El 5 de septiembre de 2025, a la 1.04 de la madrugada, Santiago Caputo salió de la clandestinidad con un mensaje oficial: “Bueno. Llegó la hora”. Hasta entonces, el asesor presidencial, la figura más influyente del Gobierno, se mantenía en la impunidad del usuario anónimo, en la construcción de un personaje ficticio y el manejo de los hilos del poder tras bambalinas.
La aparición en las redes con nombre y apellido se produjo dos días antes de la catastrófica elección bonaerense, en medio de peleas internas con los Menem, brazos ejecutores de Karina Milei. La crisis que desató el resultado fue contenida a partir de la intervención de Estados Unidos, en la que Caputo tuvo participación, y se mencionaba como contrapartida su asunción a un cargo.
En el análisis de costos y beneficios de la jugada, el asesor sólo iba a aceptar un puesto si se trataba de la Jefatura de Gabinete con la garantía del control total de la botonera. Eso o nada. Ganó la hermana y terminó siendo nada, pero su salto a tener voz propia en X, el universo en el que se mueve el Presidente y la militancia libertaria, fue un recurso para pasar a la ofensiva.
Un mecanismo similar funcionó cuando denunció hace una semana a Martín Menem por difundir contenidos en su contra desde la ya célebre @PeriodistaRufus. El consultor vio la vulnerabilidad expuesta y la aprovechó. El sábado a la mañana, pasadas las 8, Manuel Vidal, asesor del asesor, le envió el tuit en el que también estaba arrobado. La noticia adjunta era sobre la situación de Flybondi, una low cost adquirida por Leonardo Scatturice, quien oficia de nexo con un sector de Washington y con vínculos en los servicios de inteligencia.
Desde el ala de Karina hace tiempo que señalan extraoficialmente objeciones respecto de licitaciones y negocios que se gestan en dependencias bajo la órbita de Caputo. Despotrican también por la función informal de su hermano Francisco en las empresas públicas. Esas versiones alimentaron la posibilidad de un retroceso mayor de su injerencia, luego del punto de quiebre que sufrió este año: la quita del Ministerio de Justicia y, con ello, la potestad de definir el nombramiento de un tercio de las vacantes en tribunales y de moldear la futura Corte. Dicen, aunque parezca imposible, que nunca quiso ver el video en el que Sebastián Amerio, su amigo del alma, interrumpía una sesión del Consejo de la Magistratura porque estaba siendo desplazado en ese instante de su silla de viceministro.
Volviendo a “Rufus”, cuando el asesor interpretó podía escrachar con pruebas a Menem no lo dudó y con dos palabras desató el caos: “Qué gagá”. Fue la forma más efectiva que encontró para hacer público un reclamo que había realizado al Presidente en diversas oportunidades. El asesor sostiene que “los primos” (Martín y “Lule”) pusieron a Karina en contra suyo, y ese es el inicio de todos los males. Intenta, en una distinción muy fina, no atacar a la hermana. Aceleró para mostrar su teoría: los riojanos son “traidores” porque trabajan para un proyecto político personal y sólo usan a los Milei.
Como sea, Caputo demostró autonomía de criterio y le dio una inyección anímica a Las Fuerzas del Cielo. La tropa digital venía desencantada, con poca movilidad, y el desafío de su jefe intelectual reactivó el dispositivo. Ese es el primer dato: la facción política de los jóvenes se alineó en la posición del asesor, desautorizando la versión presidencial.
Milei hace meses que demuestra ser prescindente en la administración de la interna. Quiere quedar bien con los dos bandos aunque todos le digan que la convivencia es imposible y su actitud, suicida. Después del verano el clima se enrareció, en especial con al affaire de Manuel Adorni. La falta de estrategia para contrarrestar la causa por enriquecimiento ilícito amplificó el malestar y llevó a Patricia Bullrich, la más experimentada del gabinete, a desmarcarse con contundencia.
Es probable que la actitud de la senadora, al dejar al resto desdibujado, haya incentivado de manera indirecta la posterior acción de Caputo, pero la diferencia es sustancial: Bullrich se diferenció de Milei, puede tener una vida dentro o fuera de LLA; en cambio, Santiago avisó que no se va, que va a dar una pelea interna, dentro de la “causa”.
El mensaje de Caputo tuvo dos sentidos: dejar claro a los suyos que está preparado para la guerra y mostrar ante el círculo rojo que no está afuera. Si bien Milei no echó a Menem –nunca estuvo entre las posibilidades– tampoco reprendió al asesor por sacar los trapitos al sol generando un escándalo. No lo instruyó para frenar la avanzada, ni para seguirla. Eso, en los hechos, es una habilitación.
El Presidente recibió a Agustín Romo, al frente de la conducción política de Las Fuerzas del Cielo, el lunes en Olivos. Habían cruzado mensajes el sábado, el día D en las redes. El legislador es nacido y criado en Twitter, de los primeros en acompañar a quien por entonces era un economista alborotado en los medios. Le explicó el desarrollo del “caso Rufus”, una cuenta que venían monitoreando hacía tiempo, y que encuadra con el desgaste que dicen estar padeciendo en manos del aparato partidario.
A Karina, según quienes la conocen, le molesta este tipo de ruido. Una de las cosas que lamentó en las últimas horas es “darle de comer” a Santiago. Esa frase denota que reconoce, de mínima, un error o una torpeza de parte de Menem. En otra galaxia, Lule está alejado del conflicto de las redes: no las ve, no le interesan, las minimiza. El mismo día que su primo se preparaba para dar entrevistas en la televisión, él recibía gente en su despacho, por caso, al gobernador de Chaco, Leandro Zdero, como si nada pasara. La misma actitud imperturbable tuvo cuando Sebastián Pareja estaba indignado por el ataque que recibía de parte de la tropa digital. “No te calentés, no pasa nada”, repetía el riojano.
Mientras crecía el fuego cruzado, la composición de la escena se volvió dantesca ante la filtración de audios de una conversación íntima del Presidente con una señorita que supo transitar por distintos espacios partidarios. Una y otra vez, se repetía lo mismo, como si se hablara de un niño: ¿Quién cuida al Presidente?
En paralelo, otro frente de disputa llega a un desenlace: el contrato millonario por la Hidrovía. Se le atribuyó al consultor un favoritismo por Jan De Nul, empresa que se perfila como ganadora, frente a DEME, firma que desarrolló un fuerte lobby para ligar a su competidora con capitales chinos, algo restringido en los pliegos. Detrás de DEME, dicen en el caputismo, se escondían “los primos”, hecho que niegan. El jueves, directivos de Jan De Nul fueron recibidos por el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, lo que pareció un gesto de aval frente a las versiones.
Es probable que Santiago Caputo sea de las personas que mejor decodifica la psiquis de Milei. Cuando se sintió acorralado, desplegó un operativo para destacar los organismos que maneja: comunicados de apoyo de la CIA a la SIDE, gacetilla por la creación de un centro antiterrorista, la adulación de funcionarios propios por el fallo a favor de YPF. Se puso en valor frente a los ojos de Milei.
Postea cuando sabe que el Presidente puede estar mirando para obtener el retuit inmediato. De vez en cuando escribe elogios desmedidos, lo llama “rey filósofo”, afirma que no hay registro de nadie con su “nivel de conocimiento en el mundo”, habla de su “claridad meridiana”, y así. Debe ser difícil para alguien con rasgos narcisistas no caer en la tentación de mostrarse más astuto e inteligente que su amo.
Si bien suele decir que su propósito cuando esto termine es mudarse a Montana –como si la vida fuera un capítulo de Yellowstone–, dentro del oficialismo no todos le creen. Los que le tienen recelo, vaticinan que aprovechará sus contactos y su rol de facilitador de negocios –como pasa con el fuerte crecimiento de los hermanos Neuss, sus amigos del Martindale– para tallar en el mapa de poder más allá del mileísmo. Otros, en minoría, le adjudican un interés en la política. “Armó una agrupación y un personaje de sí mismo. Les da a los pibes el insumo que seduce a esa edad, para algo es”, describe alguien que participa de las reuniones de gabinete en Casa Rosada.
En sus posteos, suele mezclar imágenes de armas, operativos militares, tips de estrategia y citas de autores, muchas veces apócrifas, porque lo que le importa no es la realidad sino la fantasía que crea de su propia personalidad. En las cuentas blue que usó y que usa, se refleja como un ser psicópata, algo que hasta le da placer afirmar en privado. Una especie de Tom Ripley, el protagonista perverso, amoral, ambicioso, fabulador y particularmente inteligente de la saga de Patricia Highsmith, a quien –dicen– no ha leído.
Siempre tuvo fascinación por el espionaje, basado en lecturas y películas. Quizá, también, en una leyenda familiar. El “rumor” es que su abuela era hija de una espía francesa, de origen alemán, que se vino al país allá por 1920. Leonor Hoppfe Von Kaisenberg conoció en el viaje en barco a Eugenio Gabriel Bory, con quien se casó muy rápido y tuvo a su única hija Magdalena Carlota. No se supo nada más de la supuesta agente, quien se separó del esposo y se alejó de sus vidas en una historia enigmática que quedó grabada en la cabeza del pequeño Santiago.

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