Taty Almeida, integrante emblemática de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y del movimiento de derechos humanos que enfrentó a la última dictadura cívico militar murió este domingo a los 95 años en Buenos Aires, y la despedida de sus restos comenzará esta tarde, a partir de las 15 en la sede de FOETRA.
“Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste: hoy partió nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea fundadora. Las palabras no alcanzan, se nos quedan cortas, se nos hace un nudo en la garganta. Tan inmensa que no hay manera de contarlo”, indicó un comunicado de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora que confirmó el deceso de Taty Almeida, conocido anoche.
Sus restos serán velados en la calle Hipólito Yrigoyen 3171, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina. Su deseo fue que la despedida de hiciera en un sindicato que había sido generoso y solidario con las Madres.
La militante estaba internada desde hace varios días en el hospital Italiano.
Una mujer, una vida
Nacida bajo el nombre de Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, el 28 de julio de 1930, en el seno de una familia militar, tuvo un padre que supo ser oficial de caballería del Ejército, llamado Carlos Vidal Miy.
La madre de Taty fue Alicia Uranga, quien tuvo un hermano, Raúl Uranga, que supo ser gobernador de Entre Ríos durante la presidencia de Arturo Frondizi. Su abolengo castrense y tradicional se completaba con hermanas que se casaron con oficiales de la Fuerza Área y un hermano que integró ocupó el grado de coronel del Ejército.
Taty, como la apodaron en su familia, tuvo una infancia que transcurrió en Mendoza y luego, en su adolescencia y juventud, estudió magisterio, lo que le permitió ejercrr la docencia durante algunos años. En 1953, se casó con Jorge Almeida, un compañero de estudios con quien tuvo tres hijos, Jorge, Alejandro y Fabiana.

Su compromiso con el movimiento de DDHH se produjo luego del 17 de junio de 1975, cuando se produjo el secuestro de Alejandro Martín Almeida, quien militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el brazo político del Ejército Revolucionario del Pueblo.
Al momento de su secuestro por agentes de las fuerzas represivas parapoliciales, que habían comenzado a operar acciones de terrorismo de Estado durante el gobierno de Isabel Perón, Alejandro cursaba el primer año de la carrera de medicina y trabajaba como personal administrativo en la agencia de noticias Télam.
Taty desconocía la militancia de Alejandro cuando se produjo su captura y al revisar sus pertinencias encontró una agenda en la cual el militante había documentado sus actividades como parte del ERP 22, una fracción que se había separado de la conducción que encabezaba Mario Roberto Santucho, líder de la organización. El ERP 22 era una escisión de la fuerza guerrillera que había decidido apoyar al Frejuli en las elecciones presidenciales de marzo de 1973.
En la agenda de Alejandro, Taty halló además unos 24 poemas que luego fueron grabados en un CD que se tituló “Alejandro, por siempre amor”. Eran una serie de textos relatados por artistas como Alfredo Alcón, Arturo Bonín, Joan Manuel Serrat, Raúl Rizzo e Ismael Serrano, y que se publicó en 2008.
La madre de Alejandro había nacido en una familia antiperonista y cultivó durante un buen tiempo ese posicionamiento político. “Sos una gorilita, mamá, pero te quiero tanto”, le decía Alejandro cuando discutía de política con su madre.
Taty siempre vivió en el departamento del barrio de Palermo desde donde vio partir a su hijo por última vez en los conflictivos días de 1975. Por sus contactos con la familia militar, ella creía que podía conocer el paradero de Alejandro, que sería liberado o blanqueado al cabo de unos días, pero nunca volvió a saber de su hijo, víctima de la maquinaria represiva que luego se acrecentaría tras el golpe de Estado.
Una de sus primeras reacciones al conocer el secuestro de su hijo fue la contactar a Albano Harguindeguy, jerarca militar que luego del golpe genocida sería ministro de Interior. El represor le dijo que se tranquilizara y que seguramente se trataba de una acción orquestada por los agentes parapoliciales ligados al Gobierno de Isabel Perón. El alto oficial quiso así desvincular al Ejército de su involucramiento en un terrorismo de estado que estaba maduro y en pleno desarrollo antes de la asonada castrense del 24 de marzo de 1976.
Tuvo incluso alguna esperanza de que su hijo apareciera cuando los militares, con Jorge Videla a la cabeza, se hicieron con el Gobierno, pero al poco tiempo tomo conciencia de que en Argentina se desarrollaba desde el poder un plan sistemático de desaparición de opositores políticos. “En esa época me salían los pelos de gorila por todos lados y le creí”, contó en más de una oportunidad Taty al referirse a ese episodio acontecido cuando comenzaba a buscar a su hijo.
El nacimiento de una madre
En septiembre de 1979 se integró a Madres de Plaza de Mayo y en ese momento salió del ambiente tradicional y conservador en el que transcurría su vida. En la sede que Madres tenían entonces en la calle Lavalle lloró al ver las fotos de los desaparecidos y se maldijo por haber sido “tan ingenua”. “No querida, cada madre tiene su momento, vos no tenés la culpa de nada”, le espetó una de las integrantes de la organización que la recibió.
Ese mismo mes hizo cola para ser escuchada por los integrantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que había visitado Argentina y relató el caso de Alejandro. En diciembre de 1983, cuando ya militaba en Madres decidió colaborar con la Conadep con la esperanza que el regreso de la democracia le permitiera conocer algún dato sobre Alejandro. “Si me dicen dónde hay un brujo o bruja que me pueda decir qué pasó con Alejandro, voy ya mismo”, solía decirles a propios y extraños sobre su compromiso.
En 1986, cuando se produjo la escisión de Madres, Taty adhirió a la Línea Fundadora, junto a Nora Cortiñas y otras referentas que se diferenciaron del liderazgo de Hebe de Bonafini.
La desaparición de su hijo y su militancia en organismos la llevó a cambiar de conciencia. “Me siento parida por Alejandro. Y es un orgullo que eso haya pasado. Era una gorila fatal, y me afeité todos los pelos. Eso gracias a mi hijo”, remarcó en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta. En ese registró, también afirmó: “Es mentira que el tiempo cure heridas, cada día lo extraño más a Alejandro”.
En los años del kirchnerismo, Taty adhirió a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y pronunció una sentida frase al producirse el fallecimiento de Néstor Kirchner. “Lo sembramos, a Néstor lo sembramos y vamos a reconocer su compromiso con la política y nuestro pueblo”, afirmó tras el entierro del expresidente.
En cada acto por el día de la Memoria, su alocución en Plaza de Mayo era esperada y escuchada con atención por parte de todos los presentes que acompañaban con emoción la emotiva consigna que pronunciaba: “30 mil detenidos desaparecidos, presentes/ ahora y siempre”.
Durante años condujo junto a Charly Pisoni y Paula Maroni el ciclo radial “Qué me contás”, que se emitió en la radio 750 y en El Destape. Un programa que hacía con dos integrantes de la agrupación HIJOS, con quienes creía que había que pasar la posta de la lucha por la memoria.
En 2024, tras la muerte de Nora Cortiñas asumió la titularidad de Madres Línea Fundadora y en abril de esta año fue distinguida con el título honoris causa por parte de la UBA.
Un de sus últimas acciones fue grabar un mensaje de despedida por la muerte del Indio Solari, hace una semana. Taty estaba débil ya pero quiso estar presente de algún modo junto a los cientos de miles de personas que lloraron al ex líder de Los Redonditos de Ricota. Lo hizo para consolar, dar fuerzas y dejar un mensaje positivo, una de sus actitudes de vida que se extrañarán a partir de ahora.



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