En lo alto de los Alpes suizos, la región de Valais revive cada año una leyenda inquietante y colorida: la carrera de esquí conocida como Belalp Hexe. Esta singular competencia no solo pone a prueba la destreza deportiva de los participantes, sino que rinde homenaje a un antiguo relato local sobre brujas, tragedia y folclore.
Con disfraces, máscaras y tradiciones que se remontan a siglos atrás, la carrera se ha consolidado como uno de los eventos más esperados del invierno en Suiza.
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Un origen legendario
La historia que inspira la Belalp Hexe se remonta al siglo XV. Según la leyenda, una bruja habitaba el Valais y estaba casada con un agricultor local, Sepp vom Hegdorn. Mientras él era conocido por su carácter afable y su gusto por el aguardiente de cereza, su esposa era temida por su comportamiento arisco y su risa estridente.

Los rumores sobre sus poderes sobrenaturales recorrían la aldea, alimentados por relatos que aseguraban que por las noches se transformaba en cuervo para visitar a su amante en una localidad cercana.
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La tragedia marcó el destino de la pareja cuando vom Hegdorn fue hallado muerto tras caer de un cerezo. Los vecinos la acusaron de haber provocado su muerte al transformarse en cuervo y cegarle con sus excrementos, provocando su caída fatal.
La acusación fue tan contundente que la mujer terminó en la hoguera, condenada por asesinato y “vuelo de cuervo”.
Durante siglos, la leyenda de la bruja sin nombre se transmitió de generación en generación, hasta que en 1983 el Belalp Ski Club decidió transformar la historia en una fiesta deportiva. Así nació la Belalp Hexe, el “descenso de la bruja”, una competencia diseñada para homenajear tanto a vom Hegdorn como a su misteriosa esposa.
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Deporte, folclore y tradición en las pistas
Cada año, esquiadores de toda la región se dan cita en las pistas de Belalp para participar en la carrera de 12 kilómetros que desciende desde Hohstock hasta Blatten. La escena es única: más de mil personas, entre ellas quinientos corredores y quinientas “brujas”, descienden la montaña ataviadas con disfraces de bruja, rostros pintados de verde, sombreros puntiagudos y escobas. El trayecto está salpicado de paradas donde los participantes degustan aguardiente de cereza, la bebida favorita de vom Hegdorn, y comparten risas y anécdotas antes de cruzar la meta.
El evento no solo premia la velocidad. Un jurado especializado evalúa los disfraces y otorga el codiciado premio a la mejor caracterización. Este año, Mathias Reber y Nicole Eiholzer se llevaron el primer puesto al completar el recorrido en dos minutos y veintiún segundos y dos minutos y treinta y nueve segundos, respectivamente.
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“El desafío deportivo y el ambiente festivo hacen de la Belalp Hexe un evento verdaderamente único”, afirmó Gerold Berchtold, presidente del comité organizador, en declaraciones recogidas por National Geographic. Este, además, resaltó: “Crecimos en las montañas, a 2.000 metros de altitud. De niños, el esquí era parte de nuestra vida cotidiana. Esquiar está en nuestro ADN”.
La semana de la Belalp Hexe incluye otras actividades, como la “Noche de la Bruja”, en la que los asistentes disfrutan de música en vivo y gastronomía local, y la carrera “Mini-Maxi” para niños.
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Una celebración que trasciende el deporte
El atractivo de la Belalp Hexe va más allá de la competición. Eva Zinger, una participante habitual, relató: “La primera vez que vi la carrera fue en 2014, junto a un grupo de amigas. Nos pareció una fiesta divertida y al año siguiente formamos nuestro propio grupo de brujas, las Swedish Vikings. Este año volvimos a participar, aunque no llegamos a la meta porque el ambiente festivo nos atrapó”.
La tradición ha crecido hasta convertirse en un referente de la temporada invernal. Según Lara Andereggen, responsable de marketing de Belalp, “más de 1.000 personas participaron este año en el Descenso de la Bruja, la edición número 44, celebrada el sábado”.
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Andereggen explicó que el evento nació para dinamizar la temporada baja de enero y atraer tanto a turistas como a locales: “Lo que comenzó como una competición deportiva se ha convertido en una cita obligada que combina deporte, folclore y convivencia social de manera única”.
Entre las novedades de esta edición destacó la primera carrera vertical, en la que los atletas podían elegir entre subir a pie, con raquetas de nieve o esquís de travesía desde Blatten hasta Schönbiel, superando un desnivel de más de 1.000 metros. Martin Anthamatten, de 42 años y oriundo de Zermatt, ganó la prueba al completar el recorrido en 34 minutos.
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Aunque el evento está impregnado del misterio de la leyenda, no se han reportado fenómenos sobrenaturales. “El tema de la bruja es esencial en la puesta en escena de la Belalp Hexe y crea una atmósfera muy especial, pero no ha habido historias de fantasmas ni sucesos inexplicables”, aseguró Andereggen. “Son los disfraces, las actuaciones y el ambiente general los que dotan al evento de ese carácter ‘mágico’”, concluyó.

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