Mientras edificios residenciales colapsaban, una maternidad era alcanzada por las explosiones y equipos de rescate trabajaban entre los escombros, Moscú defendió el ataque masivo lanzado contra Ucrania como una respuesta legítima a supuestos “actos terroristas” de Kiev.
El Ministerio de Defensa ruso justificó este martes la ofensiva aérea que dejó al menos 18 muertos —entre ellos un niño— y más de un centenar de heridos en distintas regiones ucranianas, al afirmar que los bombardeos estaban dirigidos exclusivamente contra objetivos militares e infraestructura vinculada al esfuerzo bélico de Ucrania.
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La explicación llegó horas después de que Rusia lanzara uno de los mayores ataques de los últimos meses, con 73 misiles y 656 drones disparados contra distintas ciudades del país, entre ellas Kiev, Dnipró, Kharkiv, Poltava y Zaporizhzhia.
“Durante la noche, en respuesta a los actos terroristas del régimen de Kiev, las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa llevaron a cabo un ataque masivo utilizando armas de alta precisión de largo alcance aéreas, terrestres y marítimas”, señaló el Ministerio de Defensa ruso en un comunicado.
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Según Moscú, la ofensiva tuvo como objetivo instalaciones del complejo militar-industrial ucraniano, infraestructura energética, redes de transporte utilizadas por el Ejército y aeródromos militares. El ministerio aseguró además que se emplearon misiles hipersónicos y drones de ataque, y sostuvo que “todos los objetivos fueron alcanzados”.

Sin embargo, el balance de daños reportado por las autoridades ucranianas mostró una realidad más amplia que la descrita por el Kremlin. En Kiev, los bombardeos alcanzaron edificios residenciales en varios distritos de la capital, provocando la muerte de al menos seis personas y dejando decenas de heridos.
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Uno de los episodios más graves ocurrió en el distrito de Podil, donde un edificio residencial sufrió un colapso parcial. Las autoridades locales denunciaron que se utilizó una táctica de “doble golpe”, consistente en lanzar un segundo ataque poco después del primero, cuando los equipos de emergencia ya se encontraban trabajando en la zona.
En la región de Dnipropetrovsk, los ataques dejaron al menos 12 muertos y unos 35 heridos en la ciudad de Dnipró. Entre las víctimas había un niño cuyo cuerpo fue recuperado entre los escombros. Además, un integrante de los servicios de emergencia murió cuando un nuevo bombardeo impactó mientras los rescatistas acudían a asistir a los afectados por una explosión previa.
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La ofensiva también alcanzó una maternidad en la ciudad portuaria de Odesa. Aunque en el establecimiento había recién nacidos y mujeres en trabajo de parto al momento del ataque, las autoridades informaron que no se registraron víctimas.
La Fuerza Aérea ucraniana indicó que logró interceptar gran parte de los proyectiles lanzados por Rusia, aunque decenas de misiles y drones alcanzaron distintos puntos del país.
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El ataque se produjo después de varios días de advertencias por parte del Kremlin. Moscú había anunciado una campaña de represalias tras responsabilizar a Ucrania por el bombardeo del pasado 22 de mayo contra una residencia estudiantil en Starobilsk, en la región ocupada de Lugansk, donde murieron 21 personas según las autoridades rusas.
El presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó el lunes que ese episodio marcó una “nueva fase” de la guerra, mientras que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó el hecho como un “ataque terrorista deliberado” contra civiles.
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Ucrania rechaza esas acusaciones y sostiene que sus fuerzas solo atacan objetivos militares. No obstante, la nueva ofensiva rusa volvió a dejar un elevado número de víctimas civiles y daños en infraestructuras residenciales, profundizando una escalada que, más de cuatro años después del inicio de la guerra, continúa golpeando principalmente a la población atrapada entre ambos bandos.
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