Omar Mosqueda tenía 57 años cuando falleció este miércoles en el hospital San Martín. Los últimos 23 de su vida los pasó postrado en una silla de ruedas: tenía 35 años cuando recibió un balazo que lo dejó paralítico. Esa mañana del 15 de agosto de 2003 iba a realizar un trámite como empleado de la Municipalidad de Paraná y quedó en el medio de un tiroteo entre la Policía y los bandidos de una mafia paraestatal que pretendía robar la fortuna que un funcionario de la Legislatura provincial había sacado del banco para pagar los sueldos.
Aquella historia, narrada en detalles en el Semanario Análisis y relatada con varios testimonios en el programa Memoria Frágil (Canal 9 Litoral), contó con una trama de secretos, filtraciones y complicidades, en el contexto del final del convulsionado gobierno de Sergio Montiel, que había dejado tres muertos por la represión de 2011 y había zafado de un juicio político por un acto de corrupción en la Legislatura. Mosqueda fue una víctima casual e inocente de aquel clima político y delictivo, y su vida ingresó en una pendiente larga y triste hasta sus últimos días.
Un año y medio después de aquel episodio violento, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de resolución de Juan Domingo Zacarías para que el Poder Ejecutivo inicie actuaciones administrativas para “establecer la responsabilidad civil del Estado Provincial, por las gravísimas lesiones recibidas por el señor Omar Mosqueda (…) teniendo en cuenta las irreversibles secuelas que le produjo su involuntaria intervención en el enfrentamiento entre los presuntos autores del ilícito penal y la Policía de la Provincia”. Esto, más allá de lo que resolviera la Justicia en la causa que estaba a cargo del exjuez Héctor Toloy.
No obstante, la Justicia no pudo encontrar a los responsables. No hubo condenados por el balazo que le arrebató parte de la vida a Mosqueda. “Todo quedó en la nada”, se lamenta un familiar.
Mosqueda vivía en Puerto Viejo, en la zona cercana a la Costanea de la ciudad, en un contexto muy complicado por donde se lo mire, según contaron personas cercanas a él. En el último tiempo estaba deprimido y tenía muchas carencias. Tuvo un accidente en la costanera que le rompió una escara y en poco tiempo avanzó una infección. Pasó de clínica en clínica y de cirugía en cirugía hasta terminar en el hospital San Martín. No tuvo avances favorables en este nosocomio, perdió el conocimiento y finalmente falleció. Uno de sus familiares directos no está para nada conforme con la atención recibida por Omar.
Aquella desgracia y una mafia le arrebataron el futuro hace 23 años. Sus últimos años padeció otras desgracias y otras mafias que se fueron apoderando de un territorio cada vez más complicado para vivir.

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