El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán creó células secretas en Irak para atacar con drones a países del golfo Pérsico que acogen fuerzas estadounidenses, eludiendo las redes de milicias ya establecidas para evitar su detección, según informaron a Reuters ocho fuentes iraquíes.
Entre el 20 de abril y el 17 de mayo, tres o cuatro células —cada una integrada por unos diez combatientes chiítas iraquíes de élite— lanzaron al menos siete ataques con drones desde zonas desérticas próximas a las ciudades meridionales de Basora y Samawa. Los blancos fueron instalaciones en Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, según tres de las fuentes.
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Varios miembros de estas células procedían de la Resistencia Islámica en Irak, un grupo que aglutina a facciones chiitas de línea dura con miles de combatientes. No obstante, los nuevos grupos operan al margen de esa estructura de mando y dependen directamente del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), precisaron las fuentes, entre las que figuran dos oficiales militares iraquíes, un responsable de seguridad y cinco comandantes de milicias locales.
Cambio de táctica ante el debilitamiento del Eje de la Resistencia
La creación de estas células —de la que no se había informado anteriormente— refleja un giro en las tácticas del CGRI para preservar la capacidad de Irán de proyectar su fuerza en la región, en un momento en que sus grupos armados aliados se han visto muy mermados y sus recursos militares y económicos se han agotado, afirmaron los cinco comandantes de milicias consultados por Reuters.
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Teherán ha dedicado décadas y miles de millones de dólares a construir su red de alianzas regionales, gravemente debilitada desde que Hamas atacó a Israel el 7 de octubre de 2023. Israel asestó duros golpes a Hamás en Gaza y a Hezbollah en Líbano; el movimiento de los hutíes en Yemen fue blanco de ataques aéreos estadounidenses y británicos; y el dictador sirio Bashar al-Asad fue derrocado en diciembre de 2024, cortando una ruta de suministro clave para las milicias iraquíes.
En lugar de mantener una amplia red de grupos bien financiados, Irán parece recurrir ahora a un número limitado de “cuadros más radicalizados dispuestos a operar con un apoyo financiero más escaso, dando prioridad a la lealtad, la negación de responsabilidad y el impacto operativo por encima del reclutamiento masivo”, declaró a Reuters Jasim al-Bahadli, general retirado del ejército iraquí y experto en grupos armados chiítas.
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Los objetivos: bases con presencia estadounidense en Kuwait y vecinos del Golfo
Entre los blancos identificados figuran la base aérea de Ali Al Salem, en Kuwait —donde están desplegadas fuerzas estadounidenses— y una terminal militar del aeropuerto internacional del país, según las tres fuentes de seguridad iraquíes, que basaron sus datos en servicios de inteligencia, comunicaciones interceptadas y pruebas recopiladas en los lugares de lanzamiento.
Los ataques dirigidos contra Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos fueron interceptados, aunque las fuentes no pudieron confirmar los objetivos previstos. Reuters señaló que no pudo verificar estas informaciones de forma independiente.
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Las autoridades iraquíes investigan si entre los episodios atribuidos a estas células se incluye un ataque con drones del 17 de mayo que provocó un incendio en la central nuclear de Barakah. Ese mismo día, Arabia Saudita afirmó haber interceptado tres drones que entraron en su espacio aéreo desde Irak, un ataque que las autoridades iraquíes atribuyeron a uno de los nuevos grupos.
El acuerdo provisional entre Washington y Teherán no aborda el apoyo a las milicias

Los presidentes de Estados Unidos e Irán firmaron el miércoles un acuerdo provisional para poner fin a la guerra, al que seguirán negociaciones sobre el futuro del programa nuclear de Teherán. Sin embargo, funcionarios iraníes señalaron que el apoyo de Teherán a los “grupos de resistencia” no es objeto de debate, y el acuerdo no aborda esa cuestión.
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El Departamento de Estado estadounidense reiteró sus expectativas de que el Gobierno iraquí adopte “medidas inmediatas para desmantelar todos los instrumentos de las actividades desestabilizadoras de Irán en Irak, incluyendo al CGRI y a las milicias terroristas alineadas con Irán”. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán y sus misiones ante las Naciones Unidas en Nueva York y Ginebra no respondieron a las preguntas formuladas para el artículo de Reuters.
En una reunión celebrada el lunes, el primer ministro iraquí Ali al-Zaidi y el enviado estadounidense Tom Barrack debatieron planes para garantizar “el desarme y la disolución completos de todos los grupos armados” que operan al margen del control estatal y para asegurar que “ninguna de las partes pueda utilizar el territorio iraquí para amenazar la paz regional”, según un comunicado conjunto.
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Una prueba de fuego para el nuevo primer ministro iraquí

Los nuevos grupos suponen una primera prueba para Zaidi, quien asumió el cargo el mes pasado tras la presión de Washington sobre la alianza dominante de bloques políticos chiítas para impedir el regreso del ex primer ministro Nouri al-Maliki, que mantiene estrechos vínculos con Irán.
Las autoridades iraquíes afirmaron que el CGRI recurrió a las nuevas células para mantener una negación plausible, desviar la culpa de los principales grupos respaldados por Teherán y reducir la presión estadounidense sobre Bagdad para que los desarme. Las fuerzas de seguridad iraquíes disponen de información limitada sobre estos grupos, aunque trabajan para desentrañar sus cadenas de mando con el fin de prevenir futuros ataques, indicaron las fuentes.
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Varias facciones chiítas influyentes llevan desde el año pasado dando señales de estar dispuestas a desarmarse y centrarse en la política interna. Este mes, Asaib Ahl al-Haq y las Brigadas del Imán Ali anunciaron que comenzarían a entregar sus armas a las autoridades estatales tras las repetidas advertencias de Washington al Gobierno iraquí.
Los ataques procedentes de suelo iraquí también amenazan con echar por tierra los esfuerzos de Bagdad por restablecer las relaciones con sus vecinos del golfo Pérsico, tensadas desde que Sadam Husein invadió Kuwait en 1990 pero que habían comenzado a distenderse en los últimos años. Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos convocaron en abril a los embajadores iraquíes para protestar por los ataques.
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Zaidi condenó los episodios del 17 de mayo, los calificó de actos criminales y prometió una investigación conjunta con ambos países del Golfo. Su portavoz militar, Sabah al-Numan, no respondió a las preguntas sobre el estado de esa investigación.
(Con información de Reuters)

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