La reunión de Karina Milei el miércoles pasado con representantes del PRO y la que 24 horas antes había mantenido en un hotel de Retiro Axel Kicillof con Máximo Kirchner (rodeado este último por la plana mayor del kirchnerismo) representaron la señal de largada de la agenda electoral 2027.
Oficialismo y oposición comenzaron a delinear sus alianzas y a perfilar candidatos con una anticipación infrecuente, porque es infrecuente el escenario en el que se enfrentan: el gobierno libertario buscando conservar los votos del centro derecha y el peronismo en medio del inesperado desafío de Axel Kicillof al liderazgo de su “inventora”, Cristina Kirchner.
Entre los libertarios y la oposición lo único que hay es tierra de nadie. El proyecto contra MIlei que en la última elección intentaron armar radicales y peronistas con el nombre de Provincias Unidas resulta inviable para una elección muy polarizada en la que se definirán más cosas de lo habitual. No sólo está en juego quién ocupará la Casa Rosada por los siguientes cuatro años, sino el futuro del sistema de partidos y hasta la manera de hacer negocios con el Estado.
Más allá del Gobierno, lo que está en juego es el régimen.
Los representantes del oficialismo y del PRO se reunierondespués de dos conversaciones telefónicas de Karina Milei y Mauricio Macri, aunque públicamente trascendió solo una. El acercamiento se produjo tras un largo período de hostilidad entre el ex presidente y Javier Milei.
En ese lapso Macri ofició de vocero y armador del Círculo Rojo lanzando extraoficialmente candidatos para el mismo electorado de Milei: Brito, Hernán Lacunza y Dietrich, entre otros. La idea era presionar al presidente con dividirle el voto de quienes en teoría apoyan el modelo promercado.
Las presiones no dieron resultado y Mauricio Macri abandonó las candidaturas que había fogoneado para enviar a su hombre de mayor confianza, Fernando de Andreis, a Balcarce 50 con el único propósito de sondear una posible coalición.
Los resultados de esa misión fueron contradictorios. Interlocutores de Mauricio Macri con interés directo en las negociaciones oyeron del expresidente que la reunión había sido negativa. De Andreis dio, en cambio, reservadamente una versión más optimista. El acuerdo podría estar cercano.
En ese sentido hubo coincidencias sobre la candidatura de Diego Santilli para la provincia de Buenos Aires, pero sigue sin resolverse la candidatura a la jefatura de gobierno de CABA. La principal dificultad radica en el diálogo que mantiene Karina Milei con Jorge Macri del que no participa su primo Mauricio. El destino del PRO a esta altura parece inevitable: la absorción por parte del proyecto libertarios.
Los trascendidos contradictorios sobre la reunión en gobierno obedecen, además, a que el ex presidente dice a cada interlocutor lo que quiere oír. Refleja el interés del “establishment” por promover a un candidato alternativo a Milei que garantice, más que el orden macroeconómico, la manera de hacer negocios de las últimas décadas. Da igual si es un empresario de medios o un pastor electrónico.
Hoy grupos económicos de primera magnitud pierden licitaciones que antes no perdían, la obra pública no se negocia con la corporación procesada en la causa “cuadernos” y se incentiva la participación de nuevos jugadores en el mercado. La campaña “gauchinacionalista” para bloquear el ingreso de nuevas inversiones en el mercado inmobiliario de tierras rurales (llamada por los medios “extranjerización”) es sólo un ejemplo de esas tensiones.
Otro episodio que ilustra esa situación es el del embajador norteamericano oponiéndose de manera pública y poco diplomática, a la participación de los chinos en Vaca Muerta y otros proyectos. Un veto similar ya se había producido en la licitación de la Hidrovía.
En tanto, en el peronismo se libra una lucha desigual entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof. El kirchnerismo en pleno se presentó a la primera escenificación de las gestiones “de unidad” y hasta planteó la posibilidad de una interna entre Sergio Massa y el gobernador (ver “Sin rumbo” en VISTO Y OÍDO).
Acompañaron a Máximo Kirchner los gobernadores de La Pampa, La Rioja, Tierra del Fuego y Formosa –todos ultra “K”— en una demostración de fuerza a la que se sumaron los presidentes de los bloques parlamentarios, José Mayans y Germán Martínez.
La única demostración que pudo hacer Kicillof con similar propósito fue la incorporación a sus filas de Santiago Cúneo, dirigente y periodista de nula peso electoral y pésima imagen pública. En esa situación asimétrica la única salida del gobernador es arrebatarle el control del peronismo a su ex mentora mediante las PASO o una interna partidaria a la vieja usanza.

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