El asesor y analista financiero habló, en el marco de la “Argentina Week” en Nueva York, sobre las oportunidades que ofrece el país. Sostiene que el principal desafío es convencer a los inversores de que Argentina cuenta con reglas claras y políticas de Estado a largo plazo
La presencia de Javier Timerman en Nueva York durante la “semana argentina” concentró la atención de empresarios y referentes financieros que buscan evaluar el clima de negocios en la Argentina. Timerman describió el contexto actual como un cambio de época, en el que el país debe convencer a los mercados globales de que puede sostener reglas claras y políticas estables. Para Timerman, “tenemos una oportunidad en este mundo convulsionado”, pero advirtió que el verdadero reto radica en la capacidad institucional del país para generar confianza de largo plazo.
El analista señaló que el interés internacional por la Argentina se ha incrementado de manera visible. “En esta semana en Nueva York, yo estoy en Nueva York en este momento y hay un montón de empresarios, financistas. No importa si de esto va a salir algo específico, yo supongo que va a haber proyectos que se anunciarán en los próximos días. Pero más allá de eso, claramente refleja que hay un cambio de época respecto a la Argentina”, afirmó Timerman.
En su diagnóstico, la oportunidad del país no depende únicamente de sus recursos naturales ni de su capacidad exportadora. “El desafío que tiene la Argentina, yo creo, no es convencer a los inversores que la Argentina tiene oportunidades porque tiene lo que el mundo necesita, que son alimentos, energía, etcétera, porque eso lo tuvo siempre”, explicó el asesor financiero. Reiteró que lo central es probar que la Argentina puede sostener reglas claras y construir consensos políticos que perduren más allá de los cambios de gobierno.
Timerman señaló que la comunidad inversora observa con atención las reformas y la apertura planteadas por el actual gobierno. No obstante, aclaró: “Estas son construcciones que son necesarias para cambiar un clima de negocios que tarda un tiempo en cambiarse”. A su entender, los “procesos de cambio generalmente duran varios años, no es algo inmediato”, y la percepción de oportunidad no se convierte en inversiones concretas de un día para el otro.
En diálogo con la señal de streaming Infobae en Vivo, remarcó que “la inversión, el tipo de inversión que la Argentina necesita generalmente, no son únicamente activos financieros”, sino capital no financiero dispuesto a apostar al desarrollo productivo. “El desafío argentino es atraer el capital no financiero y eso, especialmente en un mundo convulsionado como es el mundo actual, es desafiante, ¿no? Es desafiante porque la Argentina sigue siendo un destino riesgoso”, subrayó.
La gobernabilidad y la estabilidad institucional ocuparon un lugar central en su análisis. Consultado sobre los requisitos para atraer inversiones, sostuvo que “el tema es convencer al mundo que la Argentina es un país con reglas claras, que la Argentina es un país con políticas de Estado, que la Argentina es un país que en diez años o quince puede haber otro signo político y que las cosas más o menos van a ser parecidas”. Desde su perspectiva, la falta de previsibilidad desalienta la llegada de capital a largo plazo.
Ante la consulta sobre las demandas de los inversores extranjeros, afirmó: “Yo creo que no van a reclamar nada más allá de continuar con procesos que están en marcha y políticas a las cuales el Gobierno no tiene la respuesta mágica”. Señaló que, más allá de cuestiones puntuales como la política monetaria o la independencia del Banco Central, el foco cambió: dejó de ser el problema de las reservas internacionales para centrarse en la actividad económica. “Ahora los inversores más que nada están preocupados por la actividad económica, porque dicen: ‘Si la actividad sigue cayendo, las tasas son muy altas, a ver si el Gobierno pierde popularidad’”, puntualizó.
Timerman detectó un problema estructural profundo: “Uno de los graves problemas que tiene la Argentina es que no hay plan B político. La Argentina sigue siendo un destino que depende, para muchos inversores, de lo bien o mal que le vaya a este gobierno”. Para él, la reciente historia política evidencia la volatilidad del sistema: “Pasó de todo, pensábamos que ganaba Scioli y ganó Macri. En el 2017 arrasa Macri en las elecciones de mitad de término, pierde las generales. Gobierno de Alberto, desastroso, mucho peor de lo que muchos pensaron que iba a ser. Hay elecciones, todo el mundo convencido que ganaba un partido político, terminó tercero. Casi gana el partido del Gobierno, pero terminó ganando un outsider”.
En ese sentido, describió la ausencia de políticas de Estado y la alternancia como una debilidad institucional: “Con cada elección no hubo ningún tipo de políticas de Estado, cada uno vino a hacer una cosa diferente”. Subrayó la dificultad tanto del oficialismo como de la oposición para dialogar y conformar consensos mínimos. “Es difícil hablar con el Gobierno y decirle: ‘Ustedes necesitan una oposición razonable’. Y es difícil hablar con la oposición y decirle: ‘El mundo cambió, los argentinos cambiaron y ustedes siguen con discursos que son totalmente antiguos’. Es difícil porque nadie entiende esa parte”, planteó.
Sobre el papel de la oposición, opinó: “No sabemos bien cómo se va a construir el espacio opositor en el futuro. Depende quién es el principal referente opositor. Es alguien que representa ideas que los inversores no quieren o no se sienten cómodos, como puede ser el peronismo. Es el peronismo cambiante, que decide ir por otro camino, surge una fuerza alternativa”.
El diálogo abordó también el costo social de las reformas económicas. Timerman sostuvo: “La situación económica para muchos argentinos en este proceso de cambio y transformaciones no es fácil, pero es esperable. Decir voy a abrir la economía y no va a sufrir la gente es como yo estoy mirando por la ventana y hay un sol bárbaro acá en Central Park. Si yo le digo a alguien: ‘¿Está nevando afuera?’ Verán, no, no está nevando. Si queremos abrir la economía, que es algo que realmente tenemos que hacer, va a ser un proceso donde la política va a tener mucho que ver en eso”.
Consultado sobre los indicadores que observan los inversores, relató la experiencia de una gestora internacional: “Generalmente no le gustaba invertir en la Argentina porque pasaban tantas cosas que para tener posiciones relativamente chicas en una cartera necesitaba mucha gente dedicada a ver cada arista de la política y la economía argentina”. Afirmó que quienes hoy operan en el país, “ya sea en la economía real o en los mercados, están muy al tanto de lo que pasa en la Argentina. Yo creo que, que otro desafío de un evento como este es ampliar la gama de inversores para que haya más diversidad, porque en la Argentina, los que están involucrados saben más que nosotros”.
La valoración positiva del encuentro en Nueva York quedó reflejada en el clima de reuniones informales. “Hay como un clima donde, si caminas por, pasas por diferentes lobbies de hoteles, ves argentinos en reuniones con banqueros. Es una sensación yo creo agradable”, describió Timerman.
Sobre si el presidente debe asistir presencialmente a este tipo de actos, opinó: “Me molestaba muchísimo, hay ciertas cosas que tenemos los argentinos, que es enfocarnos en pequeñeces. El presidente, yo creo, cumple su función esté donde esté. Los americanos lo tienen bastante claro. El presidente va con su equipo y puede quedarse tres semanas en un lugar, una semana en otro. No necesariamente, si viaja mucho quiere decir ‘Uy, está paseando, no se está ocupando de los temas’. El presidente es donde está, ya sea en la habitación del hotel, acá en la Treinta y Ocho, no sé dónde está el hotel, y la Quinta Avenida, o en la Casa Rosada o en Olivos, está cumpliendo con sus funciones”.
Se refirió además a las polémicas sobre viajes oficiales y la presencia de familiares de funcionarios: “Estoy convencido que dudo que la mujer de Adorni haya querido aprovecharse de los impuestos de los argentinos para subirse a un avión. Dudo que sea así, pero cuando pasaba con el kirchnerismo también me molestaba. Ese foco que había, maduremos un poco porque los temas son más importantes”.
Al abordar sus preocupaciones personales, sostuvo: “Los planes económicos de Argentina pueden ser mejores, peores, etcétera, pero el futuro de la Argentina va a depender de la política. Para mí, la gran catástrofe argentina es esa guerra que hay entre, bueno, ellos mismos se llaman enemigos, para mí serían adversarios, pero ellos lo ven como enemigos, que no te permite mantener en el tiempo ciertas políticas que seguramente pueden concordar, porque si se sentarían a hablar. El electorado argentino no castiga la falta de consenso. En otros países sí la castiga”.
Timerman advirtió que la polarización se volvió un obstáculo para la gestión y el desarrollo institucional. “Tenemos la conducta de considerar a la oposición enemiga. Y eso a la larga termina golpeando la capacidad de un gobierno de gestionar bien. Es atractivo pensar así, porque vas construyendo una oposición a la que tratás como enemiga”.
En el plano internacional, señaló que el respaldo de Estados Unidos al gobierno argentino aporta un elemento de seguridad para los inversores. Se refirió al “contundente apoyo explícito de Estados Unidos con plata del gobierno de Estados Unidos”. Afirmó que “Estados Unidos está invirtiendo en la Argentina a través, o forzando algunas multilaterales a invertir en la Argentina con proyectos, etcétera. Esa relación me parece que le da mucha tranquilidad a los inversores”. Subrayó que la alianza no depende únicamente de la afinidad con Donald Trump, sino también de funcionarios como Bessent, el secretario del Tesoro, y Marco Rubio. “Saber que Estados Unidos está en caso de que Argentina necesite algún tipo de ayuda extraordinaria producto de un simbronazo como el que estamos viendo ahora, eso me parece que cumple un rol y es importante”.
A lo largo de la entrevista, insistió en que el fortalecimiento institucional y la atracción de inversiones son procesos de mediano y largo plazo. “Nos falta, lamentablemente, mucha institucionalidad, y es un proceso de construcción ese. Y no se puede esperar que sea de un día para el otro y tampoco puede esperarse que sea lineal. Muchas veces nosotros cometemos el error de pensar que si vos hacés una política, por ejemplo, hacés un evento como este, que al otro día ya están las inversiones. Todo lo vemos como algo que si hacés tal cosa pasa tal otra. Y la realidad es que es más complejo que eso. Tiene que pasar tiempo, tiene que haber diálogo, tiene que haber consenso”.
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