En términos generales, se percibe un leve cambio de clima que irá profundizándose de cara al año próximo. Durante el primer semestre, los mandatarios entendieron que era momento de obtener el máximo posible de la Casa Rosada, evitando confrontaciones y aportando votos en el Congreso. Ahora, la discusión empieza a elevar el tono.
Los motivos son tres. El primero tiene que ver con las definiciones legislativas que impactan directamente sobre el poder territorial de las provincias. Difícilmente los gobernadores acepten la eliminación definitiva de las PASO, aunque una nueva suspensión aparece como una salida posible. También genera preocupación el proyecto sobre inviolabilidad de la propiedad privada que debatirá el Congreso, especialmente el capítulo referido a la extranjerización de la tierra, un tema que cobró mayor sensibilidad tras el Mundial, la campaña antiargentina y el rebote nacionalista que dejó el partido entre Argentina e Inglaterra.
Los otros dos factores son la construcción de alianzas electorales, la definición del cronograma de 2027 y los primeros borradores del Presupuesto, donde comenzará la discusión por el reparto de recursos que las provincias ya empezaron a reclamar.
En concreto, el deterioro de las rutas, la falta de infraestructura ferroviaria y las deficiencias en pasos internacionales estratégicos aparecen como una amenaza para el desarrollo de los motores económicos sobre los que apuesta Milei: Vaca Muerta, la minería y el agro.
“El Gobierno cree que el petróleo reemplaza todo. Pero sin un plan estratégico, logística y obras no se llega a ningún lado”, resumieron desde un distrito. El contexto, por ahora, juega a favor de la Casa Rosada.
La suba internacional del precio del petróleo, impulsada por la guerra en Medio Oriente, permitió alcanzar un nuevo récord de exportaciones energéticas. “La balanza comercial energética cerró el primer semestre con un superávit de u$s5.950 millones, un 59% superior al de un año atrás, con exportaciones de combustibles y energía por u$s7.619 millones (+42,5%) e importaciones por u$s1.669 millones, apenas por encima de las registradas en 2025. La energía ya explica más del 15% de las exportaciones totales y menos del 5% de las importaciones. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta exportaciones energéticas por encima de u$s14.400 millones y un superávit sectorial superior a u$s12.000 millones para el cierre de 2026″, señala un informe de Ficonomics, la consultora de Emiliano Estrada, exdiputado nacional por Salta.
Los hidrocarburos aparecen así como uno de los grandes proveedores de los dólares que necesita el Gobierno. Aunque la misma guerra que mejora la balanza comercial también puede complicar el frente financiero, elevando el riesgo país y alimentando la inflación en Estados Unidos. “Y, con ella, el sesgo restrictivo de la Reserva Federal”, advierte el mismo trabajo.
Pero el interrogante empieza después. Porque para sostener ese crecimiento, las provincias insisten en que hacen falta obras. Desde uno de esos distritos trajeron a la mesa un antecedente histórico.
En la crisis del petróleo de 1973, Irán pasó de percibir unos u$s5.000 millones a cerca de u$s20.000 millones anuales gracias al salto del precio internacional del crudo. “Dentro de diez años tendremos el mismo nivel de vida que los alemanes, los franceses o los ingleses“, prometía entonces el sha Mohammad Reza Pahlavi en una entrevista concedida a la revista alemana Der Spiegel, pocos años antes de ser derrocado por la Revolución Islámica.
Cualquier parecido con la Argentina del siglo XXI es mera coincidencia.
Esa promesa quedó inmortalizada por el periodista polaco Ryszard Kapuciski en su extraordinario libro El Sha. Allí reconstruye cómo el monarca ordenó duplicar las inversiones, especialmente en tecnología e industrialización. Pero cuando los barcos repletos de mercancías llegaron al Golfo “resultó que Irán no tenía puertos (lo que el sha desconocía)”. Cuando lograron descargar los barcos, “resultó que Irán no tenía almacenes (lo que desconocía el sha)”. Y cuando resolvieron ese problema, surgió el siguiente (“que el sha desconocía”). Faltaban rutas, transporte, logística y cada uno de los eslabones necesarios para convertir aquel boom petrolero en desarrollo.
Cincuenta años después, otra guerra volvió a poner a Irán en el centro del tablero energético mundial. Y la Argentina, otra vez beneficiada por el alza del petróleo y por el potencial de Vaca Muerta, enfrenta un desafío sorprendentemente parecido.
El espejo iraní no está en el petróleo. Está en creer que el petróleo alcanza.
El calendario electoral vuelve al centro de la escena
En el plano político, el dato más relevante es la confirmación del primer desdoblamiento electoral para 2027, anticipado por Ámbito: Tucumán votará el 9 de mayo, por decisión del gobernador peronista Osvaldo Jaldo.
La estrategia será replicada por buena parte de sus pares. La idea es blindar el pago chico durante el primer semestre y llegar con las manos libres a octubre, cuando se disputen las elecciones nacionales.
Dos provincias patagónicas incluso analizan adelantarse a abril. Y los mandatarios nucleados en Provincias Unidas estudian un “superdomingo” electoral entre mayo y junio, para votar en simultáneo en distritos como Chubut, Santa Fe, Córdoba y Jujuy.
La jugada también tendría una derivación nacional. El objetivo sería negociar con La Libertad Avanza candidaturas de bajo perfil o, al menos, evitar que la Casa Rosada despliegue toda su maquinaria electoral en esos distritos. Es, en definitiva, la vieja tesis de Santiago Caputo, partidario de no desgastar a potenciales aliados, en contraposición a la estrategia de Karina Milei, que sostiene la necesidad de competir con fuerza en cada provincia.
Ambos pueden exhibir argumentos. Karina se apoya en el triunfo libertario de las legislativas de 2025. Caputo, en cambio, reivindica las derrotas sufridas por el oficialismo en varias elecciones provinciales y las dificultades posteriores para construir mayorías en el Congreso, con derrotas que hicieron tambalear el frente fiscal.
“Al fin y al cabo, si algo demostró Milei en estos años es que se puede gobernar sin gobernadores propios”, sostuvo una espada libertaria. Claro que las garantías deberían extenderse hasta octubre. “Es como la película Atrápame si puedes. Si el gobernador ya fue reelecto en mayo, andá a convencerlo después para octubre”, graficó el mismo dirigente.
En la Casa Rosada también admiten que el desdoblamiento podría resultar funcional en provincias donde la alianza con el oficialismo local aparece como inevitable, como Mendoza, Chaco y Entre Ríos. Allí, una sociedad entre los gobernadores radicales —en los dos primeros casos— o el PRO —en el tercero— y los libertarios partiría, hoy, como favorita y permitiría exhibir victorias antes de la elección nacional.
La prenda de cambio, naturalmente, son los legisladores nacionales. En el escenario ideal para la Casa Rosada, esa lealtad también debería sostenerse en un eventual balotaje presidencial, donde los gobernadores ya no tendrían intereses locales en juego.
Hasta ahora, la única provincia que tiene decidido unificar sus elecciones es Catamarca. El peronista Raúl Jalil, uno de los mandatarios de mejor diálogo con la Casa Rosada, no buscaría un nuevo mandato y proyecta competir por una banca en el Senado a partir de 2027.
El otro distrito que todavía analiza unificar fechas es Buenos Aires, aunque por razones completamente distintas.
El PJ busca reordenarse
La crisis del conurbano —el territorio donde el modelo económico de Javier Milei muestra mayores dificultades— profundizó el deterioro de la imagen presidencial en la región más poblada del país.
Aunque Karina Milei prepara una cumbre para fortalecer el armado bonaerense y acelera la apertura de un local en el barrio porteño de San Telmo, pensado exclusivamente para la estrategia provincial, hoy la disputa en Buenos Aires encuentra al PJ en una posición más competitiva.
Las respuestas pueden encontrarse en la experiencia de 2025. Entonces, Axel Kicillof y Cristina Kirchner protagonizaron una fuerte discusión por la fecha de las elecciones bonaerenses. Como ocurre también en la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo, ambos conservan argumentos para defender sus posiciones.
Kicillof, impulsor del desdoblamiento, sostuvo entonces que la victoria provincial de septiembre difícilmente se hubiera producido con elecciones unificadas. Cristina, en cambio, recordaba que ese mes de diferencia entre ambos comicios permitió a Milei recuperar parte del terreno perdido y llegar fortalecido a octubre.
Mientras tanto, el peronismo intenta reconstruir puentes. El primer paso fue La Rioja, donde Ricardo Quintela convocó a dirigentes de todas las tribus para conmemorar los cincuenta años del asesinato de Enrique Angelelli.
Estuvo Máximo Kirchner, pero no Axel Kicillof, que envió en su representación a su jefa de Asesores, Cristina Álvarez Rodríguez.
Durante su discurso, Máximo elogió a Quintela por haber visitado a Cristina Kirchner en San José 1111, pese al enfrentamiento que ambos protagonizaron durante la frustrada interna por la conducción del PJ nacional. Un mensaje con destinatario evidente.
Más tarde, durante la cena del viernes, fue todavía más explícito. “La unidad no se declama, se practica”, sostuvo en tono íntimo. Y agregó que encuentros como el de La Rioja “no son solamente una foto, sino una oportunidad para discutir el contenido”.
La referencia apuntaba directamente a la ausencia de Kicillof y a la posibilidad perdida de debatir la estrategia electoral. “Fue una lástima que no haya venido, pero se generó un lindo encuentro”, resumió Quintela a los suyos.
Paradójicamente, el gobernador bonaerense sí había participado de otro acto multitudinario en La Rioja, cuando Quintela presentó la reforma constitucional provincial, en 2024. Eran los tiempos en que el mandatario riojano reunía avales para disputar la conducción del PJ nacional.
Tampoco estuvo Sergio Massa. Sí participaron Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador, y Cecilia Moreau, una de las principales referentes del espacio. Massa envió un mensaje en el que insistió con la necesidad de “construir en unidad”.
“Eso no significa eliminar la competencia, sino construir una alternativa que le dé una salida a la Argentina”, transmitieron desde el massismo.
Sin embargo, las diferencias estratégicas persisten. Massa considera que las elecciones deberían unificarse para trasladar el voto provincial hacia la elección nacional. Máximo Kirchner, en cambio, cree que la discusión debe abarcar simultáneamente los tres niveles —nacional, provincial y municipal—, incluyendo además el debate sobre los límites a las reelecciones de los intendentes.”No se puede desligar una cosa de la otra. Todo tiene que formar parte de la misma discusión”, afirmó en La Rioja. Una forma, además, de no dejar la convocatoria a la contienda provincial (y el candidato) en manos de Kicillof.
En el entorno del gobernador coinciden con ese diagnóstico, pero agregan un argumento práctico: mientras las PASO bonaerenses permanezcan atadas a las PASO nacionales, si sobreviven las primarias en la elección presidencial habrá escaso margen para volver a desdoblar. Si finalmente Kicillof compite por la Presidencia, la unificación no solo podría beneficiarlo electoralmente, sino también comprometer a toda la estructura militante en una misma campaña.
Quienes defienden el desdoblamiento, por el contrario, creen que una victoria peronista en Buenos Aires podría golpear políticamente a Milei y generar consecuencias económicas que se proyecten hasta octubre.
Como ocurrió en 2025. Solo que, esta vez, quizá Scott Bessent tenga bastante menos margen de maniobra.

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