Donald Trump podría lograr una victoria decisiva en Irán en tan solo dos semanas si decide reanudar la ofensiva militar. Para Marc A. Thiessen, en The Washington Post, el tiempo de la paciencia estratégica ha terminado: “Si Trump decide reanudar las operaciones de combate y terminar el trabajo, está a solo 14 días de una victoria definitiva”. El argumento central es claro: la continuación de la tregua no ha producido avances hacia la desnuclearización iraní, solo ha fortalecido la posición estadounidense para un desenlace militar que, a juicio del autor, debe llegar por iniciativa de Estados Unidos y en sus propios términos.
El editorialista destacó que la pausa militar permitió dos logros estratégicos: primero, desplegar fuerzas en el Estrecho de Ormuz y consolidar un bloqueo que asfixia a Irán económicamente; segundo, brindar a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos la capacidad de incrementar su fuego disponible. Citando al general retirado Jack Keane, Thiessen subrayó que el Comando Central cuenta hoy con el doble de poder de ataque respecto al inicio de la guerra. El escenario descrito por el autor es el de una supremacía militar acumulada, lista para convertir en realidad la advertencia representada en la imagen virtual de Trump bajo explosiones: “No más buen chico”.
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La evaluación del autor define el momento como un punto de inflexión. Thiessen sostiene que la tregua ofrecida a Irán sirvió como “una oportunidad para alcanzar un acuerdo para desnuclearizar y poner fin a la guerra”. La negativa o incapacidad del régimen iraní para pactar demuestra, según su visión, que “el régimen ha demostrado no estar listo para la paz”. Para el autor, esta conducta descarta la negociación y obliga a finalizar el conflicto militarmente.
Según Thiessen, en la actualidad varias propuestas buscan evitar la escalada, como mantener el bloqueo o forzar la reapertura del Estrecho de Ormuz. Advierte que estas estrategias son insuficientes y, en el peor de los casos, contraproducentes: “La narrativa será que el intento de Trump de abrir el estrecho fracasó y fue arrastrado de nuevo a la guerra”. Para que el resultado sea una victoria auténtica —continúa el autor—, “cuando se reanuden los combates, debe ser por iniciativa de Trump, no de Irán”.
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Solo una ofensiva decisiva obligará a Irán a ceder
El editorialista de The Washington Post considera que el régimen iraní solo cederá bajo una presión militar directa y contundente. La continuación del bloqueo ha devastado la economía iraní, pero para Thiessen el régimen ha mostrado total indiferencia ante el sufrimiento de la población: “A este régimen solo le importa una cosa: sobrevivir. Y el bloqueo, por efectivo que sea, no amenaza esa supervivencia”. El autor califica de craso error creer que la persistencia de la presión económica puede inclinar la balanza, dado que las estructuras de poder internas han cerrado toda posibilidad de acuerdo. Menciona al comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, como figura que ha “consolidado el poder” e imposibilitado cualquier solución negociada.
El argumento se apoya en el diagnóstico de que la fuerza y la supervivencia son el único lenguaje comprendido por el régimen. El editorialista afirma: “Este es un régimen que acaba de masacrar a decenas de miles de manifestantes inocentes para quedarse en el poder”. La puja, según Thiessen, enfrenta a un aparato dispuesto a todo con un Estados Unidos cuyo margen de maniobra militar creció tras la tregua.
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El retraso de ataques permitió rearmar
En la visión de Thiessen, la interrupción de bombardeos antes de alcanzar todos los objetivos facilitó la capacidad de respuesta iraní frente a ataques a aliados estadounidenses en el Golfo Pérsico. Considera que “el hecho de que Irán mantenga esa capacidad después de 40 días de bombardeos es prueba de que las fuerzas estadounidenses no lograron todos los objetivos cuando suspendieron los ataques”.
El editorialista sostiene que es indispensable completar la destrucción de las capacidades ofensivas y de mando de Irán en un período de “unas dos semanas”, tiempo que atribuye al jefe del Comando Central, el almirante Brad Cooper, para culminar la misión asignada.
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Thiessen propone retomar el enfoque de los ataques iniciales: primero, eliminando la dirigencia y las capacidades bélicas iraníes para después, con menor riesgo, reabrir el Estrecho de Ormuz a la navegación internacional, excluyendo navíos iraníes. Destaca que una vez alcanzada esa etapa, Estados Unidos podrá concentrar sus recursos militares en otras operaciones o mantener la presión sobre Irán indefinidamente.
Una vez devastada la infraestructura nuclear y militar iraní, el presidente dispondría de una gama de opciones para consolidar una victoria duradera. Thiessen enumera: Trump podría “anunciar que ha cumplido todos los objetivos militares”, deteniendo los ataques directos pero manteniendo el bloqueo económico a fin de presionar para la entrega del “polvo nuclear”, como denomina el material restante del programa atómico.
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Entre las alternativas presentadas destaca la amenaza de destruir o incautar la isla de Kharg, vital para las exportaciones energéticas iraníes. Thiessen agrega que, si Irán se mantiene inflexible, Estados Unidos puede emplear acciones encubiertas de apoyo a la población interna, siguiendo el modelo de las intervenciones durante la Guerra Fría “para socavar al régimen desde dentro”.
La condición para el fin del conflicto es la rendición iraní o una ofensiva final estadounidense
En opinión de Thiessen, la guerra solo puede concluir de dos maneras: “La victoria solo se alcanza si Irán se rinde o si Estados Unidos lanza una última ofensiva militar”. A su juicio, Trump ha buscado por todos los medios una salida negociada, pero el régimen “ha rechazado todos sus acercamientos”. El editorialista sentencia que no habrá paraguas legítimo de victoria “hasta que Irán levante la mano en señal de rendición —o hasta que Trump termine el trabajo”.
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