargo de figuras como el jefe del Consejo Superior de Seguridad, Alí Larijani, y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, según fuentes iraníes y occidentales. Tanto el ejército como los Guardianes de la Revolución y aliados regionales —como los hutíes y Hezbollah— han expresado lealtad al nuevo líder.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, transmitió su “apoyo inquebrantable” a Khamenei. En contraste, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió antes de la designación que Mojtaba Khamenei “no será aceptado” como líder supremo y que, sin la aprobación de Washington, “no durará mucho tiempo”.
(Con información de AFP)
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