Descubrir el ferrocarril panorámico Centovalli entre Italia y Suiza puede transformar un viaje corriente por Europa en una experiencia memorable. Esta histórica línea férrea conecta ambos países mediante valles alpinos, estaciones tradicionales y aldeas remotas, como documentó Travel + Leisure.
Viajar por este ferrocarril significa recorrer poco más de 50 kilómetros entre Domodossola (Italia) y Locarno (Suiza), cruzando tres decenas de estaciones que permiten subir y bajar con gran libertad. El trayecto ofrece vistas de los Alpes, acceso a pueblos donde apenas circulan vehículos y el descubrimiento de costumbres locales en cada escala. Todo ello en un ritmo propicio para el slow travel.
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Quienes viajan en el Centovalli disfrutan de paisajes alpinos, trenes de distintas épocas, la opción de parar donde deseen y múltiples oportunidades para disfrutar de senderos, festivales y gastronomía local.
El recorrido es ideal para quienes buscan combinar naturaleza, historia y flexibilidad en una ruta poco conocida que se adapta tanto a aventureros como a quienes prefieren explorar con calma, según Travel + Leisure.
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El viaje comienza en la monumental estación de Domodossola, al norte de Italia. A bordo de trenes compactos, los pasajeros se dirigen hacia el corazón de los Alpes Lepontinos. El trayecto alterna entre túneles—en total son 31—y puentes de acero, superando ríos y desfiladeros.
Desde su inauguración oficial como ferrocarril Vigezzina-Centovalli hace casi un siglo, la vía ha utilizado distintos modelos de trenes, incluida una unidad restaurada para celebrar el centenario en 2023, informó Travel + Leisure.
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La flexibilidad del servicio es uno de sus mayores atractivos. Con aproximadamente 15 salidas diarias y 33 paradas, la ruta permite a los viajeros adaptar su itinerario y explorar a su ritmo. El tren mantiene una velocidad promedio de 27 km/h, brindando tiempo suficiente para observar viñedos, casas de piedra y el día a día de pueblos apartados.
Paisajes y estaciones inolvidables en el Centovalli
Cada viaje puede deparar una experiencia distinta debido a la variada flota de trenes. Hay convoyes modernos con grandes ventanas y espacio para bicicletas, así como vagones antiguos, incluida una pieza que circula desde 1959, con tapizados que evocan otra época.
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Desde cualquier asiento junto a la ventanilla es posible admirar cascadas, profundos viaductos y barrancos, mientras el clásico sonido metálico acompaña la travesía.
Entre las paradas más célebres destaca Santa Maria Maggiore, el punto más alto de la línea, con 836 metros sobre el nivel del mar. Allí, las fachadas muestran huellas negras en homenaje a la “fiesta de deshollinadores”, un evento emblemático que recuerda la antigua profesión local. En el museo dedicado a este oficio, visitantes descubren cómo muchos niños emigraron en el pasado para limpiar chimeneas por toda Europa, relató Travel + Leisure.
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El siguiente tramo conduce hasta Malesco, famosa por sus tejados tradicionales de piedra, siguiendo el curso del río Melezza, principal enlace natural entre los valles italianos y suizos. El lecho del río está flanqueado por laderas abruptas, y algunos refugios de pastores se conectan mediante cables y poleas para transportar provisiones.

A la altura del pequeño pueblo de Camedo, el tren cruza la frontera. El cambio solo se percibe en el color de los edificios de la estación. Más adelante se encuentra Verdasio, donde una telecabina lleva a la aldea de Rasa, típica por ser un pueblo sin coches, ubicado a casi 915 metros en la montaña.
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El acceso solo es posible mediante funicular, y la localidad conserva tradiciones como el horno comunal, senderos arbolados y la tranquilidad que solo interrumpen campanas de iglesia. Según Travel + Leisure, llegar a Rasa es como viajar en el tiempo.
Experiencias auténticas: pueblos, festivales y gastronomía regional
El Centovalli es también un retrato fiel de la vida alpina y sus costumbres. Cada año, en Santa Maria Maggiore se celebra la fiesta de los deshollinadores, donde las palmas marcadas en fachadas homenajean este trabajo ancestral. El museo explica cómo los jóvenes del valle partían antaño a limpiar chimeneas, una tradición extendida por Europa.
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En los senderos, no es raro cruzarse con recolectores de setas mostrando boletus dorados (especies de hongos) de gran tamaño. Caminar desde Rasa exige esfuerzo, pues los caminos escarpados nacieron para pastores y mulas, no para turistas. Si llueve, la travesía acentúa el carácter auténtico de estas montañas y refuerza la sensación de aventura, detalla Travel + Leisure.
Al llegar a Intragna, el viaje brinda una pausa culinaria. El pueblo está situado en la confluencia de dos ríos, cuenta con un viaducto de 80 metros y presume de una iglesia con la torre más alta del cantón de Tesino.
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Justo frente a la estación se encuentra el Ristorante della Stazione. Aquí se pueden degustar especialidades locales como carne de venado, quesos alpinos, pescado de lago y setas frescas. El restaurante acoge, además, un pequeño hotel donde pasar la noche tras recorrer la región.
Al finalizar la línea en Locarno, el ambiente cambia notablemente. La estación subterránea da paso a una ciudad animada y abierta al clima benigno del lago Mayor, donde palmeras bordean el paseo marítimo y los helados bajo el sol se convierten en parte de la experiencia.

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