
El papa León XIV recibió este lunes en el Palacio Apostólico del Vaticano a Sarah Mullally, la primera mujer en la historia en liderar la comunión anglicana mundial, en una audiencia cargada de simbolismo. Los dos líderes rezaron juntos en la Capilla Urbano VIII, una sala del siglo XVII ubicada dentro del mismo palacio, y se intercambiaron obsequios tras una reunión privada. El gesto habría sido impensable pocas décadas atrás.
Mullally fue proclamada 106.ª arzobispa de Canterbury el 25 de marzo pasado, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo en casi cinco siglos de existencia de la Iglesia de Inglaterra. La visita a Roma fue el primer viaje al extranjero desde su investidura. El Vaticano no reconoce el sacerdocio femenino, lo que añade una capa de complejidad al encuentro: un papa que recibe con honores a una autoridad religiosa cuyo nombramiento la Iglesia católica no podría validar en sus propias filas.
En su discurso, León XIV reconoció avances en el diálogo ecuménico desde 1966, pero admitió que “en las últimas décadas han surgido nuevos problemas”, sin especificarlos. La referencia apuntaba a la decisión anglicana de ordenar mujeres al sacerdocio y al episcopado, la principal fractura que ha enfriado las expectativas de reunificación. Prometió no abandonar el esfuerzo: “No debemos permitir que estos continuos desafíos nos impidan aprovechar todas las oportunidades posibles para proclamar juntos a Cristo al mundo”, dijo.
Mullally respondió con un tono convergente y aprovechó el momento para respaldar la postura del pontífice frente a los conflictos globales. “El mundo necesitaba este mensaje en este momento; gracias”, le dijo, en alusión directa a la gira africana que León XIV acaba de concluir. Durante ese viaje de once días por Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, el primer papa nacido en Estados Unidos denunció las guerras en curso y alertó sobre un mundo “devastado por un puñado de tiranos”. Las declaraciones desataron la reacción del presidente Donald Trump, quien lo calificó de “débil” y “terrible en política exterior”. León XIV optó por no escalar: afirmó que no le interesa debatir con Trump y que su mensaje está dirigido al mundo, no a ningún líder en particular.
El trasfondo histórico del encuentro es complejo. La ruptura entre Roma y la Iglesia de Inglaterra se remonta a 1534, cuando Enrique VIII rechazó la autoridad papal. El primer diálogo formal entre ambas iglesias comenzó en 1966, cuando Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey firmaron una declaración conjunta en Roma. Desde entonces, la Comisión Internacional Anglicano-Católica trabajó en el acercamiento, con avances parciales. En 2016, la ordenación de mujeres al episcopado amplió la distancia teológica. La elección de Mullally agudizó esa tensión: iglesias conservadoras del sur global agrupadas en la Conferencia Global del Futuro Anglicano rechazaron su nombramiento y amenazaron con una ruptura definitiva.
El encuentro del lunes prolonga una serie de gestos recientes. En octubre pasado, el rey Carlos III rezó junto a León XIV en la Capilla Sixtina en una visita inédita. El diálogo entre católicos y anglicanos avanza entre símbolos, mientras las diferencias doctrinales permanecen sin resolverse.

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