Gobiernos europeos y autoridades sanitarias en alerta por nube de polvo sahariano sobre España, Portugal y Francia

Una masa de polvo mineral procedente del Sáhara se desplaza estos días por el Mediterráneo y cubre amplias zonas de España, Portugal y Francia. El fenómeno, que tiñe el cielo de tonos anaranjados y deposita una fina capa de arena sobre superficies y vehículos, genera inquietud por su impacto en la calidad del aire y la salud pública. Las previsiones señalan que la nube avanzará hacia el norte, afectando de forma progresiva a más regiones de Europa occidental.

Euronews informa que el Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS) prevé que el episodio se prolongue varios días y alcance incluso al Reino Unido y Escandinavia. Estas partículas, denominadas PM10 por tener un diámetro inferior a diez micrómetros, se elevan desde el desierto y viajan miles de kilómetros por la atmósfera antes de depositarse en suelo europeo. Los servicios meteorológicos nacionales han emitido avisos por la degradación de la calidad del aire, y expertos resaltan la conexión atmosférica que une continentes mediante el polvo mineral.

En este contexto, la presencia de PM10 alarma por su capacidad para penetrar las vías respiratorias y agravar afecciones como el asma, la bronquitis o la irritación ocular. Las autoridades sanitarias recomiendan evitar el ejercicio intenso al aire libre y prestar especial atención a las personas mayores, a los niños y a quienes padecen enfermedades respiratorias previas.

En primer lugar, el portal de noticias explicó que el polvo sahariano contiene partículas relativamente gruesas, pero lo suficientemente pequeñas como para penetrar en los pulmones y causar molestias. Los episodios de calima pueden elevar los niveles de PM10 muy por encima de los límites de seguridad recomendados por la Organización Mundial de la Salud. La exposición prolongada aumenta el riesgo de síntomas respiratorios, especialmente en poblaciones sensibles.

Además, en las ciudades europeas la contaminación habitual está dominada por partículas PM2.5, mucho más finas y peligrosas, procedentes de los gases de escape, la combustión de madera y procesos industriales. Las PM2.5 atraviesan con facilidad los tejidos pulmonares y pueden llegar al torrente sanguíneo, provocando problemas cardiovasculares y sistémicos. Aunque el polvo del desierto está compuesto principalmente por PM10, su alta concentración durante estos episodios incrementa el riesgo sanitario.

Por otro lado, la interacción del polvo con la lluvia genera la típica capa terrosa sobre coches, paneles solares y otras superficies. Los expertos advierten que, pese al aspecto visual espectacular, este fenómeno obliga a extremar precauciones por la posible disminución de la calidad del aire y la reducción de la visibilidad en carreteras.

Asimismo, la comunidad científica aún debate hasta qué punto el cambio climático influencia la frecuencia y la intensidad de las tormentas de polvo sahariano que llegan a Europa. Según el servicio Copernicus y expertos citados por Euronews, la desertificación, la deforestación y la mala gestión del suelo pueden favorecer la aparición de episodios más intensos, pero no hay datos concluyentes que permitan establecer una relación directa con el calentamiento global.

Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas y la disminución de la humedad del suelo, vinculados a la sequía, crean condiciones que facilitan que el viento levante el polvo y lo transporte a grandes distancias. Zonas como la depresión de Bodélé, en Chad, figuran entre las principales fuentes de polvo mineral que viaja hacia el norte bajo determinadas condiciones atmosféricas.

Por último, los pronósticos indican que la nube persistirá durante varios días sobre la península ibérica y continuará avanzando hacia el norte. Las autoridades insisten en la importancia de seguir las recomendaciones y evitar actividades físicas intensas al aire libre, sobre todo en los momentos de mayor concentración de polvo.

El episodio de polvo sahariano ofrece cielos espectaculares en tonos rojizos y anaranjados, pero también plantea desafíos para la salud pública y la gestión de la calidad del aire. La vigilancia meteorológica y la coordinación entre países son esenciales para mitigar los riesgos y proteger a los grupos más vulnerables frente a este fenómeno natural recurrente.

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